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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic net 7a. sesión. Siglo VI Edad Media Conversión de los bárbaros
La mayor parte de los pueblos bárbaros abrazaron en un inicio el cristianismo.En este siglo surgió la figura de san Benito de Nursia.
7a. sesión. Siglo VI Edad Media Conversión de los bárbaros
INTRODUCCIÓN
Ya estamos en la alta Edad Media, que se
extiende del año 476, caída del imperio romano de occidente
ante el empuje bárbaro, al año 1453, en que los
turcos otomanos conquistan la capital del imperio romano de oriente.
En el medioevo solemos distinguir diversos períodos: el primero, la
alta Edad Media (siglos V a X) que se caracteriza
por la fragmentación del ámbito mediterráneo –Occidente, Oriente e Islam-,
y la baja Edad Media (siglos XI a XV), que
asiste al progresivo despertar de uno de estos tres ámbitos:
el Occidente cristiano, que durante esta época se asentará definitivamente
y pasará a ocupar un papel hegemónico en Europa y
posteriormente en todo el mundo.
La Edad Media evoca para
nosotros las catedrales, las cruzadas, la lucha contra los musulmanes;
en otras palabras, la cristiandad. Pero para llegar a ello,
hemos de recorrer una media docena de siglos a lo
largo de los cuales se elabora penosamente una civilización europea
basada en el cristianismo.
I. SUCESOS
“Se va gestando una nueva época”
Ya
el imperio romano había desaparecido y los bárbaros ocuparon su
lugar. Estaba gestándose una nueva época. El nacimiento de Europa
está unido indefectiblemente a la Iglesia. Cuando el imperio romano
agonizaba, la Iglesia lo tuvo en sus brazos y bautizó
a sus hijos. El imperio era masa, la Iglesia levadura.
Europa nacía lentamente. “Es éste el acontecimiento más importante en
la historia del mundo” (H. Belloc).
En medio del caos,
los emperadores vieron en la Iglesia una organización estable y
le prestaron apoyo; por este préstamo, se cobró un interés
que se llamó “intromisión”, del que ya hablamos y tendremos
tiempo de hablar más largo y tendido en los siguientes
siglos. Esta intromisión ha sido calificada como cesaropapismo.
Sólo el
imperio bizantino, con sede en Constantinopla, presidido por Justiniano, seguía
en pie en Oriente. Justiniano se lanzó a la reconquista
de los territorios que habían caído en manos de los
bárbaros. Mandó construir la basílica de santa Sofía, dedicada a
la Sabiduría de Dios. Y publicó el código de derecho
romano, colección de todas las leyes del imperio; dicho código
llegó a ser el fundamento del derecho de la sociedad
civil y religiosa europea. Este código intentó llenar el vacío
de legalidad mediante el sometimiento del hombre al estado. Pero
el estado decae. Justiniano apoyó a la Iglesia y al
Papa, buscando la unidad.
Conversión de los bárbaros
Siempre había habido
conversiones individuales. Pero ahora asistimos a conversiones colectivas de pueblos
enteros.
La conversión de Clodoveo, rey de los galos, como
ya dijimos, favoreció la expansión del cristianismo, pues todo su
ejército se hizo bautizar; unos tres mil guerreros. ¡Qué importante
era el ejemplo del jefe o caudillo para el destino
religioso de su pueblo! Los vínculos de fidelidad personal, entonces
tan poderosos, arrastraban en pos del rey a lo más
representativo de la nación: los magnates de la nobleza y
los miembros del séquito regio.
Italia se vio invadida primero
por los godos, luego por los longobardos, que lentamente fueron
convertidos a la fe católica y bautizados gracias a los
monjes de san Columbano, del monasterio de Bobbio, cerca de
Pavía. También en Italia aconteció lo siguiente: el emperador de
oriente, Justino, quiso reconquistar Italia e incorporarla al imperio. Pero
tenía que enfrentarse con Teodorico, arriano. Utilizó contra él el
arma de la religión, contando con el respaldo del Papa
Hormisdas y de los católicos. Puso, pues, la población de
Italia contra él y, con un edicto empezó la persecución
contra los arrianos. Teodorico respondió persiguiendo a los católicos, por
considerlos responsables de la política imperial.
Por su parte los
visigodos, pueblo germánico que había invadido la península ibérica y
formado en ella un reino vigoroso, abandonan el arrianismo y
se convierten al catolicismo tras la conversión del rey Recaredo,
hijo del monarca arriano Leovigildo, en el año 589.
