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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic net 3a. sesión: Siglo II Edad Antigua
Las persecuciones de los emperadores romanos: “¡Cristianos, a las fieras!”. Respuesta de la Iglesia: “Soy cristiano"
3a. sesión: Siglo II Edad Antigua
SIGLO II
INTRODUCCIÓN
Las comunidades cristianas vivían su fe en un ambiente
mayoritariamente pagano. Y sin embargo, aumentaba, por la gracia de
Dios, el número de los creyentes. Esto ocasionó problemas. La
discreción de que rodeaban su culto, hacía sospechar lo peor.
Por esta época ya se ha generalizado la celebración de
la eucaristía cada domingo, que era el Día del Señor
24.
Nos encontramos aquí con un fenómeno de psicología
de masas. El cristianismo viene de Oriente y se está
extendiendo a Occidente. Los cristianos son algo así como unos
inmigrantes cuyas costumbres no acaban de comprenderse: se reúnen, rezan,
comparten sus bienes, son respetuosos, recatados, demasiado honestos... Constituyen –se
dice- una secta; y ya sabemos todo lo que se
oculta tras esta palabra. Por eso, el mundo romano no
ve con buenos ojos a los cristianos. Hay, pues, que
eliminarlos.
I. SUCESOS
“El varón que no peca con la lengua es varón
perfecto”
Varias fueron las calumnias populares que se levantaron contra los
cristianos:
1. Los cristianos son ateos: porque no participaban en el culto
a los dioses oficiales, ni en el culto idolátrico al
emperador. Esto amenaza el equilibrio de la ciudad, pues –
según la opinión popular- los dioses se sienten ofendidos y
se vengan enviando calamidades tales como inundaciones, terremotos, epidemias, incursiones
de los bárbaros. También se decía que los cristianos daban
culto a un asno o a un bandido condenado a
muerte en una cruz.
2. Los cristianos practican el incesto: los
paganos pensaban que, si los cristianos se reunían en banquetes
nocturnos, era para entregarse a orgías y a las peores
torpezas entre hermanos y hermanas.
3. Los cristianos son antropófagos: por
no comprender la eucristía, los paganos pensaban que el cuerpo
que comen y la sangre que beben eran los
de un niño, sacrificado ritualmente.
Había también objeciones y calumnias
de los sabios y políticos contra los cristianos25
:
1. Los cristianos son unos pobres hombres ignorantes y pretenciosos: son
gente reclutada entre las clases sociales inferiores, aprovechando su credulidad.
Ponen en entredicho los valores de la civilización romana y
minan la autoridad del padre de familia dado que el
Cristianismo reconocía la dignidad de las mujeres y de los
niños. No olvidemos que en el mundo pagano la mujer
y el niño no valían prácticamente nada; simplemente se les
toleraba: a la mujer, porque trabajaba en casa y criaba
los hijos; y a los niños, porque después serían mayores.
2. Los cristianos son malos ciudadanos: porque no participan en los
cultos de la ciudad ni en el culto imperial, no
aceptan las costumbres de los antepasados, y rechazan formar parte
de la magistratura y del ejército.
3. La doctrina cristiana se opone
a la razón: Dios, perfecto e inmutable, no puede rebajarse
a ser un niño pequeño. La resurrección de los cuerpos
es una formidable mentira. El Dios pacífico del Nuevo Testamento
está en contradicción con el dios guerrero del Antiguo Testamento.
Los cuatro relatos de la pasión se contradicen. Los ritos
cristianos son inmorales. El bautismo fomenta los vicios, al pensar
que un poco de agua perdona de una vez todos
los pecados. La eucaristía es un rito antropofágico. Todo esto
decían los sabios sobre los cristianos.
“Exterminad a los cristianos”
¡Era
el grito de los emperadores! En este siglo II continuaron
las persecuciones contra los cristianos. Había que borrar el nombre
de Cristo de sobre la faz de la tierra.
