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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net 6a. sesión. Interpretación de la Biblia
Conocer los principios y criterios de la interpretación bíblica.
I. INTRODUCCIÓN
La Palabra de Dios fijada y condensada en
un texto definitivo hace muchos siglos, por ser palabra de
salvación está destinada a todos los hombres de cualquier época
y nación.
Problemas que tenemos que resolver en este capítulo:
¿Cómo acortar la distancia entre los siglos remotos de la
composición textual de la Escritura y nosotros? ¿Cómo hacer para
que la Palabra divina siga siendo viva, actual y salvífica?
¿Cada uno interpreta la Biblia a su manera o hay
unos principios de interpretación? ¿Qué es lo más importante en
la Biblia: lo que a mí me dice o lo
que en sí dice? ¿A qué se debe el que
haya tantas clases de Biblia, tantas traducciones distintas? ¿Por qué
los protestantes predican algunas verdades diferentes a la Iglesia Católica,
si la Biblia es la misma para todos?
II. OBJETIVO DOCTRINAL:
Conocer los principios y criterios de la interpretación bíblica.
III. OBJETIVO
VIVENCIAL: Leer, meditar e interpretar la Biblia con el mismo
sentido de fe con el que fue escrita y leída
en la Iglesia durante todos estos siglos.
IV. TESIS: Siendo la
Biblia mensaje divino en palabras humanas, su interpretación presupone en
primer lugar la fe en la Palabra de Dios, y
luego el progresivo descubrimiento de su mensaje profundo. Este progresivo
descubrimiento lo realiza la Iglesia toda meditando la Palabra divina
con la asistencia del Espíritu de la Verdad, con la
ayuda del Magisterio del Papa y demás obispos que enseñan
con la autoridad de Cristo, y con el apoyo de
los teólogos y exegetas. La hermenéutica bíblica tiene por objeto
establecer una mediación entre el antiguo texto y el hombre
contemporáneo, recurriendo al uso de los métodos más apropiados, con
el fin de hacer el texto vivo y actual. Estos
son los criterios teológicos recogidos por la encíclica “Providentissimus Deus”
(1893) del papa León XIII: hay que interpretar la Biblia
con la luz y la gracia del mismo Espíritu Santo
que la ha inspirado; conformidad de la exégesis con la
interpretación que la Iglesia ha hecho y hace de la
Escritura; la exégesis no debe estar en contra del consenso
unánime de los Padres de la Iglesia; y debe tener
en cuenta la analogía de la fe. También admite criterios
histórico-críticos: recomienda el estudio de las lenguas orientales y la
ciencia crítica textual o literaria; admite, aunque todavía tímidamente, la
crítica histórica.
V. EXPLICACIÓN DE LA TESIS:
1. Definición de términos
a)
Exégesis: es la explicación actualizada de un texto bíblico. El
exegeta tiende un puente entre el texto que ya tiene
muchos siglos y el hombre contemporáneo, con sus inquietudes y
preguntas existenciales de hoy. Sólo comprenderemos verdaderamente un texto cuando
un determinado evento o contenido, alcanzado mediante una metodología exegética
correcta, es traducido en su significado al hombre de hoy
y a la historia contemporánea, y como tal vuelve a
revivir en eventos y palabras, aquí y ahora, su mensaje
universal.
b) Hermeneútica: es una parte de la ciencia bíblica que
tiene por objeto establecer una mediación entre el antiguo texto
y el hombre contemporáneo, recurriendo al uso de los métodos
más apropiados, con el fin de hacer el texto vivo
y actual.
c) Heurística: es la parte de la hermeneútica que
descubre los distintos sentidos de la Biblia, sea por los
estudios de los investigadores, sea por las enseñanzas del Magisterio.
d) Crítica:
es el estudio racional de los textos, cualesquiera sean, para
determinar su sentido, las intenciones del autor, el tiempo y
circunstancias en que fue escrito, el género literario y la
forma estilística. Este estudio crítico se impone también en la
interpretación de la Biblia, por estar escrita en lenguaje humano.
2. Diversos
sentidos de la Biblia
a) Sentido literal: no significa interpretar al
pie de la letra el texto, sino tratar de buscar
el sentido que le dio el autor mismo de ese
texto, teniendo en cuenta la intención del autor, el auditorio
a quien se dirigía, la situación de su tiempo y
el género literario empleado. Este sentido literal requiere del uso
de la crítica en sus dos vertientes: literaria e histórica.
Primero, crítica literaria: analiza el género literario en que está
escrito ese libro de la Biblia.
Segundo, la crítica histórica: descubre
la historia literaria del libro o pasaje bíblico en cuestión,
ubicando la época y cultura en que se escribió y
así conocer la intención teológica del autor.
b) Sentido espiritual: supera
el conocimiento del autor humano, aunque se apoya en sus
escritos. Se desprende no de las palabras sino de las
realidades que se ocultan bajo esas palabras. Este sentido espiritual
se divide a su vez en: sentido pleno y sentido
típico.
Sentido pleno: significa ver ese texto a la luz de
la totalidad de la Escritura, a la luz de la
Tradición y echando mano de la analogía de la fe.
Es un sentido más profundo que el sentido literal. 1. A
la luz de la totalidad de la Escritura significa que
ese texto analizado hay que entenderlo en conexión con otros
textos de la Sagrada Escritura que lo explicitan o lo
profundizan. 2. A la luz de la tradición significa que no
se puede analizar un texto sin tener en cuenta la
interpretación de la Tradición viva de la Iglesia, que viene
analizando esos textos desde los orígenes. Esta Tradición viva está
reflejada, sobre todo, en la doctrina de los Santos Padres
de Oriente y Occidente, y en la liturgia 16. 3. La analogía de la fe significa la conexión que tienen
las verdades de la fe entre sí. Pongamos un ejemplo:
Isaías 7, 14: “Pues bien, el Señor mismo va a
darnos una señal: He aquí que una doncella está en
cinta. Y va a dar a luz un hijo. Y
le pondrá por nombre Emmanuel”.
