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La Teología como ciencia es una; tiene su propio objeto,
su propia finalidad y su propio método; esa unidad, sin
embargo, es compatible con la pluralidad de disciplinas teológicas. La
especialidad en Teología, como en cualquier otra ciencia, es una
necesidad impuesta por la inmensidad del saber, por las ventajas
pedagógicas, por la evolución paralela de las ciencias humanas, y
finalmente por la aparición de nuevos problemas, como por ejemplo
los que se presentan en las teologías Pastoral, Misional, Ecuménica,
etc., e incluso por nuevos objetivos.
Esta división de la Teología
en sectores especializados es perfectamente legítima y constituye un progreso
real, siempre que se haga con la condición de no
olvidar que existe un orden totalmente diferente de metodología entre
las Teologías Positiva y Especulativa.
Mientras que la función Especulativa
impregna toda la Teología y cada una de sus especialidades,
la división en disciplinas particulares proviene de la diversidad de
las materias tratadas y de la comodidad pedagógica. No se
debe perder nunca de vista, además, que las diversas disciplinas
teológicas están al servicio de una única ciencia que tiene
como finalidad comprender y contemplar el misterio salvífico del Dios,
visto en su sabiduría múltiple e infinita. Por eso todas
ellas están íntimamente relacionadas entre sí y son solidarias unas
de otras, contribuyendo cada una, a su modo, a la
mejor comprensión del único designio de Dios.
La agrupación de las
disciplinas teológicas puede llevarse a cabo de diferentes maneras, pero
he aquí los motivos y el orden que nos parecen
más convenientes de seguir:
Dios ha intervenido en la historia del
hombre y se ha manifestado para darle a conocer su
designio de salvación, por esa razón la palabra de Dios
en Jesucristo y por Jesucristo es la realidad primera del
cristianismo, y por eso las teologías Apologética y Fundamental deben
considerarse como las disciplinas básicas, ya que tienen como objeto
el hecho y el misterio de esta Palabra en el
mundo.
Infinitas son las riquezas de la palabra dirigida por Dios
y recibida en la fe. La Teología Dogmática, apoyándose en
los resultados de la investigación especializada, se esfuerza en comprender
el plan de Dios en su totalidad. En la descripción
que de ella haremos, la presentaremos como una ciencia general
en relación con las especialidades teológicas, porque prepara para las
disciplinas particulares y al mismo tiempo las unifica en una
síntesis superior. En la Teología, la Dogmática es a la
vez punto de partida y meta de llegada.
La Palabra en
su expresión original, en la Escritura, los Padres y la
vida cultual, es el objeto de la Teología Bíblica, de
la Teología Patrística y de la Teología Litúrgica. Sobre el
fundamento de esta Palabra hay dos disciplinas que estudian la
obra cristiana del hombre nuevo: en su estructura universal, la
Teología Moral, o en su dimensión personal, histórica y experiencial,
la Teología Espiritual. Otras disciplinas se relacionan con la Iglesia
como comunidad o como institución, ellas son la Teología Pastoral,
la Teología Misional y la Teología Ecuménica. La Teología Pastoral
considera a la actividad apostólica de la Iglesia en cuanto
que se dirige a sus propios fieles; la Teología Ecuménica,
en cuanto que se refiere a los cristianos separados del
catolicismo, y la Teología Misional en cuanto que atiende al
mundo de los no cristianos.
El Derecho Canónico se relaciona con
el dogma y la moral, y rige la vida institucional
de la Iglesia como sociedad humano-divina fundada por Cristo; esta
ciencia impregna una gran parte de la actividad litúrgica, pastoral
y misionera de la Iglesia.
Finalmente tenemos a la Historia
de la Iglesia, que es no solamente descripción, sino conocimiento
y comprensión de la vida y del crecimiento de la
institución de Cristo en el curso de los siglos; es
una disciplina, y al mismo tiempo es una dimensión que
afecta a todos los sectores de la Teología.
Nota: * Texto condensado
del libro titulado“La Teología, Ciencia de la Salvación.
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