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La teología es la expresión
de una fe madura, adulta y consciente. Todo bautizado tiene
el derecho y el deber de formarse en la fe,
según sus posibilidades personales y su estado de vida.
El presente
curso es “a distancia” en dos sentidos: tanto por parte
de quienes lo reciben como por parte del que lo
ofrece. Ello exige un gran compromiso de parte de todos.
Compromisos
y sugerencias prácticas: orar, seguir la secuencia de lecciones, repasar
las tres tesis de cada lección, llevar un cuaderno de
apuntes.
Por su relación íntima con el
contenido de la fe, podemos decir que la teología ha
acompañado a la predicación desde los Apóstoles. De hecho, ya
en la Biblia hallamos desarrollos teológicos en las interpretaciones de
hechos narrados.
Los grandes teólogos de los primeros siglos fueron los
llamados “Padres de la Iglesia”. En ellos se unen la
santidad de vida, un arduo ministerio pastoral y una gran
profundidad y extensión de doctrina.
A lo largo de los siglos
se han dado multitud de corrientes teológicas. Bajo la guía
del Magisterio de la Iglesia, el estudiante de teología debe
evitar errores como el eclecticismo, el integrismo y el liberalismo
teológico.
Nuestro tiempo idolatra la
ciencia, a la que valora ante todo por sus resultados
tecnológicos. Esto hace que fácilmente se desprecie el conocimiento que
no se asemeja al planteamiento de hipótesis y experimentos de
la ciencia.
En la teología hay elementos de verdadera búsqueda y
argumentación científicas, pero es imposible e inútil pretender reducir la
teología a los modelos de producción, eficiencia y bienestar a
que nos ha acostumbrado la ciencia moderna.
Las grandes preguntas del
hombre no logran ser abordadas con los métodos de la
ciencia; pertenecen más bien a la búsqueda de un conocimiento
más profundo y general que solemos llamar “sabiduría”. Es el
terreno propio de la filosofía y la teología.
El estudio teológico trae frutos interiores,
comunitarios y trascendentes. Los interiores son especialmente la unidad, que
supone coherencia; la armonía, que implica crecimiento integral; y un
camino creciente de luz y de gracia.
Los principales frutos comunitarios
son: atención a los más débiles y pobres; crecimiento en
el don de la verdadera fraternidad; impulso misionero.
Los frutos trascendentes
son: capacidad de dar su justo valor a las cosas
de este mundo; y anticipación de los dones del cielo.
Toda la teología tiene su origen
en una iniciativa divina: Dios ha querido revelarse a nosotros.
En la filosofía, en cambio, la iniciativa está en la
capacidad racional humana que aplica sus energías a aquello que
le atrae y desafía.
La idolatría de la razón humana se
llama “racionalismo”; el desprecio de la razón, supuestamente por enaltecer
la fe, se llama “fideísmo”.
La razón tiene un lugar en
la teología, de dos maneras: ayudando a mostrar la inconsistencia
de los ataques en contra de la fe, y ayudando
a organizar y sistematizar lo que creemos.
La fe es un don de Dios; es un
regalo que nosotros podemos pedir y que con su gracia
podemos conservar. Para esto nos ayuda mucho la oración, porque
nos sumerge en la lógica y el estilo de Dios.
La
oración nos ayuda también a evitar las tentaciones de soberbia
espiritual, vanidad, o codicia, que no faltarán a quien busque
la sabiduría.
La teología, por su parte, ayuda a la vida
de oración, porque depura la fe, la esclarece y la
expone en toda su riqueza, cuanto es posible en esta
tierra.
La teología sirve a la
evangelización de varias maneras. Primero, porque ayuda a tener claridad
sobre cuáles son los fundamentos de nuestra fe, de modo
que lo más importante se aprenda primero, mejor y con
menos confusión.
Segundo, la teología ayuda a responder a las preguntas
o contradicciones que siempre surgen en la obra misionera.
La misión
ayuda a la teología porque impregna con su celo pastoral
y con lo concreto de las vidas humanas que Cristo
vino a salvar. Así ayuda a vencer la tentación de
quedarnos con un simple ejercicio de pensamiento.
Lección 8: Santo Tomás
de Aquino, Modelo de Teólogos Escuchar
Tomás, hijo de los condes
de Aquino, lleva una vida sencilla y profunda, dedicada a
la oración y el silencio, el estudio y la enseñanza.
Las dos obras más importantes de Tomás de Aquino son
la Suma contra Gentiles y la Suma Teológica. En ellas
se muestra su gran capacidad de síntesis y su deseo
de buscar la verdad allí donde se encuentre.
Para Tomás “pensar”
no es opuesto a “creer”, ni creer es contrario a
pensar. El pensamiento incluso protege a la fe, porque la
purifica y la ayuda a expresarse.
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