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Autor: P. Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic net 9a. sesión: Siglo VIII Edad Media. Carlomagno. Bizancio.
Carlomagno hizo de la propagación de la fe y de la civilización cristiana el principio rector de su acción política.
9a. sesión: Siglo VIII Edad Media. Carlomagno. Bizancio.
INTRODUCCIÓN
La Edad Media fue gestándose desde el siglo V y
duró hasta el siglo XIV. Fue la época del feudalismo
en Europa. En un principio los pueblos germánicos que se
asentaban en tierras del imperio romano de occidente pidieron grandes
extensiones de tierra (beneficium) a cambio de la promesa de
fidelidad.
Más tarde, cuando se desbarató el imperio y aperecieron
los diversos reinos, el beneficio comenzó a llamarse con la
palabra germánica “feudo”. En este sistema los guerreros, a cambio
de recibir un feudo de su rey, quedaban ligados a
él por el juramento de fidelidad y defensa.
La sociedad
europea feuda era marcadamente rural y quedaba divida en dos
grupos sociales fundamentales:
La nobleza: integrada por los grandes
señores del reino y por los altos dignatarios eclesiásticos. Eran
los señores feudales. Los nobles se dedicaban a la guerra,
a las órdenes del rey; eran los únicos que tenían
el tiempo y el dinero necesarios para las campañas militares.
Vivían en castillos amurallados que eran auténticos refugios militares.
Los campesinos: eran la gran fuerza productora del sistema y
vivían en condiciones muy precarias por su sujeción a la
clase dominante. Recibían de los señores feudales una parcela de
tierra y a su vez debían pagar un impuesto en
trabajo o en metálico. Recibían, además, protección militar.
A medida
que las nuevas naciones se organizan civilmente y la producción
agrícola aumenta, el comercio se desarrolla más y más. Esto
hace que los comerciantes y las ciudades en que residen
ganen en importancia social. Nacen así los “borgos”, ciudades normalmente
amuralladas, y una nueva clase social que terminaría destruyendo la
sociedad feudal: la burguesía.
La Iglesia camina entre el señor
feudal y el vasallo o campesino, entre el castillo y
la ciudad. Predica a todos el evangelio, pero desgraciadamente algunos
altos eclesiásticos se comportaban más como señores feudales que como
pastores. El mismo clero bajo no carecía de defectos. Pero
lo hermoso es que la Iglesia, porque algunos de sus
miembros caen en la incoherencia y en el pecado, se
purifica continuamente bajo el impulso del Espíritu Santo.
I. SUCESOS
“La época
de Carlomagno”
Los árabes, que seguían avanzando, fueron derrotados en Poitiers
(Francia) el año 732 por Carlos Martell, uno de los
reyes merovingios. A Carlos Martell le sigue su hijo Pipino
el breve, a quien el Papa Bonifacio coronó y
reconoció el derecho de sucesión para sus hijos. Un nuevo
papa, Zacarías, al verse amenazado por los longobardos, pide ayuda
a Pipino. Este, al frente de un ejército, baja a
Italia, los derrota y entrega al papa un territorio que
incluía Ravenna y otras ciudades. Era el año 756.
Con
esta donación nacen los Estados Pontificios que se mantendrán hasta
el año 1870. El papa es ya un soberano, pero
dentro de la órbita del rey de los francos y
se sitúa así en una posición delicada frente al emperador
de Constantinopla.
Carlomagno prosigue la política de su padre, refuerza la
unidad de Europa occidental, rechaza a los árabes en el
norte de España y extiende su reino por el este,
convirtiendo por la fuerza a los sajones. Salió a la
defensa del Papa León III, apoyó a la Iglesia y
con su fuerte personalidad ejerció enorme influencia sobre su época.
De hecho, impone sus ideas al Papado. Y el día
de navidad del año 800, el papa le entrega la
corona imperial en la basílica de san Pedro con la
famosa dedicatoria: “A Carlo piísimo y augusto coronado por Dios,
grande y pacífico emperador, vida y victoria”.
