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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net 1a. sesión: Introducción Historia de la Iglesia
Estudiar la historia de la Iglesia es estudiar la historia de nuestra familia en la fe.
1a. sesión: Introducción Historia de la Iglesia
INTRODUCCIÓN
Estudiar la historia de la Iglesia es estudiar la historia
de nuestra familia en la fe. ¿A quién no le
interesa saber sobre la historia de su propia familia? ¿No
es verdad que solemos repasar los álbumes de fotos pasadas
con regocijo y con emoción contenida? También nos asombramos de
algunas fotos que salieron movidas, o un poco oscuras y
mal enfocadas.
Repasaremos nuestro álbum de fotos; fotos sacadas desde
hace dos mil años. Iremos viéndolas juntos con el cariño
con que uno va hojeando lo más querido de su
familia. De aquellas fotos que salieron muy bien, alegrémonos y
demos gracias a Dios. De aquellas que están un poco
movidas o medio mal, no nos escandalicemos, sino con respeto
y en silencio demos la vuelta a la página, tratando
de pedir a Dios por esos momentos difíciles de algunos
hijos de la Iglesia, que tal vez desfiguraron el rostro
de la Iglesia con su conducta. A todos nosotros nos
puede pasar esto, si nos desviamos del espíritu del Evangelio.
La Iglesia es la estupenda obra que nos dejó Jesús
aquí en la tierra para que le conozcamos a Él
a fondo, lo amemos mejor, nos entusiasmemos de Él y
extendamos su Nombre por todos los confines de la tierra.
Es, pues, en la Iglesia donde nacimos a la vida
divina, a la vida de fe. Es la Iglesia la
que, como Madre, alimenta nuestra fe en la liturgia y
en los sacramentos. Es la Iglesia la que nos protege
con sus brazos maternales, cuando nos sentimos desprotegidos. Es la
Iglesia la que nos tiende sus manos cuando hemos caído
en el camino de la vida. Es en la Iglesia
donde queremos vivir y morir en paz.
Antes de ir
hojeando las fotos siglo por siglo, quiero dejar unos presupuestos,
sin los cuales es imposible entender y amar a la
Iglesia:
1. La Iglesia es de origen divino: Dios Padre la planeó.
Dios Hijo la fundó durante su vida terrena, cuando fue
eligiendo a su apóstoles, los fue formando, les ordenó celebrar
el memorial de su muerte, y con la fuerza de
su Espíritu les dejó la misión de continuar su obra
y de predicar su Reino; por eso, podemos decir que
la Iglesia es “Cristo prolongado”. Y Dios Espíritu Santo la
está santificando y llevando a su plenitud. Por tanto, a
la Iglesia hay que mirarla con los ojos de la
fe; si no, jamás la podremos entender. De esta
fe tiene que brotar un amor apasionado a nuestra madre
Iglesia y un deseo de dilatarla por todo el mundo.
A esto lo llamamos apostolado, que no es fanatismo, sino
exigencia del amor a la Iglesia.
2. Diversos nombres dados a la
Iglesia: Jesús, para hacernos entender lo que es la Iglesia,
quiso explicarla a través de imágenes o figuras: redil, cuya
puerta es Cristo; rebaño que tiene por pastor a Cristo;
campo y viña, cuyo dueño es el Señor; edificio, cuya
piedra angular es Cristo, que tiene a los Apóstoles como
fundamento y en el que los demás somos piedras vivas
y necesarias. Pero uno de los más hermosos nombres que
la Iglesia ha recibido es el de “comunión”. “Comunión expresa
más que comunidad, más que hecho social, más que congregación,
más que asociación, más que fraternidad, más que asamblea, más
que sociedad, más que familia, más que cualquier forma de
colectividad humana; significa Iglesia, es decir, hombres y mujeres vinculados
en Cristo. Ese cuerpo social, visible y espiritual, es precisamente
lo que llamamos Iglesia” (Pablo VI). Esta Iglesia-Comunión exige espíritu
de comunidad; la comunión y la comunidad no admiten ni
individualismo ni particularismo. El Concilio Vaticano II 1
ahondó en otra imagen de la Iglesia: la Iglesia como
Pueblo de Dios, que peregrina en la historia hacia la
plenitud escatológica, es decir, hacia la plena glorificación en Cristo
al final de los tiempos; Pueblo de Dios, que convoca
a judíos y gentiles, se forma parte de él, no
por la carne, sino por el agua y el Espíritu;
Pueblo de Dios, que tiene por cabeza a Cristo muerto
y resucitado; todos los que formamos parte de ese Pueblo
de Dios tenemos la dignidad y libertad de los hijos
de Dios; la ley de este Pueblo de Dios es
el mandato de la caridad y tiene como fin extender
a todos los hombres el Reino de Dios y hacerlo
crecer hasta la consumación final. Esta imagen de Pueblo de
Dios tiene un contenido profundamente religioso, pues es un Pueblo
creado por la elección de Dios y por la alianza
que él establece con los hombres. No es un término
con sabor político-social, como ha querido manipular y reducir la
así llamada “iglesia popular”2 .
