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Autor: Santiago Pérez Santana | Fuente: Libro La Sábana Santa. Datos sobre su autenticidad.
¿Quién nos asegura que no es una obra de arte hecha por cualquier artista? ¿Cómo sabemos que envolvió el rostro de Jesús y no el de otro? Algunos datos...
Palinología.
Es la ciencia que estudia las
diversas clases de pólenes que existen en las plantas; cada
especie tiene un polen microscópicamente distinto y completamente identificable con
respecto a todas las demás especies.
Max Frei, palinólogo suizo de
la Interpol, ha estudiado a fondo la Sábana desde la
objetividad de su disciplina. Aplicando cintas adhesivas ha encontrado más
de 99 pólenes distintos, sacando el siguiente cálculo:
13
pólenes plantas exclusivas Francia central. 16 pólenes área Piamonte. 18 pólenes área
Constantinopla. 18 pólenes área Anatolia Central. Turquía oriental. Edesa. 11 pólenes área
Mar Muerto. 23 pólenes área Jerusalén.
Todo esto sin contar el número
de pólenes de plantas comunes a todas estas áreas. Cabe
además otra puntualización muy importante, pues en el Sudario aparecen
pólenes de plantas pertenecientes a Palestina que desaparecieron después del
siglo I. Estas plantas han sido encontradas fosilizadas en los
estratos sedimentarios de hace dos mil años en el Mar
Muerto.
Este polen nos concluye algo muy importante. ¿Cómo un falsificador
de la Edad Media iba a pensar que en el
siglo XX se harían estudios microscópicos de la Sábana y
que con ellos se iba a encontrar el polen -desconocido
entonces- de una planta palestina que sólo se encuentra en
estratos sedimentarios de Tierra Santa, porque ya ha desaparecido? El
supuesto falsificador de 1260 tuvo que ir entonces a Palestina,
ocupada por los musulmanes y en plenas cruzadas, hacer excavaciones,
conocer que tal planta ya había desaparecido, arrancarle microscópicamente el
polen (el microscopio se descubrió en el siglo XVII) y
dejarlo caer sobre el lienzo tal y como lo hace
la naturaleza. Todo esto con la única intención de engañar
a los futuros científicos. Lo absurdo de tal hipótesis nos
conduce a una conclusión lógica e irrefutable: esta Sábana estuvo
en Palestina en el primer siglo de nuestra era.
Max Frei,
de cuyo juicio perital ha dependido alguna sentencia judicial, concluye;
"para mí no cabe duda, esta Sábana estuvo en Palestina
en el siglo I y se confirma toda la historia
conocida de ella". Esto no nos dice que el crucificado
sea Jesús, pero cierra definitivamente el capítulo del carbono 14
y nos enmarca dónde y cuándo estuvo el lienzo.
El leptón.
Los ojos del Hombre de la Sábana
aparecen extrañamente abultados, tanto que viendo sólo el rostro da
la sensación de tenerlos abiertos. Esto dio lugar a que
la iconografía representase en ocasiones a Jesús con los ojos
saltones.
El descubrimiento de las supuestas monedas sobre los ojos lo
realizaron en 1977 los científicos que descubrieron la tridimensionalidad del
Lienzo con el VP8, al analizar las fotografías del rostro.
En 1979 el P. Francis Filas S.I. de la Universidad
de Loyola en Chicago (E.E.U.U.), amplió al máximo con microscopio
electrónico la zona ocular de la figura, y afirmó que
este Hombre tiene sobre los párpados 2 monedas, lo que
confirma, según él, la usanza de los enterramientos judíos y
de tantos pueblos antiguos, que colocaban monedas sobre los párpados
para mantener los ojos cerrados.
El P. Filas y algunos numismáticos,
llegaron a identificar la moneda, que aparece más nítida en
el ojo derecho que en el izquierdo. Se trata de
un leptón, moneda acuñada por Poncio Pilato y que circuló
en Palestina entre los años 26 y 36 de nuestra
era. Existen ejemplares de esta moneda en colecciones numismáticas; el
leptón no representa ninguna figura humana si no un cayado,
utilizado por los augures o adivinos romanos, llamado lituus. Las
figuras de los leptones solían ser palmeras, ánforas u otros
adornos. Pilato acuñó su leptón con esta figura del culto
pagano para mortificar el ánimo de los judíos. Años más
tarde su inconsideración e imprudencia le costarán el puesto.
