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Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net Él es todopoderoso, pero sencillo como un niño.
Tenemos que pedir a Jesús que seamos como Él nos dijo una vez: “sencillos como palomas”.
Él es todopoderoso, pero sencillo como un niño.
“Jesús es el gran paciente y el gran amigo; su
Corazón Santísimo está lleno de ternura, de amor y de
perdón para con aquellas ovejas que, por debilidad más que
por malicia, tantas veces dejan de amarle práctica y operantemente.
Yo creo que nada debe herirle tanto como la desconfianza
o un amor reticente de nuestra parte.”
Para comprobar la
sencillez de un adulto no hay prueba mejor que preguntarse
si los niños se acercan a él con facilidad y
sin miedo. Esto fue un hecho tan cotidiano en la
vida de Jesús que los mismos discípulos se molestaron porque
éstos se acercaban tanto a Él.
En aquellos tiempos había
ciertas categorías de personas marginadas: los pecadores, los enfermos, los
pobres, las mujeres y los niños. No es difícil probar
que las personas de estas cinco categorías se acercaron a
Jesús con muchísima facilidad.
De Jesús salía una fuerza
que curaba a todos, pero también Cristo se rodeaba de
una nube de bondad que atraía a todos los hombres
hacia Él. Podemos constatarlo también en esa aclamación desesperada
de algunos fariseos: “¿Qué hacemos con éste? ¡Todos lo siguen!”
Recordemos la expresión que usó el joven rico al saludar
a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para alcanzar
la vida eterna?” Parece que muchas personas se dirigían a
Jesús con este apelativo de “Maestro”. En significativo el hecho
de que María Magdalena, al reconocer a Jesús resucitado en
la forma del jardinero, cuando se le apareció exclamó: “Rabboni”,
que significa “Maestro.”
Cristo logró combinar una gran capacidad oratoria
y un inmenso poder taumatúrgico con una dulzura que atraía
hasta a los pecadores más duros. La mujer samaritana se
atrevió a preguntarle: “¿Cómo es que tú siendo judío me
pides de beber si soy una mujer samaritana?” Zaqueo, publicano
y bajo en estatura, subió a un árbol para ver
a Jesús. Sabemos lo que pasó a continuación: Cristo se
paró junto a él y se autoinvitó a cenar con
él y sus compañeros de profesión esa misma noche. Zaqueo
se quedó transformado: “Señor, doy la mitad de mis bienes
a los pobres, y si a alguien he defraudado en
algo, le devuelvo el cuádruple”
Es interesante notar que sólo
los que fueron sencillos como niños aceptaron a Jesús. Algunos
fariseos se complicaron la vida y llegaron hasta decir que
Jesús arrojaba a los demonios de las personas por el
poder de Satanás. Herodes, quien lo vio por primera vez
en la pasión, sólo se interesó en Él para ver
si obraba un prodigio Lc 23,8). Pilato vio que Jesús
fue totalmente inocente y en vez de soltarlo le mandó
azotar.
Sería una equivocación el decir que la sencillez
es una cualidad de personas de una determinada clase social.
Los ejemplos que mencionamos arriba muestran que hay gente sencilla
y complicada tanto entre los pudientes como entre las personas
de menos recursos. Uno de los mejores amigos de Jesús
fue ciertamente Lázaro. Hay indicios de que éste fue un
hombre rico, pues ya tenía preparada su propia tumba cavada
de piedra. También está el caso de Leví o Mateo,
el publicano (y por eso rico), que dejó su profesión
para seguir a Cristo.
Podemos concluir acertadamente que la sencillez que
nos pide Cristo no depende de status social, fuerza económica...,
sino de nuestra actitud interior delante de Dios y de
los demás. Me acuerdo de una persona que siempre decía
que no creía en milagros. Una vez este señor presenció
la curación milagrosa de un paralítico. ¿Cuál fue su comentario?...
“Pero, ¿están ustedes seguros que realmente ese hombre fue paralítico?”
Tenemos que pedir a Jesús que seamos como Él nos
dijo una vez: “sencillos como palomas”.
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