La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic net 5a. sesión: Siglo IV Edad Antigua
Era constantiniana: luces y sombras. Los Primeros concilios y Padres de la Iglesia. Los monjes.
5a. sesión: Siglo IV Edad Antigua
INTRODUCCIÓN
El cristianismo seguía difundiéndose por todo el mundo
conocido. Los primeros cristianos no empezaron proponiendo de antemano una
filosofía o una teología. Dieron, más bien, testimonio de Jesús,
a quien consideraban como Maestro y Señor. Pero al contacto
con otras culturas se vieron estos primeros cristianos en la
necesidad de explicar con lenguaje inteligible y racional lo que
ellos vivían por la fe. A este esfuerzo de la
primera Iglesia por poner por escrito la fe o credo
en lenguaje humano, sin traicionar lo esencial, lo llamamos inculturación.
No todo fue fácil, ciertamente. Pero el Espíritu Santo era
quien iluminaba las mentes de los obispos.
El siglo IV
empezó con una gran persecución, la novena, decretada por el
emperador Diocleciano, en el año 303. Entre las regiones que
más sufrieron está España, Italia y África. Pero los cristianos
daban testimonio de su fe en Cristo, y preferían morir
antes que renegar de sus creencias.
I. SUCESOS
El Evangelio llegó,
por fin, al palacio imperial
El hecho más importante de este
siglo fue la conversión al cristianismo del emperador Constantino, siguiendo
el ejemplo de su madre santa Elena. El año 312,
en el puente Milvio sobre el Tíber, vence a Majencio
que quería arrebatarle el Imperio. Majencio huye y se ahoga
en el Tíber. Eusebio, amigo y confidente del emperador, añade
que en la víspera Constantino y sus soldados vieron en
el cielo una cruz luminosa con estas palabras: “Con esta
señal vencerás”. Lactancio, escritor contemporáneo, dice que, convertido35
Constantino, hizo inscribir en el lábaro o bandera imperial
el monograma de Cristo.
Y en el 313 publicó un
edicto de tolerancia para los cristianos e impuso la paz
religiosa. Así terminaron las crueles persecuciones. Es lo que se
ha llamado el Edicto de Milán, que reconocía plena libertad
de culto a todos los ciudadanos del imperio de cualquier
religión que fueran. Debían devolverse a los cristianos los edificios
confiscados. Prohibió que se obligara a los cristianos a celebrar
ritos paganos; fomentó la conversión al cristianismo; defendió a los
esclavos y prohibió su matanza; prohibió el adulterio; declaró que
el día domingo fuera festivo para todo efecto. Se hablaba
así de la Iglesia constantiniana y del imperio cristiano. Constantino
construyó iglesias, obsequió al Papa Silverio el palacio de Letrán
y levantó en el Vaticano una basílica en honor
del príncipe de los apóstoles. Restituyó, además, los bienes eclesiásticos
confiscados por sus antecesores. Pero, ¿con qué fin?
A la muerte
de Constantino, Juliano, emperador de 361 a 363, trató vanamente
de restablecer el paganismo. Atacó el cristianismo y murió como
apóstata, pronunciando la famosa frase: “Venciste, Galileo”. Con este emperador
se extinguió la familia de Constantino.
Muerto Juliano, subió al
trono Teodosio que en el 380 proclama al cristianismo religión
del estado. Persigue a los herejes y a los paganos.
Derrumba los templos paganos. Religión y estado vivían juntos. El
evangelio iba poco a poco penetrando en la sociedad 36.
No todo era miel sobre hojuelas
Aunque este siglo
proporcionó la paz oficial a la Iglesia y la misma
Iglesia quedó reconocida y protegida, sin embargo, pronto se cernieron
graves peligros de índole diversa, que comenzaron con el emperador
Constantino, quien, siendo el dueño absoluto del imperio, cayó en
la tentación de adueñarse de la Iglesia o tenerla como
aliada. Le dio primero libertad, luego protección y culminó entrometiéndose
en ella. Convocó, sin estar todavía bautizado, el concilio de
Nicea (año 325). Estos fueron otros peligros graves que sufrió
la Iglesia en este siglo:
a) El gobierno romano pretendió manejar
los asuntos eclesiásticos para su conveniencia política. A esto se
ha llamado cesaropapismo, y fue iniciado por Constantino, y causó
mucho daño a la Iglesia, como veremos. Los emperadores cristianos
se pusieron el título de “Sumo Pontífice” y quisieron desempeñar
un papel semejante al de la Iglesia; se consideraban “igual
a los apóstoles”, “obispo de fuera”. Los cristianos aceptan el
carácter sagrado del emperador, a quien consideran naturalmente como jefe
del pueblo cristiano: nuevo Moisés, nuevo David. Incluso el emperador
convocaba los concilios.
