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Autor: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic net 13a. sesión: Siglo XII Edad Media: Císter. Escolástica.
Uno de los rasgos dominantes de esta Cristiandad es el lugar cada vez más importante que va adquiriendo el papado en la Iglesia y en la Europa medieval.
13a. sesión: Siglo XII Edad Media: Císter. Escolástica.
SIGLO XII
INTRODUCCIÓN
A partir del siglo XII y de modo especial
en el XIII, la Edad Media llegó a su esplendor.
Fue entonces cuando realizó su mejor producción cultural. Se ha
llamado la época clásica de la cristiandad medieval.
El término
“Cristiandad” designa un modo de relación entre la sociedad y
la Iglesia en la Edad Media. Los pueblos de la
Europa de entonces forman una gran comunidad cimentada en la
fe cristiana. La Iglesia y el imperio son las dos
caras de una misma realidad, a la vez espiritual y
temporal, a imagen del alma y del cuerpo.
Uno de
los rasgos dominantes de esta Cristiandad es el lugar cada
vez más importante que va adquiriendo el papado en la
Iglesia y en la Europa medieval, a costa de luchas
muchas veces violentas con el emperador germánico que pretendía elegir
a los obispos y al mismo papa. Estas luchas, en
algunos casos, terminaron en la elección de antipapas, nombrados por
el mismo emperador 81.
Si hubiera que señalar
un rasgo capaz de caracterizar por sí solo los tiempos
clásicos de la cristiandad medieval, ese rasgo sería, sin duda
alguna, su increíble vitalidad. Un signo de vitalidad espiritual de
este período histórico fue el espléndido florecimiento alcanzado por la
vida religiosa: cluniacenses, cartujos, cistercienses. Si los siglos XI y
XII fueron los tiempos monásticos, el siglo XIII, como veremos,
será el siglo de los frailes: franciscanos, dominicos, agustinos, carmelitas,
mercedarios.
Los siglos de la Cristiandad fueron también la época
clásica de las ciencias sagradas: la teología y el derecho
canónico.
I. SUCESOS
¿Cuándo acabarán los abusos?
Continuó la costumbre de intromisión civil en
asuntos eclesiásticos con sus consecuencias. Por una parte, los abusos
de la autoridad civil, y por otra la relajación de
muchos de los eclesiásticos así nombrados. Abusos, porque llegaron incluso
a elegir antipapas. Relajación, porque muchos eclesiásticos perdieron su honra
y autoridad moral.
Había tres problemas fundamentales en cuanto al
clero: el nicolaísmo, es decir, la inobservancia de la ley
del celibato; la simonía, compra y venta de bienes espirituales;
y la investidura laica, provisión de los oficios eclesiásticos, no
a través de los órganos previstos por la disciplina canónica,
sino por designación de los poderes civiles: emperadores, reyes y
señores, propietarios o patronos de iglesias. Este abuso constituía, según
los promotores de la reforma, la causa y la raíz
de los otros males. Tal fue el origen de la
célebre “cuestión de las investiduras”, que enfrentó al pontificado y
el imperio, y en particular al Papa Gregorio VII y
el emperador Enrique IV (1050-1106), como vimos anteriormente.
No obstante hubo
ejemplos de eclesiásticos que merecen admiración. El arzobispo de Canterbury,
Tomás Becket, era también amigo y canciller del rey Enrique
II Plantagenet. Este quiso contar con su complicidad para la
elección de prelados, pero Tomás se opuso y fue asesinado
por cuatro emisarios del rey.
Gérmenes de herejías:”El enemigo sembró
cizaña...”
El occidente cristiano no había sido pródigo en herejías. Desaparecido
desde hacía mucho tiempo el arrianismo, que era además una
doctrina importada por los pueblos invasores, la unidad de fe
fue una constante de la sociedad cristiana. Si se prescinde
de algunas individualidades o de grupos minúsculos, la herejía constituyó
una novedad que hizo acto de presencia en Europa durante
el siglo XII.