3. El Espíritu Santo
es el alma de la Iglesia. Así como el alma
da vida al cuerpo humano, así el Espíritu da vida
a este cuerpo que es la Iglesia, mediante los sacramentos;
además, el Espíritu Santo ilumina y guía a la Iglesia
durante todos los momentos de su caminar terreno para que
permanezca fiel a las enseñanzas de Jesús, su fundador.
4. Las
propiedades de la Iglesia: Esta iglesia es una, porque
tiene su origen en la Trinidad, porque su única cabeza
es Cristo, y porque está animada por un solo Espíritu;
y manifiesta esa unidad en una sola fe, unos mismos
sacramentos, y una misma jerarquía. Es santa, porque su fundador,
Jesucristo, es santo y la vivifica con su Espíritu; porque
a través de los sacramentos la santifica, y porque sus
frutos más hermosos son los santos. Es católica, porque ha
sido enviada a todos los hombres, está abierta a todas
las razas, lenguas y naciones, sin excluir a nadie, y
porque conserva la totalidad de la fe. Y es apostólica,
porque por voluntad de Cristo está cimentada sobre Pedro y
los demás apóstoles.
5. Estructura de la Iglesia: Cristo quiso fundar una
en la que todos somos iguales por el bautismo, pero
al mismo tiempo la quiso gobernada por Pedro y los
demás apóstoles. La Iglesia, por tanto es jerárquica3
, no democrática. Todos somos Iglesia y Pueblo de Dios,
sí, pero Cristo dio a Pedro y a los demás
apóstoles la misión y la autoridad para guiar, santificar y
regir a sus hermanos. Los continuadores de los apóstoles son
los obispos y sacerdotes. Por tanto, la Iglesia está formada
por los ministros sagrados (obispos, sacerdotes y diáconos), por los
laicos y por los religiosos. La misión de los pastores
es servir a sus hermanos con la Palabra, con los
sacramentos y la caridad, al estilo de Cristo, que vino
a servir y no a ser servido. La misión de
los laicos, en comunión y bajo la guía de los
pastores, es participar en las realidades temporales, ordenándolas según el
plan de Dios en Cristo, a fin de que su
mensaje llegue y transforme todos los ámbitos sociales. La misión
de los religiosos es seguir de cerca las huellas de
Cristo practicando los consejos evangélicos, y de esa forma vivir
consagrados a Dios, santificar a la Iglesia y dar testimonio
ante el mundo de las realidades del Reino de los
cielos.
6. ¿Cómo mirar a la Iglesia?
Tres miradas podemos lanzar a
la Iglesia:
a) Mirada superficial: la Iglesia se presentaría como una sociedad
religiosa más, entre muchas otras. Es la mirada “aséptica” del
descreído, de quien no tiene fe. Sólo ve los defectos
de quienes están en la Iglesia y al frente de
la Iglesia.
b) Mirada más penetrante: reconocerá los valores y la vitalidad
de la Iglesia. Discernirá en su unidad y universalidad un
conjunto de caracteres maravillosos. Se asombrará del poder espiritual del
Papa, afirmando que su origen, desarrollo e influjo constituyen el
fenómeno más extraordinario de la historia del mundo. Pero todavía
no va al fondo. Es la mirada del estudioso bien
intencionado y honesto.
c) Mirada de fe: es la única manera de
percibir el misterio de la Iglesia. Con la fe descubrimos
que su origen está en Dios, que Cristo la ha
enriquecido con su Espíritu y con los medios de la
salvación, y que tiene por misión hacer que todos los
hombres lleguen al pleno conocimiento de la verdad y participen
de la redención operada.
