Autor: P. Antonio Rivero, L.C | Fuente: Libro Jesucristo Psicología y temperamento de Jesús.
¿Cómo era el temperamento, la psicología de Jesús?
Psicología y temperamento de Jesús.
En una palabra, Jesús era impecable, es decir, libre
de toda imperfección y mancha moral ante Dios y los
hombres. Nadie pudo sorprenderlo en mentira o falla. Por eso
pudo decir: "¿Quién me argüirá de pecado?". Nadie pudo echarle
en cara un pecado. San Pedro así afirmó: "No hubo
pecado en él, ni engaño en su boca" (1 Pedro
2, 22).
Impecable significa santo. Jesús era santo. Tal convenía
que fuese nuestro Sumo Sacerdote: "Santo, inmaculado, apartado de los
pecados" (Hebr. 7, 26). En todo semejante a nosotros, menos
en el pecado.
En el concilio de Éfeso del
siglo IV se afirma que Jesús nunca cometió pecado. Y
en el segundo concilio de Constantinopla se condena a quien
diga que Jesús tuvo pasiones desordenadas carnales. Esta herejía y
esta profanación se ha vuelto a repetir en la famosa
película "La última tentación de Cristo". Esta postura es inaceptable
porque en Jesús hay equilibrio entre el mundo pasional y
el racional. El desequilibrio se da en nosotros, por culpa
del pecado original. Pero en Jesús no hubo pecado original.
Nació sin pecado, así lo dijo el ángel a María.
Jesús no tenía tendencia interior al mal, como nosotros. Y
las tentaciones del desierto o la de Getsemaní son tentaciones
extrínsecas, es decir, vienen de fuerzas exteriores, provocadas por el
Maligno. Y Jesús las rechaza al punto, porque en su
alma no había complicidad radical alguna con el mal. El
"Apártate, Satanás" tantas veces pronunciado por Jesús, es el reflejo
de la ausencia de complicidad pecaminosa en su interior.
El
historiador Ranke escribió esto de Jesús: "Nada más inocente, más
sublime y más santa ha existido en la tierra que
la conducta de Cristo, su vida y su muerte. En
cada una de sus sentencias sopla el puro aliento de
Dios. Son palabras de vida eterna. El género humano no
tiene recuerdo alguno que pueda ni de lejos compararse con
éste". Así Jesús llega a ser el ideal ético de
todos los tiempos y de todas las civilizaciones.
¿Qué decir
de esas reacciones fuertes de Jesús? ¿No son accesos de
ira y cólera con los vendedores del templo y con
la clase dirigente de entonces?
Santidad y perfección moral no
significa tener temperamento flemático, débil, apático, apagado. No. Jesús es
un hombre con energía moral, de temperamento fuerte y apasionado.
Y cuando está en juego la gloria del Padre y
la honestidad y honradez no duda en airarse. No tolera
la mentira, la falsedad, la doblez. Se indigna contra quienes
quieren falsear la religión y se creen justos. Podemos imaginarlo
con los ojos llameantes, los labios trémulos y las mejillas
abrasadas, porque "el celo de la casa de su Padre
le consume". Jesús no se queda en medias tintas.
Su ira no va contra las personas, sino contra la
actitud hipócrita y doble de esa gente dirigente.
Por tanto, su
semblanza moral estaba enriquecida con estas joyas: mansedumbre y comprensión,
exigencia y fuerza. No se excluyen. Es más, se complementan.
De
Él se dijo: "Nadie habló como Él." Detrás de esta
frase se esconde todo el mundo intelectual de Jesús.
¿Cómo
era la inteligencia de aquel que a los doce años
dejó boquiabiertos a los doctores de la ley? ¿Cómo era
la inteligencia de aquel que cuando hablaban todos estaban pendientes
de las palabras de gracia que salían de su boca?
¿Cómo era la inteligencia de quien pronunció el hermoso
discurso o sermón de la montaña, jamás superado por nadie?
La gente de su tiempo estaba asombrado ante Jesús, hasta
el punto de decir: "¿De dónde le vienen a éste
tales cosas y qué sabiduría era esa que le había
sido dada?". Otros decían: "¿Cómo es que sabe letras sin
haberlas aprendido?".
¿Cómo era la inteligencia de aquel que nos
describió lo más profundo y misterioso, el Reino de los
cielos, con imágenes tan sencillas y asequibles como la buena
semilla, el grano de mostaza, un poco de levadura, la
perla preciosa, la red que se echa al mar?