Mateo 1, 22-23: “Todo esto sucedió
para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio
del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a
luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel”.
Sentido típico:
es leer toda la Biblia en referencia a Cristo, en
quien la Escritura tuvo su plenitud. Cristo es el nuevo
Adán, el nuevo Abel, el nuevo José, el nuevo Moisés,
el Siervo doliente de Isaías, el nuevo Jonás, etc. Cristo
viene a ser el modelo y la figura de cuanto
está contenido en la Escritura.
3. Diversos principios y criterios de
interpretación católica de la Biblia
a) Lectura en el espíritu.
Hay que leer la Biblia con el mismo Espíritu con
que ha sido escrita. Debe ser una lectura espiritual, centrada
en Cristo. Debe ser una lectura interiorizada que va transformando
interiormente a quien lee la Biblia.
b) La intención del autor. El
autor divino es el Espíritu Santo. El autor humano es
el instrumento del que Dios se sirvió y a quien
inspiró para que dijera solo y todo lo que Dios
quería. La constitución Dei Verbum , n.12 dice: “Para descubrir
la intención del autor, hay que tener en cuenta, entre
otras cosas, los géneros literarios. Pues la verdad se presenta
y se enuncia de modo diverso en obras de diversa
índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros
géneros literarios. El intérprete indagará lo que el autor sagrado
dice o intenta decir, según su tiempo y cultura, por
medio de los géneros literarios propios de su época. Para
comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos,
hay que tener muy en cuenta el modo de pensar,
de expresarse, de narrar que se usaba en tiempo del
escritor, y también las expresiones que entonces se usaban en
la conversación ordinaria”.
c) El contenido y la unidad de toda
la Biblia. El intérprete o exegeta científico ha de estar
capacitado para descomponer y analizar separadamente cada una de las
piezas de un libro o de un autor; pero como
científico creyente ha de saber también, teniendo a mano los
resultados de sus estudios científicos, recomponer las piezas del escrito
bíblico y redescubrir en toda su belleza la verdad unitaria
del mensaje. ¿Cuál es el contenido de la Escritura? El
contenido de la entera Escritura es la salvación, llevado a
su plenitud en Cristo y por Cristo. ¿Cuál es
la unidad de toda la Escritura? La unidad del tema
es la salvación en Jesucristo. Y la unidad de autor:
Dios es el autor de los libros sagrados. El Nuevo
Testamento dará su sentido último y definitivo al Antiguo.
d) La
Tradición viva de toda la Iglesia. Tradición quiere significar primeramente
la Tradición apostólica, en la que y de la que
nació el Nuevo Testamento y la Escritura cristiana. Tradición viva,
es decir, que progresa en la Iglesia con la asistencia
del Espíritu Santo. Toda la Iglesia constituye la Tradición viva
y por ello toda la Iglesia contribuye a la correcta
interpretación de la Escritura: los Padres, los fieles cristianos, lso
exegetas, el Magisterio. Éste último goza del carisma de la
interpretación auténtica, bajo la guía del mismo Espíritu Santo que
inspiró el texto sagrado. La Tradición tiene una función hermenéutica
de guía y de norma, porque nos ofrece un horizonte
de comprensión. Es como el lecho por el que corre
el río de la Palabra de Dios y de su
comprensión ininterrumpida.
e) La analogía de la fe. La analogía de
la fe es la conexión coherente de la fe objetiva
de la Iglesia, el nexo interno de los misterios entre
sí, de que habla el Vaticano I (cfr DS 3016).
Por consiguiente, cualquier verdad o expresión de la revelación y
de la fe ha de verse a la luz de
las otras y en conexión con ellas, para poder entenderla
rectamente y que quede abierta a una ulterior y más
profunda comprensión.
Otros principios a tener en cuenta, y que están
implícitos en los ya mencionados anteriormente:
a) El contexto del fragmento: Hay
que tener el cuenta el contexto para interpretar correctamente un
texto bíblico. Para ello haremos cuatro círculos concéntricos:
Primer círculo
: abarca
los versículos anteriores y posteriores al texto.
Segundo círculo:
ver el
contenido global y el objetivo del libro en el que
se encuentra ese texto.
Tercer círculo:
tener en cuenta otros escritos
del mismo autor.
Cuarto círculo:
ver el contenido global y el
objetivo de toda la Biblia.
Pongamos un ejemplo: Marcos 4, 10-12
“Y
cuando se quedó solo, los que le acompañaban junto con
los doce le preguntaron por el significado de las parábolas.
Y les decía: A vosotros se os ha trasmitido el
misterio del Reino de Dios; en cambio, a los que
están fuera todo se les anuncia en parábola, de modo
que los que miran miren y no vean, y los
que oyen oigan pero no entiendan, no sea que se
conviertan y se les perdone”.
Primer círculo:
- Versículos anteriores: Mc
4, 1-9: Parábola del sembrador. -Versículos posteriores:
Mc 4, 13-20: explicación de la parábola
Segundo círculo:
el contenido
global y objetivo del libro.
- Intención de Marcos: demostrar que
Jesús es Hijo de Dios - Jesús incomprendido y rechazado por
los hombres
Tercer círculo:
otros escritos del mismo autor.
- San Marcos
no tiene otros escritos.
Cuarto círculo:
La Biblia en su conjunto.
