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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic net 6a. sesión: Siglo V Edad Media
Está caracterizado por el incontenible avance de los bárbaros que derrumbaron al Imperio Romano y por las luchas teológicas que rompieron la unidad cristiana.
6a. sesión: Siglo V Edad Media
INTRODUCCIÓN
El siglo V fue un siglo de mucho avance
en la explicitación y fijación del dogma cristiano. Es el
siglo de los grandes Padres de la Iglesia, obispos y
sacerdotes, hombres santos y bien preparados que supieron defender y
explicar la fe al pueblo, centrándose sobre todo en la
meditación y comentario de la Sagrada Escritura, enriquecida con la
cultura antigua, a la que ellos cristianizaron. Se expresaron unos
en latín y otros en griego. Supieron unir santidad personal
y ortodoxia doctrinal. Estos Santos Padres son testigos eminentes de
lo que hoy llamamos tradición de la Iglesia.
Entre los
santos Padres de lengua griega, como ya dijimos anteriormente, sobresalieron:
san Atanasio, san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Gregorio de
Nisa, san Juan Crisóstomo, san Cirilio de Jerusalén y san
Cirilo de Alejandría.
Entre los santos Padres de lengua latina sobresalieron:
san Ambrosio, san Jerónimo, san Agustín, san León Magno, san
Gregorio Magno.
I. SUCESOS
“Ahí vienen los bárbaros...¡cuidado, que nos pisan!”
El siglo
V está caracterizado por el incontenible avance de los bárbaros
que derrumbaron al Imperio Romano y, también, por las luchas
teológicas que rompieron la unidad cristiana. Alarico, godo, en 410,
y Genserico, vándalo, en 456, cayeron sobre Roma. Odoacro, jefe
de los hérulos, destituyó en 476 a Rómulo Augústulo, que
fue el último emperador romano en occidente.
Europa quedó hecha
un desastre. Estos pueblos bárbaros dieron el empujón final a
un árbol que ya estaba carcomido. Estaba todo en ruinas.
Los ricos, ociosos y corrompidos, se entregaban al desenfreno, el
divorcio, la prostitución y las prácticas contrarias a la natalidad
estaban extendias por todas partes. El pueblo humilde soportaba impuestos
excesivos, tantos que, según Salviano, algunas poblaciones suplicaban que llegaran
los bárbaros para quedar liberados. La parte oriental del imperio
siguió subsistiendo con el nombre de Imperio Bizantino46
. Estos bárbaros crearon sus reinos:
a) Los suevos, que arribaron
en el año 400, los visigodos y los alanos, tomaron
España.
b) Los vándalos, atravesaron esta península, permanecieron en el sur
(en Vandalucía, hoy Andalucía) y prosiguieron hacia África.
c) Los hérulos,
llegados en el 400 también, permanecieron en Italia, que les
fue arrebatada por los ostrogodos en el 493.
d) Los burgundios
y los francos se apostaron en Francia.
e) Los sajones y
los anglos invadieron Gran Bretaña y se mezclaron con sus
pobladores, los bretones.
“¿Más herejías?”
Se dan las herejías porque no
se acepta el misterio de Cristo en su totalidad. Cristo
es un misterio: es hombre y Dios al mismo tiempo.
Tiene dos naturalezas, una humana y otra divina, pero las
dos unidas en la sola persona divina del Verbo. ¿Cómo
puede darse esto? Es un misterio que la mente humana
no puede comprender. El misterio no se debe razonar, sino
aceptar con fe humilde y agradecida.
En este siglo surgieron,
pues, las siguientes herejías:
a) El monofisismo decía que Cristo no
tenía dos naturalezas, sino una sola en la que se
habían unido la divinidad y la humanidad. Eutiques, monje bien
intencionado de Constantinopla, comandó esta escuela con el deseo
de combatir a Nestorio.
b) El nestorianismo enseñaba que en Cristo
hay dos personas, una divina y otra humana. Nestorio, patriarca
de Constantinopla, fue quien inició esta herejía. Además decía que
la Virgen María no es la madre de Dios; sólo
es la madre de Cristo.
c) El pelagianismo. Pelagio, monje nacido
en la actual Inglaterra, enseñaba que el hombre puede evitar
el pecado sin ayuda de la gracia divina. Por tanto,
exaltaba la eficacia del esfuerzo humano en la práctica de
la virtud. Rechazaba también los efectos del pecado original, reduciendo
este pecado a un mal ejemplo dado a la humanidad
por Adán y Eva. Además, y como consecuencia de lo
anterior, el bautismo sólo perdonaba los pecados personales; por tanto,
no era necesario bautizar a los niños.