Nacía el Sacro
Imperio, continuación del antiguo Imperio Romano de Occidente, con sede
en Aquisgrán. En este periodo se produce el llamado renacimiento
carolingio, del que fueron artífices, junto al soberano, una selecta
minoría de eclesiásticos versados en letras sagradas y profanas y
de procedencia muy diversa. Esta diversidad acreditaba la amplia capacidad
integradora de hombres y de pueblos característica de la obra
carolingia. Entre ellos hay que nombrar al inglés Alcuino de
York, el más ilustre de todos, creador y director de
la escuela palatina. También sobresalieron el visigodo Teodulfo de Orleáns,
el germano Eginardo, biógrafo de Carlomagno y, más tarde, Agobardo
de Lyon, Hrabano Mauro, Jonás de Orleáns, etc.
Carlomagno hizo de
la propagación de la fe y de la civilización cristiana
el principio rector de su acción política. Por ello, sin
distinguir entre el ámbito de lo espiritual y de lo
temporal, consideró como misión suya cuanto podía redundar en provecho
de la Iglesia y de la cristiandad. Intervino en cuestiones
que afectaban al dogma, como la condena del adopcionismo, que
Elipando, arzobispo mozárabe de Toledo, defendía. Según esta herejía, Cristo
en cuanto hombre, era sólo hijo “adoptivo” del Padre.
La
cuestión del culto de las imágenes, tan viva en el
imperio bizantino, fue también tratada en el concilio de Frankfort
y motivó la redacción, a instancias de Carlomagno, de los
llamados “Libros Carolinos”. En fin, la introducción en el Credo
de la expresión “Filioque”, originaria de la Iglesia visigótica, hecha
por orden de Carlomagno, es una prueba más de su
preocupación por la defensa de la doctrina ortodoxa.
El emperador,
pues, se convertía en protector y garante de la incolumidad
y de los intereses del papa y de la Iglesia.
Por otra parte, el papa otorgó a Francia el título
de “hija primogénita de la Iglesia”. El gran designio de
Carlomagno fue desarrollar una auténtica “política cristiana”, que abarcase toda
la extensión de sus dominios y todos los aspectos de
la vida de sus súbditos. Carlos estaba profundamente penetrado por
el sentimiento de la gran misión que le tocaba cumplir
en el mundo. La “Ciudad de Dios”, de san Agustín
era su libro preferido, el que inspiraba su filosofía política,
y él mismo se consideraba como instrumento de Dios para
poner por obra los designios divinos sobre la Iglesia y
la Cristiandad.
Estos hechos tuvieron una contrapartida: ahondaban más la
división que desde hacía tiempo se venía dando entre Roma
y Constantinopla, tanto en el orden doctrinal como disciplinar. Y
es que Constantinopla consideró a Carlomagno como un usurpador del
título imperial. Durante varios siglos el único emperador había sido
el de Constantinopla, que era coronado por el patriarca de
esa ciudad y a su vez se entrometía en los
asuntos de la Iglesia en Oriente. Ahora en Occidente surge
el Sacro Imperio Romano, cuyas dos autoridades son el papa
y el emperador. Podemos decir que con Carlomagno se restablece
el imperio en occidente, y que la Iglesia de Roma
cuenta con un apoyo político y militar para su obra
religiosa. Más aún, con la donación de Pipino y el
apoyo de Carlomagno, el Papa cuenta con sus propios territorios,
los Estados Pontificios o Patrimonium Petri.
Resumiendo, ¿qué más
hizo Carlomagno?
Carlomagno reforma la iglesia franca, escoge juiciosamente a
los obispos, que considera como altos funcionarios. Para el clero
secular, favorece la fundación de comunidades de canónigos. Restablece la
elección del abad por los mismos monjes.
Introduce e impone
los libros de la liturgia romana. Pero dicha liturgia para
los fieles que no comprenden latín, se convierte en algo
misterioso y sagrado. El pan natural es sustituido por el
pan ázimo.
Es también el iniciador de una renovación
intelectual. En su corte reúne a los grandes talentos del
tiempo, la mayor parte monjes. Se intenta restaurar el latín
clásico, el estudio de la Escritura, de los Padres y
de la liturgia. Talleres de copistas ofrecen numerosos manuscritos, importantes
por su hermosa caligrafía y sus ricas miniaturas. Esta renovación
produce sus frutos a comienzos del siglo IX. Se fundaron
las escuelas palatinas que hicieron renacer la cultura y el
arte. El monje anglosajón Alcuino será el principal promotor de
la renovación, desde la corte del emperador.