b) La Iglesia comienza a recibir inmensos beneficios
de los emperadores cristianos y obtiene un opíparo patrimonio; al
mismo clero le vienen regalados privilegios jurídicos...y comienza la tentación
de la ambición terrenal. Los mismos obispos y cristianos apelarán
al emperador como árbitro de sus disputas incluso teológicas.
c) Muchos quisieron
ser admitidos a la Iglesia más por conveniencia y oportunismo
que por convicción. Esto acarreó lamentable descenso en la práctica
fervorosa del Evangelio. Se bautizaban, pero no cambiaban sus costumbres.
Se prohibía el infanticidio, pero no la exposición de los
niños. Seguían las luchas de gladiadores. Incluso la justicia del
estado recurrió a la tortura para poner orden “religioso”37 .
d) Al llevar Constantino la capital del imperio a
Oriente, a una pequeña ciudad del Bósforo, a la que
llamó Constantinopla, ésta quiso ser la “segunda Roma” y polarizó
en torno a sí a los cristianos del Oriente.
Esta ciudad posteriormente fue elevada al rango de patriarcado. Como
es natural entre los hombres, las ambiciones y los intereses
políticos fueron creando de vez en cuando problemas entre Constantinopla
y Roma, problemas que fueron el germen de la futura
división de la Iglesia. Esta división se efectuó en 1054,
cuando el patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, y el delegado
del Papa se excomulgaron mutuamente. Y todavía estamos divididos. El
patriarcado de Constantinopla, encabeza las iglesias ortodoxas, que no reconocen
la autoridad ni el primado del Papa.
Nuevas herejías
Como nos
dice Cristo en la parábola de la cizaña: el enemigo
nunca duerme. Y quiere poner su cizaña en medio del
campo de buen trigo. Y lo hace mientras la Iglesia
duerme y descansa.
En este siglo se dieron las siguientes
herejías:
Donato, natural de Cartago, provocó una dolorosa división entre los
obispos africanos y atrajo a su bando a 270 de
ellos y a numerosos seguidores. Sostenía que el sacramento del
bautismo, impartido por un obispo indigno –uno de los “lapsi”-
no era válido; y que, por tanto, había que rebautizarse
para volver a la Iglesia; y, también, sostenía que el
cristiano que cometiera pecados graves, debería ser expulsado definitivamente de
la Iglesia. Esta herejía concebía a la Iglesia como una
comunidad integrada tan sólo por los justos.
Por su lado,
Macedonio de Constantinopla negó la divinidad del Espíritu Santo. Decía
que era un ser situado entre Dios y la creatura.
Arrio
vino a perturbar la paz interna de la Iglesia.
Era un sacerdote de Alejandría. Negó la divinidad de Cristo,
diciendo que era una criatura, la más perfecta, una criatura
superior. Esta herejía fue muy peligrosa. No sólo subordinaba el
Hijo al Padre en naturaleza, sino que le negaba la
naturaleza divina. Su postulado fundamental era la unidad absoluta de
Dios, fuera del cual todo cuanto existe es criatura suya.
El Verbo habría tenido comienzo, no sería eterno, sino tan
sólo la primera y más noble de las criaturas, aunque,
eso sí, la única creada directamente por el Padre, ya
que todos los demás seres habrían sido creados a través
del Verbo. El Verbo, por tanto, no sería sino Hijo
adoptivo de Dios, elevado a esta dignidad en virtud de
una gracia particular, por lo que en sentido moral e
impropio era lícito que la Iglesia le llamase también Dios.
Arrio expuso esta doctrina en su obra Talía, el Banquete.
El arrianismo consiguió una rápida difusión, porque simpatizaron con él
los intelectuales procedentes del helenismo, racionalista y familiarizados con la
noción del Dios supremo. Contribuyó también a su éxito el
concepto del Verbo que proponía y que entroncaba con la
idea platónica del Demiurgo, en cuanto era un ser intermedio
entre Dios y el mundo creado y artífice a su
vez de la creación.
II. RESPUESTA DE LA IGLESIA
La Iglesia, fiel
a su Maestro
Las herejías fueron muy duras. Pero Dios sigue
conduciendo su barca a buen puerto.