Contenido:
La historia de la Salvación Objetivos: - Dar a
conocer al Dios que se revela. - Conocer al hombre. - Conocer
el plan de Dios para el hombre
b) El estilo del libro:
es decir, el género literario o formas de expresión de
las que se sirve el autor para expresar su pensamiento.
c) El
sentido literal: Tener en cuenta el momento y el lugar
en que se escribió.
d) Armonía del sentido literal y el sentido
espiritual:
P.e. Lc 14, 26: “Si alguno viene en pos de
mí y no odia a su padre y a su
madre y a la esposa y a los hijos y
a los hermanos y a las hermanas, hasta su propia
vida, no puede ser mi discípulo”.
¿Cuál es el sentido
literal? Quiere decir simplemente que en el orden de los
valores, Jesús ocupa el primer lugar, aún frente a los
padres.
¿Cuál es el sentido espiritual? Amarás al Señor tu Dios
con todo tu ser. Todo lo humano queda en segundo
término, tratándose de Dios.
P.e. Mt 18, 6: “Pero al que
escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí,
más le valdría que le colgasen al cuello una piedra
de molino, de las mueve el asno, y lo arrojen
al fondo del mar”.
¿Cuál es el sentido literal? Máxima
severidad para los que corrompen a la niñez y juventud,
en doctrina o conducta. Escándalo es literalmente todo lo que
hace tropezar a los que creen, matando su fe o
deformándola.
¿Cuál es el sentido espiritual? Poner todos los medios
para evitar el escándalo, especialmente con los niños, porque grave
es el escándalo dado por aquellos que tienen responsabilidad en
la formación de otros.
P.e. Mt 18, 8-9: “Si tu mano
o pie te escandaliza, córtalo y arrójalo lejos de ti.
Más vale entrar en la vida manco o cojo, que
ser arrojado al fuego eterno con las dos manos
o los dos pies”.
¿Cuál es el sentido literal? Debemos
renunciar a todo, para evitar la ocasión de pecado. San
Pablo enseña a dejar aún lo lícito, cuando puede escandalizar
a un ignorante (cf. 1 Cor 8, 9ss).
¿Cuál es el
sentido espiritual? Obrar siempre correctamente para que nuestro ejemplo acerque
y no aleje a otros de Dios, de Cristo, de
la Iglesia.
Hay otros muchos textos bíblicos para sacar el
sentido, por ejemplo:
Interpretar en su sentido literal y en su
sentido espiritual este texto de san Mateo 18, 9: “Si
tu ojo te escandaliza, córtatelo”.
O este texto de Mateo
19, 12: “Hay eunucos que nacieron así del vientre de
su madre, los hay que fueron hechos eunucos por los
hombres y los hay que a sí mismos se hicieron
tales por el reino de Dios. ¡El que se sea
capaz de hacer esto que lo haga!”.
O el siguiente:
Mateo 5, 39-41: “Pero yo os digo que no hagáis
frente al que os ataca. Al contrario, al que te
abofetee en la mejilla derecha, preséntale también la otra; al
que te quiera llevar a juicio para quitarte la túnica,
déjale también el manto; al que te obligue a ir
con él un kilómetro, vete con él dos”.
Hay un
texto difícil: Mateo 5, 32: “Pero yo os digo que
todo el que se separe de su mujer, excepto en
caso de concubinato, la expone a cometer adulterio, y el
que se casa con una mujer divorciada comete adulterio”. Cristo
afirma la indisolubilidad del matrimonio. El inciso aparentemente exceptivo del
v. 32, que sólo consigna Mateo, delo que se deduce
que responde a la situación peculiar de la iglesia a
la que se dirige Mateo, compuesta de cristianos venidos del
judaísmo y de la gentilidad, se refiere a matrimonios nulos
por haber sido contraídos en grados de parentesco prohibidos por
la ley (cf. Lev 18) y que los judíos habían
permitido a sus prosélitos. Es el significado de “porneia” en
la literatura rabínica.
También se podría reflexionar este texto de Pío
XII: “Así como Cristo se hizo semejante al hombre, menos
en el pecado, así las palabras de Dios expresadas en
lenguaje humano, se han hecho en todo semejantes al modo
de hablar humano, menos en el error” (Pío XII, en
su encíclia “Divino Afflante Spiritu”).
e) El sentido de determinadas palabras:
es clásica la palabra “hermanos de Jesús”. Algunos protestantes aprovechan
esta palabra para negar la virginidad de María. No saben
que el término “hermano” abarca también a primos y parientes
cercanos.
f) Objetividad de juicio: al interpretar un texto bíblico, no
olvidemos el influjo de nuestras actitudes personales, positivas o negativas,
sobre la lectura del texto. Debemos dejar a un lado
las actitudes negativas y aprovechar las positivas para lograr el
mayor fruto. Algunas actitudes negativas son: actitud crítica, apertura excesiva,
superficialidad, rigorismo, desconfianza. Lo más importante es leer la Biblia
con mucha humildad y apertura de corazón, y con mucha
docilidad a la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, única
garantía de que no haremos decir a la Biblia lo
que nos conviene.
Estos principios no son fórmulas mágicas para abrir
la combinación de una caja complicada. Son pistas de apoyo
para entresacar el mensaje de Dios en la Biblia. Lo
más importante es la fe: creo que Dios es el
autor de la Escritura; creo que el Espíritu Santo ha
inspirado a los autores sagrados; creo que el Espíritu Santo
asiste al Magisterio para la auténtica interpretación de la Sagrada
Escritura, creo que la Tradición contribuye a la recta interpretación
de la Escritura, creo que los fieles cristianos, con su
vida guiada por la fe, constituyen también la tradición viva.