La
de Trajano, tercera persecución, que al igual que Nerón, consideraba
el Cristianismo como “religión ilícita”. Víctima de esta persecución fue
Ignacio de Antioquía, despedazado por las fieras en el anfiteatro,
llamado hoy coliseo. Trajano condenaba a los que se afirmaban
cristianos. Una carta del historiador Plinio el Joven, gobernador de
Bitinia (norte de la actual Turquía), nos informa sobre el
procesamiento y la ejecución de cristianos en su provincia.
Durante
el reinado del emperador Marco Aurelio (161-180) fueron condenados en
Roma el apologista Justino, y en Esmirna el obispo Policarpo,
que fue discípulo de Juan y catequista de Ireneo, futuro
obispo de Lyon. Con Policarpo tenemos el primer testimonio del
culto a las reliquias de los mártires.
Siguieron las persecuciones
de Adriano, Antonio Pio, Septimio Severo. Este último prohibió a
los paganos abrazar el Cristianismo bajo pena de muerte
Herejía docetista: estas personas afirmaban que Cristo no
era hombre, sino que sólo tenía apariencia de hombre. Pensaban
que ser hombre restaba mérito, dignidad a Cristo, el Hijo
de Dios. Por querer defender la divinidad, no se aceptaba
la humanidad. Nuestra fe es bien clara: Cristo es al
mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Esta es la
verdad completa. La verdad incompleta constituye ya una herejía.
El gnosticismo
fue la herejía más fuerte de este siglo II,
aunque ya vimos que comenzó en el siglo I. Era
como una gran corriente de ideas y de intuiciones religiosas
de diversa procedencia, aunadas por la tendencia sincretista que tanto
auge alcanzó en la antigüedad. El punto de arranque de
esa corriente lo constituía el anhelo de resolver el problema
del mal. ¿Cómo encontrar el conocimiento perfecto, la verdadera ciencia
que diese la clave del enigma del mundo y de
la presencia del mal, que aclarase el sentido de la
existencia humana? Decía que existía un Dios supremo y, por
debajo de él, una multitud de “eones”, seres semidivinos que
formaban con Dios el pleroma, el mundo superior. Nuestro mundo
material e imperfecto, donde reside el mal, no era obra
del Dios supremo, sino del demiurgo, que ejercía el dominio
sobre su obra. En este mundo creado se encontraba desterrado
el hombre, la obra maestra del demiurgo, en quien late
una centella de la suprema Divinidad. De ahí, el impulso
que el hombre siente, en lo más íntimo de su
ser, a unirse con el Dios sumo y verdadero. Tan
sólo la “gnosis”, es decir, el conocimiento perfecto de Dios
y de sí mismo, permitiría al hombre liberarse de los
malignos poderes mundanos y alcanzar el universo luminoso, el pleroma
del Dios Padre y Primer Principio.
Esta herejía fue difundida
en el siglo II por Marción, Valentín, Epifanio y
Simón el mago. Trató de incluir a Cristo en ese
sistema cosmogónico, como un “eón” en medio de los demás.
Cristo desciende sobre Jesús en el momento del bautismo (dualismo
personal).
El mismo Marción, originario del Ponto, distingue el Dios
del Antiguo Testamento, creador y malo, del Dios del amor
que nos revela Jesús. Detrás de esta postura de Marción,
se esconden dos dioses: el del Antiguo Testamento y el
del Nuevo Testamento. Además, niega a Jesús una verdadera naturaleza
humana. Y finalmente dice que no habrá salvación más que
para las almas, no para los cuerpos.
La herejía de los
montanistas también dio dolores de cabeza a la Iglesia. Apareció
hacia el año 170 cuando Montano, después de recibir el
bautismo, comenzó a anunciar que era el profeta del Espíritu
Santo, y que este Espíritu iba a revelar por su
conducto a todos los cristianos la plenitud de la verdad.
El rasgo más notable de esta revelación era el mensaje
escatológico: estaba a punto de producirse la segunda venida de
Cristo, y con ella el comienzo de la Jerusalén celestial.