Ante las herejías que
iban brotando, la Iglesia, queriendo ser fiel a su Maestro,
se reunió en Concilios para explicitar mejor y defender la
doctrina cristiana. Nunca mejor dicho el refrán: “No hay mal
que por bien no venga”; es decir, las herejías ayudaron
mucho a la Iglesia para perfilar mejor el credo y
la doctrina de Cristo. En relación con los concilios la
Iglesia tenía una certeza: sin el obispo de Roma, sucesor
de Pedro, no era posible un concilio ecuménico. El Papa
tenía que convocarlo o dar su consentimiento y luego ratificar
los decretos. Así se mostraba que la autoridad primera era
la del sucesor de Pedro. Así lo quiso Jesucristo: “Tú
eres Pedro...”.
¿Qué concilios se celebraron en este siglo?
a) El concilio de
Nicea38 (325), el primer concilio ecuménico, convocado
por el emperador Constantino39 . Este concilio condenó
la herejía arriana y proclamó a Cristo verdadero Dios consustancial
al Padre, es decir, de la misma naturaleza divina. Así
quedó: “...Creemos en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de
Dios; Dios verdadero de Dios verdadero”. Tomó el pueblo parte
activa en manifestaciones emocionales, pero nunca dejó de ser católico.
“Ni los obispos más arrianos se atrevían a negar la
divinidad de Jesús ante el pueblo. Los oídos de los
fieles son más santos que los corazones de algunos obispos”
(San Hilario de Poitiers, Contra Auxensium, cap. 6). Era necesaria
la condena del arrianismo, pues afectaba a la esencia misma
de la obra de la redención: si Jesucristo, el Verbo
de Dios, no era Dios verdadero, su muerte careció de
eficacia salvadora y no pudo haber verdadera redención del pecado
del hombre. La Iglesia de Alejandría se dio pronto cuenta
de la trascendencia del problema, y su obispo, Alejandro, trató
de disuadir a Arrio de su error. Mas la actitud
de Arrio era irreductible, y en el año 318 hubo
de ser condenada su doctrina por un concilio de cien
obispos de Egipto. Y en el 325, por el concilio
ecuménico de Nicea.
b) El concilio de Constantinopla (381) definió la
divinidad del Espíritu Santo. Fue convocado por el emperador cristiano
Teodosio, quien influyó activamente en la marcha de las discusiones.
El Papa no estuvo representado por ningún delegado suyo. Sembrada
estaba la semilla de la discordia: Constantinopla contra Roma. Así
se amplió el credo de Nicea: “Creemos en el Espíritu
Santo, Señor y dador de vida, que con el Padre
y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y
que habló por los profetas”. Se llamó a este
credo Símbolo niceno-constantinopolitano.
a) San Atanasio: Puntal del concilio de Nicea
fue el diácono Atanasio, secretario de san Alejandro, obispo de
Alejandría. Enérgico, culto, piadoso. Fue el terror de Arrio y
sus secuaces. En el 328 fue nombrado obispo de Alejandría.
Los arrianos, con acusaciones y calumnias y poniendo a precio
su cabeza, consiguieron desterrarlo cinco veces.
b) San Hilario de
Poitiers escribió acerca de la Trinidad, una historia eclesiástica y
comentarios de diversos libros de la Sagrada Escritura.
c) San Basilio
y san Gregorio Nacianceno expusieron el dogma de la Trinidad.
d)
San Gregorio de Nisa, místico, nos dejó también una gran
síntesis de la doctrina católica.
e) San Ambrosio de Milán fue
excelente predicador y muy versado en la Biblia, escribió tratados
para favorecer la práctica cristiana. Ambrosio en Milán y san
Juan Cristóstomo en Constantinopla introducen las costumbres de oriente, la
“monodia” y la “antífona”, que formarán la base del futuro
canto gregoriano. La comunidad oraba cantando. Las primeras comunidades adoptaron
el sistema del canto alternado: un lector decía versículos de
un salmo, la comunidad respondía el estribillo.
La vida monacal y conventual
está basada en la frase que Jesús dijo a un
joven: “Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes,
dalo a los pobres, luego ven y sígueme” (Mt 19,
21); es decir, desasimiento total, aun de los legítimos placeres
de la vida, por amor a Cristo. Hubo, pues, un
número de hombres que se retiraron a la soledad para
dedicar su tiempo a la oración y a la penitencia.