La teología
nos dice que Jesús tuvo tres tipos de ciencia:
Ciencia beatífica
intuitiva: por ser Dios, Él veía a Dios cara a
cara. Veía todo el pasado, el presente y el futuro.
Veía su vida, sus sufrimientos, sus trabajos, su apostolado, su
muerte en la cruz, su triunfo en la resurrección. Veía
las etapas de la Iglesia con todas las pruebas y
vicisitudes. Veía a sus hermanos los hombres, sus avances y
tropiezos, sus miserias y grandezas. Y todo esto le causaba
un doble sentimiento: por una parte, alegría, por el
bien que veía en muchos; y, por otra parte, pena,
por el mal que muchos perpetraban a sus semejantes con
guerras, crímenes e injusticias.
Ciencia infusa: es la ciencia que Dios
da a los ángeles y a gente privilegiada, que sin
haber estudiado, saben las cosas porque Dios se las infunde
en su inteligencia y en su espíritu.
Ciencia adquirida o
experimental: es la ciencia que vamos aprendiendo con el paso
de los días, gradualment. Así se entiende la frase del
evangelio: "El niño crecía en edad, sabiduría y en gracia
delante de Dios y de los hombres". Jesús era verdadero
hombre, por tanto, su conocimiento fue progresivo, como el conocimiento
de todo hombre. Jesús, pues, tenía una inteligencia brillante, intuitiva,
clara, concreta, basada en la realidad, donde extraía los datos
para su predicación. Era muy observador. Se fijaba en todo:
en los lirios, en los pajarillos, en los campos, en
las actitudes de los hombres. Sus ojos eran como una
cámara de fotos.
Psicología y temperamento de Jesús.
Hay psicologías
sanas, equilibradas, serenas, entusiastas, optimistas. Y hay psicologías enfermas, hipocondríacas,
esquizofrénicas, megalómanas, amorfas, raras, depresivas, pesimistas, asustadizas y desequilibradas.
Hay temperamentos
para todos los gustos: colérico, nervioso, apático, sentimental, apasionado, sanguineo,
superficial, profundo.
¿Cómo era Jesús? Es un hecho: Jesús ha sido,
es, y será un personaje excepcional desde todos los puntos
de vista. Ha partido la historia en dos: antes de
Cristo, después de Cristo.
A veces su modo de obrar
es extraño, hasta el punto que sus mismos parientes creen
que "ha perdido el juicio" (Mc 3, 21) y lo
quieren llevar a su casa porque creen que compromete el
honor familiar.
Los enemigos le acusan de estar poseído de
un espíritu maligno, porque su obrar y doctrina rompen con
los moldes recibidos del ambiente judaico (Mat 12, 24).
Otras veces
su conducta parece un poco extraña: hace barro en el
suelo con la saliva y unta los ojos de un
ciego; o mete los dedos en los oídos de un
sordo; o escribe con el dedo en el suelo o
arroja airado a los mercaderes del templo. ¿No sufrirá una
crisis nerviosa, no tendrá algún desajuste emocional o psicológico? ¿Quién
es éste que quebranta el sábado, que come y bebe
con pecadores? ¿Ha perdido los estribos?
Un maestro un tanto singular:
un maestro que no tenía lugar físico donde preparar sus
clases; no tenía escuela, no llevaba libros debajo del brazo.
Ni casa donde dormir.
¿Qué características podemos entresacar del temperamento
de Jesús, a la luz del Evangelio?
Espíritu equilibrado: a pesar
de que su vida se desarrolló en un ambiente de
lucha y fricción, dado que su mensaje era innovador y
chocaba constantemente contra las clases dirigentes de entonces, que le
consideraban intruso, Jesús les desenmascara terriblemente, con espíritu decidido, costase
lo que costase.
Y lo hace con espontaneidad, equilibrio, naturalidad, sinceridad...pero
también con tono y palabras punzantes, con argumentos contundentes y
serenos, hasta el punto que nadie se atreve a echarle
mano (Jn 7, 45).
Cuando quisieron sus paisanos despeñarle, con toda
naturalidad pasa en medio de ellos, sin nerviosismo ni excitación.
En su vida no hay bruscas alternativas, ni depresiones nerviosas
ni rectificaciones de conducta o de doctrina. Este equilibrio y
serenidad es reflejo de una armonía y equilibrio de su
alma segura y centrada en torno a una misión superior.