Pedro de Bruys y Enrique de Lausana, no
aceptaban el bautismo impartido a los niños, atacaban la presencia
eucarística y la edificación de templos. Afirmaban también que las
misas de difuntos carecían de sentido y eran inútiles.
Comenzaron los
primeros brotes de la herejía albigense o cátara, que hizo
renacer el maniqueísmo y el dualismo persa, es decir, la
creencia de dos principios supremos: la luz y las tinieblas82 . Estos albigenses predicaron especialmente en Francia. Tomaron
como sede a Albi, de donde proviene el nombre de
albigenses. También atacaron los sacramentos, el culto y la vida
futura. En el próximo siglo hará su explosión esta herejía.
II. RESPUESTA
DE LA IGLESIA
Concordato de Worms
Ante la intromisión civil, la iglesia,
con el papa Calixto II a la cabeza, organizó el
Concordato de Worms83 (1122), donde el emperador
Enrique V, hijo del excomulgado rey Enrique IV de Alemania,
aceptó no inmiscuirse más en la elección de los prelados.
Sin embargo las familias romanas se opusieron a la elección
del papa Inocencio II, apoyado por el emperador y eligieron
al antipapa Anacleto II. El concilio I de Letrán, el
primero de los ecuménicos celebrados en Occidente, se reunió al
siguiente año 1123 y sancionó los acuerdos de Worms 84.
El emperador Federico, llamado Barbarroja, hizo caso omiso
del Concordato de Worms y pretendió volver a nombrar obispos
y abades a su gusto, interpretando su autoridad como de
derecho divino y declarando su independencia del papa. Nombró un
antipapa, Víctor IV, y al morir éste, a otro, Pascual
III. El verdadero papa era Alejandro III, el cual le
declaró la guerra. Perdida por Federico, éste obedeció a Alejandro
III, en 1177.
Con Inocencio III (1198-1216) el papado alcanza
la cumbre de su poder. El Papa se presenta como
el árbitro de Europa. Designa su candidato para el imperio,
obliga al rey de Inglaterra a someterse a sus deseos.
A esto se ha llamado “teocracia” que se resume así:
“El Papa tiene la plenitud del poder. En el terreno
espiritual, todas las iglesias le están sometidas. El terreno temporal
conserva su autonomía; pero, en nombre de la preeminencia de
lo espiritual, el papa interviene en los asuntos políticos, en
razón del pecado, cuando está en juego la salvación de
los cristianos”. El concilio IV de Letrán (1215) atestigua esta
conciencia y este poder pontificio.
La Iglesia es santa y sus
ministros deben ser santos
Ante la relajación de costumbres y de
la disciplina, la Iglesia convocó, bajo el Papa Calixto II,
el primer concilio de Letrán (1123), para atajar dos lacras
terribles: simonía y el nicolaísmo. Confirmó también el Concordato de
Worms, es decir, la no intromisión de los señores feudales
en asuntos eclesiásticos.
Ante las herejías, también la Iglesia
reaccionó con mucho cuidado y firmeza. Para condenar la herejía
de Pedro de Bruys y de Enrique de Lausana, se
convocó el segundo concilio de Letrán (1139). Y renovó la
condena, entre otras cosas, de la usura, los torneos y
el nicolaísmo.
Y contra la herejía de los albigenses, vino
en ayuda el tercer concilio de Letrán (1179), que legisló
en contra de la acumulación de prebendas y fijó que
los papas deberían ser elegidos por una mayoría de dos
tercios de los votantes. Ya en el siglo XIII se
atacará más fuertemente esta herejía cátara o albigense.
Nuevas cruzadas...
Para frenar
la invasión de los turcos se organizó la segunda y
la tercera cruzada.