Solamene una estricta vida moral prepararía a los creyentes para
esta venida; por ello había que evitar huir del martirio,
había que guardar ayuno riguroso y abstener, en lo posible,
del matrimonio. A esta secta se adhirió Tertuliano.
Los novacianos:
Novaciano sostenía que la apostasía era un pecado irremisible y
que los lapsi nunca podían ser readmitidos a la comunión
de la Iglesia, ni siquiera en la hora de la
muerte. Sostenía, además, que la Iglesia debía formarse sólo por
los enteramente puros; y negaba, como los montanistas, que la
idolatría, el adulterio y el homicidio pudieran perdonarse.
Los lapsi:
ante persecuciones tan duras, algunos cristianos claudicaron y desertaron para
salvar la vida, adoraron las divinidades paganas y rindieron culto
al emperador. Se les llamó traidores. Algunos, terminada la persecución,
pidieron perdón y volvieron al seno de la Iglesia.
II. RESPUESTA
DE LA IGLESIA
La Iglesia seguía muy de cerca el latido
del mundo y tuvo que hacer frente a todos los
desafíos, siempre con el auxilio del Espíritu Santo, que le
daba fuerza y luz.
“Al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios...”
La
actitud de la Iglesia frente al poder temporal civil y
político del imperio era bien clara: “Dad al César lo
que es del César y a Dios lo que es
de Dios” (Mt 20, 15-21). Los dos apóstoles Pedro
y Pablo desarrollaron en sus cartas toda una catequesis sobre
los deberes del cristiano frente a la autoridad pública, que
sirvió de pauta a los fieles en sus actitudes ante
el imperio romano. Consecuencia de ella es el deber de
obedecer a la autoridad pública, cuando esa autoridad pública respete
la ley de Dios. La manifestación práctica de esa actitud
era el perfecto cumplimiento de todas las cargas y servicios,
que incumben al cristiano como deber cívico (cf. 1 Pe
2, 17; Rm 13, 1-2; Rm 13, 5-7).
La Iglesia
no se quedaba callada
Graves eran las herejías que querían
destruir nuestra fe y nuestro dogma. Y Dios hizo surgir
a una serie de hombres de Iglesia, bien formados, que
supieron aclarar la doctrina de Cristo, para que no se
diluyera con otras doctrinas extrañas y paganas.
Entre ellos, emergen
los Padres Apostólicos: el mártir san Ignacio de Antioquía
(muerto alrededor del año 117), san Policarpo (muerto en
el 180), Papías (muerto en el 154), san Ireneo de
Lyon (muerto en el 202). Estos padres apostólicos profundizaron las
enseñanzas de Cristo. Sus aportaciones doctrinales y morales son muy
valiosas para nosotros, sobre todo, al defender la fe cristiana
contra la herejía gnóstica, ya explicada anteriormente, que enseñaba la
existencia de un Dios del bien y de un principio
del mal.
Y ante dichas herejías y calumnias terribles contra los
cristianos, Dios siguió ayudando a su Iglesia por medio de
una serie de cristianos, hombres de cultura, que lucharon por
dar base filosófica al cristianismo, no siempre con acierto, pero
que influyeron en la teología posterior. Se los llamó los
Padres Apologistas: defendieron a la Iglesia de las acusaciones,
elaborando así una primera teología. Entre ellos, el gran Orígenes,
primer teólogo cristiano; san Justino (mártir en 165), y Tertuliano
en su obra Apologética, y un autor desconocido que escribió
la carta a Diogneto. Contestan así a las calumnias y
acusaciones:
“Nada hay secreto entre nosotros”: “estamos presentes por todas
partes, tenemos las mismas actividades que vosotros, los mismos alimentos
y los mismos vestidos. Lo único que rechazamos es acudir
a los templos y asistir a los espectáculos del anfiteatro”.
“Sois vosotros los que tenéis costumbres nefastas”: la sociedad romana
practicaba el infanticidio y el aborto, dos cosas que los
cristianos no aceptamos, por ser un crimen. Además, la sociedad
romana exaltaba el desenfreno de la sexualidad hasta el paroxismo,
contando las hazañas amorosas de los dioses y tolerando el
intercambio de esposas.