Dice
un autor de él: "Hombre verdaderamente completo, hombre de un
tiempo y de una raza apasionada de la que no
rechazó sino las estrecheces de miras y errores. Tiene sus
entusiasmos y sus santas cóleras. Conoce las horas en las
que la fuerza viril se hincha como un río y
parece desbordarse. Pero siempre permanece lúcido: nada de exageración, de
pequeñez, de vanidad, ningún infantilismo, ningún rasgo de amargor egoísta
e interesado. Agitadas, temblorosas, las aguas permanecen límpidas" (Grandmaison).
En
sus desahogos de cólera, su centro es el celo de
su Padre, que es el centro de su alma. Es
una reacción en defensa de los intereses superiores del Reino
de Dios. No busca sus intereses personales.
Espíritu lúcido y
voluntad decidida: lucidez, pues sabía a qué había venido, conocía
bien el plan que su Padre le había trazado. Lúcido
en su hablar y predicar. No desvariaba, no perdía la
memoria. Su hablar era coherente, reflexivo y brillante. Y al
mismo tiempo, tenía una voluntad decidida. Nada de blandenguería, ni
voluntad enfermiza o débil. Voluntad decidida, demostrada en términos tajantes:
"Si tu ojo...si tu mano...córtatelos".... "Dejad a los muertos enterrar
a los muertos"...."Dejen todo y síganme". Fue esta voluntad decidida,
la que hizo que algunas veces los apóstoles no se
atrevieran a preguntarle...estaban como sobrecogidos y con temor, a veces.
¡Qué decisión la de Jesús: "Que nunca salga fruto de
ti"!
Fiel a su misión: por eso rechazó las propuestas
de Satanás en el desierto. Por eso rechazó la propuesta
de la gente para hacerle rey temporal. Por eso rechazó
la propuesta de Pedro de quitarle la cruz y el
sacrificio. Por eso, al final de su vida pudo decir:
"Todo está cumplido".
Espíritu sincero y auténtico: en Cristo no
cabían las mañas, la manipulación de la gente, el engaño,
las palabras de doble sentido, la trampa.
Por eso, luchó a
muerte contra el espíritu doble e hipócrita de los fariseos,
a quienes trató duramente. No aguantaba la mentira. Por eso
dijo: "Vuestra palabra sea sí o no...no se puede servir
a dos señores...la lámpara de tu cuerpo es tu ojo".
Jesús no tenía máscaras. Era transparente: por eso lloraba, sentía
tedio y temblor, se compadecía, se enojaba...No era un estoico.
Nada tenía postizo. Por eso, desenmascara las trampas de los
fariseos: "Mostradme el denario...dad al César lo que es del
César y a Dios lo que es de Dios".
Espíritu
realista, no idealista: Jamás se oyó decir de Cristo
que tuvo éxtasis, es decir, momentos en que perdía el
control de los sentidos, por estar en contacto con el
mundo sobrenatural.
Nunca se desconectó del mundo sensible. Nunca estuvo
fuera de sí, como estuvo san Pablo o santa Teresa
o san Juan de la Cruz, a quienes Dios les
concedió estas gracias especiales.
Jesús era realista. Vivía a la intemperie.
Nunca estuvo enfermo. Esto nos demuestra que tuvo un equilibrio
orgánico y psíquico a prueba de todo. Quien anda en
éxtasis se siente descoyuntado, molido, con dolores musculares y orgánicos.
Jesús
vivía en la realidad. Y esa realidad era dura. Tanto
que le creaba tensión con su misión: "Tengo que recibir
un bautismo de sangre...las raposas tienen madriguera...vamos a Jerusalén". Jesús
no fue un idealista ni un soñador. Pisa en tierra
firme: "Dadles de comer...estoy conmovido". No es un sonámbulo. No
tiene espasmos nerviosos. No tenía sugestiones ni fanatismos.
Jesús nada
tiene de rarezas. Por eso, come, bebe, echa en cara,
discute, reza, motiva, llama la atención, se enoja.