La segunda (1147-1149) fue comandada por Luis VII
de Francia y el emperador alemán Conrado III. San Bernardo
fue el alma espiritual. Nuevos contingentes salieron por mar, de
paso ayudaron al rey de Portugal a liberar Lisboa de
los moros (1147). Primero y único éxito. Sobre las espaldas
de san Bernardo cayeron fracasos y acusaciones. En el bando
opuesto a los cruzados, surgió un gran guerrero llamado Saladino,
de temple noble y elevado, uno de los grandes hombres
del Islam, ante quien quedan pequeños los cruzados que, por
divisiones y mezquindades y por la resistencia de los bizantinos,
habían perdido el objetivo principal. Saladino infligió a los cristianos
una fuerte derrota y tomó prisionero al rey de Jerusalén.
Jerusalén cayó nuevamente en poder del Islam. La pérdida de
Jerusalén produjo una gran conmoción y consternó a todo el
orbe cristiano.
La tercera (1189-1192) fue guiada por Federico Barbarroja,
Felipe II Augusto, rey de Francia y por Enrique II
de Plantagenet de Inglaterra. Murieron Federico y Enrique. El hijo
de Enrique II, Ricardo Corazón de León, lo suplió. Felipe
II se apoderó de san Juan de Acre. Ricardo firmó
un acuerdo de acceso libre de los cristianos a Tierra
Santa, estampando su nombre junto al del sultán Saladino. Aunque
esta cruzada fue la más universal de todas, sin embargo,
tampoco ahora los resultados correspondieron a las esperanzas. También el
emperador Barbarroja murió en el camino de Tierra Santa. Jerusalén
no fue recuperada y la gran cruzada se diluyó sin
más fruto que una ligera consolidación de la presencia cristiana
en algunos territorios.
Impulso espiritual: Los cistercienses y otras órdenes
En el
empeño de renovación espiritual y eclesial, otros hombres buscaron formas
nuevas de consagrarse a Dios, seguidos de numerosos discípulos. Entre
ellos, los cistercienses, fundados en el siglo XI, como dijimos
anteriormente; los canónigos regulares y los templarios.
Los cistercienses tuvieron gran
importancia a partir de su fundación por san Roberto de
Molesmes, que adoptó los moldes heredados por san Benito y
del que hablamos ya en el capítulo anterior. San Bernardo
de Claraval dio impulso notable a esta orden85
. Entró en Citeaux junto con treinta compañeros, todos ellos
pertenecientes a familias nobles de Borgoña (1112). Tres años más
tarde, y a los veinticuatro años de edad, Bernardo fue
hecho abad del nuevo monasterio de Clairvaux (Claraval), por
él fundado (1115). Él solo fundó 66 abadías. Fue tal
su influjo que muchas veces lejos de su abadía intervenía
en numerosos asuntos de la vida de la Iglesia y
de la cristiandad. Contribuye a la reforma del clero. Denuncia
el relajamiento de Cluny. Invita a los obispos a una
mayor pobreza y al cuidado de los pobres. Pone fin
a un cisma en la Iglesia de Roma, el cisma
de Anacleto, y propone un programa de vida al monje
de Clairvaux (Claraval) que ha sido elegido Papa, Eugenio III.
Bernardo se esfuerza en cristianizar la sociedad feudal: ataca el
lujo de los señores y predica la santidad del matrimonio.
Predicador de la segunda cruzada en Vézelay y en
Spira (1146), intenta poner fin a la matanza de los
judíos que algunos exaltados creían ligada a la cruzada.
No
cabe duda de que Bernardo es ante todo un maestro
espiritual. Es el uno de los grandes doctores de la
Iglesia, para él todo parte de la meditación de la
Escritura. Más que en la ascesis y en los ejercicios,
Bernardo insiste en la unión con Dios, y reduce toda
la religión a la práctica de la caridad. Propone un
itinerario de retorno a Dios que conduce del conocimiento de
sí mismo a la posesión de Dios. Sobresalen sus sermones
sobre la Virgen y sobre el Cantar de los Cantares.