Sin fe, no se entenderá nunca la Biblia en toda
su profundidad.
4. La Biblia y la Iglesia
Dios no entregó
su Palabra al individuo, sino a una comunidad, a su
Pueblo; y ese Pueblo, hoy, no es otro que la
Iglesia.
Por otra parte, Dios tiene que querer de manera eficaz
que su Verdad llegue íntegra a los hombres. Para llevar
a cabo esto, ha confiado a su Iglesia la misión
de transmitir su Palabra salvadora a todos los hombres, a
fin de que participen de la vida divina.
De esta misión
o deber sagrado, nace el derecho que la Iglesia tiene
de proclamar la divina Palabra. Ella, la Iglesia, es la
depositaria y la guardiana del tesoro sagrado de la Revelación
y la única intérprete auténtica de la Biblia, siendo infalible
en sus interpretaciones doctrinales sobre las cuestiones concernientes a la
fe y a las costumbres. A este ejercicio divino y
permanente de la enseñanza de la Iglesia se le llama
“magisterio vivo”.
Según esto, debe afirmarse que fuera de la
Iglesia no se puede alcanzar el pleno conocimiento de la
Palabra de Dios.
En este sentido ha reaccionado siempre la
Iglesia en sus enseñanza ordinaria y en sus controversias contra
los que desde el siglo II atacan la fe tradicional
en nombre de la letra escrita. La predicación apostólica, expuesta
de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse
hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua.
De ahí que los apóstoles, comunicando lo que ellos mismos
han recibido, amonestan a los fieles que conserven las tradiciones
que han aprendido de palabra o por escrito, y que
sigan combatiendo por la fe que se les ha dado
una vez para siempre.
Esta tradición, que deriva de los apóstoles,
progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo:
puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas
y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y
el estudio de los creyentes, que las meditan en su
corazón, ya por la percepción íntima que experimentan de las
cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con
la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la
verdad. Es decir, la Iglesia, en el decurso de los
siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina,
hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios.
Así,
pues, la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente
unidas y compenetradas. Porque brotando ambas de la misma fuente
se funden en cierto modo y tienden a un mismo
fin, ya que la Sagrada Escritura es la Palabra de
Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración
del Espíritu Santo; y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a
los sucesores de los apóstoles la Palabra de Dios a
ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo
para que, con la luz del espíritu de la verdad,
la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su
predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva
solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas
las verdades reveladas –que están todas ellas implícitas en la
Escritura-. Por eso se han de recibir y venerar ambas
con un mismo espíritu de piedad.
La Sagrada Tradición, pues,
y la Sagrada Escritura, constituyen un solo depósito sagrado de
la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a
este depósito, todo el pueblo santo unido a sus pastores
en la doctrina de los apóstoles y en la comunión,
persevera constante en la fracción del pan y en la
oración, de suerte que prelados y fieles colaboren estrechamente en
conservar, ejercer y profesar la fe recibida.
Pero el oficio
de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida,
como ya hemos dicho, ha sido confiado únicamente al magisterio
vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en nombre
de Jesucristo.
Desde los comienzos de la historia de la
Iglesia, algunos se sirvieron de falsas interpretaciones de textos bíblicos
para apoyar sus errores. El mal se acentuó con la
reforma protestante que proclamaba, por medio del libre examen, la
interpretación personal de la Sagrada Escritura. Así se explica que
los Papas Pío IV (1559-1565), Clemente VIII (1592-1605) tomasen serias
medidas, no para prohibir a los fieles la lectura de
la Biblia, sino para limitarla. Pasado el grave peligro, las
normas de la Iglesia se suavizaron y la cristiandad entera
se inundó de nuevo de nuevas versiones y ediciones bíblicas
bajo la aprobación de los obispos.
Es vana, por tanto, la
tentativa de enfrentar a la Iglesia con la Biblia. La
Biblia sólo se comprende rectamente dentro de la Iglesia,
pues –conviene repetirlo- Dios no entregó su Palabra al individuo,
sino a la comunidad, y es natural que esta comunidad
–la Iglesia, fundada por Jesucristo sobre san Pedro y asistida
por el Espíritu Santo- sea la única llamada a interpretarla.
5. Interpretaciones protestantes de la Biblia
¿Por qué los protestantes
predican algunas verdades diferentes a la Iglesia católica, si la
Biblia es la misma para todos?
Los protestantes tienen la Biblia
como única fuente de Revelación, y además, interpretada por cada
uno a su manera. No aceptan ni la Tradición ni
el Magisterio de la Iglesia.
A este principio protestante contestamos:
a) La
misma Escritura excluye la interpretación meramente privada: “Sépanlo bien, nadie
puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura...”
(2 Pe 1, 20; cf. 1 Jn 2, 19-27; 1
Jn 4, 1-6). Sin la Tradición no conocemos los libros
canónicos. El subjetivismo, pues, destruye la unidad de la fe.
b) Es
más, este principio protestante está en abierta oposición al deseo
de Cristo que quiso la unidad de la Iglesia (cf.
Jn 17, 20-21; Ef 4, 4-6). Mientras la Iglesia católica
es una, desde su principio hasta hoy, las sectas protestantes
se multiplican cada día y dividen el cuerpo de Cristo.
Hoy hay más de 2.000 sectas en el mundo, todas
ramas del protestantismo. O existen mil verdades, lo que es
absurdo, o son falsos los principios en que se fundamentan
las sectas protestantes.
c) Hay más: ese principio protestante es imposible.