II. RESPUESTA DE LA
IGLESIA
¿Por qué no convertir a los cabecillas y líderes de
estos bárbaros?
Ante los bárbaros, la Iglesia seguía su misión evangelizadora,
logrando incluso la conversión de muchos de ellos47
. Los godos fueron los primeros convertidos al cristianismo, si
bien a la herejía arriana. Más tarde los francos, convertidos
al catolicismo ortodoxo, en primer lugar. Después, los borgoñones, los
suevos y los visigodos.
Irlanda fue convertida al cristianismo por
san Patricio (461) a quien los isleños conservan todavía una
profunda veneración y agradecimiento. Él inició el movimiento monástico en
aquella tierra. Por disposición de Dios, el caos de los
bárbaros favoreció al cristianismo, pues el imperio romano, al resquebrajarse,
buscó apoyo en la Iglesia. Fue enorme la influencia de
la Iglesia en esta época, que bien puede denominarse juventud
de la Iglesia. Había ya penetrado en todos los estratos
de la sociedad, también en los directivos. La Iglesia era
la única autoridad ante el desorden, la única luz en
el túnel.
Los grandes obispos ponían freno a los déspotas:
san Ambrosio, al emperador Teodosio; el papa san León Magno
enfrentó a las hordas de Atila, quien abandonó sus planes
de devastación. Es el primer Papa que recibe el nombre
de Grande. El evangelio penetraba en los pueblos; mientras el
emperador perdía influencia, el Papa, obispo de Roma, ganaba ascendiente.
“Sólo la Iglesia conserva y sostiene todo”, dice el historiador
Lactancio.
La Iglesia siempre vigilante y en vela...
Lo bueno de
la Iglesia es que siempre la conduce el Espíritu Santo.
Su asistencia divina asegura la serenidad y la confianza total
de los cristianos. Surgían herejías, es verdad; pero ahí estaba
el Espíritu Santo iluminando al papa y a los obispos,
pastores de esta gran grey que es la Iglesia, para
hacer frente a cualquier error. La doctrina y el mensaje
de Cristo no permite mezcla ni confusión.
Por eso, ante
los errores dogmáticos, la Iglesia supo estar vigilante y atenta.
Los obispos, reunidos en concilios, no sin grandes choques y
cismas, supieron defender la doctrina cristiana.
a) El concilio de Éfeso (431)
definió la unidad personal de Cristo, la maternidad divina de
María y condenó al pelagianismo. La nueva herejía de Nestorio
quedó descalificada y se salvó la unidad de la fe,
gracias a la audacia y rapidez de acción de dos
hombres: san Cirilo, obispo de Alejandría, y el papa Celestino
I.
b) El concilio de Calcedonia (451) enseñó que Cristo tenía
dos naturalezas, la divina y la humana, unidas sin confusión
ni división en una sola Persona, la del Verbo. Así
quedó vencida la herejía monofisita, muy peligrosa, pues si Cristo
no eran hombre verdadero, no había podido dar su vida
en la cruz y quedaba socavada la redención. Desgracidamente a
este gran concilio no pudieron participar los obispos que vivían
fuera del imperio romano, y esto causó que se separan
de la unidad católica las iglesias anti-calcedonenses: Egipto, Siria con
doscientas sedes episcopales y Mesopotamia.
La labor de los Santos
Padres
¡Cuánto debe la Iglesia a estos Santos Padres, obispos y
papas intachables y bien formados intelectualmente, que pusieron su talento
al servicio de la ortodoxia católica! Ellos esclarecieron el dogma,
lo explicaron, lo defendieron con tesón, y no sin grandes
sacrificios y sufrimientos.