Comenzó el monacato en Egipto (siglo III). El ejemplo de
Antonio en la Tebaida (356), llamado san Antonio abad, atrajo
a muchos seguidores. San Pacomio (347) organizó la vida cenobítica,
escribiendo una regla de cómo vivir en comunidad; la más
antigua regla monacal. Este monaquismo primitivo se extiende rápidamente por
Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia. No tiene formas jurídicas muy
concretas. El candidato se pone bajo la dirección de un
maestro o padre espiritual, llamado abad, hasta volar por sus
propias alas. Este monaquismo pone el acento en la lucha
contra el demonio, contra las propias pasiones, por eso se
dan a penitencias que nos parecen exageradas.
San Basilio
redactó la primera regla formal para monjes, para ordenar un
poco el monaquismo: les exige vivir en comunidad, les anima
al estudio y al cuidado de los pobres. A Europa
llegó este estilo de vida monacal gracias a san Atanasio,
que desterrado fue a ver al Papa Julio; en el
viaje, lo acompañaban varios monjes, y esto despertó por donde
pasaba admiración y atracción. Entre los pilares de la vida
monacal en Europa está san Martín de Tours (muerto en
el 397), animador del movimiento monástico y del apostolado rural;
san Ambrosio de Milán; y san Benito de Nursia,
ya en el siglo V y VI, como veremos. También
en este siglo IV comienza la liturgia de consagración de
vírgenes o de entrega de velo. San Ambrosio propone como
modelo de las vírgenes a la Virgen María. San Jerónimo
(347-419) es el propagandista de la vida monástica entre las
mujeres de la aristocracia romana. Su alimento será la cultura
bíblica. Jerónimo será adalid del monje que pone su talento
al servicio de la cultura cristiana.
La Iglesia continuaba profundizando
en los sacramentos y en la disciplina
Primero el bautismo. Al
ser el cristianismo la religión oficial del imperio, son muchos
los que piden el bautismo. Continúa siendo administrado sobre todos
a los adultos, pero también a los niños. Algunos de
ellos lo retrasaban hasta la hora de su muerte (bautismo
clínico, del que ya hablamos), porque se sentían débiles para
no pecar42 ; además, porque la preparación para
recibirlo era larga: instrucción, confesión, ayunos y oración. Los catecúmenos
comenzaban la catequesis al inicio de la cuaresma. Esta catequesis
se dividía en dos partes:
Catequesis bautismal, anteriores al bautismo:
exorcismos, explicación del credo, conversión moral.
Catequesis mistagógica, posterior al
bautismo, orientada a la comprensión del propio bautismo y de
la eucaristía.
Después, la confesión. Ya hablamos extensamente sobre las
etapas que tuvo este sacramento de la confesión en el
apéndice del siglo II. Hagamos ahora un breve resumen. En
este tiempo se permitía una sola confesión en la vida,
por eso los pecadores la retrasaban lo más posible, a
menudo para la hora de la muerte. Había también penitencias
oficiales o canónicas, que eran públicas, por pecados graves y
escandalosos. El que ha pecado gravemente hace confesión de su
culpa al obispo, secretamente. Este también podía pedir a los
pecadores que acudieran a la penitencia43 .
El
primado de Roma
El primado de Roma sobre la Iglesia universal
tenía un fundamento dogmático que los Papas, a partir del
siglo IV, se esforzaron por definir con la mayor claridad.
San Dámaso, san León I, Gelasio y san Gregorio Magno
figuran entre los principales expositores de esta doctrina, cuya formulación
se volvía cada vez más necesaria por las crecientes pretensiones
de los patriarcas de Constantinopla.
No se funda esta primacía
romana sobre una razón de orden político, como sucedía en
el imperio. Su fundamento hay que encontrarlo en la Sagrada
Escritura, en el conferimiento del primado a Pedro por parte
de Jesús (cf. Mt 16,18). Los Papas, por ser los
sucesores de Pedro en la cátedra de Roma, tienen en
la Iglesia la preeminencia y la autoridad que Cristo concedió
al Simón Pedro.
A lo largo de los siglos se
le dieron al obispo de Roma títulos diveros: Papa, Vicario
de san Pedro, Vicario de Cristo, para significar la naturaleza
de su primado universal. Pero siempre se añadía el humilde
calificativo de “siervo de los siervos de Dios”.