Sus mismas
parábolas demuestran este espíritu realista: pescadores escogiendo los peces buenos;
los agricultores sembrando la buena semilla; los obreros esperando en
la plaza el contrato del día; la reacción de los
que trabajaron más contra los más favorecidos; la preocupación de
la mujer que perdió una dracma en la casa; la
súplica de la mujer ante el juez inicuo; los amigos
importunos que van de noche a pedir pan al amigo;
el rico que no se preocupa del pobre; los fariseos
que en las plazas hacen todo para ser vistos; la
madre que va a dar a luz; los lirios del
campo; los que entran al banquete sin llevar vestido de
etiqueta... ¡Qué ojo tan realista y observador! Nada se le
escapa. Con sus parábolas podríamos reconstruir el medio ambiente social
de su época.
Espíritu sencillo: la sencillez es la no complicación
ante Dios, los hombres y uno mismo. Es sinónimo de
naturalidad, autenticidad, transparencia. Por eso, en Jesús encontramos una fluidez
en la relación con su Padre. Y en el trato
con los hombres no tenía gestos teatrales, ni tonos altisonantes
ni espectacularidades para halagar a las masas.
No clamaba en las
plazas. Su vocabulario era sencillo, natural, simple, imaginativo y plástico.
Nos se iba a la abstracción; nos e andaba por
las ramas. No se daba a logicismos rabínicos eruditos. Natural,
sin afectación; natural, sin rarezas; natural, sin formalismos. Por eso,
pedía que los ayunos no se hiciesen en público, sino
en privado. Por eso, iba a los convites con gente
sencilla e incluso poco recomendable. No se complicaba. No se
hacía líos. No cavilaba. No buscaba dobles intenciones a las
cosas. Por eso, desenmascaraba a los fariseos, porque eran complicados
de mente, retorcidos, maliciosos, malpensados. Todo en Jesús es transparente,
auténtico, sincero: "El ojo debe ser el espejo del corazón".
Sencillez. Sencilla fue la llamada de cada apóstol. Nada de
truenos, ni de gritos, ni de espasmos. Nada de sueños
ni de visiones: "Ven y sígueme". Sencillez. Por eso, todo
lo decía de frente sin complicarse. Sencillez. Por eso, simplificó
los 503 preceptos judaicos en uno solo: Amaos.
Espíritu original e
independiente: A todos considera hermanos, no hay extraños ni extranjeros.
Todos somos hijos del mismo Padre Celestial. En tiempo de
Jesús imperaba un nacionalismo cerrado y de revancha contra el
extranjero. Jesús habla de universalidad, de fraternidad, de unir Oriente
y Occidente, donde se sentarán todos en el mismo banquete.
Original, también, al dar primacía y prioridad al valor ético,
interior, espiritual y no a la letra, que a veces
mata, si no está permeada de espíritu. "Habéis oído que
se dijo, pero Yo os digo...". ¡Qué postura tan valiente,
gallarda, independiente! "Nadie habló como Éste".
Por este espíritu de
independencia corrige la interpretación dada a las leyes antiguas, simplifica
todo, perfila, matiza. Todo sonaba nuevo, original: "Dar la otra
mejilla, devolver bien por mal, amar al enemigo, no permitirse
ni siquiera desea a la mujer del prójimo, perdonar, sólo
los enfermos necesitan del médico, buscar lo perdido, lo que
sale del corazón eso es lo que mancha...".
Por este
espíritu original, no promete un mesianismo terreno, político, social, sino
espiritual, donde los pobres, los afligidos, los humildes, los pacíficos,
los perseguidos son quienes tendrán su recompensa. Por eso su
doctrina, por ser nueva, pedía odres nuevos, corazones nuevos, mentes
nuevas. Si no, se echaría a perder el vino de
su mensaje.
Original y atrevido. Se considera superior a la ley,
al templo, al sábado, y con toda independencia y libertad,
cambia las antiguas costumbres que eran intocables: "Habla con una
mujer samaritana, come con pecadores, cura a extranjeros, se encara
con esos maestros de la ley, quebranta el sábado para
hacer el bien a los necesitados...".
Espíritu de mansedumbre, exento
de blandos sentimentalismos: No ha habido temperamento más comprensivo y
condescendiente con el prójimo que Jesús. Su espíritu de mansedumbre
culmina en su silencio, en su porte digno al ser
abofeteado. No es un silencio lleno de miedo e impotencia;
sino un silencio lleno de dominio y contención de las
pasiones irascibles. Jesús es una mezcla de majestad y dulzura.
Sabe condescender sin rebajarse; entregarse sin perder su ascendiente; darse
sin abandonarse.