Papas y reyes, príncipes y pueblos experimentaron el atractivo de
la santidad de este gran protagonista de la historia. El
Cister experimentó un asombroso desarrollo en vida de san Bernardo.
Baste decir que la comunidad de Claraval llegó a contar
con 700 monjes, que la docena de abadías de la
orden existentes a su llegada eran 342 a la hora
de su muerte y que esta cifra todavía crecería hasta
ser unas 700 a finales del siglo XIII.
Nacieron luego
los canónigos regulares de san Agustín. Practicaban la denominada “vita
canonica”, que consistía sobre todo en la comunidad de dormitorio
y refectorio (comedor) y en la observancia de la llamada
“regla de san Agustín”. Ciertos capítulos regulares llegaron con el
tiempo a relacionarse entre sí, creando uniones o congregaciones de
canónigos de san Agustín, entre las que destacaron los canónicos
regulares de san Juan de Letrán y los de san
Víctor. La más importante de todas esas fundaciones canonicales fue
la realizada por san Norberto en Premontré (1120), que dio
lugar a la orden de los Premonstratenses, difundida pronto por
toda Europa y que desarrolló una gran actividad misionera.
Finalmente,
como culminación del ideal de la caballería cristiana y prueba,
a la vez, de la honda impregnación religiosa del oficio
de las armas, nacieron las órdenes militares, una creación característica
de la Edad Media europea. Surgieron de una fusión del
monacato y de la profesión de las armas propia de
la clase nobiliaria. Su origen ha de buscarse en algunos
pequeños grupos de caballeros, que se dedicaron a servir a
los cristianos enfermos en un hospital de Tierra Santa o
a proteger a los peregrinos que acudían a visitar los
Santos Lugares.
El desarrollo alcanzado por las órdenes militares desde
el siglo XII se debió al fuerte impulso espiritual que
san Bernardo dio a la sociedad cristiana y a las
guerras de cruzada, en las que las órdenes tuvieron un
papel preponderante. Eran, pues, monjes guerreros, cuyo objeto consistía en
cuidar de Tierra Santa y realizar diversas obras de
beneficencia.
Nacieron los hospitalarios86 de san Juan,
que atendían a los enfermos; los templarios, que habitaron el
Templo de Salomón reconstruido por Herodes; los teutones que, aunque
nacidos en Palestina, en el siglo XIII trasladaron su sede
a la Prusia oriental y consiguieron la sumisión y cristianización
de los últimos pueblos paganos del nordeste de Europa. Dicha
orden se secularizó en tiempos de la reforma protestante. Y
en España vio la luz la Orden de Alcántara, la
de Calatrava, la de Santiago. Éstas surgieron al hilo de
la lucha por la reconquista.
La Iglesia, guardiana y fomentadora de
la cultura: El siglo de oro de la Escolástica
Las escuelas
monacales salvaron de la hecatombe a la sabiduría y las
obras clásicas. Las materias enseñadas en aquellas aulas eran gramática
latina, retórica y dialéctica, por una parte; aritmética, geometría, astronomía
y música, por otra; así como teología. Aparecieron también las
escuelas episcopales, anexas a las catedrales.
En este ambiente cultural nació
la Escolástica y los grandes teólogos. Desde san Agustín hasta
el siglo XII no se habían realizado estudios apreciables en
la elaboración teológica. En este siglo XII nació el método
escolástico, propiamente dicho. ¿En qué consistía? Se planteaba una cuestión
–si Dios existe…si el alma es inmortal…si el hombre es
animal racional… Después se exponían los argumentos contrarios y se
ofrecía la opinión del propio autor, dando respuesta a las
objeciones.