II. RESPUESTA DE
LA IGLESIA
En medio de todo este desbarajuste social, la Iglesia
es a menudo la única institución organizada. Muchos obispos tienen
que suplir a la administración civil que se ha venido
abajo.
La Iglesia se alegra con la conversión de los
bárbaros
La mayor parte de los pueblos bárbaros abrazaron en un
inicio el cristianismo, pero bajo la forma arriana. Unos,
como los ostrogodos50 o los vándalos, nunca
llegaron a incorporarse a la Iglesia y permanecieron arrianos hasta
su extinción como grupo nacional. Otros, en cambio, y tal
fue el caso de visigodos y suevos, de borgoñones o
longobardos, después de un período más o menos largo de
arrianismo, terminaron por adherirse a la fe católica, con gran
contento de la Iglesia.
También abandonaron el arrianismo los burgundios,
muy influidos por los francos católicos; luego, los suevos de
Galicia, cuyo apóstol fue un misionero centroeuropeo llegado desde el
Oriente, san Martín de Braga. Ya dijimos que los visigodos
se convirtieron a la fe católica siguiendo el ejemplo de
su rey Recaredo. Ello favoreció el florecimiento en la península
ibérica de la iglesia visigótica, que se hizo famosa por
desarrollar una liturgia propia y por la convocar numerosos concilios
en Toledo.
La Iglesia se alegró, sobre todo, con la
conversión del rey de los francos, Clodoveo. Los francos eran
un pueblo de origen germánico que a mediados del siglo
V ocupaba territorios del nordeste de la Francia actual, como
federado de los romanos. Tras la caída del imperio de
occidente, los francos fueron extendiendo su dominio hacia el interior
de las Galias, avanzando hacia el mediodía y el oeste.
La conversión de Clodoveo tuvo una inmensa resonancia entre la
población católica de la Galia y aun de todo el
occidente: era el primer monarca germánico que abrazaba el catolicismo.
La Iglesia merovingia, tras el bautismo de Clodoveo, emprendió la
evangelización de las tribus francas, una tarea que exigió largo
tiempo y se prolongó hasta mediados del siglo VII. En
esta labor destacaron varios obispos del nordeste de la Galia,
entre los cuales el más famoso fue san Amando (594-684),
apóstol de Bélgica y del norte de Francia.
La Iglesia
condena las nuevas herejías
La Iglesia tuvo su II concilio de
Constantinopla en el 553, reunido por el emperador Justiniano. En
él, además de condenar como nestorianos a Teodoro de Mopsuestia,
Teodoreto e Ibas, se definió que hay dos naturalezas en
la única persona del Verbo encarnado.
Un huracán llamado Benito
de Nursia
En este siglo surgió la egregia figura de san
Benito de Nursia, fundador de los monjes benedictinos. Es el
padre del monacato de occidente. Ya en su juventud abandona
el fasto de Roma y busca la soledad de Subiaco,
su primera fundación, inspirándose en los cenobios de san Pacomio.
Por su fama de santidad se le unieron numerosos seguidores,
y fundó trece monasterios con escuelas monacales para niños.
Su
lema era “ora et labora”, es decir “ora y trabaja”.
El hombre se salva y se santifica no sólo en
la soledad y austeridad sino en el servicio al prójimo
y en el trabajo. El trabajo, no sólo manual y
agrícola, sino sobre también intelectual. Estos monjes vivían en pobreza,
castidad y obediencia, bajo el cuidado de un abad. La
orden de san Benito tuvo un gran auge hasta el
siglo XII en Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, etc. Los
monasterios benedictinos se convirtieron en baluartes de la fe y
de la cultura. Varios papas y numerosos obispos salieron de
sus filas. En ellos floreció el canto religioso que ellos
mismos practicaban diariamente.
San Benito fue perseguido. Por tal motivo
abandonó Subiaco y fundó el célebre monasterio de Montecasino, lugar
donde culminó su obra maestra que es la regla benedictina,
modelo de moderación y de profundo sentido humano. Sus
monasterios desarrollaron un papel importantísimo en el plan gigantesco de
la evangelización de Europa. En ellos la comunidad de vida
era más intensa bajo la dirección del abad, y la
existencia de los monjes se dividía entre la oración litúrgica,
la “lectio divina”, y el trabajo intelectual y manual.
La
regla de san Benito acusa influencias de los grandes legisladores
del monaquismo oriental –Pacomio y Basilio-, de san Agustín y
sobre todo de Juan Casiano. También se han descubierto notables
analogías entre la regla de san Benito y un texto
anónimo conocido como la Regla del Maestro. Todo esto no
quita mérito a san Benito, cuya obra alcanzó un éxito
inmenso y se convirtió con el tiempo en la regla
por excelencia del monaquismo occidental.