Uno de ellos fue san Agustín: Nació en
el norte de África en el año 354, hijo de
un pagano y de santa Mónica. Después de una juventud
inquieta, recibió el bautismo animado por la predicación de san
Ambrosio. Fue obispo de Hipona desde 395. Brilló en toda
la cristiandad por su inigualable talento, puesto al servicio de
la fe. Luchó contra los errores maniqueos48 ,
contra los donatistas49 y pelagianos. Entre sus
obras más importantes sobresalen las Confesiones (su autobiografía) y la
Ciudad de Dios (primera filosofía y teología de la historia).
Otro
de los titanes de la fe fue san Jerónimo. Realizó
parte de su apostolado en el siglo anterior. Tradujo al
latín toda la Biblia y dejó obras de historia de
la Iglesia y de espiritualidad.
Pasó a la historia como un
gran santo padre san Juan Crisóstomo (boca de oro), patriarca
de Constantinopla, que escribió acerca del sacramento del sacerdocio y
de la Eucaristía, y comentó la Sagrada Escritura. Desplegó una
intensa práctica de la caridad, manteniendo instituciones que cuidaban de
los desvalidos. También defendió las imágenes, no porque haya que
adorarlas, sino porque ellas nos llevan al Autor de la
santidad, que es Dios, y a un deseo de imitar
esas virtudes de los santos, representados por imágenes.
También destacó
san Pedro Crisólogo, virtuoso y elocuente obispo de Ravena, que
dejó una importante colección de sermones sobre la Sagrada Escritura,
en los que desarrolló una exégesis sobre todo moral.
Relaciones
entre Roma y Constantinopla
Las relaciones entre ambas registraron a finales
del siglo V una primera ruptura, que no fue definitiva,
pero sirvió de anuncio de otras más graves que se
producirían en el futuro. Fue el cisma de Acacio. Patriarca
de Constantinopla desde el año 471 a 489, Acacio se
inmiscuyó abiertamente en asuntos internos de los patriarcados de Antioquía
y Alejandría, e instigó al emperador Zenón para que publicase
un edicto dogmático –el Henoticon- tendente a una conciliación con
los monofisitas.
El Papa Félix II excomulgó a Acacio y
lo depuso, y éste respondió haciendo borrar el nombre del
Papa de los dípticos de la iglesia de Constantinopla. Así
surgió el primer cisma de la Iglesia de Oriente, que
se prolongó durante más de treinta años. El Papa Hormisdas
(514-523), con ayuda de Justiniano, sobrino del emperador reinante Justino
y su futuro sucesor, consiguió poner fin al cisma. Todos
los obispos bizantinos suscribieron el “Libellus Hormisdae”, un documento en
que se definía expresamente el primado romano.
Esta situación se
mantuvo en sus líneas fundamentales durante los siglos siguientes, a
pesar de las ulteriores crisis que surgieron entre Roma y
la iglesia bizantina.
Las parroquias rurales
La cristianización de los campos trajo
consigo la necesidad de organizar de modo estable la cura
de almas de las masas campesinas, que constituían además la
mayoría de la población. Para ello fue preciso crear un
clero rural que las atendiese pastoralmente, y edificar por doquier
iglesias y oratorios donde se pudiera administrar los sacramentos y
celebrar los actos del culto divino.
Así pues, en este
siglo se multiplican las parroquias rurales, que ya habían comenzado
a finales del siglo IV para adaptar la acción pastoral
de la primitiva comunidad urbana a las zonas rurales recién
evangelizadas. El catolicismo se convierte en una religión campesina llena
de la poesía de los campos y cuya devoción expresa
y suscita a la vez la fidelidad al suelo nutricio.
Mamerto, obispo de Vienne, instituye las rogativas, oración itinerante por
los frutos de la tierra.
Las parroquias rurales tenían pila bautismal
y junto a ellas solía existir un cementerio. El clero
se sustentaba con las aportaciones de los fieles.
Pero no
todas las iglesias rurales fueron parroquias; abundaron más los templos,
denominados oratorios, construidos no por los obispos y clérigos, sino
por propietarios privados, dando lugar a lo que se llamó
“iglesia propia”. Estas iglesias propias, si bien daban seguridad social
a esas familias reunidas en torno a dichas iglesias, sin
embargo, también dieron lugar a evidentes abusos por parte de
sus propietarios, que se creían dueños absolutos de esa iglesia.
