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Unidad orgánica de la teología positiva y de la teología
especulativa
1. Dos funciones, no dos Teologías.
Las Teologías Positiva y Especulativa
expresan la esencia de la actividad teológica; no se trata
de dos disciplinas teológicas opuestas o yuxtapuestas, sino de dos
funciones de una única ciencia teológica vinculadas entre sí, de
una manera orgánica y dentro de una colaboración mutua e
incesante. El proceso teológico supone un doble movimiento, una doble
operación igualmente necesaria: el escuchar la fe y comprender la
fe; la función positiva de la Teología toma a su
cargo el “escuchar la fe” a nivel científico, mientras que
la función especulativa es la reflexión del espíritu sobre el
dato revelado y la investigación del espíritu sobre ese dato,
para comprender la fe.
Bajo la presión misma del escuchar
la fe, cuyo estado científico es la Teología Positiva, es
como se compromete y se elabora la comprensión de la
fe cuyo estado científico es la Teología Especulativa. Entre ambas
funciones hay una filtración constante, una fecundación recíproca, aunque estrictamente
hablando, la Teología Positiva y la Especulativa no se articulan
como si fueran dos etapas sucesivas del trabajo teológico, ya
que la Especulativa está encarnada en la Positiva. Sin duda
alguna en ciertas disciplinas tendrá que prevalecer la función Positiva,
en otras por el contrario, dominará la Especulativa, pero ésta
no podrá estar nunca ausente del trabajo positivo, del mismo
modo que la actividad especulativa tampoco podrá ejercerse sin una
referencia constante a los datos positivos que le sirven de
base; por eso lo positivo y lo especulativo son los
dos aspectos de una misma labor que se complementan entre
sí y se prestan mutuo apoyo.
Esta distinción entre función positiva
y función especulativa no es más que una aplicación a
la Teología de un proceso que se encuentra en todo
conocimiento humano; efectivamente, en todo conocimiento es posible distinguir tres
clases de niveles: la experiencia, la comprensión y el juicio.
El conocimiento supone en primer lugar un dato de experiencia,
que es la materia sobre la que se ejerce la
inteligencia; viene a continuación el trabajo de entendimiento del dato
que ha sido recogido por la experiencia, y finalmente llega
el juicio, que puede ser verdadero o falso, cierto o
probable.
Estos tres niveles se encuentran analógicamente en el conocimiento teológico:
En su función positiva, la Teología recoge y se apropia
el dato revelado; en su función especulativa intenta comprender el
dato recogido y sistematizado anteriormente; y finalmente, como en todo
conocimiento humano, el proceso teológico terminará en un juicio. Sin
embargo hay dos diferencias que separan a la ciencia sagrada
de la ciencia humana: el dato de la Teología no
es un dato obtenido por medio de la experiencia, sino
revelado; además, el juicio del teólogo queda sometido a la
aprobación suprema del Magisterio de la Iglesia.
Función positiva y función
especulativa están hasta tal punto vinculadas que una no podría
subsistir sin la otra, y nacerían graves inconvenientes para la
una y la otra si hiciéramos de ellas dos disciplinas
separadas en lugar de dos aspectos de un mismo proceso
del conocimiento.
2. No hay Especulativa sin Positiva
La doctrina que se
encuentra contenida en la Sagrada Escritura y por lo menos
en algunos de los Padres de la Iglesia, es una
Teología en estado pre-científico, que no ha sido sistematizada todavía
y se expresa bajo la forma de imágenes. Pues bien,
la Teología está obligada a conocer y estudiar profundamente esta
forma pre-científica del objeto de fe, ya que la revelación
de donde sale el objeto de la fe en la
Teología se nos comunica bajo esa forma. Por tanto, si
la Teología quiere ser fiel a las exigencias del objeto
de fe, y a su propósito de inteligencia de la
fe, tiene que permanecer en contacto con el dato de
fe. Además, sin contar con la función positiva, la especulativa,
separada de sus orígenes, se expondría al peligro de anacronismo,
porque todas las categorías de la Teología, tales como revelación,
tradición inspiración, gracia, sacramento, misterio, etc., se han ido elaborando
en el transcurso de los siglos en unos contextos históricos
bien precisos, y dentro de una constante relación con la
vida de la Iglesia.
Por último, sin la función positiva,
la Teología dejaría de ser Teología para convertirse en Filosofía.
La Teología es inteligencia, pero inteligencia de la fe, y
una Teología que dejara de vivificarse mediante el contacto con
la palabra de su misma fuente, se secaría y esterilizaría.
3.
No hay Positiva sin Especulativa
La historia de una ciencia, por
ejemplo de la ciencia médica, sólo puede ser hecha por
un experto en dicha ciencia, que conozca perfectamente su estado
actual. Paralelamente, la historia de la Teología sólo puede ser
escrita por un experto en Teología, porque para juzgar correctamente
del estado pre-científico de la Teología en la Escritura y
en los Padres, conviene conocer bien los desarrollos posteriores de
la reflexión teológica sobre el depósito de la fe. En
efecto, ¿cómo podría la Teología Positiva formarse juicios del progreso,
de las desviaciones, de las regresiones parciales o de las
novedades, si ignorase el punto de llegada de la Teología
Especulativa y su orientación actual? Sin Especulativa, la Positiva se
quedaría sin criterio para apreciar y juzgar.
La función Positiva se
encuentra constantemente enfrentada con cuestiones dogmáticas difíciles tales como la
Trinidad, la Cristología, el pecado original, la gracia, los sacramentos,
la Escatología, etc. El investigador que se aproxima a estas
cuestiones sin una sólida formación teológica corre el riesgo constante
de cometer errores, o de juzgar como novedad lo que
ya desde hace siglos había descubierto el pensamiento teológico. También
por eso la Teología Positiva no puede ignorar la reflexión
llevada a cabo por la Iglesia durante tanto tiempo.
Nota: * Texto
condensado del libro titulado“La Teología, Ciencia de la Salvación”, escrito
por René Latourelle.
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