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Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net Jesucristo, un verdadero líder.
Nada llena tanto mi vida como contemplar la figura de Cristo. Jesús, el Buen Pastor.
Jesucristo, un verdadero líder.
“Nada llena tanto mi vida como contemplar la figura de
Cristo y ver la potencia de atracción irresistible que ejerce
a través de los siglos. Cristo ayer, hoy y
siempre. Cristo el mismo: el Señor de la historia.”
“Para caracterizar su ministerio, Jesús se sirve de la imagen
del `Buen pastor´: si dice que conoce a cada oveja
por su nombre, esto significa que no la conoce sólo
en el exterior y anónimamente, sino desde dentro. Si añade
que, además de conocer a sus ovejas, éstas a su
vez le conocen, quiere decir que ha entrado en su
intimidad no con artimañas, sino dándose a conocer en el
decurso del encuentro.”
Hay verdaderos y falsos líderes. Puede haber
muchas definiciones de lo que es un líder. Podemos
definirlo de esta manera sencilla: un líder es aquel que
es capaz de llevar a los demás hacia el bien,
sin forzarlos, sino respetando totalmente su libertad.
Jesucristo llena
esta definición perfectamente. Al invitar a los demás a
seguirle no les escondió absolutamente nada. El Evangelio está lleno
de ejemplos que prueban esto. Una vez Él estaba caminando
junto al Lago de Genesaret; vio a unos pescadores y
les invitó a seguirle; ellos dejaron todo, barco y padre,
y le siguieron. Más tarde, hablando con todo el pueblo,
afirmó que aquel que quisiera ser su discípulo tenía que
llevar su cruz todos los días y seguirle. A uno
que le dijo que le iba a seguir a donde
Él fuese, le respondió que las zorras tienen madrigueras y
los pájaros nidos, pero Él no tenía lugar donde reclinar
la cabeza.
Una vez se le presentó un señor que
quería seguirle como discípulo, pero quería poner sus condiciones. El
candidato al seguimiento de Cristo quería esperar hasta que muriese
su padre para poder dedicarse a Cristo. Éste le dio
esta respuesta: “Aquel que pone la mano en el arado
y mira atrás, no puede ser discípulo mío.”
Cristo no
sólo aclaraba las cosas desde el inicio, sino también les
dio oportunidades después para echarse para atrás. Un ejemplo típico
fue después de la multiplicación de los panes y peces.
La gente comenzó a desistir cuando oyeron a Cristo decir
que “tenían que comer su carne y beber su sangre.”
El Maestro se dirigió a sus Apóstoles diciendo: “¿Ustedes también
quieren irse?” Pedro tomó la palabra y contestó: “¿A quién
iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.” En
esta respuesta de Pedro se puede detectar toda la capacidad
de liderazgo de Cristo. Él no les forzaba a seguirle,
pero ellos sentían una atracción tan grande hacia su persona
e ideales que se sintieron incapaces de abandonarle.
Las
personas sentían mucha seguridad en su presencia. Es tan cierto
esto que cuando Él murió sus discípulos se sintieron sumamente
solos y tristes. Esa frase de los dos discípulos de
Emaús, “Nosotros esperábamos que Él fuese el Mesías,” muestra el
estado de ánimo general de sus seguidores después de la
desaparición de su Maestro. Podemos decir que el liderazgo de
Cristo consistió en “llenar” a las personas con una plenitud
misteriosa y profunda.
“Jesucristo no defraudó a ninguno de los que
pronunciaron su nombre con su vida, y fue para todos
como un pozo profundo de donde cada uno sacaba su
experiencia dulce y quedaba saciado, con la única hambre de
repetirlo de nuevo, sin ganas de llenar sus ánforas en
los pozos del mundo y de la carne: `El agua
que yo te daré será para ti una fuente que
salte hasta la vida eterna...´”
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