Antes de inventarse la imprenta, pocos podían leer los manuscritos
bíblicos y la mayoría no sabía leer. Si Jesús hubiera
puesto la Biblia como única salvación, no todos hubieran podido
salvarse. Aún hoy existen muchos pobres que no pueden leer
y no pueden entender la Biblia. ¿No se salvarían, por
no haber sabido leer la Biblia?
d) Es también incompleto. La Escritura
y la Tradición son dos fuentes donde está contenida la
Palabra de Dios, como ya hemos explicado anteriormente. No son
dos fuentes separadas, sino unidas. Así lo afirma el concilio
Vaticano II en la constitución Dei Verbum, sobre la divina
revelación, en los números 9 y 10.
e) Además, inseguro: ¿Cómo
saben los protestantes que la Biblia es Palabra de Dios
y que las verdades de la Biblia son inspiradas y
divinas? Ellos contestan: “porque lo dice la misma Biblia”. Pero
esto es absurdo. ¡También los apócrifos dicen que son verdaderos
y se firman con nombres de apóstoles...y no es verdad!
Yo también puedo escribir un libro y allí decir que
soy inspirado por Dios. Tiene que haber una autoridad, fuera
de la Biblia, que garantice que la Biblia es Palabra
de Dios. Todo escrito, ley o código, requiere de un
tribunal que lo interprete y resuelva las dudas. ¿En qué
país se deja a cada uno que interprete la ley
a su gusto personal?
f) Y, por si fuera poco, contradictorio. Los
protestantes dicen: “Nosotros tenemos los pastores que nos explican la
Biblia”. Por una parte, creen que la Biblia es la
única regla de fe; y, por otra, admiten la enseñanza
de sus pastores. Rehúsan el Magisterio de la Iglesia, que
tiene la inspiración del Espíritu Santo e inclinan la cabeza
a personas que no tienen ninguna autoridad y que se
contradicen unos a otros.
5. Principales temas bíblicos de las
sectas protestantes, contrarios a la fe católica o que no
aceptan
a) La autoridad del Papa: Dicen que Jesús no constituyó
a Pedro cabeza visible de la Iglesia, que en la
Iglesia no hay otra cabeza más que Cristo, que la
autoridad que Cristo dio a Pedro no se pasa a
otros, porque no está escrito en la Biblia. Se apoyan
en estos textos: a) Ef. 5, 23; b) 1 Cor
3, 11; c) Gal 2, 11. Nosotros les contestamos: a)
Cristo sigue siendo cabeza de la Iglesia, pero el Papa
es cabeza visible de Cristo aquí en la tierra. b)
Cristo es el fundamento de la Iglesia como piedra angular;
pero este fundamento se continúa en la historia, en los
apóstoles. Nuestros textos fundamentales son: Mateo 16, 16-19; Jn 21,
15-17; Lc 22, 31-33.
b) El sacerdocio cristiano: Dicen que Jesucristo no
dio a los apóstoles poder ordenar sacerdotes, que todo el
que cree en Jesús es verdadero sacerdote y puede predicar
su evangelio sin necesidad de la ordenación. Se apoyan en
estos textos: a) 1 Pe 2, 9; b) Mt 23,
9-10. Nosotros les contestamos: a) Por el bautismo todo cristiano
participa del sacerdocio común de todos los fieles, pero Jesús
instituye en la Última Cena el sacerdocio ministerial: b) Las
palabras de Jesús no van entendidas literalmente. De hecho Pablo
se hace llamar “padre” varias veces y a llama a
los cristianos “hijos”. Nuestros textos fundamentales son: Hechos 20, 28;
13, 2-4; 1 Tim 4, 14; 5, 22; 2 Tim
1, 6; Tito 1, 5; Heb 5, 1-4; Rm 10,
14-15; 1 Cor 4, 1; 1 Cor 3, 9; Sant
5, 14; Jn 20, 23 Y sobre todo, Lc 22,
19 y 1 Co 11, 23.
c) Bautismo de los niños: Dicen
que no vale bautizar a los niños, porque el bautismo
exige la fe en Cristo y los niños no pueden
tener fe, porque no entienden; que Jesús se bautizó cuando
tenía 30 años; que en la Biblia no consta que
se haya dado el bautismo a los niños. Se apoyan
en estos textos: a) Rom 5, 1; b) Mc 1,
9. Nosotros les contestamos: a) Jesús ordena a sus discípulos
de bautizar a todos, no prohíbe bautizar a los niños;
b) El bautismo cristiano no está relacionado con el bautismo
de Jesús en el Jordán, que fue un acto externo
de purificación y penitencia. El cristiano es bautizado y salvado
en la muerte y resurrección de Jesús. Es una nueva
vida que nos hace hijos de Dios, ¿cómo no recibirlo
desde el nacimiento? c) Pedro bautiza a toda la familia
de Cornelio (Hech 10, 44-48), sin duda también habría niños.
d) La confesión: Dicen que sólo Dios puede perdonar los pecados.