En las
ampliaciones se distinguen las letras UCAI, que pertenecen a las
palabras completas TIBEPIOUCAICAPOC. La duda más fundada de esta suposición
es que la palabra CAICAPOC, debería estar escrita con K
inicial y no con C. Como respuesta podemos decir que
resulta conocida entre los numismáticos la mala calidad con que
Pilato acuñaba sus monedas, incluso con errores ortográficos. Existen además
en colecciones algunos leptones con el mismo error.
Ha habido autores
tan prestigiosos como Luigi Fossati o Mons. Giulio Ricci, que
niegan la existencia de estas moneditas sobre los ojos del
Crucificado. Mons. Ricci atribuye tal abultamiento a una concentración de
materia orgánica en la cuenca de los ojos; para él
además, las supuestas letras están fuera del eje de lo
que deberían ser las monedas. Por otra parte trata también
el tema de los enterramientos judíos en la época de
Cristo, afirmando que no consta sino hasta la Edad Media,
que los judíos utilizasen este tipo de monedas "impuras" sobre
los cadáveres para mantener los ojos cerrados. Además hace referencia
a los errores ortográficos de las monedas, y sostiene que
son otra prueba del error de la hipótesis del leptón.
Este último punto ya lo hemos tratado más arriba y
parece zanjado; en relación a las otras tres objeciones de
Mons. Ricci podemos decir que las letras que aparecen en
las ampliaciones, no están fuera del eje de la moneda.
La mala acuñación del leptón y el desgaste por el
uso hacían que esta moneda no tuviese en muchos casos
ni siquiera la forma circular (como en los ejemplares de
las colecciones existentes), lo cual le confiere una forma extraña,
especialmente en una fotografía como es el caso de la
Sábana. Creemos que no se trata tampoco de concentración de
materia orgánica, ya que tanto las letras como el cayado
aparecen bastante claros. Se han encontrado más de 74 puntos
de coincidencia entre los leptones existentes y las marcas del
ojo del Hombre de la Sábana; una figura tan complicada
no puede formarse simplemente por casualidad.
En cuanto al modo de
enterramiento judío, se descubrió a final de los años
setenta una necrópolis del siglo I cerca de Jericó. En
una de las tumbas se encontraron dentro del cráneo del
cadáver dos monedas de Herodes Agripa (41-44). Esto parece confirmar
la usanza judía en relación con la Sábana.
Por otra parte
si admitimos la veracidad de la existencia del leptón en
los ojos del Crucificado, lo cual parece muy probable, tenemos
prácticamente la fecha del enterramiento del cadáver, pues sólo circuló
en un período muy determinado y en una zona geográfica
perfectamente localizada; lógicamente quien efectuó la sepultura del cuerpo empleó
la moneda de uso corriente, la que tenía más a
mano.
Aunque no podemos negar los fundados argumentos (arqueológicos, históricos, e
incluso la disposición física del cadáver en en el sepulcro)
en contra de esta hipótesis, la presencia de estas imágenes
en las fotografías parece garantizar su validez.
Letras en el Rostro.
El químico-farmacéutico Dr. Piero Ugolotti junto con
el profesor Aldo Marastoni de la Universidad de Milán, descubrieron
hace unos años unos restos de inscripciones escritas en lenguas
y alfabetos diversos, sobre el Rostro de la Sábana.
Encima
de la ceja derecha se distinguen tres letras en arameo
(tau)(wau) que no significan nada. En el centro de la
frente existen restos de una palabra latina IBER. Otras letras
latinas se entrevén en la impronta de la cara.
¿Qué explicación
tiene esto?
En la defensa de C. Rabirio, Marco Tulio
Cicerón emplea la antiquísima formula de condenación a muerte de
cruz usada por los Duunviros: I, lictor, colliga manus, caput
obnubito, arbori infelici suspendito; "ve, lictor, átale las manos, vélale
la cabeza y suspéndelo del árbol de la cruz". Es
decir, se cubría la cabeza del condenado después de la
condena a muerte, en el momento previo al via crucis,
con una mitra o capucha de ignominia, en la que
se escribía la sentencia, el nombre del reo y el
emperador reinante. El Evangelio no hace ninguna referencia a esto
ya que, además de ser muy parco en la Pasión
física de Cristo, nadie, ni siquiera san Juan, estuvo dentro
del pretorio para poder verlo.