Su dulzura y mansedumbre no significaba transigencia y
aprobación de situaciones injustas o de actitudes erradas. Por eso,
desenmascara la falsedad, la hipocresía, con frases duras y cortantes,
de las clases dirigentes judaicas. No se alza contra la
autoridad; al contrario, dice a los suyos que sigan sus
instrucciones, pero no su conducta. Vigoroso y suave, suro y
condescendiente. En el equilibrio de ambas tendencias está el carácter
perfecto.
Espíritu comprensivo y humano, sin concesiones a la demagogia:
Jesús era intransigente con el pecado e indulgente con el
pecador. Ahí tenemos a Jesús frente a la mujer adúltera
(Juan 8, 1s) y frente a esos judíos que trajeron
a esa mujer pública. Fue indulgente con ella, porque estaba
arrepentida, pero fue intransigente con el pecado de la mujer:
"Vete y no peques más". Y fue intransigente con esos
judíos: "El que de vosotros esté sin pecado, arroje la
primera piedra".
Ahí tenemos a Jesús frente a esa mujer samaritana
(cf. Juan 4). Jesús le puso ante su cara el
pecado: "Cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes
no es tu marido". Pero la fue llevando al arrepentimiento.
Jesús no tiraba las piedras contra los pecadores, como hacían
los fariseos. Era comprensivo con la debilidad humana. Pero era
intransigente con la mentira, la hipocresía, la falsedad, la ambición,
la comodidad. Por eso no dudó de hablar duro a
Pedro: "Apártate de mí Satanás" cuando Pedro quiso quitar del
plan de Jesús la cruz, lo difícil (Mateo 16, 21-23).
Aún resuenan las terribles palabras contra la actitud de esos
jefes religiosos: "Fariseos, sepulcros blanqueados, raza de víboras". Daban la
impresión de una virtud interior que no tenían.
Comprensivo con el
pecador humilde. Por eso perdonó al buen ladrón (cf. Lucas,
23, 39-43), a Zaqueo (cf. Lucas 19, 1-10). Pero esta
comprensión con la debilidad humana, estaba muy por encima de
la demagogia o condescendencia con las pasiones bajas de las
turbas. Por eso, no lanza un programa o un mensaje
facilitón, cómodo, de satisfacciones sociales en el orden terrenal; no
promete bienes terrenales, sino persecuciones, dificultades. Por eso, a los
que le siguen les pide renuncias terribles, negarse a sí
mismo, tomar la cruz...amarla a Él más que a sus
seres queridos.
Nada de concesiones a la sensualidad y a la
animalidad del hombre. Primero están los valores del espíritu, que
piden ascesis, trabajo, renuncia. Jesús no halaga, exige. Jesú no
cede, exige. No contemporaliza, exige. Nada de demagogias facilitonas, como
hacían otros mesías. Su mensaje era crudo: cruz, sacrificio, renuncia.
Y sin embargo, era el Pastor que busca esa oveja
perdida y cuando la halla, se alegra, la pone sobre
los hombros, hace fiesta. Era ese Médico que curaba las
heridas profundas del corazón de quien se acercaba humilde y
arrepentido. Eera ese Padre que se compadecía de esas turbas
hambrientas de su Palabra, y les alimentaba sin prisas, aunque
no tuviera Él tiempo para comer. Jesús, pues, era intransigente
con el pecado, pero comprensivo con el pecador. Para ello
se necesita tener un corazón noble, grande para amar y
fuerte para luchar.
Espíritu austero: austero, no al estilo de
Juan Bautista, que huye del mundo y de sus nobles
alegrías. Jesús no es un anacoreta que vive aislado en
el desierto, sin más compañía que la de los chacales.
El anacoreta se desconecta de la vida social, de sus
problemas y angustias. La misión de Jesús debía desarrollarse en
el bullicio de las ciudades, conviviendo con sus conciudadanos y
participando de sus preocupaciones. Los monjes anacoretas tenían este lema:
"Huye, reza, llora". Jesús, no. Jesús quiere santificar la vida
social en su propio ambiente, en contacto con las diversas
clases sociales de su tiempo.
¿Dónde está, pues, su austeridad,
si tenía que vivir en medio del mundo?
En su vida
personal había abrazado la más estricta pobreza. No tenía dónde
reposar la cabeza. Tenía otro alimento distinto. Austeridad, como ese
tener lo esencial, vivir con lo esencial; en comida, vivienda
y vestido. Austeridad, como libertad interior. Cuanto menos se tiene,
más libre se siente Jesús.