Se apoyan en estos textos: a) 1 Jn 1, 7:
ya hemos sido perdonados por la sangre de Cristo; b)
Sant 5, 6: confesarse entre los hermanos. Nosotros les contestamos:
a) Mt 18, 18: Jesús entrega a los apóstoles el
poder de atar y desatar; b) Jn 20, 19-23: Jesús
explicita aquí el poder de perdonar en su nombre; c)
2 Cor 5, 18; d) Hech 19, 18: los cristianos
que habían pecado de magia fueron arrepentidos y lo confesaron
a los apóstoles.
e) La Eucaristía: Dicen que Jesucristo no está presente
realmente en la Eucaristía. Hay que entender todo en sentido
figurado y simbólico. La Cena es sólo un recuerdo. El
sacrificio de Jesús en la cruz es perfecto, no es
necesario perpetuarlo. Nosotros les contestamos: a) Jn 6, 48-63: Jesús
promete la Eucaristía con palabras claras y fuertes, tanto que
los judíos que escuchaban se escandalizaron; b) Mt 26, 26-28:
“Esto es mi cuerpo...Esta es mi sangre”; c) Lc 22,
19: “Haced esto en memoria mía”; d) 1 Cor 11,
23-29; e) Hech 2, 42. Jesús, cuando se le fueron
muchos, no rebajó nada su doctrina sobre el Pan de
vida.
f) El celibato sacerdotal: Dicen que en ninguna parte de la
Biblia se encuentra la ley “corruptora” del celibato sacerdotal. Se
apoyan en este texto de 1 Tim 3, 2 y
12: “Que el obispo sea casado”. Nosotros le contestamos: a)
Mt 19, 29: recompensa especial a quien se mantiene virgen.
Era voluntad implícita de Jesús el celibato a quienes se
quieren consagrar a Él en el sacerdocio, pues Él mismo
fue célibe. ¿Por qué sólo hasta el siglo III la
Iglesia ordenó el celibato a los sacerdotes? La Iglesia va
poco a poco reflexionando en las palabras de Jesús, bajo
la inspiración del E.S.; no puede comprender todo de golpe;
además, Dios sigue su pedagogía con nosotros. Desde el siglo
III ha sido una constante de la Tradición de la
Iglesia la defensa del celibato sacerdotal. A pesar de todo
lo dicho, Pablo VI en su encíclica sobre el Celibato
sacerdotal no dice que el celibato sea esencial al sacerdocio
ordenado; el Papa habla de “íntima conveniencia”. Este celibato es
exigido en la Iglesia católica de rito latino y en
la Iglesia católica de Oriente.
g) El matrimonio: Dicen que el
matrimonio no es un sacramento instituido por Cristo, pues no
consta en la Biblia. Se apoyan en el texto de
Mt 19, 9, donde parece que Jesús permitió el divorcio
por fornicación. Nosotros les contestamos: a) Ef 5, 23-32: es
un sacramentos, signo de amor de Cristo para la Iglesia;
b) Mc 10, 1-12; Lc 16, 18; Mt 19, 3-8:
Jesús es terminante en esto: el matrimonio es indisoluble; c)
1 Cor 7, 10-11: Pablo advierte que quien se separe
del cónyuge por grave motivo, puede hacerlo, pero que no
puede casarse de nuevo. El texto de Mt 19, 9
es un poco oscuro y de difícil interpretación. Pero no
puede aislarse este texto de todos los demás. A la
luz de estos textos, ese versículo se refiere a la
posibilidad de “despedir a la mujer” (o al marido) en
caso de infidelidad. Pero no dice la posibilidad de casarse
de nuevo.
h) La Virgen María: los protestantes creen que María
es la Madre de Dios; pero no aceptan su virginidad.
Dicen que no hay que dar culto a la
Virgen; que la Virgen tuvo más hermanos. Se apoyan en
estos textos: Lc 2, 7; Mt, 13, 55. Nosotros les
contestamos: Mt 1, 16; Gal 4, 4; Lc 1, 26-35:
María es virgen antes del parte, en el parto y
después del parto. Acerca de los hermanos de Jesús hay
que decir que “hermano” significa pariente próximo: sobrino, primo, tío,
etc. Además a la Virgen no le damos el culto
de adoración (sólo a Dios), sino el culto de especial
veneración por ser la Madre de Dios.
i) La veneración de los
santos: Dicen que sólo tenemos un mediador, Cristo. Acudir a
los santos es sacrilegio. Además están gozando en el cielo,
nada saben de nosotros. Se apoyan en 1 Tim 2,
5. Nosotros les contestamos: a) 1 Tim 2, 5: aquí
mediador significa redentor. Cristo sí es el único redentor. Los
santos no son redentores, sino intercesores ante Dios. Otros textos:
1 Re 18, 3-7; 2 Re 2, 15; Nm 21,
7; Job 42, 8; Apoc 5, 8.
j) El culto de
las imágenes: Dicen que la Biblia prohíbe terminantemente hacerse imágenes,
porque es un culto idolátrico (Ex 20, 4); que Dios
no puede ser representado con estatuas de material humano (Hech
17, 29). Nosotros les contestamos: Lo que Dios prohíbe es
adorar a las imágenes como si ellas en sí mismas
tuvieran el poder de salvar; el mismo Dios manda construir
estatuas e imágenes como signo de su presencia en medio
del pueblo (Ex 25, 12-22; Nm 21, 8); Josué venera
el arca de madera, postrado (Jos 7, 6). Las imágenes
son un signo externo necesario para ayudarnos a ponernos en
relación con Dios-Espíritu. Otros textos: Ex 7, 10; 2 Re
2, 14; 13, 21; Mt 9, 20; 14, 26; Hech
5, 15-16; 19, 12: el Señor se sirve de “reliquias”
o cosas que pertenecieron a personas santas, para obrar sus
maravillas: la vara de Moisés; el manto de Elías; los
huesos de Eliseo; el vestido de Jesús; la sombra de
Pedro; los sudarios de san Pablo, etc. “De manera que
por medio de las imágenes, ante las cuales nos arrodillamos
y oramos, adoramos a Cristo verdadero y veneramos a los
santos, cuya semejanza tienen” (Concilio de Trento).
k) El purgatorio y
los sufragios por los difuntos: Dicen que no existe el
purgatorio y no sirven nuestras oraciones por los difuntos. La
Iglesia, apoyándose en 2 Mac 12, 46, cree que mediante
nuestros sacrificios, oraciones y buenas obras podemos ayudar a los
difuntos que murieron en gracia de Dios y se están
purificando antes de llegar a la Gloria. Por el hecho
de que la Biblia no contenga la palabra “purgatorio” no
se puede concluir que el purgatorio no exista. Tampoco la
Biblia presenta la palabra Trinidad y existe el dogma de
la Santísima Trinidad, reconocido por los hermanos protestantes.