Al condenado no le escribían estas
letras sobre la cara, sino que lo hacían sobre la
capucha. El sudor y la sangre pegaron las letras al
rostro. En la Sábana no aparece pintura sino puntos menos
claros de la imagen del rostro, que no pueden deberse
a la casualidad. En los lados izquierdo y derecho de
la cara se distinguen dos inscripciones, que forman las palabras
latinas IN NECE, faltando la m del acusativo por tratarse
del latín vulgar de la soldadesca. En la parte derecha,
aparecen las letras S NAZARE, que se trata evidentemente de
IESUS NAZARENUS. El IBER de la frente corresponde a TIBERIUS
CAESAR.
Las inscripciones del Rostro serían pues:
TIBERIUS CAESAR IESUS NAZARENUS IN NECEM
TIBERIO CÉSAR JESÚS
NAZARENO CONDENADO A MUERTE
La identificación está concluida. Estamos ya en condiciones
de pronunciar un Nombre.
La flagelación.
Imagen: La Flagelación Autor: Caravaggio
La Sábana es mucho más precisa aquí que los evangelistas.
Estamos ante un castigo anterior a la condena de muerte,
pues bajo las escoriaciones en la zona escapular izquierda y
sobrescapular derecha, producidas por cargar el madero del patibulum, aparecen
claras las huellas de las heridas de los azotes. Esto
no es lo usual ya que los romanos flagelaban a
los condenados a morir en cruz, sólo durante el trayecto
al lugar de la crucifixión; la flagelación constituía una pena
en sí y nadie podía ser condenado dos veces por
el mismo delito o serle impuestas dos penas diversas. Jurídicamente
es, dentro del derecho romano, un caso excepcional. Un administrador
de justicia romana no podía permitirse tales errores pues con
ello se jugaba el puesto. Recordemos por ejemplo la condena
de san Pablo y como el procurador se atemorizó cuando
oyó que Pablo era ciudadano romano y que no había
cumplido con él lo prescrito por el derecho. Es cierto
que Cristo, al no ser ciudadano romano era poco más
que una "cosa", que una res; pero existía también un
ius gentium que protegía a todos los no romanos, a
los súbditos del Imperio.
Presenta Jesús 121 golpes ternarios, infligidos por
dos sayones forzudos, situados a ambos lados del reo, uno
más alto que el otro. Eran expertos en su oficio,
pues le cubrieron metódicamente de golpes en todo el cuerpo
(pecho, vientre, piernas, espalda, incluso detrás de las orejas y
en el órgano genital). Fue un castigo del que debía
salir con vida, y por eso no golpearon la parte
izquierda del pecho; los verdugos sabían que si golpeaban la
zona del pericardio, el reo habría muerto en pocos minutos.
Se le hubiese producido una pericardiatis serosa traumática. Volvemos a
encontrar en este punto una coincidencia plena con el Evangelio;
Pilato se dijo "así que le castigaré y le soltaré"
(Lc. 23, 16).
Por la dirección de los golpes, se puede
deducir que Cristo estaba encorvado sobre una columna baja, pues
la espalda presenta mayor número de marcas al ofrecer más
superficie de contacto.
No eran pocos los que morían en la
flagelación, aunque sólo se trataba de un castigo. Fue flagelado
completamente desnudo, pues no presenta en ninguna parte del cuerpo
señales de atenuación por la ropa y san Mateo así
lo subraya. La distribución de los golpes es perfecta, lo
que descarta la flagelación desordenada a la que son sometidos
los reos durante el camino al lugar de la ejecución.
Las
fotos ultravioletas nos revelan el sadismo escalofriante de los verdugos,
pues se ensañaron en la parte delantera superior de la
pierna, junto a las ingles.
Había entre
los romanos, varias clases de golpes o flagelaciones:
Ciudadanos romanos; con
varas verdes y flexibles, menos degradante.
No romanos: Iorum: amorataba las carnes
(correa ancha).
Flagrum: las destruía (2 ó 3 correas estrechas).
Flagellum: empleado
con Cristo. Constaba de 2 ó 3 tiras o nervios
de 35 a 40 cm. que en su punta tenían
pedazos de hueso o de metal que cortaban y desgarraban.
