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Catequesis del 4 de febrero de 1987.
1. En la catequesis
anterior hablamos de las dos genealogías de Jesús: la del
Evangelio según Mateo (Mt 1,1-17) tiene una estructura "descendente", es
decir, enumera los antepasados de Jesús, Hijo de María, comenzando
por Abrahán. La otra, que se encuentra en el Evangelio
de Lucas (Lc 3, 23-38), tiene una estructura "ascendente": partiendo
de Jesús llega hasta Adán. Mientras que la genealogía de
Lucas indica la conexión de Jesús con toda la humanidad,
la genealogía de Mateo hace ver su pertenencia la estirpe
de Abrahán. Y en cuanto hijo de Israel, pueblo elegido
por Dios en la antigua Alianza, al que directamente pertenece,
Jesús de Nazaret es a pleno título miembro de la
gran familia humana.
2. Jesús nace en medio de este
pueblo, crece en su religión y en su cultura. Es
un verdadero israelita, que piensa y se expresa en arameo
según las categorías conceptuales y lingüísticas de sus contemporáneos y
sigue las costumbres y los usos de su ambiente. Como
israelita es heredero fiel de la Antigua Alianza. Es un
hecho puesto de relieve por San Pablo cuando, en la
Carta a los Romanos, escribe respecto a su pueblo: "los
israelitas, cuya es la adopción, y la gloria, y las
alianzas, y la legislación, y el culto y las promesas;
cuyos son los patriarcas y de quienes según la carne
procede Cristo" (Rom 9, 4-5). Y en la Carta a
los Gálatas recuerda que Cristo ha "nacido bajo la ley"
(Gal 4, 4).
3. Como obsequio a la prescripción de
la ley de Moisés, poco después del nacimiento Jesús fue
circuncidado según el rito, entrando así oficialmente a ser parte
del pueblo de la alianza: "Cuando se hubieron cumplido los
ocho días para circuncidar al niño, le dieron el nombre
de Jesús" (Lc 2, 21).
El Evangelio de la infancia,
aunque es pobre en pormenores sobre el primer periodo de
la vida de Jesús, narra sin embargo que "sus padres
iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la
Pascua" (Lc 2, 41), expresión de su fidelidad a la
ley y a la tradición de Israel. "Cuando era ya
de doce años, al subir sus padres, según el rito
festivo" (Lc 2, 42), "y volverse ellos, acabados los días,
el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus
padres lo echasen de ver" (Lc 2, 43). Después de
tres días de búsqueda "le hallaron en el templo, sentado
en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles" (Lc 2,
46). La alegría de María y José se sobrepusieron sin
duda sus palabras, que ellos no comprendieron: "¿Por qué me
buscabais? ¿No sabíais que es preciso que me ocupe de
las cosas de mi Padre?" (Lc 2, 49).
4. Fuera
de este suceso, todo el periodo de la infancia y
de la adolescencia de Jesús en el Evangelio está cubierto
de silencio. Es un período de "vida oculta", resumido por
Lucas en dos simples frases: Jesús "bajó con ellos (con
María y José) y vino a Nazaret y les estaba
sujeto" (Lc 2, 51), y: "crecía en sabiduría y edad
y gracia ante Dios y ante los hombres" (Lc 2,
52).
5. Por el Evangelio sabemos que Jesús vivió en
una determinada familia, en la casa de José, quien hizo
las veces de padre del Hijo de María, asistiéndolo, protegiéndolo
y adiestrándolo poco a poco en su mismo oficio de
carpintero. A los ojos de los habitantes de Nazaret Jesús
aparecía como "el hijo del carpintero" (Cfr. Mt 13, 55).
Cuando comenzó a enseñar, sus paisanos se preguntaban sorprendidos: "¿No
es acaso el carpintero, hijo de María?..." (Cfr. Mc 6,
2-3). Además de la madre, mencionaban también a sus "hermanos"
y sus "hermanas", es decir, aquellos miembros de su parentela
("primos"), que vivían en Nazaret, aquellos mismos que, como recuerda
el Evangelista Marcos, intentaron disuadir a Jesús de su actividad
de Maestro (Cfr. Mc 3, 21). Evidentemente ellos no encontraban
en Él algún motivo que pudiera justificar el comienzo de
una nueva actividad; consideraban que Jesús era y debía seguir
siendo un israelita más.
6. La actividad pública de Jesús
comenzó a los treinta años cuando tuvo su primer discurso
en Nazaret: "...según su costumbre, entró el día de sábado
en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le entregaron un libro del Profeta Isaías..." (Lc. 4, 16-17).