“El cristianismo es una doctrina conforme a
la razón”: nada hay en el cristianismo que se oponga
a la razón. Es verdad que algunos apologistas defendieron el
cristianismo atacando la religión pagana con poco tacto y caridad,
por ejemplo, Tertuliano, que era muy impulsivo. Pero, en general,
los cristianos fueron respetuosos de los paganos, y trataban de
evangelizar más con el ejemplo que con la palabra.
“Los cristianos somos buenos ciudadanos”: los apologistas no cesan de
proclamar su lealtad al estado, siguiendo lo que dicen la
carta a los romanos en 13, 1-7 y la primera
carta 1 Pedro en 2, 13. Y aunque no consideran
al emperador como divino, sin embargo le obedecen y rezan
por él. Además pagan sus impuestos. Y si no aceptaban
formar parte de la magistratura y del ejército, era porque,
tarde o temprano, estarían en contradicción con el evangelio, dado
que estaban obligados a participar en ceremonias idolátricas y a
ejercer la violencia.
A cada una de esas herejías, la
Iglesia respondió.
Contra los docetistas, reaccionó Ignacio, obispo de
Antioquía, que defendió con vehemencia el realismo de la encarnación:
Jesús es verdaderamente un personaje histórico, un hombre verdadero, que
comía, bebía, lloraba, se cansaba, sonreía. A este Jesús lo
encuentran los cristianos en una comunidad unida en la fe,
en el amor y en la eucaristía.
Contra Marción reaccionó
san Ireneo, defendiendo la unidad de Dios en el Antiguo
y Nuevo testamento, y la salvación completa del hombre, cuerpo
y alma, realizada por Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
El mismo Ireneo exige que no se tengan en cuenta
para nada las doctrinas o escritos transmitidos fuera de la
sucesión apostólica, pues en ese tiempo aparecieron los llamados evangelios
apócrifos. Fue Ireneo quien declaró que sólo hay cuatro evangelios.
Citaré en el apéndice de este capítulo la audiencia del
Papa Benedicto XVI sobre la figura de san Ireneo.
La fuerza
y el alimento de los sacramentos
¿Cómo celebraban los Sacramentos y
la Cuaresma?
El bautismo: desde el día de Pentecostés, los
apóstoles bautizaron a todos los que tenían fe en Jesús.
No era necesaria preparación especial. Sólo bastaba tener fe en
lo que predicaban los apóstoles. Posteriormente ya se exigió un
período específico de preparación llamado catecumenado, cuya duración variaba de
una iglesia a otra. El catecúmeno debía saber de memoria
el credo; se le instruía además en la doctrina cristiana,
en los ritos, oraciones y cantos. Sirvió el catecumenado para
seleccionar candidatos con más seguridad. La mayoría de los que
entraban en la fe eran adultos. La selección permitía posponer
el bautismo a quienes todavía practicaban oficios o profesiones que
chocaban con la doctrina cristiana, hasta que cambiaran de oficio.
Tal era el caso de los actores eróticos y gladiadores.
¡Qué conciencia se tenía de la dignidad cristiana!
La eucaristía:
En este siglo II no existían ritos fijos ni uniformes,
exceptuando las palabras de Jesús en la última cena. Pero
la celebración eucarística o misa, en lo substancial, era la
misma que hoy día. Sólo han ido cambiando los ritos,
que con el paso de los siglos fueron formando diversas
tradiciones27 . La eucaristía, como era sacramento instituido
por Jesús, no se celebraba en el templo ni en
las sinagogas sino en casas de familias28 .