La imagen. Todo comenzó cuando Secondo Pía, abogado y aprendiz
de fotógrafo, obtuvo en 1898 el primer permiso para fotografiar
la Sábana. Al efectuar el revelado descubrió algo impresionante; lo
mismo sucedió en 1931 al volver a fotografiar el lienzo:
La imagen del Sudario se comporta como un verdadero negativo
fotográfico, siendo el negativo de la fotografía tomada, la imagen
positiva y real. Todo en la Sábana está en negativo,
salvo las manchas de sangre, que están realmente sobre la
tela y presentan, su color rojo oscuro natural.
No es
una pintura: ¿Por qué?
No hay pinceladas, no hay delimitación
de imagen, no hay contornos delimitados como usaban los pintores
de la Edad Media y Renacimiento, la imagen de la
Sábana, por sus toques vaporosos, recuerda más bien a ciertos
impresionistas del siglo XX.
Aun las partes más coloreadas de
la tela, las más marcadas, no contienen rastro alguno de
pintura; analizada la tela con lupa o microscopio no presenta
signo de laca, pastel, óleo o lápiz. La imagen, en
tales aumentos, desaparece y sólo quedan los hilos limpios y
chamuscados.
Un miembro de la NASA, perteneciente al proyecto STURP,
afirmó que fuera de una pequeña cantidad de óxido de
hierro, no encontraron en la Sábana pigmentación alguna. Este óxido
fue encontrado en las manchas de sangre en la misma
proporción que se halla en ésta.
En ningún momento aparecen
pinceladas o la dirección de ellas que cualquier artista imprime
a su obra.
La pintura, por definición, tiene una base
líquida, y en la Sábana no aparece ningún resto de
fluido, ni las fibrillas de la tela presentan una absorción
de liquido como lo hace cualquier tela o algodón.
Nadie
en la Edad Media, era capaz de imaginarse un negativo
fotográfico. Si comparamos la imagen con las copias que de
ella se hicieron, vemos que los artistas incluso de la
talla de Durero, no supieron interpretar lo que veían. Aun
conociendo hoy la fotografía es poco menos que imposible pintar
un negativo fotográfico perfecto, es decir, que al ser fotografiado
nos dé un positivo perfecto.
Supongamos por un momento que
se trata de una falsificación pictórica medieval; el artista tuvo
que pintar la figura a más de 2 metros, pues
a menos de esa distancia no se distingue la imagen;
así pues el falsificador debió utilizar un pincel de 2
mt de largo y pintar sin contornos definidos, algo absurdo
en todas las corrientes pictóricas de todos los tiempos. Utilizó
también una pintura que no contenía óleo ni agua y
un microscopio de gran aumento para mover el pincel (imposible
sin un brazo robótico hidráulico del siglo XX). Tuvo que
utilizar también autentica sangre de un tipo sanguíneo muy raro
en Occidente; el AB, que sólo se da en un
3 % de la población, siendo muy habitual en Oriente
Medio. Además, la sangre que aplicó a las diversas heridas
era tanto premortal (de un hombre vivo) como postmortal (la
sangre de la herida del costado es de un hombre
muerto). Curiosamente Miguel Servet no descubriría la circulación sanguínea hasta
siglos después...
Utilizó también suero para aplicar a las marcas
de los azotes, tierra para las escoriaciones de las rodillas
y de la cara y lodo, imperceptible a simple vista,
en los talones.
Otras muchas teorías se han elaborado sobre
la formación de la impronta, como la del calco de
una estatua de esas dimensiones con ácido sulfúrico, como la
del estampado,... Todas han sido refutadas por los científicos.
Otro
dato interesante es que la Sábana es la única fotografía
tridimensional del mundo. Es decir, la intensidad del colorido de
las imágenes es inversamente proporcional a la distancia que separaba
en cada punto la tela del cadáver fotografiado. La impronta
es más intensa en aquellos puntos en que la Sábana
estaba más pegada al cuerpo. Con ello podemos calcular incluso
el volumen exacto del cuerpo que formó la imagen. En
este descubrimiento realizado por los científicos de la NASA Jackson,
Jumper y Miller en 1975 se ha utilizado el VP8,
aparato destinado a investigar la orografía de los planetas sobre
los distintos juegos de fotografías conseguidos por los satélites.
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