Jesús leyó el pasaje que comenzaba con las palabras: "El
Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ungió para
evangelizar a los pobres " (Lc 4, 18). Entonces Jesús
se dirigió a los presentes y les anunció: "Hoy se
cumple esta escritura que acabáis de oír..."(Lc. 4, 21 )
7. En su actividad de Maestro, que comienza en Nazaret
y se extiende a Galilea y a Judea hasta la
capital, Jerusalén, Jesús sabe captar y valorar los frutos abundantes
presentes en la tradición religiosa de Israel. La penetra con
inteligencia nueva, hace emerger sus valores vitales, pone a la
luz sus perspectivas proféticas. No duda en denunciar las desviaciones
de los hombres en contraste con los designios del Dios
de la alianza.
De este modo realiza, en el ámbito
de la única e idéntica Revelación divina, el paso de
lo "viejo" a lo "nuevo", sin abolir la ley, sino
más bien llevándola a su pleno cumplimiento (Cfr. Mt 5,
17). Este es el pensamiento con el que se abre
la Carta a los Hebreos: "Muchas veces y en muchas
maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por
ministerio de los Profetas; últimamente, en estos días, nos habló
por su Hijo.." (Heb 1, 1). 8. Este paso de
lo "viejo" a lo "nuevo" caracteriza toda la enseñanza del
"Profeta" de Nazaret. Un ejemplo especialmente claro es el sermón
de la montaña, registrado en el Evangelio de Mateo Jesús
dice: "Habéis oído que se dijo a los antiguos: No
matarás... Pero yo os digo que todo el que se
irrita contra su hermano será reo de juicio"(Cfr. Mt 5,
21)22). "Habéis oído que fue dicho: No adulterarás: pero yo
os digo que todo el que mira a una mujer
deseándola, ya adulteró con ella en su corazón" (Mt 5,
27-28). "Habéis oído que fue dicho: amarás a tu prójimo
y aborrecerás a tu enemigo; pero yo os digo: amad
a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen"
(Mt. 5, 43-44). Enseñando de este modo, Jesús declara al
mismo tiempo: "No penséis que yo he venido a abrogar
la ley o los Profetas, no he venido a abrogarlas,
sino a consumarlas" (Mt 5, 17).
9. Este "consumar" es
una palabra clave que se refiere no sólo a la
enseñanza de la verdad revelada por Dios, sino también a
toda la historia de Israel, o sea, del pueblo del
que Jesús es hijo. Esta historia extraordinaria, guiada desde el
principio por la mano poderosa del Dios de la alianza,
encuentra en Jesús su cumplimiento. El designio que el Dios
de la alianza había escrito desde el principio en esta
historia, haciendo de ella la historia de la salvación, tendía
a la "plenitud de los tiempos" (Cfr. Gal 4, 4),
que se realiza en Jesucristo. El Profeta de Nazaret no
duda en hablar de ello desde el primer discurso pronunciado
en la sinagoga de su ciudad.
10. Especialmente elocuentes son
las palabras de Jesús referidas en el Evangelio de Juan
cuando dice a sus contrarios: "Abrahán, vuestro padre, se regocijó
pensando en ver mi día" y ante su incredulidad: "¿No
tienes aún cincuenta años y has visto a Abrahán?", Jesús
confirma aún más explícitamente: "En verdad, en verdad os digo:
antes que Abrahán naciese, era yo" (Cfr. Jn 8, 56-58).
Es evidente que Jesús afirma no sólo que El es
el cumplimiento de los designios salvíficos de Dios, inscritos en
la historia de Israel desde los tiempos de Abrahán, sino
que su existencia precede al tiempo de Abrahán, llegando a
identificarse como "El que es" (Cfr. Ex 3, 14) Pero
precisamente por esto, es El, Jesucristo, el cumplimiento de la
historia de Israel, porque "supera" esta historia con su Misterio.
Pero aquí tocamos otra dimensión de la cristología que afrontaremos
más adelante.
11 Por ahora concluyamos con una última reflexión
sobre las dos genealogías que narran los dos Evangelistas Mateo
y Lucas. De ellas resulta que Jesús es verdadero hijo
de Israel y que, en cuanto tal, pertenece a toda
la familia humana. Por eso, si en Jesús, descendiente de
Abrahán, vemos cumplidas las profecías del Antiguo Testamento, en El,
como descendiente de Adán, vislumbramos, siguiendo la enseñanza de San
Pablo, el principio y el centro de la "recapitulación" de
la humanidad entera (Cfr. Ef 1, 10).
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