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¿Qué sentía Jesús al acercarse cada vez más el momento de su Sacrificio Redentor?
La Pasión de Jesús.
La semana anterior a la Pasión la vive Jesús
en Betania. Habla con Lázaro. Habla con los discípulos. Pero,
sobre todo, habla con el Padre. Van a ser unos
días de oración intensa. La clarividencia es total en Jesús.
Sabe lo que va a suceder. Ya lo ha anunciado
varias veces con gran detalle.
Además, para cualquier mente despierta
era claro que se iba a producir una confrontación total
con las cabezas del pueblo. Todo iba a quedar claro
en aquellos días. Los discípulos lo ven, pero no lo
ven todo, pues desconocen la profundidad del drama. Desconocen la
fuerza del pecado y la violencia del diablo. Ellos no
lo saben, pero Jesús sí lo sabe.
En esos días
reafirma su voluntad humana y divina de entrar en la
lucha de ese modo tan sorprendente que será ir humilde
a la muerte sin defenderse. Va a convertir la confrontación
en un sacrificio. Va a demostrar que el amor es
más fuerte que la muerte. Va amar a todos a
pesar de todas las dificultades. Y eso es el contenido
de su oración dolorida y amorosa, valiente y silenciosa.
El sábado
fue un día de especial oración. Jesús, como el soldado
antes de la batalla, vela su espíritu para lo que
va a suceder. Su mente ve, su voluntad quiere, su
corazón ama. Siente el rechazo y la resistencia, es tentado
más intensamente de lo que fue en el desierto, pero
sigue firme la respuesta generosa de amor al Padre y
a los hombres.
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