Su mensaje, por otra parte, exige
austeridad, renuncia: "No acumuléis tesoros en la tierra, donde la
polilla corroe"... "¿De qué le sirve al hombre ganar el
mundo entero...?"... "Una cosa es necesaria". Pide, pues, austeridad, para
desembarazar el espíritu a fin de que vuele con mayor
libertad hacia la santidad. Pide perder la vida material, para
salvar el alma espiritual. Como el cirujano que amputa un
miembro, para el bien del todo. Pide vender todo lo
material para comprar la perla preciosa de su amistad, de
su gracia, de su Reino.
Nada tiene valor para Jesús,
sino en función de su dimensión religiosa y espiritual. Por
eso lo material debe ocupar un lugar secundario en la
vida del cristiano. Si no hay renuncia en la vida,
no hay clima propicio para el desarrollo de los valores
espirituales. Su mensaje, por tanto, supone un programa de renuncia.
No nos hagamos ilusiones: para entrar en el Reino de
los cielos hay que desprendernos. La austeridad nos ayuda a
elevar la mirada a las cosas de arriba, y a
desprendernos de las cosas, afectivamente, primero, y efectivamente, después.
Espíritu
razonablemente afectivo: la actitud de austeridad y desprendimiento ante la
vida en Jesús no está reñida con un temperamento afectivo,
cálido, cordial.
Austeridad no significa adustez, insensibilidad, frialdad en el trato
con los demás. La austeridad regula esa tendencia de todo
hombre a tener más de lo necesario. La afectividad es
una cualidad que todo hombre tiene que desarrollar en el
marco de un equilibrio, y que le hacer ser más
hombre.
¿Cómo demostró Cristo su afectividad?
En los Evangelios se
nos habla de su predilección por los niños, símbolo del
candor y humildad, necesarios para entrar en el Reino. Con
sus apóstoles fue afectuoso y el Evangelio no esconde que
Jesús tuvo predilección con algunos: Pedro, Santiago y Juan. A
pesar de la rudeza de aquellos pescadores, Jesús tuvo detalles
de delicadeza y afectividad: cuando les vio cansados, los llevó
a la otra orilla a pasar un fin de semana.
En la Última Cena los llama: "hijitos míos" y les
deja el testamento del amor, como sello de su pertenencia.
Les lava los pies.
Cuando les manda al apostolado se preocupa
de que no les falte nada. Fue compañero de fatigas
y sinsabores, de alegrías y sobresaltos de esos doce íntimos.
Con ellos desarrolló una afectividad sana, equilibrada y orientada al
bien. La afectividad unida a la amistad crea lazos irrompibles,
estrechos y duraderos.
Antes de partir al Padre, Jesús les conforta,
les anima y les promete un Consolador, el Espíritu Santo.
Les promete su asistencia hasta el final de los tiempos.
Hoy diríamos: "Jesús tenía corazón". Esto es la afectividad. La
misma Eucaristía fue regalo de esta afectividad inigualable que desembocó
en amor íntimo y oblativo.
Las lágrimas que Jesús derramó en
varias ocasiones demuestran que Jesús no era una persona adusta
o insensible, sino, al contrario, con una capacidad de afectividad
fina. Le dolía que no le aceptaran como Mesías. Le
dolía la suerte de su pueblo. Le dolía la injusticia,
la explotación, el sufrimiento de su gente. Le dolía la
ingratitud. Le dolía la terquedad de algunos.
CONCLUSIÓN Hemos visto todo
un mosaico de virtudes en Jesús. Virtudes en plena armonía,
que forman la rica personalidad de Cristo, su mundo psicológico
y afectivo. Estas virtudes las vivió Jesús de un modo
sereno, límpido, natural, sin tensiones. Cristo representa el equilibrio, el
ideal más puro de la Humanidad. A Él tenemos que
mirar todos, por ser el Camino, la Verdad y el
Modelo
A modo de conclusión, hagamos un breve resumen de cuanto
se ha dicho: ¿Cómo era Jesús?
Ante su Padre: obediente, agradecido,
atento, solícito, amoroso, delicado, respetuoso.