La primera documentación sobre la eucaristía consta en los evangelios
y en la carta de san Pablo a los
corintios (cf. Lc 22, 19-20; Mt 26, 26-30; Mc 14,
22-26; 1 Co 11, 23-25). Al inicio, la eucaristía se
celebraba sólo el día del Señor (domingo), pero luego comenzó
a celebrarse también los días feriados (siglo II). Habla con
frecuencia de la eucaristía san Ignacio de Antioquía, martirizado en
la persecución de Trajano (año 107). Luego san Justino, mártir
(año 150) nos deja un precioso testimonio; dice que el
domingo se reúnen los fieles cristianos, se leen las memorias
de los apóstoles (evangelios) y algunos profetas; el celebrante pronuncia
la homilía; se ponen de pie para orar, y darse
el beso de la paz. Luego ofrecen al obispo que
preside pan, vino y agua. Este los recibe en forma
solemne y pronuncia la “oración larga” de la eucaristía (hoy
diríamos la plegaria eucarística) que incluye las palabras sacramentales de
Cristo. Todos respondían: Amén. Enseguida se distribuía la eucaristía a
los presentes.
¿Y la penitencia o confesión? Ya desde el
siglo II existía la reconciliación de los pecadores, pero solamente
para los pecados graves (apostasía, asesinato, adulterio) y una sola
vez en la vida. La Iglesia exigía mucho de los
cristianos al inicio, tanto que algunos por este motivo retrasaban
la hora de bautizarse. Hay que esperar hasta el siglo
V para ver cómo se inicia la confesión privada, gracias
a los monjes británicos e irlandeses. Poco a poco, conociendo
nuestra debilidad, la Iglesia fue facilitando la práctica de la
confesión, dando oportunidad de acercarse a ella con mayor frecuencia.
Hoy día, ya sabemos, podemos acercarnos cuantas veces queramos a
este sacramento, con arrepentimiento y sincero propósito de enmienda, pues
Dios nos tiende sus brazos misericordiosos a todas horas.
En el apéndice de este capítulo explicaré las etapas que
tuvo el sacramento de la confesión.
La Cuaresma: En la
segunda mitad del siglo II el Papa Víctor (189-198), después
de una intensa controversia, fijó la Pascua cristiana en el
domingo siguiente al 14 de Nisán, fiesta de la Pascua
judía, aunque casi todas las iglesias de Oriente continuaron celebrándola
el 14 de Nisán. La Cuaresma inició embrionariamente con un
ayuno comunitario de dos día de duración: Viernes y Sábado
Santos (días de ayuno), que con el Domingo formaron el
“triduo”. Era un ayuno más sacramental que ascético; es decir,
tenía un sentido pascual (participación en la muerte y resurrección
de Cristo) y escatológico (espera de la vuelta de Cristo
Esposo, arrebatado momentáneamente por la muerte). A mediados del siglo
III, el ayuno se extendió a las tres semanas antecedentes,
tiempo que coincidió con la preparación de los catecúmenos para
el bautismo de la noche pascual. A finales del siglo
IV se extendió el triduo primitivo al jueves, día de
reconciliación de penitentes (al que más tarde se añadió la
Cena Eucarística), y se contaron cuarenta día de ayuno, que
comenzaban el domingo primero de la Cuaresma. Como la reconciliación
de penitentes se hacía el Jueves Santo, se determinó, al
objeto de que fueran cuarenta días de ayuno, comenzar la
Cuaresma el Miércoles de ceniza, ya que los domingos no
se consideraban días de ayuno. Al desaparecer la penitencia pública,
se expandió por toda la cristiandad, desde finales del siglo
XI, la costumbre de imponer la ceniza a todos los
fieles como señal de penitencia. Por tanto, la Cuaresma como
preparación de la Pascua cristiana se desarrolló poco a poco,
como resultado de un proceso en el que intervinieron tres
componentes: la preparación de los catecúmenos para el bautismo de
la Vigilia Pascual, la reconciliación de los penitentes públicos para
vivir con la comunidad el Triduo Pascual, y la preparación
de toda la comunidad para la gran fiesta de la
Pascua. Como consecuencia de la desaparición del catecumenado (de adultos)
y del itinerario penitencial (o de la reconciliación pública de
los pecadores notorios), la Cuaresma se desvió de su espíritu
sacramental y comunitario, llegando a ser sustituida por innumerables devociones
y siendo ocasión de “misiones populares” o de predicaciones extraordinarias
para el motivar el cumplimiento pascual, en las que se
ponía el énfasis en el ayuno y la abstinencia. Con
la reforma litúrgica, después del Concilio Vaticano II (1960-1965),
se ha hecho resaltar el sentido bautismal y de conversión
de este tiempo litúrgico, pero sin perder también la orientación
del ayuno, la abstinencia y las obras de misericordia.
