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Catequesis del 25 de noviembre de 1987.
1. Un texto
de San Agustín nos ofrece la clave interpretativa de los
milagros de Cristo como señales de su poder salvífico. "El
haberse hecho hombre por nosotros ha contribuido más a nuestra
salvación que los milagros que ha realizado en medio de
nosotros; el haber curado las enfermedades del alma es más
importante que el haber curado las enfermedades del cuerpo destinado
a morir" (San Agustín, In Io. Ev. Tr., 17, 1).
En orden a esta salvación del alma y a la
redención del mundo entero Jesús cumplió también milagros de orden
corporal. Por tanto, el tema de la presente catequesis es
el siguiente: mediante los "milagros, prodigios y señales" que ha
realizado, Jesucristo ha manifestado su poder de salvar al hombre
del mal que amenaza al alma inmortal y su vocación
a la unión con Dios.
2. Es lo que se
revela en modo particular en la curación del paralítico de
Cafarnaum. Las personas que lo llevaban, no logrando entrar por
la puerta en la casa donde Jesús estaba enseñando, bajaron
al enfermo a través de un agujero abierto en el
techo, de manera que el pobrecillo vino a encontrase a
los pies del Maestro.
"Viendo Jesús la fe de ellos,
dijo al paralítico: !Hijo, tus pecados te son perdonados!´. Estas
palabras suscitan en algunos de los presentes la sospecha de
blasfemia: ´Blasfemia. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?". Casi
en respuesta a los que habían pensado así, Jesús se
dirige a los presentes con estas palabras: "¿Qué es más
fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados, o
decirle: levántate, toma tu camilla y vete? Pues para que
veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la
tierra para perdonar los pecados, se dirige al paralítico, yo
te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu
casa. Él se levantó y, tomando luego la camilla, salió
a la vista de todo" (Cfr. Mc 2, 1)12; análogamente,
Mt 9, 1-8; Lc 5, 18-26: "Se marchó a casa
glorificando a Dios" 5, 25)
Jesús mismo explica en este caso
que el milagro de la curación del paralítico es signo
del poder salvífico por el cual Él perdona los pecados.
Jesús realiza esta señal para manifestar que ha venido como
salvador del mundo, que tiene como misión principal librar al
hombre del mal espiritual, el mal que separa al hombre
de Dios e impide la salvación en Dios, como es
precisamente el pecado.
3. Con la misma clave se puede
explicar esta categoría especial de los milagros de Cristo que
es "arrojar los demonios". Sal, espíritu inmundo, de ese hombre,
conmina Jesús, según el Evangelio de Marcos, cuando encontró a
un endemoniado en la región de los gerasenos (Mc 5,
8).
En esta ocasión asistimos a un coloquio insólito. Cuando
aquel "espíritu inmundo" se siente amenazado por Cristo, grita contra
Él. "¿Qué hay entre ti y mí, Jesús, Hijo del
Dios Altísimo? Por Dios te conjuro que no me atormentes".
A su vez, Jesús "le preguntó: !¿Cuál es tu nombre?!.
El le dijo: Legión es mi nombre, porque somos muchos"
(Cfr. Mc 5, 7-9).
Estamos, pues, a orillas de un
mundo oscuro, donde entran en juego factores físicos y psíquicos
que, sin duda, tienen su peso en causar condiciones patológicas
en las que se inserta esta realidad demoníaca, representada y
descrita de manera variada en el lenguaje humano, pero radicalmente
hostil a Dios y, por consiguiente, al hombre y a
Cristo que ha venido para librarlo de este poder maligno.
Pero, muy a su pesar, también el "espíritu inmundo", en
el choque con la otra presencia, prorrumpe en esta admisión
que proviene de una mente perversa, pero, al mismo tiempo,
lúcida: ´Hijo del Dios Altísimo".
4. En el Evangelio de
Marcos encontramos también la descripción del acontecimiento denominado habitualmente como
la curación del epiléptico. En efecto, los síntomas referidos por
el Evangelista son característicos también de esta enfermedad (espumarajos, rechinar
de dientes, quedarse rígido).
Sin embargo, el padre del epiléptico
presenta a Jesús a su Hijo como poseído por un
espíritu maligno, el cual lo agita con convulsiones, lo hace
caer por tierra y se revuelve echando espumarajos. Y es
muy posible que en un estado de enfermedad como éste
se infiltre y obre el maligno, pero, admitiendo que se
trate de un caso de epilepsia, de la que Jesús
cura al muchacho considerado endemoniado por su padre, es sin
embargo, significativo que El realice esta curación ordenando al "espíritu
mudo y sordo: Sal de él y no vuelvas a
entrar más él" (Cfr. Mc 9, 17-27). Es una reafirmación
de su misión y de su poder de librar al
hombre del mal del alma desde las raíces.
5. Jesús
da a conocer claramente esta misión suya de librar al
hombre del mal y, antes que nada del pecado, mal
espiritual. Es una misión que comporta y explica su lucha
con el espíritu maligno que es el primer autor del
mal en la historia del hombre. Como leemos en los
Evangelios, Jesús repetidamente declara que tal es el sentido de
su obra y de la de sus Apóstoles.
