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Autor: P. Antonio Rivero, L.C | Fuente: Libro Jesucristo. Fuentes cristianas.
¿Existen documentos históricos que corroboren la veracidad de la figura de Jesús?
Fuentes cristianas.
El Nuevo Testamento. Los testimonios cristianos que poseemos vienen recogidos
en el Nuevo Testamento y forman un conjunto de 27
escritos. Hay que decir que el Nuevo Testamento no es
un libro de historia. Es un conjunto de libros que
contiene el anuncio del mensaje de la fe. Hay en
él muchos datos históricos, más que en el resto de
los libros no cristianos, pero lo más importante es la
fe y la conversión. Por lo mismo, no podemos mirar
estos libros con ojos de historiador, sino con corazón de
creyente.
También hay otros libros cristianos que hablan de Jesucristo,
pero no han sido recibidos por la Iglesia como auténticos
y revelados. En ellos cuenta más que la fe y
la historia la exageranción maravillosa, la admiración humana milagrera, las
reflexiones particulares. A estos libros se les llama Apócrifos.
El Nuevo Testamento está compuesto por:
Los Cuatro Evangelios (Mateo, Marcos,
Lucas y Juan.)
Los Hechos de los Apóstoles.
Las catorce Cartas de
San Pablo.
Las siete cartas llamadas católicas (de Santiago, 1 y
2 de Pedro; 1, 2 y 3 de san Juan,
y Judas Tadeo)
El Apocalipsis.
Los evangelios son la fuente
más importante sobre la historicidad de Jesucristo. Fueron escritos a
la luz de la Pascua. Los redactores se sirvieron de
documentos escritos anteriores, en una primera recopilación, e investigaciones personales,
al tiempo que daban a sus escritos una propia intencionalidad
teológica. Uno de estos documentos anteriores es la llamada Quelle
(fuente en alemán) que recogía discursos y logia (frases cortas
memorizables) de Cristo, existente ya en los años cuarenta, que
fue utilizada por Lucas y Mateo. Otra fuente escrita es
la conocida con el nombre de "triple tradición", que recoge
los hechos de la vida de Cristo, de la que
dispusieron los tres sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas). Disponemos de criterios
válidos que nos permiten escuchar, si no las "mismas palabras
de Jesús" (obsesión del siglo pasado), al menos el mensaje
auténtico de Jesús y alcanzar unos hechos "sucedidos de verdad"
que pertenecen a Jesús de Nazaret.
Además, son camino
para un encuentro con el Jesús verdadero, pues son la
fuente principal para conocer a Jesús. Ahora bien, los Evangelios
no son una biografía en el sentido moderno. Son, en
realidad, una recopilación del mensaje y los hechos fundamentales de
Cristo, escritos para comunicar la fe en Él. Estos hechos
y estas palabras de Cristo, antes de ser puestos por
escrito a principios de los años sesenta por los sinópticos
y el año cien por Juan, la comunidad primitiva cristiana
los había transmitido en su liturgia y en su predicación.
En
los Evangelios encontramos una verdadera historia de Cristo: "La Santa
Madre Iglesia ha sostenido y sostiene con firmeza que los
cuatro Evangelios referidos -cuya historicidad afirma sin duda alguna- transmiten
fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, hizo y enseñó
efectivamente durante su vida entre los hombres, para su salvación
eterna hasta el día en que fue levantado al cielo."16
¿El Jesús judío, real e histórico, es
el mismo Cristo que el predicado por los apóstoles y
la fe de la Iglesia? ¿Los Evangelios son narraciones históricas
o son invenciones de los que conocieron a Jesús? Leyendo
los Evangelios, ¿nos acercamos al verdadero Jesús histórico?
Se han dado
muchas soluciones desde el campo protestante, pero algunas terminan diciendo
que el Cristo histórico no es el mismo que el
Cristo predicado por los apóstoles y que nos muestran los
Evangelios. El teólogo protestante más influyente llamado Bultmann dice que
no interesa el Jesús histórico, sino el Jesús de la
fe. Interesa, dice, el mensaje de Jesús; lo demás es
mito inventado por los apóstoles: nacimiento virginal, milagros, resurrección, etc.
Dada
la importancia de esta cuestión, diremos lo siguiente, tratando de
encontrar la parte de verdad y de error que se
esconde detrás de estas posiciones.
Los Evangelios transmiten al verdadero Jesucristo.
Los
hechos que narran eran conocidos de todos; bien por haberlos
visto personalmente, bien por haberlos oído a quienes los vieron.
No pudieron, por tanto, desfigurar nada de la realidad. En
este caso hubieran sido desmentidos, y no hay huella alguna
de rectificaciones. Si los evangelistas hubieran dicho lo que no
es verdad, sus Evangelios hubieran sido rechazados por aquella generación
que fue testigo de los hechos. No existe ningún documento
que muestre este rechazo.