Es patrono de Europa, juntamente con
los santos Cirilio y Metodio. En ellos está representada la
Europa occidental y oriental.
La liturgia y sus ritos
Una
vez que los invasores fueron aceptando la religión católica y
se fueron consolidando los diversos reinos, también los varios ritos
litúrgicos de occidente se fueron afirmando. Además de la liturgia
romana, floreció la liturgia ambrosiana en el norte de Italia,
la galicana en Francia, la visigótica en España, y la
celta en Irlanda e Inglaterra.
Esto se explica porque
con el edicto de Milán, promulgado por Constantino en el
año 313, el cristianismo pasó de ser una religión perseguida
a ser legal en el imperio, y, más tarde, con
Teodosio, a ser la religión oficial. Todo ello permitió a
la Iglesia enriquecer el culto litúrgico con nuevos textos, gestos
y solemnidades, revestirlos de mayor esplendor y hasta con melodías
propias, aunque todavía sin instrumentos músicos, y celebrarlos en templos
que por todas partes se fueron construyendo.
Por otra parte,
escritores tan ilustres como san Hilario y san Efrén, y
sobre todo san Ambrosio y Prudencio, componían himnos apropiados, y
muchos obispos introducían en sus catedrales la salmodia popular alternada,
produciendo efectos maravillosos, aun para los paganos.
Por todas partes,
en las ciudades y en los campos, fueron construyéndose iglesias
y capillas. Y en ellas el culto fue adquiriendo cada
vez más solemnidad. Se inauguraron las procesiones, se organizaron peregrinaciones
a Jerusalén y a los sepulcros de los mártires, y
las bendiciones y ordenaciones solemnes.
Debemos anotar que la diversidad
de ritos litúrgicos no rompía para nada la unidad de
la Iglesia. Más bien ponía de manifiesto su riqueza espiritual,
pues en cada uno de ellos se proclamaba la misma
fe y se celebraban los mismos sacramentos. Cada rito lo
hacía con matices propios, debido a la cultura y sensibilidad
de las diversas regiones de la Iglesia.
Gregorio Magno,
un gran Papa (540-604)
Fue un papa providencial en una de
las épocas más difíciles de la historia. Nació en una
familia noble y su preparación le llevó a la vida
política. Incluso llegó a ser prefecto de Roma. Pero pronto
dejó su cargo para ingresar en la orden benedictina. Nutría
su inteligencia con los escritos de san Agustín, san Ambrosio
y san Jerónimo.
Fue elegido papa el 3 de septiembre
de 590. Su pontificado ha sido uno de los más
esplendorosos de la historia. Impulsó la propagación de la fe,
particularmente en Inglaterra; promovió la vida monástica, reformó el clero,
organizó la liturgia y formó la “schola cantorum” romana que
enseñó a Europa el canto gregoriano; reorganizó y consolidó las
posesiones de la Iglesia. Ha pasado a la historia por
el acervo de doctrina que encierran su famosas Cartas y
otras obras: Las Morales, la Regula pastoralis y los
Diálogos. También se distinguió por el cuidado y amor a
los pobres, con los que comía muchas veces. En señal
de humildad le gustaba que le llamaran “servus servorum Dei”
(“El siervo de los siervos de Dios”).
CONCLUSIÓN
La Iglesia
desarrolló en este siglo una imponente obra de evangelización y
de cultura. Es verdad que Roma era asediada y a
veces devastada por los bárbaros arrianos: ostrogodos, lombardos. Es verdad
que Constantinopla y el oriente cada vez se volvían más
celosos de sus tradiciones y de su autonomía. Sin embargo,
los obispos de Roma, y muy especialmente san Gregorio Magno,
no dejaron de ejercer y defender su misión como sucesores
de Pedro. En este tiempo de calamidades, a medida que
la administración civil se desarticulaba, la iglesia se fue haciendo
cargo de muchas necesidades materiales del pueblo.
______________________________
Varios papas de este siglo vivieron la amenaza del rey
ostrogodo, Teodorico, arriano. Al Papa san Juan I le obligó
ir a Constantinopla para pedir el cese de las persecuciones
contra los arrianos por parte del emperador Justino.regresar
_____________________________________
TEMA DE
DISCUSIÓN EN EL FORO
1. Pros y contras de la conversión
de los bárbaros. 2. ¿Cuál fue la aportación de san Benito
de Nursia a la Iglesia y a Europa? 3. ¿Por qué
es importante el Papa Gregorio Magno?
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