7. ¿Qué es, pues, la historia de
la Iglesia y las claves de interpretación? Es un entramado
de hechos humanos y divinos, en donde la silenciosa acción
del Espíritu Santo se combina eficazmente con la palpable libertad
de los hombres. Y las claves de interpretación de la
historia de la Iglesia son éstas:
a) La historia de la
Iglesia sólo se entiende en función de su tarea santificadora
y evangelizadora. El Vaticano II definió a la Iglesia como
“Sacramento universal de salvación” (Lumen Gentium, 48)...”enviada por Dios, se
esfuerza en anunciar el Evangelio a todos los hombres” (Ad
Gentes, 1). Sólo a la luz de la fidelidad
a esa misión cabe calificar de acertados o equivocados los
hechos de sus ministros y de sus fieles.
b) La capacidad
de errar de los hombres explica muchos episodios históricos negativos4 : las herejías, la torpe intromisión de algunos
eclesiásticos en cuestiones o ambiciones temporales (aseglaramiento, afán de poder,
simonía, etc...), así como las vidas poco edificantes de otros.
Estos hechos tristes, recogidos en su historia, no afectan a
lo que es la Iglesia. Es más, ponen de manifiesto
que ella es divina porque, a pesar de sus hombres,
su doctrina se ha mantenido incólume desde que Cristo la
predicara, produciendo abundantes frutos de santidad en todos los tiempos5 .
c) La Iglesia, manteniendo los rasgos esenciales determinados
por su fundador, Cristo, también ha evolucionado en la historia
al compás de los hombres, precisamente porque no es
una sociedad desencarnada. Por eso, a la hora de interpretar
los hechos hay que considerar el contexto histórico, que explica
muchas decisiones y modos de obrar (p.e. la inquisición eclesiástica,
Papas que coronaban a los emperadores, lucha por la investidura,
etc.). No hacerlo así, es pecar de anacronismo o errores
de juicio objetivo.
d) La Iglesia es experta en humanismo: iluminada por
la revelación de Cristo, Dios y hombre perfecto, y
enriquecida por su larga historia conoce en profundidad las glroias
y las miserias del hombre, al que quiere ofrecer la
salvación de Cristo. Esto explica:
e) Que a lo largo de sus
veinte siglos haya sabido enjuiciar con tanta libertad y equidad
muchas situaciones humanas, venciendo la fuerte coacción de poderosos intereses
partidistas: guerras, decisiones de parlamentos, conferencias internacionales, etc.
f) Que esté en
inigualables condiciones para defender la dignidad de la persona humana
y los principios morales de su actuación, y para juzgar
con la luz de la moral los retos que la
ciencia, la cultura o la política ponen a la sociedad.
Fruto de todo ello es su doctrina social6
.
8. ¿Cuál es el fin de la Iglesia? Es predicar a
todos los hombres la Buena Nueva de la redención operada
por Cristo. Esta salvación de Cristo debe abarcar a todos
los hombres sin distinción de clases sociales, y a todo
el hombre: en su alma y en su cuerpo. Es
un fin, por tanto, sobrenatural pero que empieza en el
tiempo, espiritual pero que trasnforma la ralidades de este mundo.
9. ¿Cuáles
son los deberes para con la Iglesia?
a) Creer en ella: No
se puede creer en Cristo sin creer en ella. No
se puede ser cristiano sin la mediación de la Iglesia.
“Nadie puede tener a Dios por Padre, si no tiene
a la Iglesia por madre” –decía san Cipriano. La fe
en Cristo nos llega a través de la Iglesia.
b) Conocer su
doctrina: La doctrina de la Iglesia no es otra que
el evangelio de Cristo, que le fue transmitido por los
apóstoles y que ella, guiada por el Espíritu de la
Verdad, continuamente medita, predica, defiende y aplica a las
diversas situaciones en que viven sus hijos y el mundo.
c) Amar
a la Iglesia: Si la Iglesia nos ha engendrado para
Cristo, por medio del bautismo, debemos amarla como un hijo
ama a su madre: un amor que la comprende, que
la apoya, que reza por ella, que se alegra
de sus triunfos, que sufre con sus fracasos.
d) Cooperar con su
misión, para que todos lleguen al pleno conocimiento de la
verdad y a la salvación que Cristo nos ha traído
con su vida, muerte y resurrección. Así fue al inicio:
la Iglesia fue extendiendo su radio de acción gracias a
los viajes de san Pablo, a la palabra y ejemplo
de los primeros cristianos, y a los milagros con
que los apóstoles confirmaban la doctrina de Jesús. Incluso las
mismas persecuciones, como veremos, sirvieron, para bien o para mal,
para dar a conocer al mundo este fenómeno del cristianismo.
e) Defenderla,
aunque suframos martirio. Defenderla con la palabra, con los escritos,
con el testimonio. Nunca, lógicamente, con las armas o con
la violencia,pues se oponen a su esencia que es la
caridad.
