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1. Teología fundamental
a) Teología de la Palabra de Dios
La Teología
Fundamental recibe este nombre porque estudia la realidad primera y
fundamental del cristianismo, que es la revelación de Dios a
la humanidad. En efecto, toda la economía de la salvación
descansa en la intervención de Dios en la historia, y
en el diálogo amoroso por el que se dirige al
hombre y lo invita a una comunión de vida con
el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Pues bien, resulta que
esta realidad presenta un doble aspecto: es a la vez
un acontecimiento de la historia realizado en el tiempo, y
es un misterio de fe. Es el misterio primordial y
sustentador de todos los demás, ya que es la manifestación
del designio de salvación meditado por Dios y realizado en
Jesucristo; por otra parte, es el acontecimiento decisivo y primero
del cristianismo, ya que al admitir que Dios ha hablado,
la opción de fe no resulta ser una opción ciega,
sino una opción humana en conformidad con su naturaleza de
un ser inteligente y libre.
Como toda teología verdadera, la Fundamental
se aplica a la comprensión de su objeto, es decir
de la revelación en su totalidad, en su nivel histórico,
en sus signos, en la Iglesia que ha recibido la
misión de transmitirla, y en la Escritura y Tradición, como
formas objetivas en las que se expresa. La Teología Fundamental
habla dogmáticamente del misterio y apologéticamente del acontecimiento; obtiene su
unidad del objeto estudiado, que es la revelación, y de
la intención profunda de todo saber teológico, que es comprender.
En esta forma el sentido apologético y el tratado dogmático
se complementan con vistas a una mejor inteligencia del objeto
estudiado.
La visión dogmática de la revelación, que a nuestro
juicio tiene que proceder de la visión apologética, considera a
la revelación bajo el punto de vista de la fe,
lo mismo que a los demás misterios cristianos. Procede a
partir de la fe para llegar a la comprensión de
esa fe, y apoyándose en la Escritura como fuente inspirada,
y en la Iglesia como institución divina, estudia a la
revelación como acción trinitaria y como economía de salvación en
su naturaleza, su objeto, sus propiedades y su finalidad. Esta
visión dogmática de la revelación tiene como efecto presentar la
realidad sobre la que la Teología Apologética dirigirá después su
mirada crítica. Si es verdad que la Apologética tiene como
objeto la credibilidad de la revelación, es importante señalar que
la revelación de que se trata no es de tipo
filosófico, sino una revelación bien específica que nos viene por
el camino de la Historia y de la Encarnación.
La presentación
dogmática de la revelación pone al estudiante en presencia de
la realidad que dirige toda su vida: la de Dios
que sale de su misterio, entra en la historia, se
hace carne y se convierte en Evangelio, para comunicarnos los
planes amorosos que ha ido acariciando desde toda la eternidad.
La novedad inaudita de la revelación es que el hombre
se ha salvado, y que por la fe en Jesucristo
entra en la vida misma del Padre, del Hijo y
del Espíritu. Este enfrentamiento con la palabra viva de Dios
abre un gran apetito de comprender; porque la revelación, gracias
a la riqueza de su contenido y a la multiplicidad
de sus aspectos y paradojas, provoca la curiosidad teológica.
Esa realidad,
que llamamos revelación, que poseemos por la fe y en
la cual vivimos, asegura la Iglesia que no es una
posesión puramente subjetiva, sino un acontecimiento de la historia cuyo
centro es Jesucristo. Aquí es donde se sitúa la función
apologética de la Teología: Dios ha hablado a la humanidad,
y el hecho de esta Palabra puede ser sólidamente establecido;
por tanto la tarea primaria de la Teología consistirá en
establecer el hecho de la revelación, de la intervención de
Dios en la historia humana, de su Palabra hecha inteligible
para la humanidad, y el hecho de la invitación para
aceptar la fe. La función apologética de la Teología tiene
la tarea de establecer el hecho real de la Palabra
en la historia, y establecer a la Iglesia como depositaria
y medidora de esa Palabra a través de los siglos.
b) Las primeras categorías del cristianismo
Toda ciencia empieza por definir
y explicar sus nociones básicas, sus primeras categorías. Estas nociones
podrán precisarse y enriquecerse poco a poco con el uso,
pero tienen necesidad de ser presentadas al comienzo de toda
ciencia. La Teología tiene igualmente que elaborar y definir las
nociones que habrá de emplear continuamente. Las nociones de revelación
y de inspiración, de credibilidad y de fe, de misterio
y de dogma, de Magisterio y de Tradición, son categorías
primarias que se suponen a través de toda la marcha
teológica, y que por consiguiente deben ser conocidas y precisadas.