CONCLUSIÓN
Europa en el siglo V era toda del imperio
romano y éste iba decayendo, especialmente por la despoblación, el
ocio y la corrupción. Los esclavos se liberaban, los romanos
no trabajaban, los niños no eran instruidos, los acueductos no
eran reparados, el arte y la cultura habían desaparecido. La
Roma orgullosa de los Césares, que habría tenido un millón
de habitantes, no tendría ahora más de cincuenta mil. Miles
de extranjeros, mercenarios y bárbaros suplantaban a los soldados romanos.
Los bárbaros no se apropiaron de ciudades sino de ruinas
y de campos abandonados que nadie quería cultivar. Sólo quedaba
en pie y fuerte el papado y el cristianismo.
Termino
con una cita de san Vicentre de Lerin (siglo V)
que valora el papel de los santos Padres: “Si surge
una nueva cuestión que no ha tocado ningún concilio, hay
que recurrir entonces a las opiniones de los Santos Padres,
al menos de los que, en sus tiempos y lugares,
permanecieron en la unidad de la comunión y de la
fe y fueron tenidos por maestros aprobados. Y todo lo
que ellos pudieron sostener, en unidad de pensar y de
sentir, hay que considerarlo como la doctrina verdadera y católica
de la Iglesia, sin ninguna duda ni escrúpulo” (en su
obra, Commonitorium 434).
________________________________
Recordemos que fue
el emperador Teodosio quien había dividido en dos partes al
Imperio Romano en el año 394: Oriente y Occidente.regresar Es de todos conocida la conversión de
Clodoveo, rey de los francos, bautizado por san Remigio de
Reims (441-535) quien ante las tropas enemigas derramando lágrimas exclamó
a Dios: “Jesucristo, de quien Clotilde, mi esposa, afirma que
eres Hijo de Dios vivo y que socorres a los
que están en peligro y das la victoria a los
que esperan en Ti, solicito con devoción la gloria de
tu socorro. Si me concedes la victoria sobre mis enemigos
y experimento ese poder del que el pueblo consagrado a
tu nombre dice haber recibido tantas pruebas, creeré en ti
y me haré bautizar en tu nombre, porque he invocado
a mis dioses y, como veo, se han negado a
socorrerme, lo cual me hace creer que no tienen ningún
poder, porque no socorren a los que les sirven. Así,
pues, te invoco a ti, quiero creer en ti; ¡al
menos que me libre de mis enemigos! Mientras decía estas
palabras, los alamanes volvieron la espalda y empezaron a sentirse
derrotados (narrado por Gregorio de Tours en su Historia francorum).
Y con Clodoveo, rey de los francos, se bautizó
todo su ejército. Nace así la primera nación católica y
Francia recibe el apelativo de hija primogénita de la Iglesia.regresar Recordemos que los maniqueos insistían
en la existencia de dos principios supremos: la Luz y
las Tinieblas. La luz había creado el alma y todos
los seres buenos. Las tinieblas crearon, por su parte, el
cuerpo y las cosas materiales que, por tanto, eran consideradas
malas.regresar Los donatistas decía que el
sacramento del orden, impartido por un obispo indigno en sus
costumbres no era válido y, también que el cristiano que
cometiera pecados graves debería ser expulsado definitivamente de la Iglesia.regresar
_____________________________________
TEMA DE DISCUSIÓN EN EL FORO
1. ¿Cuáles son los concilios
del siglo IV y V, y qué defendieron? 2. ¿Por qué
la Iglesia quería la conversión de los jefes bárbaros? 3. ¿Cúal
es el problema entre Roma y Constantinopla?
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Estimado amigo: Usted olvida que el catolicisismo no se propagó por la predica, sino por la fuerza, que los ovispos católicos y Papas, esos padres de la Iglecia insitaron a todos los emperadores y reyes desde Constantino para que hicieran la guerra, torturaran,enviaran a la hoguera, y otras muertes horribles durante 1600 años a todo el que no pensara como ellos. Así exterminaron millones. Esos "Santos Padres" y Papas hacian estas cosas en el nombre de Cristo. ¿Hay peor Heregia?Solo son demonios.
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