Termino esta introducción con un texto de Hermas, escritor
de la primera mitad del siglo II, preocupado de los
problemas de la Iglesia de su tiempo. Tuvo una visión
con un ángel, que tomó la apariencia de un joven
pastor. Y en esto llegó una anciana vestida de esplendor,
con un libro en las manos, se sentó sola y
saludó a Hermas.
Hermas, afligido y llorando, le dijo al ángel
vestido de pastor:
- ¿Quién es esa anciana? - La Iglesia, me dijo. - Y, ¿cómo
es tan anciana? - Porque fue creada antes que todo lo demás.
Por eso es tan anciana; el mundo fue formado para
ella, dijo el ángel.
“En la primera visión la vi muy
anciana y sentada en un sillón. En la siguiente, tenía
un aspecto más joven, pero el cuerpo y los cabellos
eran todavía viejos; me hablaba de pie; estaba más alegre
que antes. En la tercera visión era muy joven y
hermosa; de anciana tenía tan sólo los cabellos; estuvo muy
alegre y sentada en un barranco”.
“En la primera visión –dijo
el joven- esa mujer aparecía tan anciana y sentada en
un sillón, porque vuestro espíritu estaba ya viejo, marchito y
sin fuerzas, por vuestra molicie y vuestras dudas...En la segunda
visión la viste en pie, con aire más joven y
alegre que antes, pero con el cuerpo y los cabellos
de anciana, pues el Señor se apiadó de vosotros; vosotros
desechasteis vuestra molicie y os volvió la fuerza y os
afianzasteis en la fe...En la tercera visión, la viste más
joven, hermosa, alegre, de un aspecto encantador; los que hayan
hecho penitencia se verán totalmente rejuvenecidos y afianzados”7
.
De nosotros, sus hijos, depende que la Iglesia
siga joven, lozana y alegre. Y con nuestra actitud de
continua conversión y lucha por la santidad iremos hermoseando
el rostro de esta madre, que tantos hijos han afeado
consus actos a lo largo de los siglos.
Comencemos, pues,
a abrir con respeto el álbum de familia, de nuestra
familia eclesial desde el principio.
__________________________________
TEMA DE DISCUSIÓN EN EL
FORO
1. ¿Por qué a veces se critica a la Iglesia? 2. ¿Cuáles son
nuestros deberes para con la Iglesia? 3. ¿Cómo podemos santificar nosotros hoy
a nuestra madre Iglesia?
En la
constitución sobre la Iglesia, “Lumen gentium”, capítulo II.regresar Esta iglesia popular ha intentado contraponer pueblo
de Dios (laicos) y jerarquía. Esta contraposición, hábilmente manejada, lleva
a identificar la Iglesia con el pueblo pobre y oprimido,
y a ver en la jerarquía una sobre-estructura, frecuentemente hostil
al pueblo. regresar No tengamos miedo
a esta palabra tan desacreditada en algunos ambientes. Jerarquía es
una palabra griega que significa “servicio sagrado”. regresar Humanum fuit errare, diabolicum per animositatem in errore
perseverare (San Agustín, Serm 164, 14)regresar Aquí cabe traer a colación lo sucedido a Ludovido Pastor,
protestante, que mientras escribía la historia de la iglesia en
todos sus avatares positivos y negativos, llegó a la conclusión
de que esta institución, la Iglesia, debía tener carácter divino,
porque ha podido resistir veinte siglos y ni siquiera algunos
de los mismos hijos de la Iglesia, que se comportaron
indignamente, han podido destruirla. De hecho, se convirtió al catolicismo
exclamando: “La Iglesia católica es la verdadera Iglesia”.regresar Así lo expresaba Juan Pablo II en
México, pocos meses después de la emblemática caída del Muro
de Berlín: “En esta hora de la historia, cuando asistimos
a profundas transformaciones sociales y a una nueva configuración de
muchas regiones del planeta, es necesario proclamar que cuando pueblos
enteros se veían sometidos a la opresión de ideologías y
sistemas políticos de rostro inhumano, la Iglesia, continuadora de la
obra de Cristo, levantó siempre su voz y actuó en
defensa del hombre, de cada hombre, del hombre entero, sobre
todo de los más débiles y desamparados...La defensa de la
verdad sobre el hombre le ha acarreado a la Iglesia
sufrimientos, persecuciones y muertes. La Iglesia ha tenido que pagar,
también en tiempos recientes, un precio muy algo de persecución,
cárcel y muerte. Ella lo ha aceptado en aras de
su fidelidad a su misión” (7 de mayo de 1990).regresar Hermas, El Pastor, 2, 2; 8,
1; 18, 3-4; 20; 21regresar
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