Esta es tarea de la Teología Fundamental, pero no por
ser Fundamental sus reflexiones son materia fácil; un ejemplo nos
dará prueba de ello:
El homo spontaneus, es decir el profeta-escritor,
vivió y describió la experiencia de la revelación con un
lenguaje simbólico propio del hombre pre-científico; el homo speculativus de
la Edad Media elaboró a continuación una teoría del conocimiento
profético; el homo criticus, finalmente, reflexionó sobre la experiencia del
homo spontaneus y sobre la elaboración del homo speculativus, pero
su reflexión crítica está lejos de ser definitiva.
Durante todo el
curso de la Teología irán siendo elaboradas otras nociones tales
como las de gracia, sacramento, sobrenatural, etc., pero a la
Teología Fundamental le corresponde precisamente elaborar y definir las categorías
primerísimas del cristianismo y de todo el lenguaje teológico.
2. Teología
apologética
La función apologética no responde mas que a una parte
del proyecto total de la Teología Fundamental, tal como acabamos
de describirla. Es esa parte que estudia el hecho de
la revelación y el conjunto de signos que nos permiten
afirmar con certeza su existencia, al mismo tiempo, tiene el
compromiso de establecer el carácter razonable de la opción por
la fe; pero antes de explicar el propósito y la
naturaleza de la Apologética nos será útil caracterizarla por vía
de negación.
a) Definición por negación
Muchas de las ideas que corren
sobre la Apologética tienen su origen en el convencimiento de
que su finalidad es convertir a los no católicos. Existe
un arte de la conversión, o mejor dicho una Pastoral
de la conversión, que se relaciona con la Psicología y
la Pedagogía; es un arte que practican los misioneros y
los centros que se consagran a los problemas de la
conversión, y consiste en presentar a un individuo la doctrina
cristiana en su conjunto para animarlo a creer en ella.
Este arte adquiere formas tan variadas como los mismos individuos
a quienes va dirigido: argumentos sencillos para la gente sencilla,
elaborados y sabios para los hombres más cultos.
La Pastoral
de la conversión es necesaria en la Iglesia, e incluso
es susceptible de cierta formulación científica, pero no es a
lo que llamamos Teología Apologética, la cual es verdaderamente una
ciencia que tiene su propio objeto, su finalidad y su
método. Por otra parte, la demostración apologética de la veracidad
de la doctrina no puede producir la fe por sí
misma, aún cuando esté perfectamente trazada. La Apologética intenta establecer
el hecho de la revelación a partir de sus signos
en la historia, y saca como conclusión la credibilidad de
la verdad cristiana y el carácter razonable de nuestra fe.
Mientras que la Apologética es una ciencia, la fe es
un acto religioso que implica una adhesión personal y total
a Dios y a su Palabra. Mientras que el juicio
apologético es de orden especulativo y científico, el asentimiento de
fe es de orden existencial y requiere el don de
la gracia. En el camino hacia la conversión, es muy
posible que el contacto personal con alguien dotado de auténtica
santidad ejerza mayor seducción al iniciado que la demostración más
completa y sabia de la Teología Apologética.
Desde sus orígenes, y
a lo largo de tres siglos, se ha tenido a
la Apologética como arma de defensa en contra de los
adversarios de la Iglesia, pero afortunadamente ya no es así.
Hoy la Apologética es ante todo y sobre todo una
ciencia positiva que existe por sí misma, aun cuando no
tenga ningún adversario al frente; por lo demás, hoy los
estudiantes de Teología, que viven en un clima de ecumenismo,
rechazarían ese tipo de Apologética combativa.
La Apologética tampoco es un
simple tratado filosófico-histórico; ciertamente se sirve de la Historia y
de la Filosofía, pero no por ello deja de ser
Teología. La Apologética es una auténtica búsqueda de la inteligencia
aplicada al dato revelado, que en este caso se esfuerza
en comprender esa propiedad del objeto de fe que es
su credibilidad y esa propiedad de la fe que es
su racionabilidad. El hecho de que esta reflexión, gracias a
la afinidad que persigue, tenga que utilizar los datos de
la Historia, de la Filosofía y también de la Filología,
no le quita nada a su misión esencial que consiste
en comprender el dato revelado, en ella como hecho histórico,
y en la Dogmática como hecho misterioso.
La Apologética tampoco es
una Filosofía de la Religión. La intención esencial de la
Filosofía de la Religión es una intención de filósofo, pero
no de creyente; por eso la Filosofía no estudia los
misterios como objetos de la fe, sino que estudia la
religión como actividad del hombre y como actividad de la
conciencia. Para la Filosofía de la Religión la revelación no
es mas que un criterio negativo, pero la Apologética por
el contrario, trabaja siempre bajo la dirección de la Iglesia
y sujeta a la presión de la fe que desea
comprender.
a) Naturaleza de la Apologética
Tras este repaso de orden negativo
digamos qué es lo que se entiende positivamente por Apologética.
El conjunto de teólogos actuales reconoce que la Apologética es
una verdadera Teología que se deriva del dato revelado, que
se esfuerza en comprender ese dato precisamente porque es revelado
y por cuanto que es digno de fe, que intenta
demostrar la legitimidad de la opción de fe que está
en el principio de toda Teología cristiana, porque si la
fe es un acto libre y razonable, la razón tiene
que poder mostrar que no lo ha adoptado sin más
ni más. Es esta una reflexión primerísima, que para la
Teología equivale a lo que son la Ontología y la
Crítica en Filosofía.
Para expresar la intención primera de la Apologética,
los autores acuden a formulaciones diversas pero sustancialmente idénticas. Si
se considera la Apologética bajo el punto de vista de
lo revelado, se dirá que es la ciencia de la
credibilidad humana en la Revelación que procura establecer, de conformidad
con las exigencias de la ciencia, que la religión cristiana
es digna de fe por ser de origen divino. En
otros términos, es la exposición científica de los signos que
atestiguan el hecho de la Revelación, y por consiguiente la
credibilidad de la religión cristiana. Si se considera a la
Apologética bajo el punto de vista de la fe, se
dirá que se dedica a exponer, en un discurso válido
a los ojos del que no cree, lo que el
creyente considera como los fundamentos racionales de su decisión religiosa.
La
Apologética tiene que preocuparse no sólo del objeto que estudia,
sino también del sujeto humano al que se dirigen tanto
la Revelación como sus signos. Por sujeto humano entendemos al
hombre con sus aspiraciones, inclinaciones e indigencias profundas. Si la
Apologética tiene como objeto la credibilidad humana de la Revelación,
no puede contentarse con estudiar en sí misma la Revelación
y sus signos, sino que tiene que preocuparse también de
las condiciones que determinan, como parte del sujeto, su percepción
eficaz. Se necesita una Apologética integral que tenga en cuenta
al sujeto y al objeto.
Apologética objetiva y subjetiva no son
dos caminos de ataque diferentes para convertir al pagano, ni
dos métodos que se sucedan en el tiempo, sino dos
aspectos de una ciencia única e integral. La consideración de
la persona del sujeto no es simplemente paralela a la
demostración, sino que se extiende a toda ella interviniendo en
la estructura de cada uno de los argumentos, y resulta
especialmente importante en dos momentos: al comienzo, para demostrar que
el hombre no puede rehusar abrirse a la hipótesis de
un perfeccionamiento que le vendría de Dios como un don,
y al estudio de las condiciones de acogida de una
eventual palabra de Dios que le señalaría ese don y
esa perfección. Después de esto, la consideración del sujeto interviene
también en el tratado de los signos de la Revelación,
para mostrar cómo la interpretación concreta de los signos no
puede llevarse a cabo sin cierto número de disposiciones sin
las que no serían más que enigmas. La auténtica Apologética
se mantiene, de este modo, a medio camino entre una
Apologética del objeto y una Apologética pastoral o del sujeto,
que se preocupase inmediatamente de la conversión.
La reflexión apologética sobre
el hecho de la Revelación, es la función por la
cual la Iglesia adquiere conciencia de la rectitud humana del
compromiso de fe. Si la Iglesia dejase de reflexionar sobre
la intervención de Dios en la historia se expondría al
peligro del fideísmo; comprometida en la aventura de la fe,
no sabría por qué ni cómo se ha comprometido en
ella. Sobre todo en nuestra época, la Iglesia tiene que
ayudar al cristiano a situarse en relación con el ateísmo
que le rodea y con las religiones no cristianas; esta
reflexión le pertenece también a la función misionera de la
Iglesia, ya que ésta normalmente tiene que poder presentar a
los que se acercan a la fe no solamente el
dogma de Cristo, sino también los signos que lo acreditan
como Hijo del Padre, y tiene que poder aproximarse al
no creyente para mantener con él un discurso válido a
sus ojos.
La demostración apologética desemboca en una certeza muy elevada,
del orden de las que se obtienen en las ciencias
humanas; pero esta certeza sigue siendo una certeza moral, porque
la demostración apologética se apoya en signos, en realidades singulares
y contingentes que se alcanzan solamente por el camino del
testimonio humano, a través de documentos cuya crítica resulta difícil.
La
ciencia apologética es una posesión colectiva de la Iglesia en
cuanto cuerpo social. Del mismo modo que un médico no
puede poseer por sí solo toda la ciencia médica, tampoco
un teólogo es capaz de agotar la inteligibilidad de todos
y cada uno de los signos de la revelación cristiana.
En efecto, la ciencia apologética supone entre otras cosas el
conocimiento profundo de la Escritura, de la Tradición, de la
historia de Israel, de la Historia de las religiones, etc.
Lo mismo que en las ciencias humanas, la posesión de
la ciencia apologética tiene que ser un hecho colegial, y
los fieles en diversos grados, según la inteligencia, la cultura
y la gracia de cada uno, participarán de la ciencia
de la Iglesia. Esta participación en la ciencia y en
la certeza colectiva es importante, especialmente cuando se trata de
signos ricos en inteligibilidad (por ejemplo, el signo sacado del
cumplimiento de las profecías mesiánicas), pero muy complejos y por
consiguiente de interpretación difícil. Gran número de cristianos, sin embargo,
pueden llegar a un conocimiento de los títulos del cristianismo
para que se reconozca su credibilidad, lo cual constituye un
discurso coherente y válido incluso ante los ojos de los
que no creen.
c) Apologética y Dogmática
La reflexión apologética tiene como
objeto los hechos primeros y fundamentales del cristianismo, o sea
el hecho de la Revelación y el hecho de la
Iglesia; así pues, no se puede apoyar para su demostración
en el carácter inspirado de la Sagrada Escritura, ni en
el carácter divino de la Iglesia, ya que son precisamente
estos caracteres los que están en litigio. Renuncia a introducir
ninguna afirmación de fe en la trama de su argumentación
y se dedica a sostener un discurso que tenga sentido
y valor incluso para los no creyentes; considera los textos
de la Escritura como documentos históricos, cuyo valor tiene que
establecerse según las exigencias de la crítica histórica; igualmente, los
argumentos que saca de la Filosofía tienen que imponerse a
los ojos de la razón crítica a causa de su
valor intrínseco, y no a causa de la autoridad de
la Iglesia.
Su discurso de historiador o de filósofo tiene
que llevar en sí mismo su justificación racional. No se
trata de dejar en suspenso su fe, sino de adaptar
su marcha al fin que persigue, o sea establecer críticamente
el hecho de la intervención de Dios en la historia,
así como de su palabra a la humanidad, demostrando que
los signos de la Revelación pertenecen a toda una serie
de acontecimientos históricos perfectamente reales. Como esta reflexión crítica es
de un teólogo creyente, nacerá bajo la presión de la
fe que busca comprender su objeto, y se ejercerá bajo
la dirección de la Iglesia que proporciona a la Apologética
el objeto de su reflexión, las nociones que aplica, e
incluso algunas indicaciones metódicas.
Nota:
* Texto condensado del libro titulado “La
Teología, Ciencia de la Salvación”, escrito por René Latourelle.
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