Cada día la
Iglesia griega de Oriente se va distanciando de Roma
El
distanciamiento ya había comenzado anteriormente, pero vino a acelerarlo –
como ya dijimos- la creación del imperio de Carlomagno, que
sustrajo a Roma y al papado de la esfera de
influencia bizantina, e instituyó un nuevo orden temporal de la
cristiandad.
La Iglesia griega fue siempre recelosa ante el primado jurisdiccional
del pontífice romano, por miedo a que pudiera menguar su
autonomía disciplinar y litúrgica. De todas maneras nunca dejó de
reconocer que la primera sede apostólica era Roma. Sin embargo,
la iglesia bizantina se apoyaba continuamente en el emperador, que
a su vez intervenía de manera continua en los asuntos
eclesiásticos.
A esto se añadió otro episodio: la disputa de
las imágenes. Duró un siglo. En relación al culto de
las imágenes, podemos decir que los cristianos de los primeros
siglos habían manifestado una cierta oposición a las representaciones de
la divinidad y de los santos, basados en algunos pasajes
de la Sagrada Escritura. Las consideraban como ídolos. Sin embargo,
ya desde el siglo III van apareciendo respresentaciones de Cristo,
de la Virgen y de los santos. Las catacumbas mismas
fueron decoradas con representaciones de personajes y con escenas de
las Escrituras, en las que Cristo ocupaba un lugar eminente.
En los sarcófagos cristianos se esculpían escenas religiosas. También en
los templos van apareciendo imágenes. El hecho es que, poco
a poco, se van imponiendo tanto en oriente como en
occidente. Se ve en ellas una función pedagógica. Son
como “sermones silenciosos” o “libros para analfabetos”. Son veneradas como
si fijaran la presencia de aquel o de aquella que
representan. Y algunos empiezan a preocuparse y acusan el culto
de las imágenes de superstición y hasta de idolatría.
El
año 726, el emperador León III destruye una imagen de
Cristo muy venerada que se encuentra encima de la puerta
de su palacio de Constantinopla. Es el comienzo de aquella
política iconoclasta (destrucción de imágenes) que prosigue el emperador a
pesar de los motines populares y la resistencia de los
monjes, alguno de los cuales sufren el martirio por defender
la legitimidad de las imágenes.
Este emperador pretendió que el
Papa sancionase estas medidas y, ante la negativa de Gregorio
II, reaccionó violentamente: confiscó las propiedades pontificias enclavadas en los
dominios imperiales del sur de Italia, y arrebató de la
jurisdicción de la sede romana los territorios que constituían el
antiguo vicariato de Tesalónica. Con tales hechos creó un nuevo
motivo de fricción entre Roma y Constantinopla.
II. RESPUESTA DE LA
IGLESIA
La semilla del Evangelio seguía esparciéndose
La época carolingia no fue
tan sólo un período de reforma eclesiástica y de promoción
espiritual de los pueblos ya cristianizados. Fue también una época
de expansión misionera entre las tribus germánicas que todavía permanecían
paganas.
En el siglo VII los intrépidos misioneros celtas habían
sido los principales agentes de penetración cristiana entre los pueblos
del centro de Europa. En el siglo VIII fueron misioneros
anglosajones los que recogieron la antorcha y prosiguieron la evangelización
de la Germania pagana.
En esta tarea contaron siempre con
el valioso apoyo de los mayordomos de palacio y luego
de los reyes carolingios. Así el monje inglés Wilibrordo trabajó
durante muchos años con buen fruto entre los frisios y
fue su primer arzobispo con sede en Utrecht; por tanto
desde Holanda a Dinamarca sembró la semilla del evangelio. Su
obra fue continuada por otro misionero inglés, Winifrido, más conocido
por el nombre de Bonifacio, que sin duda puede considerarse
como el gran apóstol de Germania. Para consolidar su obra
fundó monasterios, lemas famoso de los cuales fue el de
Fulda. El papa Gregorio III le concedió poderes para erigir
diócesis y nombrar obispos.
Sólo quedaban por evangelizar los sajones del
duque Windukindo. Le tocó a Carlomagno promoverlo, pues ya Bonifacio
había muerto. Y con la conversión de los sajones llegaba
a su término el proceso de cristianización de los germanos,
si se exceptúa a los pueblos escandinavos. La misión nórdica
le tocaría a Ludovico Pío, en el año 822, junto
con el monje Anscario de Corbie.