VI. CONCLUSIÓN
Concluyo con
el número 12 de la constitución Dei Verbum: “Dios habla
en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje
humano, por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para
conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención
lo que los autores querían decir y lo que Dios
quería dar a conocer con dichas palabras. Para descubrir la
intención del autor, hay que tener en cuenta, entre otras
cosas “los géneros literarios”. Pues la verdad se presenta y
se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole
histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros
literarios. El intérprete indagará lo que el autor sagrado dice
e intenta decir, según su tiempo y cultura, por medio
de los géneros literarios propios de la época. Para comprender
exactamente lo que el autor propone en sus escritos, hay
que tener muy en cuenta el modo de pensar, de
expresarse, de narrar que se usaba en tiempo del escritor,
y también las expresiones que entonces se usaban en la
conversación ordinaria.
La Escritura se ha de leer con el
mismo Espíritu con que fue escrita: por tanto, para descubrir
el verdadero sentido del texto sagrado hay que tener muy
en cuenta el contenido y la unidad de toda la
Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía
de la fe. A los exegetas toca aplicar estas normas
en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido
de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio
pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho
sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio
definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo
y el oficio de conservar e interpretar la Palabra de
Dios”.
Recomiendo también leer del Catecismo de la Iglesia católica
los números 109- 119.
Por tanto, la interpretación de la Biblia
no puede estar sometida a la arbitrariedad de los hombres
o de los exegetas, ni a un individualismo feroz. La
Biblia pertenece a toda la Iglesia, a todos sus miembros
y a toda su historia, y por lo tanto la
interpretación de la misma es obra también de toda la
Iglesia. En la Iglesia, como en el cuerpo hay miembros
diferentes, hay diversos carismas; de entre ellos el Magisterio ha
recibido el carisma de interpretar con autenticidad la Escritura y
por tanto de juzgar sobre la ortodoxia de cualquier otra
interpretación de los miembros de la comunidad eclesial.
VII. ORACIÓN:Señor,
dame la humildad suficiente para creer en tu Palabra, en
la Tradición viva de la Iglesia y en el Magisterio
de la Iglesia, a quien tú encomendaste la interpretación auténtica
de tu Palabra de salvación. Amén
VIII. APÉNDICE 1°: Métodos científicos
de interpretación
Cuando se trata de interpretar la Biblia, la Iglesia,
depositaria de la misma, nos da unos criterios o principios
teológicos que deberán guiar una interpretación correcta, y que hemos
visto ya en esta lección. Se requiere además de estos
principios teológicos, de un método científico de interpretación.
La exégesis
católica de por sí no excluye ningún método, pero el
método que se adopte habrá de cotejarse con los principios
teológicos y ver si hay compatibilidad con ellos.
Los Santos
Padres utilizaron los métodos filológico y alegórico. Hoy se utilizan
los métodos diacrónico (aquellos que estudian el texto sagrado en
su proceso de formación) y sincrónicos (aquellos que estudian el
texto sagrado en cuanto tal).
1. Método diacrónico: Este método echa
mano de:
a) La crítica textual: es la ciencia que trata de
reconstruir a partir de los manuscritos disponibles el texto original
de la Sagrada Escritura 17. La crítica textual
es necesaria para corregir posibles cambios accidentales o deliberados de
parte de los copistas.
b) La crítica literaria: A su vez,
echa mano de las fuentes literarias que analizan los textos
bíblicos para detectar y reconstruir eventuales fuentes utilizadas en la
formación de la sagrada Escritura, evidenciando las acentuaciones teológicas y
el ambiente vital. También echa mano de los géneros literarios,
ya explicados anteriormente.
c) La crítica de las tradiciones: trata de detectar
la prehistoria oral de tales textos, buscando descubrir las modificaciones
que los textos, originalmente en circulación bajo forma de perícopas
aisladas, han sufrido en el curso de la transmisión oral.
Igualmente, pretende descubrir el grupo transmisor responsable de eventuales reelaboraciones
ya en el estadio de la tradición oral.
d) La crítica
de la redacción: se propone reconstruir el proceso de redacción
y el papel del redactor. Se ha de estudiar en
qué modo ha adquirido el texto su forma definitiva, cuál
era el material a disposición del redactor, qué punto de
vista le ha guiado en la selección, reelaboración y sistematización
del material, qué elementos añade, a qué lectores se dirige.
e) La crítica histórica: tiene por objeto unir las afirmaciones de
un texto con la realidad histórica. Trata de aclarar la
relación entre texto y evento, el paso del hecho histórico
al texto escrito. No siendo la Biblia un texto primariamente
de carácter histórico, sino testimonio de fe, no proporciona todas
las informaciones que un historiador desearía. Sin embargo, permiten trazar
una imagen históricamente cierta de los hechos.