Ante los hombres: Demuestra un gran
interés por el hombre, por cada hombre. Le ama con
compasión, le habla con sencillez, le corrige con bondad y
con exigencia amorosa para que se convierta; le urge la
conversión del hombre. Quiere hacerle salir de su reducido mundo,
abrirle horizontes, darle alas para que comprenda lo que es,
lo que puede ser. Desea hacerle superar lo inmediato para
que vea lo profundo de su vida y de su
actuación. Usa términos absolutos: nadie, todos, perderse, salvarse; no se
queda en las ramas, va a las raíces (Mc 8,
35; Mc 9, 43-44). Utiliza las narraciones o parábolas para
iluminar las actitudes que el hombre debe tener en su
vida, para enseñarle cómo debe actuar para ser mejor: el
sembrador y su cosecha (Mt 13), obrero y trabajo (Mt
20, 1-16), servidor y señor (Lc 12, 45-47), ladrón (Lc
12, 39), padre e hijo (Lc 15, 11-32), administrador y
el rico (Lc 16, 1-8); rico y pobre (Lc 16,
19-31), negociantes y casas de préstamo (Lc 19, 12-23), invitados
a la boda (Lc 14, 8-12), gobernantes y súbditos (Mt
20, 25). También usaba paradojas y enigmas para hacerle pensar
al hombre, animarle a buscar. Emplea el género apocalíptico para
recordar la inseguridad del hombre, el juicio al está sometido,
la soberanía de Dios, su paciente espera, su justicia, la
maldad del pecado, la necesidad de estar vigilante (Mt 24,
36; 24, 27-28; Mt 25). ¿Desde dónde enseña al hombre?
Cualquier parte es púlpito: plazas, caminos, a orillas del lago,
sinagoga, banquetes, templo, etc. ¿Cómo enseña? Con autoridad, con decisión,
con paciencia y bondad.
Ante las cosas: amor y respeto por
la naturaleza. Se ha fijado en todo: pájaros (Lc 9,
58; 12,6), los cuervos (Lc 12, 24), los lirios (Lc
12, 27), la hierba del campo (Lc 12, 28; Mt
6, 30), las vides y los sarmientos (Jn 15), las
uvas y los espinos, los higos y los cardos (Mt
7, 16), los juncos y hierbas agitados por el viento
(Lc 7, 24), las nubes en el cielo (Lc 12,
54), el viento (Jn 3, 80), la gallina (Lc 13,
34). Y todas las cosas las relaciona con el Padre,
con el mundo espiritual. Todo es huella de Dios. Tiene
en cuenta los hechos sociales, civiles y religiosos, cotidianos. Utiliza
símbolos que transportan a una realidad profunda: sal, luz, candil,
perfume, polilla, carcoma, viga, perla, roca, río, viento, casa, red,
tesoro, grano de mostaza, grano de trigo, cizaña, etc. Todo
le servía a predicar su mensaje divino. Jesús se da
cuenta de las relaciones humanas, comerciales, política y religiosas, que
se dan en la sociedad en que vive.
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Me gusto mucho este artículo de la Psicologia de Jesús, nos enseña a verlo desde otra optica y aprender más sobre Él, ojala y pudieramos tener más enseñanza de este tipo para trasmitirlo a nuestras comunidades.
Excelente! No le falta nada, está completo! Le felicito, y le agradezco por compartir éste conocimiento y estudio. Que el Señor le aumente la sabiduría, y le conceda nuevos dones.
exelente y de manera clara y sencilla nos enseña como fué jesus y eso nos obliga a seguir sus huellas con mas clridad y no perdernos en el camino de la vida diaria.
Me ha gustado mucho porque no teoriza, sino que desciende a los detalles de modo que en nuestra pequeñez podamos imitarle en algo. Sería bueno que cada uno se pusiera pequeñas metas en este camino de seguir al Maestro.
Nosotros solos no, Jesús ya lo advierte, pero con Dios sí podemos alcanzar la santidad.
Y ya sabemos que las virtudes se refuerzan unas a otras.
ES TODO MUY LARGO, YO SOLO NECESESITO SABER COMO ES
PARA UNA TAREA ESCOLAR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
MUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUY LARGO, TIENEN QUE SER MAS
SIMPLES!!!!!!!
no cave dudael hombre perfecto
solo jesus
los felicito por este tema tan hermoso
yo creo k los que amamos a DIOSeste tema nos deja mas k enamorados y nos motiva a buscar de el mas y mas cada dia
ahora se a kien ama mi alma y de kien estoy enamorada con razon yo decia el hombre k yo amo no exciste aki en la tierra me gustaria saber mas hacerca de la vida de jesus
Muchas Gracias Señor por tu perfecta voluntad, acúerdate de nosotros indignos de tu amor y salvación.