Los Papas ejercían
activamente su primacía sobre las iglesias de occidente. En oriente,
en cambio, aunque se consideraba a la Sede Romana como
la primera, su influjo era menor. Pero cuando surgían conflictos
de fe o de disciplina recurrían al juicio del obispo
de Roma. Fueron numerosos los asuntos que los Papas resolvieron
por medio de “decretales”. También el mismo Papa enviaba sus
legados para hacer llegar eficazmente la autoridad pontificia a las
diversas iglesias.
¿Sacerdotes casados?
Es un hecho que, durante los primeros
siglos, gran parte de los sacerdotes estaban casados. Pero a
medida que las comunidades crecían y su atención pastoral requería
más tiempo y dedicación, y a medida que fueron apareciendo
escándalos, la Iglesia de occidente comenzó a exigir el celibato
a sus sacerdotes. El primer concilio conocido, que lo prescribe,
es el de Elvira (España) en el año 306. Esta
exigencia, aunque no siempre fue fácil de cumplir, se fue
extendiendo por toda la Iglesia de occidente. En ese modo
de vivir se veía un reflejo del modo como Cristo
mismo vivió para cumplir su obra redentora.
El celibato para
los sacerdotes católicos de rito latino es una perla preciosa,
de la que habló el Papa Pablo VI en una
hermosa encíclica “Sacerdotalis coelibatus”. Es un llamado de Dios a
una consagración total a Él y a la Iglesia, y
al mismo tiempo es una respuesta libre del candidato al
sacerdocio; no es una imposición. Todavía en el siglo XX
se levantan voces pidiendo su abolición44 . Pero
el Papa Juan Pablo II ha zanjado la discusión afirmando
que este modo de vivir, fundado en el ejemplo de
Cristo mismo y una antiquísima tradición, es un don que
Dios ha hecho a su Iglesia, y que ésta debe
custodiar con fidelidad.
CONCLUSIÓN
Nuestra fe sigue robusteciéndose siglo a siglo.
La fe es un don de Dios y vale más
que la propia vida física. ¿Por qué no acabamos recitando
el símbolo de fe del concilio de Nicea?
“Creemos en un
Dios, Padre Todopoderoso, hacedor de todo lo visible e invisible,
y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, Unigénito
engendrado del Padre, es decir, de la sustancia del Padre,
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios
verdadero, engendrado, que no hecho, consubstancial (homoousios) al Padre, por
quien todo fue hecho, lo que está en el cielo
y lo que está en la tierra, quien por nosotros
los hombres y por nuestra salvación bajó y se encarnó,
se hizo hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió
a los cielos, vendrá a juzgar a los vivos y
a los muertos, y en el Espíritu Santo”.
________________________________
Constantino no fue nunca un modelo de cristiano.
Fue bautizado en su lecho de muerte –bautismo clínico- (año
337), por Eusebio, obispo de Nicomedia, obispo arriano (herético). Sus
numerosos crímenes atestiguan unas costumbres poco cristianas. Fue el verdugo
de su propia familia, haciendo ejecutar a su suegro, a
tres de sus cuñados, a un hijo y a su
mujer. regresar Por ejemplo, las leyes
estatales prohibían el adulterio con una esclava, se ponían obstáculos
al divorcio, sin llegar a suprimirlo; se humanizaron las
cárceles, pues les daban de comer, les permitían ver la
luz del sol una vez al día, ser visitados por
el clero en las mismas cárceles. También comenzaron las instituciones
caritativas para pobres y enfermos, apoyadas por el estado.regresar Los obispos tuvieron que oponerse a
menudo contra esta violencia. San Ambrosio le exigió hacer penitencia
al emperador Teodosio, en el año 390, antes de participar
de nuevo en la Eucaristía, por haber hecho matar
a 7.000 personas en Tesalónica. regresar Nicea se levantaba sobre la orilla oriental del Bósforo, frente
a Constantinopla. Se reunieron unos trescientos obispos orientales. Gobernaba la
Iglesia el papa Silvestre, quien envió dos sacerdotes como legados
suyos. Sus firmas son las primeras que aparecen enlas las
actas. regresar Comienzan así las intervenciones
indebidas del gobierno en la Iglesia oriental, plaga y lacra
de la que nunca saldrá. Por primera vez, un gobierno
interviene activamente en asuntos internos de la Iglesia, asiste personalmente
al concilio, opina en materias ajenas a su competencia, corre
con los gastos y a los herejes eclesiásticos, les impone
pena civil. regresar Grandes Padres de
la Iglesia se llaman a personajes eclesiásticos (obispos y sacerdotes)
de esta época, excelentes por su doctrina y santidad. La
mitad son griegos, la mitad, latinos. Padres griegos son: san
Atanasio, defensor de Nicea; san Basilio el Grande, legislador del
monaquismo oriental; san Gregorio Nacianceno, el teólogo, y san Juan
Crisóstomo, obispo de Constantinopla y cumbre de la patrística griega.