2. Método sincrónico: es
aquel que analiza el texto, no en su fase de
formación, sino en su existencia definitiva y, tratándose de la
Biblia, canónica. El documento de la Pontificia Comisión Bíblica del
año 1993, titulado “La interpretación de la Biblia en la
Iglesia” presenta tres métodos sincrónicos:
a) El análisis retórico: se limita a
analizar los discursos que se encuentran en la Biblia. Esos
discursos son analizados según las partes del discurso en la
retórica clásica: exordio, narración, demostración, refutación y epílogo.
b) El análisis
narrativo: estudia únicamente los textos narrativos de la Biblia, que
son la mayoría. La narración consta de estos elementos: protagonista,
antagonista y los comparsas; acción, nudo y desenlace; circunstancias
del relato: lugar, tiempo y orden de la acción. Tratándose
de un relato bíblico, que es historia de salvación hay
que dar el salto al mensaje que se esconde detrás
de esa narración.
c) El análisis semiótico: parte de dos presupuestos:
(i) leer e interpretar un texto es descubrir y establecer
las varias relaciones existentes entre los elementos del mismo texto;
(ii) las relaciones fundamentales de cualquier texto son la oposición
o la equivalencia. La oposición se aprecia sobre todo en
los términos antitéticos: muerte-vida, frío-calor, luz-oscuridad. Enfermarse-curarse, viejo-nuevo, unir-separar, etc.
La equivalencia se descubre principalmente en los sinónimos: querer-amar; soplar-alentar,
templo-santuario, etc.
Termino esta parte diciendo, una vez más, esto:
Todos los métodos son buenos y aprovechables si respetan la
letra y el espíritu del texto de la Sagrada Escritura.
Cada método aporta su contribución específica a la comprensión de
la Biblia y todos ellos llevan a una creciente maduración
de la fe de los creyentes.
APÉNDICE 2°: La actualización
bíblica
Actualizar la Escritura es hacerla presente, viva y eficaz en
la vida diaria de los hombres y en las situaciones
simples o complejas de las sociedades humanas. En el último
capítulo de la Dei Verbum existen textos que hacen referencia
a esta actualización: “Y en las Palabras de los Apóstoles
y de los Profetas hace resonar la voz del Espíritu
Santo...En los Libros sagrados, el Padre, que está en el
cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar
con ellos” (n. 21). El uso del presente (“hace resonar,
sale amorosamente”) muestra que la Palabra de Dios es viva
en el hoy de la historia y posee carga actualizante
de gran magnitud. La misma Constitución del Vaticano II nos
brinda la finalidad de la actualización: “De modo que se
multipliquen los ministros de la Palabra capaces de ofrecer al
pueblo de Dios el alimento de la Escritura, que alumbre
el entendimiento, confirme la voluntad, encienda el corazón en amor
a Dios” (Dei Verbum, n. 26).
1. Requisitos para la actualización:
a) Oración: ese
diálogo con Dios por el que escuchamos al Dios revelador,
somos interpelados por Él y a quien damos una respuesta.
b) Lectura
frecuente y asidua: esta lectura nos permitirá irnos familiarizándonos con
la Biblia, y de esta manera establecer la analogía (semejanza)
entre el texto y la vida, entre la Palabra de
Dios y la situación del hombre.
c) Estudio: con los métodos
que ya hemos explicado.
2. Diversos tipos de actualización:
a) Actualización teológica: es
la llevada a cabo por un teólogo, que busca en
la Biblia las raíces desde y a través de las
cuales llega a la teología la savia vital de la
Palabra de Dios.
b) Actualización litúrgica: La liturgia cristiana es la
actualización la historia de la salvación por medio de los
ritos y de la Palabra. Y se hace mediante el
contexto en que la Palabra de Dios se sitúa; mediante
la celebración litúrgica misma, y mediante la homilía.
c) Actualización pastoral:
engloba la catequética, el acompañamiento pastoral.
d) Actualización espiritual: la forma más
importante y primera de actualizar la Escritura se realiza en
el interior del hombre de modo que el hombre pase
de ser “animal carnal” a ser “espíritu vivificante”. El hombre
toma la Biblia, es interpelado en su situación existencial, y
responde a lo que Dios le pide.
e) “Lectio divina”: es
una lectura, individual o comunitaria, de un texto, más o
menos largo, de la Escritura como Palabra de Dios, con
el fin de desentrañar su mensaje salvífico para uno mismo
o para la comunidad en la situación real y actual.
Sigue cinco pasos:
Lectura: se lee y se estudia atentamente
el texto.
Meditación: Se encuentra la verdad escondida en el texto.
Oración:
se abre el corazón a Dios.
Contemplación: se saborea la alegría
de la dulzura eterna de Dios
Operación: aquí el alma se
convierte, se decide a obrar el bien, a amar a
Dios y al prójimo. El alma se transforma, gracias a
este proceso de la “lectio divina”.
Con todo lo dicho
hasta ahora, ya estamos bien preparados para entrar al templo
del Antiguo y del Nuevo Testamento, a fin de que
la Palabra de Dios sea alimento que nutra nuestra vida,
luz que guíe siempre nuestros pasos hacia la vida eterna,
mensaje de salvación que llevemos generosamente a todos los hombres.
_______________________
Santos Padres son aquellos papas, obispos
y sacerdotes que sobresalieron, desde los primeros siglos del Cristianismo,
por la santidad de vida, por la hondura de su
teología y por la ortodoxia en su doctrina. Entre ellos
se encuentran: San Ambrosio, san Agustín, san Jerónimo, san Atanasio,
san Juan Crisóstomo, san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san León
Magno, san Alberto Magno, etc.regresar
Hasta el descubrimiento de la imprenta el texto bíblico se
fue transmitiendo en manuscritos. Los originales se han perdido o
destruido, y nos han quedado las copias del texto original
o traducciones, algunas antiquísimas. Los manuscritos que actualmente poseemos, van
del siglo II d.C. al siglo XVI. Los principales están
formados por los papiros de inicios del siglo III y
los grandes códices del siglo IV. .regresar
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