En cambio los evangelios apócrifos, que
carecen de rigor histórico, fueron comúnmente rechazados. Son relatos fantasiosos
e inverosímiles. Contienen errores en la geografía de Palestina, y
les falta fidelidad al marco histórico. Estos evangelios nunca han
sido aceptados por la Iglesia, por no estar contenidos en
el Canon de Muratori que es una lista de los
libros inspirados que hizo la Iglesia en el siglo II.
Los
datos que dan los Evangelios sobre la geografía del país,
situación política y religiosa, sobre las costumbres, concuerdan con lo
que sabemos de todo esto por otras fuentes. Además, los
evangelistas murieron por defender la verdad de lo que decían;
y nadie da su vida por lo que sabe que
es mentira.
Criterio de múltiple fuente:
cuando un dato evangélico lo encontramos en las diferentes fuentes
que componen los Evangelios, tenemos la certeza de que se
trata de un dato histórico.
Criterio de discontinuidad: cuando un dato
es totalmente contrario a la mentalidad de la comunidad primitiva,
no se puede decir que sea ésta la que lo
ha inventado. P.e. el título de "Hijo del hombre", ni
lo utilizó ni lo entendió, ¿cómo entonces lo podía inventar
ella?
Criterio de conformidad: todos los exegetas están de acuerdo en
que es un dato histórico la predicación de Jesús de
la llegada del Reino. Es el núcleo de su mensaje.
Criterio de explicación necesaria: debemos admitir como histórico un dato
que aparece como explicación única de una serie de acontecimientos
evangélicos y sin el cual tales acontecimientos quedarían sin explicación.
P.e. o Cristo instituyó la eucaristía o no se entiende
que en todas partes y desde el principio se celebre
la eucaristía en el seno de la Iglesia.
Criterio del estilo
propio de Jesús: todos los exegetas están de acuerdo en
que Jesús tenía un estilo personal, un estilo hecho de
una innegable autoridad: "Pero yo os digo", y una inaudita
sencillez, que hace que rompa todos los esquemas, tratando preferentemente
con los niños, los enfermos, las mujeres, los pecadores.
Concluimos
este apartado diciendo que los criterios aquí expuestos han de
usarse en conjunto. Sólo así dan luz y seguridad. Cuando
leemos los Evangelios escuchamos, si no las misma palabras de
Jesús (obsesión del siglo pasado), al menos el mensaje auténtico
de Jesús para nuestra salvación eterna.
¿Qué dice la
fe de la Iglesia?
Sin la adhesión de fe no se
da un conocimiento adecuado de la Persona y obra de
Jesús de Nazaret. Los Evangelios son los únicos testimonios válidos,
incluso desde el punto de vista histórico. Para escribir estos
textos fue necesaria la fe. Para comprenderlos es necesaria también.
Esta adhesión de la fe tiene algunas importantes características:
Está provocada
por el Espíritu Santo. Para conocer a Jesús, Dios y
hombre, necesitamos la luz del Espíritu, pues es un misterio.
Dios, no sólo se nos propone desde la historia, sino
que desde dentro de nosotros está obrando para abrirnos al
testimonio histórico en toda su riqueza y amplitud.
La adhesión
de la fe no termina ni en Jesús ni en
el Espíritu, sino en el Padre. La cristología debe ser
fundamentalmente trinitaria. Jesucristo nos lleva al Padre. Dios, del que
nos habló Jesús, es su Padre.
La adhesión de la fe
tiene una dimensión comunitaria y eclesial. Fuera de la Iglesia
no hay un verdadero, permanente, recto y total conocimiento de
Jesucristo. Los que se separan de la Iglesia terminan, tarde
o temprano, con una figura de Jesús borrosa e inexacta.
Aunque el Espíritu no está encerrado en los límites de
la Iglesia institucional y sopla donde quiere, también es cierto
que ese Espíritu orienta a la Iglesia, la ilumina, la
llama a la unidad en la caridad. ¿Qué puesto tienen
los movimientos dentro de la Iglesia en la presentación del
rostro de Cristo? Si están unidos al Papa y a
los obispos, presentarán el verdadero rostro de Cristo; si no,
harán nacer tensiones y dificultades y terminarán en la disolución.
CONCLUSIÓN: Los Evangelios son un don de Dios al mundo,
son un regalo que sólo pide manos generosas que lo
reciban y lo abran, corazón creyente que lo acoja, boca
sincera que lo transmita y pies ágiles que lo lleven
por doquier, para que todos puedan conocer, admirar y compartir
el amor y la belleza de Jesucristo, el Hijo de
Dios Vivo.
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