CONCLUSIÓN
Así
acabamos el siglo II. La Iglesia, con la asistencia del
Espíritu Santo, iba poco a poco llevando a cabo la
misión encomendada por Jesucristo. Dificultades, había, no cabe duda. Los
cristianos iban con el ejemplo y con la palabra defendiendo
su fe cristiana, y llevando esa fe por donde iban.
Es verdad que los cristianos apologistas no convencieron a todos
sus interlocutores; tampoco Cristo lo logró. Los enemigos eran fuertes
y usaban todo tipo de tretas para acabar con el
cristianismo. Por eso, cuando buscaban a los responsables de las
desgracias de la época, siempre las acusaciones se lanzaban contra
los cristianos. Y para calmar el furor del pueblo, los
emperadores pronunciaban condenas contra los cristianos. Así nacieron las crueles
e inhumanas persecuciones. ¿Qué hicieron en esos terribles momentos los
cristianos? Ellos se fortalecían con los sacramentos y se animaban
con su caridad.
¿Quieres conocer un poco la vida de los
primeros cristianos? Aquí te dejo este fragmento de la famosa
carta anónima a Diogneto del siglo II: “Los cristianos no
se distinguen de los demás hombres ni por el país,
ni por el lenguaje, ni por la forma de vestir.
No viven en ciudades que les sean propias, ni se
sirven de ningún dialecto extraordinario; su género de vida no
tiene nada de singular...Se distribuyen por las ciudades griegas y
bárbaras, según el lote que le ha correspondido a cada
uno; se conforman a las costumbres locales en cuestión de
vestidos, de alimentos y de manera de vivir, al mismo
tiempo que manifiestan las leyes extraordinarias y realmente paradójicas de
su república espiritual. Cada uno reside en su propia patria,
pero como extranjeros en un domicilio. Cumplen con todas sus
obligaciones cívicas y soportan todas las cargas como extranjeros. Cualquier
tierra extraña es patria suya y cualquier patria es para
ellos una tierra extraña. Se casan como todo el mundo,
tienen hijos, pero no abandonan a los recién nacidos. Comparten
todos la misma mesa, pero no la misma cama. Están
en la carne, pero no viven según la carne. Pasan
su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo.
Obedecen a las leyes establecidas y su forma de vivir
sobrepuja en perfección a las leyes. Aman a todos los
hombres y todos les persiguen. Se les desprecia y se
les condena; se les mata y de este modo ellos
consiguen la vida. Son pobres y enriquecen a un gran
número. Les falta de todo y les sobran todas las
cosas. Se les desprecia y en ese desprecio ellos encuentran
su gloria. Se les calumnia y así son justificados. Se
les insulta y ellos bendicen...En una palabra, lo que el
alma es en el cuerpo, eso son los cristianos en
el mundo. El alma se extiende por todos los miembros
del cuerpo como los cristianos por las ciudades del mundo.
El alma habita en el cuerpo, pero sin ser del
cuerpo, lo mismo que los cristianos habitan en el mundo,
pero sin ser del mundo...El alma se hace mejor mortificándose
por el hambre y la sed: perseguidos, los cristianos se
multiplican cada vez más de día en día. Tan noble
es el puesto que Dios les ha asignado, que no
les está permitido desertar de él”.