Valor y finalidad de las
imágenes
¿Cómo encaró la Iglesia el problema de las imágenes?
El
problema de las imágenes provocó la escisión de la iglesia
bizantina en dos bandos. Los emperadores isáuricos 56 se apoyaron especialmente en el ejército, que les prestaba
una adhesión entusiasta y fue el brazo ejecutor de la
política iconoclasta. En cambio, los monjes, en su gran mayoría,
fueron fervientes defensores de los iconos, y muchos de ellos
sufrieron persecución y muerte por esta causa.
Junto a los
monjes estuvo la gran masa del pueblo, muy amante de
las tradiciones religiosas y profundamente herida en sus sentimientos. La
cuestión alcanzó sus momentos álgidos en el reinado del hijo
de León III, el emperador Constantino V Coprónimo, que pretendió
revestir la lucha iconoclasta de un ropaje teológico. Convocó el
año 754 un concilio en Constantinopla, que condenó como idolatría
la veneración de las imágenes y excomulgó a los defensores
de su culto, y de modo especial al más ilustre
de todos, san Juan Damasceno. Fue un concilio acéfalo, porque
ni el papa romano ni ninguno de los patriarcas estuvo
representado. Se le llamó también “sínodo execrable” en expresión del
papa Esteban III.
Irene, esposa de León IV, hijo del
iconoclasta Constantino V, promovió la calma, de acuerdo con el
papa Adriano I, y convocó el II concilio de Nicea
(787), que reconoce la legitimidad de la veneración de las
imágenes, y declaró nulo las decisiones del sínodo iconoclasta del
754. La lucha se reanuda en el año 813 y
no se aplaca definitivamente hasta el 843, gracias a la
emperatriz Teodora, regente del imperio durante la menor edad de
su hijo Miguel III57 . El pueblo triunfó
sobre la voluntad imperial 58. Este asunto de
las imágenes volverá a debatirse durante la reforma protestante.
La Iglesia ha considerado a las imágenes como “sermones silenciosos”
y “libros para los iletrados”, fáciles de entender. San Juan
Damasceno distinguía entre la verdadera “adoración” (latría) que tan sólo
a Dios es debida, y la veneración que se tributa
a las imágenes de Cristo, de la Virgen y de
los santos. La iglesia reconoció que es legítimo venerar y
honrar las imágenes “con la ofrenda de incienso y de
luces, como fue piadosa costumbre de los antiguos, porque el
que adora a una imagen adora a la persona en
ella representada”.
CONCLUSIÓN
Termino con un texto legislativo de Carlomagno
donde se ve la unión entre Iglesia y Estado: “Todo
el que entre por la violencia en una iglesia y
se lleve algún objeto o incendie el edificio, por la
fuerza o por robar, será entregado a la muerte. Todo
el que, por desprecio al cristianismo, se niegue a respetar
el santo ayuno cuaresmal y coma carne, será entregado a
la muerte. Todo el que entregue a las llamas el
cuerpo de un difunto, según el rito pagano, será entregado
a la muerte. Todo sajón no bautizado que intente disimular
entre sus compatriotas y se niegue a que le administren
el bautismo, será entregado a la muerte”. (Capitulario de Carlomagno
sobre Sajonia, año 785). Ahora bien, esta unión entre Estado
e Iglesia traerá también muchos inconvenientes. El cesaropapismo 59 hará sus estragos.
____________________________
Es decir, pertenecientes a la dinastía Isáurica, cuyo fundador fue
León III (717-741).regresar Este
acontecimiento es todavía celebrado por la Iglesia griega en el
primer domingo de Cuaresma, bajo el título de “Fiesta de
la ortodoxia”.regresar No obstante,
los mosaicos y las pinturas deben ejecutarse siguiendo un riguroso
orden teológico, que va desde el Cristo pantocrátor (todopoderoso) de
la cúpula hasta los santos de la parte baja de
las capillas.regresar Recuérdese que
el cesaropapismo nació con el emperador romano Constantino, convertido al
cristianismo.regresar
_____________________________________
TEMA DE DISCUSIÓN EN EL FORO
1. ¿Por
qué es importante Carlomagno en la historia de la Iglesia? 2.
¿Cuál fue el problema entre la Iglesia de Oriente y
Roma? 3. ¿Son importantes las imágenes? ¿Adoramos las imágenes?
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