Padres Latinos son: san Ambrosio, obispo de Milán, funcionario
del imperio que fue elegido obispo por aclamación popular; recibió
el bautismo y consagración episcopal en pocos días; san Jerónimo,
el más erudito, que tradujo la biblia al latín; san
Agustín, pagano convertido y obispo de Hipona por aclamación popular.
A san Agustín se debe el gigantesco esfuerzo de dar
base filosófico-teológica a la doctrina cristiana. San Agustín es el
más profundo y el más fecundo de los padres latinos.regresar Distingamos bien los términos: a) Monje viene de
la palabra griega “mónachos”, que significa solitario. b) Eremita o ermitaño viene
de eremos, desierto, designa al que vive en el desierto. c) Anacoreta
viene de anachorein, retirarse, irse al monte. Es sinónimo de
eremita. d) Cenobita viene de koinós-bios, vida común; designa quien vive
en comunidad e) Monaquismo acabó designando el estado de vida de todos
los que dejan el mundo para entregarse plenamente a Dios.
Tomó dos formas principales: la vida solitaria o anacoretismo o
eremitismo, y la vida común o cenobitismo.regresar Dado que el bautismo perdona todos los pecados y
la penitencia sólo se concedía una vez en la vida,
más vale aguardar –decían- a que se calmen las pasiones
para comprometerse definitivamente.regresar Esta penitencia se
desarrolla por etapas en el marco de la asamblea litúrgica.
En el curso de la entrada en la penitencia, el
obispo impone las manos a los pecadores y les entrega
el vestido de los penitentes; desde entonces constituyen un grupo
particular en la Iglesia. No participan de la ofrenda ni
de la comunión. Durante la cuaresma, los sacerdotes imponen de
nuevo las manos a los penitentes. Al final de un
tiempo que varía según la gravedad de la falta y
que puede durar varios años, el obispo reconcilia a los
penitentes con una imposición de manos, generalmente el jueves santo.
Las exigencias que se imponen al penitente son muy duras.
Tiene que llevar vestidos pobres, ayunar, no comer carne, dar
limosna. Tiene prohibidos algunos oficios litúrgicos. En algunos casos ha
de renunciar a las relaciones conyugales. El que no los
respeta es considerado como indigno, y ya no puede reconciliarse,
pues la penitencia es única. Todo lo más puede esperar
el viático antes de morir. El rigor de esta penitencia
oficial recayó sobre la institución misma. Los catecúmenos retrasaban su
bautismo para que los pecados se les perdonasen un día
sin exigencias particulares. Los pecadores bautizados retrasaban todo lo posible
la penitencia, ya que no podían resolverse a abandonar la
profesión y la vida conyugal. No deberían participar de la
Eucaristía. regresar Y daban estos razonamientos
falaces: “así comprenderán mejor a las familias y las asesorarán
con más tino; habrá más candidatos al sacerdocio ahora que
hay crisis de vocaciones; harán la experiencia afectiva para lograr
la madurez total, etc.”, y otros razonamientos dirigidos al corazón.
Pero en la cuestión del celibato estamos ante algo que
Cristo quiso para sí y cuyo valor la Iglesia descubrió
desde temprano, no sin la asistencia del Espíritu Santo. Y
nosotros lo aceptamos con fe y desde la fe.regresar
_____________________________________
TEMA
DE DISCUSIÓN EN EL FORO
1. Cosas positivas y cosas negativas
de la estrecha unión entre Iglesia y Estado en este
siglo. 2. ¿Cuál fue la aportación teológica de los Santos Padres
en este siglo? 3. ¿Por qué algunos hombres se fueron al
desierto y a la soledad? 4. ¿Por qué la Iglesia
desde el inicio tuvo bien claro que el sacerdote debía
ser célibe?
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Consulta cualquier duda acerca de las principales verdades de la fe católica, su congruencia con la razón y las normas para vivirlas. Cuestiones apologéticas para saber defender tu fe ante el ataque de las sectas y de doctrinas y corrientes contrarias a la misma
Ver todos los consultores
Curso que presenta las bases teóricas para ser un buen evangelizador, enriquecidas con un muy amplio repertorio de sugerencias prácticas.
Ver todos los eventos