Los escolásticos se entregaban a la razón como herramienta
indispensable para el estudio de la teología y la filosofía,
y a la dialéctica –la yuxtaposición de posiciones contrarias, seguida
por la resolución del asunto mediante el recurso a la
razón y la autoridad- como método más adecuado para abordar
cuestiones de interés intelectual.
Se registran grandes avances culturales, se
redescubren los filósofos griegos –especialmente Aristóteles- a través de traducciones
del árabe hechas en Toledo y en Sicilia, y poco
a poco su filosofía se va imponiendo en la enseñanza.
Este
nuevo modo de pensar (lógica) y de ver el mundo
(filosofía) se introdujo en las escuelas catedralicias, en las escuelas
monacales y luego en las universitarias. Nacido en estas escuelas,
tomó el nombre de escolástica. Existe un período llamado pre-escolástica
que tiene por representante a san Anselmo, abad del monasterio
de Bec y arzobispo de Canterbury, que incentivó a la
razón en la explicación de la fe. Pero su florecimiento
se dio en las Universidades, que tuvieron su origen en
la Iglesia, sobre todo cuando llegaron a sus cátedras los
talentos de las órdenes mendicantes.
Es la llamada edad de
oro de la teología medieval. Estos pertenecen propiamente al siglo
siguiente y son los franciscanos: Alejandro de Hales (1245), san
Buenvantura –general de la orden franciscana (1274), Rogelio Bacon (1294)
y Juan Duns Escoto, profesor en Oxford, París y Colonia.
Los talentos dominicos son: san Alberto Magno (1280) y santo
Tomás de Aquino, su discípulo (1274).
Otros talentos de
este tiempo son: Pedro Lombardo, arzobispo de París, llamado el
Maestro de las Sentencias87 , una obra que,
junto con la Biblia, habría de convertirse en el libro
de texto fundamental para los estudiantes de teología en el
curso de los cinco siglos siguientes; Pedro Abelardo buscó con
precisión la traducción de la Biblia y de los
textos de los Santos Padres. Sus enseñanzas morales fueron tachadas
de subjetivas; por eso, optó por terminar sus días en
un monasterio, dedicado a la oración y fiel hijo de
la Iglesia; San Bernardo de Claraval, teólogo y maestro de
la vida espiritual, del que ya hablamos. Se hizo célebre
su frase: “La medida del amor a Dios consiste en
amar a Dios sin medida”. San Bernardo propagó la devoción
a la Virgen.
CONCLUSIÓN
Terminamos este siglo XII; siglo monástico
por excelencia, y donde la religiosidad de los laicos estuvo
poderosamente influida por la espiritualidad monacal. Estos siglos monásticos, XI
y XII, corresponden a los tiempos de una sociedad europea
de tipo agrario y señorial, en la que los monasterios,
levantados en medio de los campos, constituían desde todo punto
de vista grandes centros de vida para la población de
la comarca. Muchos laicos acudían a los monasterios, impulsados sobre
todo por el deseo de participar en los beneficios espirituales
que la vida santa de los monjes podía merecerles. Así
mejoraban su vida cristiana y se preparaban para la eterna
bienaventuranza.
Y dado que hablamos de san Bernardo en este
siglo, pongamos punto final a este siglo con dos citas
suyas. Una es sobre las dos espadas, cuando comenta Lucas
22, 35-38: “La una y la otra espada pertenecen a
la Iglesia, a saber, la espada espiritual y la espada
material. Pero ésta debe ser sacada para la Iglesia y
aquélla debe ser sacada por la Iglesia; la primera por
la mano del sacerdote, la segunda por la mano del
caballero, pero desde luego por orden del sacerdote y por
mandato del emperador” (Carta 256).
Y la otra es un
decreto papal: “Instruidos por la autoridad de nuestros predecesores y
de los demás santos padres, hemos decidido y establecido que,
después de la muerte de un papa de la Iglesia
universal de Roma, ante todo, los cardenales obispos deberán buscar
al más digno, en común y con la más cuidadosa
atención; luego harán venir a los cardenales clérigos; finalmente, el
resto del clero y el pueblo se adelantarán para adherirse
a la nueva elección” (Decreto del año 1059, del Papa
Nicolás II).