Y acuúerdate Salvador mio que te necesito para amarte, como el hombre necesita a DIOS para vivir.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos, y por toda la Eternidad en CRISTO. Amén!
:)
En verdad una gran sensibilidad del autor de el presente documento, debe ser una persona enviada por el maestro Jesucristo para aclarar un poco la confusion que nos produce la ignorancia, en lo particular agradesco a Dios por permitirme ampliar mi entendimiento respecto a la verdadera personalidad del Maestro y eso me motiva a continuar indagando, GRACIAS A CATOLIC.NET por esa gran labor que realizan
Publicado por: bendito seas HNO POR PUBLICAR TREMENDA ENSEÑAZA ME GUUSTARIA RECIBIR MAS DE ESTE ALIMENTO PARA COMPARTIRLO CON LAS HNAS QUE NOS REUNIMOS SEMANALMENTE
Fecha: 2011-07-16 11:33:31
Estoy muy gozosa de haber conocido esta pagina e aprendido mucho en una peque ña parte de esta enseñanza no la e terminado de leer pero mas tarde lo are es de gran bendicion para mi espiritu el poder conocer mas a jesus . a trvez de este estudiomuchas Gracias Hnos
En primera instancia agradezco esta enseñanza sobre todo los razgos de Jesus quien nos invita a ser como EL,me transporta al mundo de EL al mundo actual,que no ha cambiado nada por eso JESUS ES ahora y siempre y su Palabra es eterna.
Gracias por su entusiasmo en colocar estas enseñanzas en su página Dios los siga bendiciendo.
De acuerdo con Laura: Por qué hemos complicado
tanto el ejemplo y mensaje de Jesús? Por qué no
imitamos su llaneza, su Amar sin medida? La medida
para Amar es Amar sin medida, como dijo Teresa de
Calcuta.
Jesús no tuvo éxtasis ni expresiones exageradas
como tuvieron algunos Santos... creo que aún nos
falta mucho para entender el mensaje de Jesús.
Salu2
hola amigos de Catholic.net yo leo muy amenudo sus interesantes artículos de religión de los cuales he tomado algunos temas para exposición, soy estudiante de teologia en la ciudad de babahoyo donde yo vivo,necesito que me ayuden a encontar temas relacionado con DIOS PADRE para prepararme para unas clases de Biblia que me toca exponer por tres meses a un grupo de personas adultas que están siguiendo este curso.Gracias, atentamente su amiga Laura.
Al llegar a la parte final de la conclusión del artículo Psicología y temperamento de Jesús, me hice una reflexión: ¿Cómo es que con este modelo tan maravilloso de Jesús, nosotros seguimos más sordos, más mudos y más ciegos que los que Jesús sanó?. ¿por qué no somos capaces de ser como Él austeros, afectivamente primero y efectivamente después?. Soy estudiante de Teología, vivo en la ciudad de Babahoyo, Ecuador. busco temas relacionados con el tema DIOS PADRE para clases de estudio de Biblia.
¡Excelente! Este artículo nos ayuda a entender, a conocer mejor a nuestro querido Jesús, su vida, sus experiencias, su apostolado. Verdaderamente, Dios es grande. No tengo palabras para expresar mi agradecimiento al autor.
CON TODO FRESPETO Y SINCERIDAD, LOS FELICITO POR TAN INTERESANTE TEMA, EL CUAL A MI EN LO PERSONAL ME AYUDA MUCHO, TANTO EN MI TRABAJO PARA LA ESCUELA DE PASTORAL PROFETICA A LA CUAL ASISTO, COMO PARA IMPARTIR LA CATEQUESIS DE "MIS NIÑOS" Y JOVENES DE LA PARROQUIA DE MI COMUNIDAD, DE LA CUAL SOY CATEQUISTA Y COORDINADORA. QUIERO AGREGAR QUE NO TAN SOLO ESTE TEMA, SINO TANTOS Y TANTOS QUE DE ESTA PAGINA HE SACADO. GRACIAS POR DAR ESTE APOYO Y QUE EL E. SANTO LOS SIGA INSPIRANDO. DIOS LOS BENDIGA.
Excelentísimo articulo para personas que queremos imitar a Cristo.Hace un estudio técnico y en especial humano de Jesús.Muchas felicitaciones por este artículo