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Autor: Congregación para la Doctrina de la Fe Escritos del Padre Anthony De Mello, SJ
Notificación sobre los escritos del Padre Anthony De Mello, SJ (24 de Junio de 1998)
El Padre Jesuita de la India, Anthony de Mello
(1931-1987), es muy conocido debido a sus numerosas publicaciones, las
cuales, traducidas a diversas lenguas, han alcanzado una notable difusión
en muchos países, aunque no siempre se trate de textos
autorizados por él. Sus obras, que tienen casi siempre la
forma de historias breves, contienen algunos elementos válidos de la
sabiduría oriental, que pueden ayudar a alcanzar el dominio de
sí mismo, romper los lazos y afectos que nos impiden
ser libres, y afrontar serenamente los diversos acontecimientos favorables y
adversos de la vida.
Particularmente en sus primeros escritos, el
P. de Mello, no obstante las influencias evidentes de las
corrientes espirituales budista y taoísta, se mantuvo dentro de las
líneas de la espiritualidad cristiana. En estos libros trata los
diversos tipos de oración: de petición, intercesión y alabanza, así
como de la contemplación de los misterios de la vida
de Cristo, etc.
Pero ya en ciertos pasajes de
estas primeras obras, y cada vez más en sus publicaciones
sucesivas, se advierte un alejamiento progresivo de los contenidos esenciales
de la fe cristiana. El Autor sustituye la revelación acontecida
en Cristo con una intuición de Dios sin forma ni
imágenes, hasta llegar a hablar de Dios como de un
vacío puro. Para ver a Dios haría solamente falta mirar
directamente el mundo. Nada podría decirse sobre Dios; lo único
que podemos saber de El es que es incognoscible.
Ponerse
el problema de su existencia sería ya un sinsentido. Este
apofatismo radical lleva también a negar que la Biblia contenga
afirmaciones válidas sobre Dios. Las palabras de la Escritura serían
indicaciones que deberían servir solamente para alcanzar el silencio. En
otros pasajes el juicio sobre los libros sagrados de las
religiones en general, sin excluir la misma Biblia, es todavía
más severo: éstos impedirían que las personas sigan su sentido
común, convirtiéndolas en obtusas y crueles. Las religiones, incluido el
Cristianismo, serían uno de los principales obstáculos para el descubrimiento de
la verdad. Esta verdad, por otra parte, no es definida
nunca por el Autor en sus contenidos precisos. Pensar que
el Dios de la propia religión sea el único, sería
simplemente fanatismo. Dios es considerado como una realidad cósmica, vaga
y omnipresente. Su carácter personal es ignorado y en práctica
negado.
El P. de Mello muestra estima por Jesús,
del cual se declara “discípulo”. Pero lo considera un maestro
al lado de los demás. La única diferencia con el
resto de los hombres es que Jesús era “despierto” y
plenamente libre, mientras los otros no. Jesús no es reconocido
como el Hijo de Dios, sino simplemente como aquel que
nos enseña que todos los hombres son hijos de Dios.
También las afirmaciones sobre el destino definitivo del hombre provocan
perplejidad. En cierto momento se habla de una “disolución” en
el Dios impersonal, como la sal en el agua. En
diversas ocasiones se declara también irrelevante la cuestión del destino
después de la muerte. Debería interesar solamente la vida presente. En
cuanto a ésta, puesto que el mal es solamente ignorancia,
no existirían reglas objetivas de moralidad. El bien y el
mal serían solamente valoraciones mentales impuestas a la realidad.
En
coherencia con lo expuesto hasta ahora, se puede comprender cómo,
según el Autor, cualquier credo o profesión de fe en
Dios o en Cristo impedirían el acceso personal a la
verdad. La Iglesia, haciendo de la palabra de Dios en
la Escritura un ídolo, habría terminado por expulsar a Dios
del templo. En consecuencia, la Iglesia habría perdido la autoridad
para enseñar en nombre de Cristo.
Con la presente Notificación,
esta Congregación, a fin de tutelar el bien de los
fieles, considera obligado declarar que las posiciones arriba expuestas son
incompatibles con la fe católica y pueden causar grave daño.
El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en el curso
de la audiencia concedida al infrascrito Prefecto, ha aprobado la
presente Notificación, decidida en la Sesión ordinaria de esta Congregación,
y ha ordenado su publicación.
Dado en Roma, en la
sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
el 24 de Junio de 1998, Solemnidad de la Natividad
de San Juan Bautista.
+ JOSEPH Card. RATZINGER Prefecto
+Tarcisio Bertone, SDB Arzobispo Emérito de Vercelli Secretario
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