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Autor: Antonio Orozco | Fuente: Arvo.net Argumento para afirmar la existencia de Dios
Aristóteles, en realidad, no cree que sea necesario demostrar la existencia de Dios...
Argumento para afirmar la existencia de Dios
Argumento aristotélico para afirmar la existencia de Dios
Aristóteles,
en realidad —aunque en diversos pasajes de sus escritos (en
la Metafísica, en la Física, en la Psicología) fórmula algo
que pudiera parecerse a lo que llamaríamos hoy «pruebas de
la existencia de Dios»— no cree que sea necesario demostrar
la existencia de Dios. La existencia de algo (cualquier cosa)
implica necesariamente la existencia de Dios.
En efecto: una existencia
de las que nosotros encontramos constantemente ejemplares, es siempre "contingente".
¿Qué significa contingente? Significa que el ser de esa existencia,
la existencia de esa existencia, no es necesaria. Contingente significa
que lo mismo podría existir que no existir; que no
hay razón para que exista más que para que no
exista. Las cosas con que tropezamos en nuestra experiencia personal
son todas ellas contingentes.
Existen las cosas; este vaso, esta
lámpara, esta mesa, el mundo, el sol, las estrellas, los
animales, yo, nosotros, existimos, pero podríamos no existir; es decir,
nuestra existencia no es necesaria. Pero si hay una existencia
que no es necesaria, esa existencia supone que ha sido
producida por otra cosa existente, puesto que no tiene fundamento
en sí misma; por lo tanto, tiene su fundamento en
otra. Si esa segunda cosa existente tampoco es necesaria, si
ella es contingente, supondrá evidentemente una tercera cosa existente que
la ha producido. Esta tercera cosa existente, si no es
necesaria sino contingente, supondrá una cuarta cosa que la haya
producido.
Vamos a suponer que la serie de estas cosas
contingentes, no necesarias, que van produciéndose unas a otras, sea
infinita. Entonces, toda la serie, por muy infinita que sea,
tomada en su totalidad, será también contingente y necesitará por
fuerza una existencia no contingente que la explique, que le
dé esa existencia. De suerte que tanto en la consideración
de las existencias individuales como en la consideración de una
serie infinita de existencias individuales, tanto en uno como en
otro caso, tropezamos con la absoluta necesidad de admitir una
existencia que no encuentre su fundamento en otra sino que
sea ella, por sí misma, necesaria, absolutamente necesaria. Esta existencia
no contingente sino necesaria que tiene en sí misma la
razón de su existir, el fundamento de su existir, es
Dios.
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