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Autor: Antonio Orozco | Fuente: Arvo.net La cumbre de la teología de Aristóteles
¿Cuál es la actividad de Dios?
La cumbre de la teología de Aristóteles
La cumbre de la teología de Aristóteles: «noesis noéseo»
Ahora bien, ¿cuál es la actividad de Dios? Para Aristóteles,
no puede consistir en otra cosa que en pensar, porque
si Dios hiciera algo que no fuese pensar, ese algo
implicaría el movimiento (pensar es pararse: “pararse a pensar”). Además
de pensar, ¿qué podría hacer Dios? ¿sentir?. Sentir es una
imperfección y Dios no tiene imperfecciones. ¿Desear? Tampoco, porque desear
implica carencia de lo deseado. Aristóteles piensa que Dios no
puede apetecer ni querer, porque apetecer y querer suponen el
pensamiento de algo que no somos ni tenemos y que
queremos ser o tener. Pero Dios no puede notar que
le falta algo en su ser o en su haber;
lo tiene todo y lo es todo. Por consiguiente, no
puede querer, ni desear, ni emocionarse; no puede más que
pensar. Dios es pensamiento puro.
Y ¿qué es lo que
Dios piensa? Pues ¿qué puede pensar Dios? Dios no puede
pensar más que en sí mismo. El pensamiento de Dios
no puede tener por objeto más que a sí mismo.
¿Por qué –siempre según Aristóteles- es esto así? Simplemente porque
el pensamiento de Dios no puede dirigirse a las cosas
más que en tanto en cuanto son productos de él
mismo; en tanto en cuanto son sus propios pensamientos realizados
por su propia actividad pensante. Así es que no hay
otro objeto posible para Dios sino pensarse a sí mismo.
No es poco para Aristóteles, porque la intelección subsistente y
siempre actual es el más perfecto de los grados metafísicos
de ser, pues es la forma superior de vida. Muchos
teólogos, entre ellos los tomistas Juan de Santo Tomás, Gonnet
y Billuart coinciden en considerar la intelección subsistente como constitutivo
formal de la esencia divina.
La teología de Aristóteles, pues,
culmina con esas notas de puro intelectualismo, en que Dios
es llamado «pensamiento del pensamiento», «nóesis noéseos nóesis». Es quizá
la cumbre más alta que se ha podido alcanzar racionalmente
sin contar con las sugerencias que la filosofía ha recibido
de la teología cristiana. Como veremos más adelante, la revelación
cristiana descubrirá que en Dios no sólo hay entendimiento, sino
también voluntad, porque «Dios es amor». Por lo tanto habrá
que entender la voluntad no necesariamente como órexis (deseo), que
ciertamente no cabe en Dios, sino como amor.
Por lo
demás, no parece que Aristóteles llegase a captar la noción
de creación, es decir, la producción del ente ex nihilo
sui et subiecto. Para esto habrá que esperar unos cuantos
siglos. No obstante, hay que reconocer que la arquitectura del
universo que Aristóteles nos dibuja es formidable y magnífica y
concuerda perfectamente con el impulso del hombre natural, pensador espontáneo.
Aristóteles logró dar al realismo del sentido originario, común a
todo ser humano, una forma filosófica magnífica.
El realismo filosófico
mantiene la actitud de todo ser humano ante la pregunta
que hacemos: ¿quién existe? A esa pregunta la respuesta espontánea
del hombre es decir que existe este vaso, esta lámpara,
este señor, esta mesa, el sol; todo eso existe. Pues
a esa respuesta espontánea que a la pregunta metafísica da
el ser humano, confiere Aristóteles al cabo de cuatro siglos
de meditación filosófica, la forma mejor engarzada y más satisfactoria
de la historia del pensamiento hasta él.
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