Termino con unas palabras
de san Justino (siglo II) sobre la celebración de la
Eucaristía: “El día llamado del Sol (actual domingo) se reúnen
todos en un lugar, lo mismo los que habitan en
la ciudad que los que habitan en el campo, y,
según conviene, se leen los recuerdos de los apóstoles y
los escritos de los profetas, conforme el tiempo lo permita.
Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga
de amonestar con palabras de exhortación, a la imitación de
cosas tan admirables. Después nos levantamos todos a la vez
y recitamos preces; y a continuación, como ya dijimos, una
vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y
agua. El que preside pronuncia con todas sus fuerzas preces
y acciones de gracias y el pueblo responde “Amén”, tras
de lo cual se distribuyen los dones sobre los que
han pronunciado la acción de gracias, comulgan todos, y los
diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes..Y nos reunimos
todos el día del Sol, primer porque es el primero
de la semana y luego porque es día en que
Jesucristo resucitó de entre los muertos. Lo crucificaron, en efecto,
la víspera del día de Saturno (sábado) y al día
siguiente del de Saturno, o sea el día del Sol,
se dejó ver de sus apóstoles y discípulos y les
enseñó todo lo que hemos expuesto a vuestra consideración” (San
Justino, Apología en defensa de los cristianos, cap. 66-67, Patrología
Griega 6, 430-432).
APÉNDICE 1: Catequesis del
Papa Benedicto XVI sobre la figura de san Ireneo, 28
de marzo de 2007
APÉNDICE 2: El sacramento
del perdón a lo largo de los siglos
__________________________________
Recomiendo vivamente la lectura la carta apostólica del Papa
Juan Pablo II titulada “Dies Domini” (El Día del Señor),
del 31 de mayo de 1998, sobre el domingo. regresar Entre ellos está Celso (siglo II)
y Porfirio (siglo III)regresar Herejía viene
de un verbo griego que significa seleccionar, tomar. El hereje
no acepta toda la verdad revelada por Dios y transmitida
por la Iglesia, sino sólo una parte. Técnicamente herejía es
negar, después de haber recibido el bautismo y en forma
pertinaz, una verdad que se debe creer con fe divina
y católica. regresar En vigencia estaba
una norma de sentido común: respetar las costumbres del lugar.
“Si alguien observa en otras partes usos litúrgicos que le
parecen más hermosos o más piadosos, cuando regrese a su
patria, guárdese de afirmar que lo que en ella se
hace es malo o ilícito, por haber visto cosas distintas
en otras partes. Espíritu pueril es éste del que debemos
precavernos y, además, combatirlo en nuestros días” (San Agustín). regresar Al inicio, como consta en los
Hechos de los apóstoles, la fracción del pan se celebraba
en casas particulares. Luego, tras el edicto de Milán (313)
los cristianos pudieron celebrar públicamente y sin miedo su culto.
Fue en ese entonces cuando comenzaron a construir iglesias. Como
estilo siguieron el estilo de la basílica romana. No
consta que en las catacumbas se celebrara la eucaristía. ¿Cuándo
se descubrieron las catacumbas? Cuando vino el renacimiento italiano en
el siglo XVI, la devoción y la curiosidad arqueológica fueron
despertadas por el arado de un campesino que descubrió una
galería subterránea recubierta de pinturas. Esto fue en 1578. Son
numerosos los cementerios o catacumbas romanos, entre los cuales recordamos:
cementerio de Calixto (siglo III); sepulcro oficial de los Papas
y cementerio de san Sebastián; cementerio de Priscila; cementerio Vaticano,
donde fueron sepultados los mártires de Nerón, junto con los
restos de san Pedro. Sobre la tumba de Pedro el
Papa Cleto erigió una “memoria”, Constantino una basílica, a la
cual sucedió la actual.regresar
_____________________________________
TEMA DE DISCUSIÓN EN EL FORO
1.
¿Qué dificultades afrontó la Iglesia en este segundo siglo? 2. ¿Por
qué crees que surgen las herejías? 3. ¿Cómo fue el desarrollo
del sacramento de la confesión? 4. ¿Los sacramentos son invención de
la Iglesia?
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