Así, en
Lucas: "Veía yo a Satanás caer del cielo como un
rayo. Yo os he dado poder para andar... sobre todo
poder enemigo y nada os dañará" (Lc 10, 18-19). Y
según Marcos, Jesús, después de haber constituido a los Doce,
les manda "a predicar, con poder de expulsar a los
demonios" (Mc 3, 14-15). Según Lucas, también los setenta y
dos discípulos, después de su regreso de la primera misión,
refieren a Jesús: "Señor, hasta los demonios se nos sometían
en tu nombre" (Lc 10, 17).
Así se manifiesta el
poder del Hijo del hombre sobre el pecado y sobre
el autor del pecado. El nombre de Jesús, que somete
también a los demonios, significa Salvador. Sin embargo, esta potencia
salvífica alcanzará su cumplimiento definitivo en el sacrificio de la
cruz. La cruz sellará la victoria total sobre Satanás y
sobre el pecado, porque éste es el designio del Padre,
que su Hijo unigénito realiza haciéndose hombre: vencer en la
debilidad, y alcanzar la gloria de la resurrección y de
la vida a través de la humillación de la cruz.
También en este hecho paradójico resplandece su poder divino, que
puede justamente llamarse la "potencia de la cruz".
6. Forma
parte también de esta potencia y pertenece a la misión
del Salvador del mundo manifestada en los "milagros, prodigios y
señales", la victoria sobre la muerte, dramática consecuencia del pecado.
La victoria sobre el pecado y sobre la muerte marca
el camino de la misión mesiánica de Jesús desde Nazaret
hasta el Calvario.
Entre las "señales" que indican particularmente el
camino hacia la victoria sobre la muerte, están sobre todo
las resurrecciones: "los muertos resucitan" (Mt 11, 5), responde, en
efecto, Jesús a la pregunta acerca de su mesianidad que
le hacen los mensajeros de Juan el Bautista (Cfr. Mt
11, 3). Y entre los varios "muertos", resucitados por Jesús,
merece especial atención Lázaro de Betania, porque su resurrección es
como un "preludio" de la cruz y de la resurrección
de Cristo, en el que se cumple la victoria definitiva
sobre el pecado y la muerte.
7. El Evangelista Juan
nos ha dejado una descripción pormenorizada del acontecimiento. Bástenos referir
el momento conclusivo. Jesús pide que se quite la losa
que cierra la tumba ("Quitad la piedra"). Marta, la hermana
de Lázaro, indica que su hermano está desde hace ya
cuatro días en el sepulcro y el cuerpo ha comenzado
ya, sin duda, a descomponerse. Sin embargo, Jesús, gritó con
fuerte voz: ¡Lázaro, sal fuera!. "Salió el muerto", atestigua el
Evangelista (Cfr. Jn 11, 38-43). EL hecho suscita la fe
en muchos de los presentes. Otros, por, el contrario, van
a los representantes del Sanedrín para denunciar lo sucedido. Los
sumos sacerdotes y los fariseos se quedan preocupados, piensan en
una posible reacción del ocupante romano ("vendrán los romanos y
destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación": cfr. Jn 11,
45-48).
Precisamente entonces se dirigen al Sanedrín las famosas palabras
de Caifás: "Vosotros no sabéis nada; ¿no comprendéis que conviene
que muera un hombre por todo el pueblo y no
que perezca todo el pueblo?". Y el Evangelista anota: "No
dijo esto de sí mismo, sino que, como era pontífice
aquel año, profetizó". ¿De qué profecía se trata? He aquí
que Juan nos da la lectura cristiana de aquellas palabras,
que son de una dimensión inmensa: "Jesús había de morir
por el pueblo y no sólo por el pueblo, sino
para reunir en uno todos los hijos de Dios que
estaban dispersos" (Cfr. Jn 11, 49-52).
8. Como se ve,
la descripción joánica de la resurrección Lázaro contiene también indicaciones
esenciales referentes al significado salvífico de este milagro. Son indicaciones
definitivas, precisamente porque entonces tomó el Sanedrín la decisión sobre
la muerte de Jesús (Cfr. Jn 11, 53). Y será
la muerte redentora "por el pueblo" y "para reunir en
uno todos los hijos de Dios que estaban dispersos" para
la salvación del mundo. Pero Jesús dijo ya que aquella
muerte llegaría a ser también la victoria definitiva sobre la
muerte. Con motivo de la resurrección de Lázaro, dijo a
Marta: "Yo soy la resurrección y la vida; el que
cree en mí, aunque muera vivirá, y todo el que
vive y cree en mí no morirá para siempre" (Jn
11, 25-26)
9. Al final de nuestra catequesis volvemos una
vez más al texto de San Agustín: "Si consideramos ahora
los hechos realizados por el Señor y Salvador nuestro, Jesucristo,
vemos que los ojos de los ciegos, abiertos milagrosamente, fueron
cerrados por la muerte, y los miembros de los paralíticos,
liberados del maligno, fueron nuevamente inmovilizados por la muerte: todo
lo que temporalmente fue sanado en el cuerpo mortal, al
final, fue deshecho; pero el alma que creyó, pasó a
la vida eterna. Con este enfermo, el Señor ha querido
dar un gran signo al alma que habría creído, para
cuya remisión de los pecados había venido, y para sanar
sus debilidades El se había humillado" (San Agustín, In Io
Ev. Tr., 17, 1).
Sí, todos los "milagros, prodigios y
señales de Cristo están en función de la revelación de
Él como Mesías, de Él como Hijo de Dios: de
Él, que, solo, tiene el poder de liberar al hombre
del pecado y de la muerte, de Él que verdaderamente
es el Salvador del mundo.
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