___________________________________
Esta costumbre de intervenir
en los nombramientos venía desde Clodoveo y tenía un arraigo
de cinco siglos. Arrancarla costó luchas, lágrimas, sangre y excomuniones,
especialmente en Alemania, como vimos en el siglo anterior.regresar La luz habría creado el alma
y todos los seres buenos. Las tinieblas crearon, por su
parte, el cuerpo y las cosas materiales que, por tanto,
eran consideradas malas. De ahí que estimaron al matrimonio y
las relaciones sexuales, la propiedad, el recurso a la legítima
defensa, etc...como actos malos.regresar El Papa envió tres cardenales legados a Alemania para negociar
con el emperador Enrique V, y el 23 de septiembre
de 1122 se firmó el Concordato de Worms, llamado también
“Pacto Calixtino”. Se establecía en él la norma de que
los prelados serían escogidos por el procedimiento de elección canónica,
aunque el monarca alemán tendría el derecho de presenciar las
elecciones y en los casos dudosos debería ayudar a la
mejor parte. El metropolitano había de investir al nuevo obispo
de sus poderes espirituales, por la entrega del anillo y
el báculo. Al rey correspondía, en cambio, la colación de
las regalías, por la investidura laica consistente en la entrega
del cetro. Así quedó definitivamente resuelto en el imperio el
problema de las investiduras, con una solución que salvaba el
principio de la libertad eclesiástica, tan fundamental para la doctrina
gregoriana.regresar En la práctica, esos
acuerdos no resultaron tan satisfactorios como podía esperarse: los monarcas
pudieron influir poderosamente en el acto de la elección, y
todavía influyó más, con el tiempo, la alta nobleza alemana,
ya que la composición cerradamente aristocrática que tuvieron los cabildos
–que eran el colegio electoral- puso en sus manos los
nombramientos episcopales.regresar Fue san Bernardo
quien dijo al papa Eugenio III, al darse cuenta de
que los papas se preocupaban más de lo temporal: “¿Cuándo
rezamos? ¿Cuándo enseñamos a los pueblos? ¿Cuándo edificamos la iglesia?...En
el palacio pontificio resuenan cada día las leyes de Justiniano
y no las del Señor”. regresar Los hospitalarios fueron la vanguardia de la cristiandad y
cumplieron esta función hasta muy entrada la Edad Moderna. La
isla de Rodas fue un tiempo su reducto y, tras
la conquista de los turcos, la orden prosiguió la lucha
desde la isla de Malta, cedida por Carlos V para
compensar la pérdida de Rodas. Aquí los hospitalarios –los caballeros
de Malta- mantuvieron una soberanía independiente que perduró hasta finales
del siglo XVIII, cuando la isla fue ocupada por Napoleón
en su camino hacia la campaña de Egipto. regresar Este libro es una exposición sistemática
de la fe católica y se refiere a numerosos asuntos,
desde los atributos de Dios, hasta cuestiones como el pecado,
la gracia, la Encarnación, la redención, las virtudes, los sacramentos
y las cuatro realidades últimas (muerte, juicio, cielo e infierno).
De manera muy significativa, buscaba la conciliación entre la dependencia
de la autoridad y la voluntad de recurrir a la
razón para explicar las cuestiones teológicas.regresar
____________________________________
TEMA DE
DISCUSIÓN EN EL FORO
1. ¿Qué eran las cruzadas y por qué
surgieron? 2. ¿Para qué surgieron nuevas órdenes religiosas? 3. ¿Qué fue la Escolástica y
quiénes son los representantes?
P. Antonio Rivero LC No respuestas a las preguntas
de la sesión, éstas deberán contestarse en los Foros
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