La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Jesús vence a la muerte. Resucita al tercer día y se aparece a sus discípulos y a las santas mujeres...
La Resurrección
La acción de José de Arimatea y Nicodemo fue
rápida y eficaz. Antes de que los judíos puedan darse
cuenta de la muerte, ya está enterrado Jesús en un
lugar que responde a la piedad de los suyos. Pero
los judíos temen a Jesús y se acuerdan de la
profecía de la resurrección al tercer día. Ellos habían destruido
el templo del cuerpo de Jesús, y ahora recuerdan el
verdadero sentido de la profecía. Por ello acuden a Pilato
reclamando una guardia que resultó providencial, muy a pesar suyo.
"Al
día siguiente de la Parasceve se reunieron los príncipes de
los sacerdotes y los fariseos ante Pilato y le dijeron:
Señor nos hemos acordado de que ese impostor dijo en
vida: Al tercer día resucitaré. Manda, pues, custodiar el sepulcro
hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos,
lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre
los muertos; y sea la última impostura peor que la
primera. Pilato les respondió: Ahí tenéis la guardia; id y
custodiad como sabéis. Ellos marcharon y aseguraron el sepulcro, sellando
la piedra y poniendo la guardia"(Mt).
La garantía
La muerte era un
sello en la boca de Jesús. Los sellos intentan ser
una garantía: seguridad, guardan el cadáver en su silencio. Y,
en efecto, esos sellos serán garantía de la muerte verdadera
de Jesús que yace en la losa del sepulcro con
el corazón abierto, separada el alma del cuerpo. Y los
guardias se convertirán en testigos privilegiados del gran día del
domingo, del primer día de la semana cristiana.
Los guardias se
asustan
Por ellos conocemos lo que sucedió al inicio del día
primero, al nacer el alba: "Y he aquí que se
produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió
del Cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó
sobre ella. Su aspecto era como de relámpago, y su
vestidura blanca como la nieve. Llenos de miedo, los guardias
se aterrorizaron y se quedaron como muertos(Mt).
Habían pasado cuarenta
horas desde el momento de la muerte: desde las tres
del viernes hasta las siete del domingo. Un día completo,
nueve horas del viernes y siete del domingo. Tres días.
En ese tiempo el alma de Jesús desciende a los
infiernos, como reza el credo cristiano. Pero el cuerpo estaba
allí, en reposo total, sin conocer la corrupción, con la
rigidez de la postura del crucificado, con sus llagas abiertas,
cubierto por la sábana y rodeando el rostro con el
pañolón del sudario. Un gran terremoto conmovió a los soldados,
que se estremecen, cuando, de repente, ven al ángel de
vestiduras blancas lleno de fuerza y poder, que desplaza la
gran piedra con facilidad y se sienta en ella. Los
soldados caen al suelo, se desploman sin sentido. El temor
no nubla sus mentes, pues se dan cuenta de lo
sucedido, pero aquello supera grandemente sus experiencias. Estaba sucediendo el
hecho central de la salvación. En el sepulcro, aquel cadáver
estaba volviendo a la vida.
Se fabrica una historia
Algunos de los
soldados huyen de espanto, otros quedan removidos por lo sucedido,
otros acuden a los sanedritas con la noticia. "Algunos de
la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los
príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. Reunidos con los
ancianos, después de haberlo acordado, dieron una buena suma de
dinero a los soldados con el encargo de decir: Sus
discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos.
Si esto llegara a oídos del procurador, nosotros le calmaremos
y cuidaremos de vuestra seguridad. Ellos tomaron el dinero y
actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor
entre los judíos hasta el día de hoy"(Mt).
Comienza una nueva
etapa
Los sanedritas tenían ya el gran signo de Jonás. Tres
días en el seno de la tierra, y volver a
la vida. Todos los otros milagros palidecen con la grandeza
de lo sucedido. Este milagro, realizado por su propio poder,
manifestaba a Jesús como vencedor de la muerte y del
pecado. Una nueva era acababa de comenzar. Pero, de nuevo,
no creyeron. Y elaboraron una mentira rápida y burda: unos
testigos dormidos testifican de lo que ha sucedido. Mientras dormían
acudieron unos hombres y se llevaron el cuerpo. Era burda
la mentira, pero el dinero acalla las conciencias. Los soldados,
testigos involuntarios de los hechos, garantizan de una manera involuntaria
la verdad de la resurrección de Jesús.
La gran victoria
La resurrección
es la gran victoria. Jesús ha descendido todos los escalones
de la humillación, uno a uno, como saboreando el abajamiento.
Y, cuando ha llegado a lo más hondo, toma al
hombre caído y lo eleva a niveles insospechados. La nueva
vida es mucho más que lo que se puede alcanzar
por una ética correcta; es un don de Dios que
introduce a los hombres en la vida divina si se
unen a Cristo resucitado y vencedor.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR