La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Fintan Kelly | Fuente: Catholic.net El mejor don de los Magos fue su fe
La fe nos exige ver a Dios en las cosas sencillas como los Magos a la estrella.
El mejor don de los Magos fue su fe
El seguimiento de Cristo significa dejar algo y buscar algo
Como
todo movimiento el seguimiento de Cristo implica un punto de
partida y un punto de llegada. Para hacerlo hay que
dejar algo y tender hacia algo. Es responder en la
fe al llamado de Dios. El episodio de los Magos
ha sido el paradigma de la fe. La fe nos
lleva a dejar algo atrás para buscar el ideal. Es
como el barco que debe dejar el puerto para poder
atravesar el mar y llegar a su destino.
Los Magos eran
sabios de oriente, tal vez de Arabia. Allí había muchos
estudiosos de diferentes materias: la medicina, la agricultura, la astronomía...
Se ve, por el relato evangélico, que estos Magos estudiaban
las estrellas. Seguramente fueron estimados por los otros estudiosos y
vivían una vida acomodada y holgada. Todo esto resalta el
mérito de estos hombres, pues, dejaron todo para seguir una
estrella incierta, una señal vaga, un signo borroso. En el
firmamento que cubría la tierra árabe, había muchas estrellas. Sin
embargo, los Magos se fijaron en una solamente. Así es
la dinámica de la fe: es una preferencia por la
Palabra de Dios entre muchas otras palabras que uno podría
aceptar.
No hay duda de que la noche de cada uno
de nosotros está poblada de muchas estrellas. Tenemos muchas posibilidades,
muchos ideales que nos totalizan. Dios, con su Revelación, nos
interpela como un día lo hizo con Abrahám, como lo
hizo con los profetas, como lo hizo con María y
San José...
La fe siempre es una opción y ésta a
veces cuesta, pues hay que dejar a un lado nuestro
racionalismo y nuestra sed de seguridades humanas. No nos gusta
nadar en las aguas profundas porque preferimos tener unas agarraderas.
En la vida espiritual la única agarradera es la veracidad
y fidelidad de Dios.
Para mí creer es lanzarme en la
oscuridad de la noche, siguiendo una estrella que un día
vi, aunque no sepa a dónde me va a llevar.
Para mí creer es sobrellevar con alegría las confusiones, las
sorpresas, las fatigas y los sobresaltos de mi fidelidad. Para
mí creer es fiarme de Dios y confiar en Él.
La fe se templa con las dificultades
Para templar una espada
hay que meterla en el fuego. La fe también se
forja en la tribulación. Hay gente que quiere tener una
fe gigante, pero sin chamuscarse. Es como el atleta que
quiere ganar la carrera, pero sin entrenarse, sin sufrir, sin
lastimarse nunca.
La fe es un camino hermoso tapizado de rosas
que están llenas de espinas. Los Magos tuvieron una experiencia
profunda de la fe. Podemos imaginarlos llegando a un oasis
para cargar provisiones y agua. Seguramente les vino a la
mente la posibilidad de desistir. Tal vez en sus noches
fueron visitados por sueños que les acosaban como fantasmas. El
recuerdo de las burlas de sus compatriotas, el escepticismo de
sus compañeros de estudios les perseguía. Hubo momentos de titubeos,
de incertidumbre, de duda...
Sin embargo, siempre venció su fe. De
hecho, su brújula no era tanto el astro luminoso en
la bóveda de la noche, sino la luz de su
fe encendida en sus almas.
En nuestros momentos de dificultad, también
tiene que prevalecer la luz de la fe. Creer cuando
todo va viento en popa es fácil; creer cuando el
temporal de la adversidad choca cruelmente contra nuestra pequeña embarcación
es más difícil. Pero, esto es lo que nos hace
gigantes en la fe. Nunca ha existido un santo sin
una fe probada, como nunca ha existido un atleta que
haya tenido éxito sin esforzarse en los momentos de desánimo.
Este
mundo es como un gran gimnasio en el cual, el
cristiano tiene que ejercitarse en la fe: un día puede
ser la penuria económica, otro día el sufrir el látigo
cruel de la maledicencia propagada por nuestro mejor amigo, otro
día el desamor de un ser querido...
La fe nos exige
ver a Dios en las cosas sencillas
Después de viajar muchos
kilómetros, los Magos encontraron al Rey de los Judíos, el
Salvador del mundo, el Rey de
reyes, envuelto en pañales y acostado en un pesebre, en
una cueva de una aldea de mala muerte, fuera de
la ciudad de Jerusalén.
Era suficiente para obligar al corazón bajar
a los pies. Sin embargo, lo aceptaron plenamente: se arrodillaron
delante de Él. Vieron a Dios en un bebé que
lloraba.
El Catecismo nos habla del sentido de la Epifanía (manifestación
de Cristo) en el n.528:
La epifanía es la manifestación de
Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador
del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán
y las bodas de Caná, la epifanía celebra la adoración
de Jesús por unos “magos” venidos de Oriente. En estos
“magos”, representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio
ve las primicias de las naciones que acogen, por la
encarnación, la Buena Nueva de la salvación.
Un día alguien dijo
a un amigo que había encontrado el teléfono de Dios.
El amigo se sorprendió y muy irónicamente le preguntó cual
era. Recibió una respuesta sublime: el teléfono de Dios es
la fe.
Con la fe puede uno “conectarse” con Dios en
cualquier momento. Al contemplar la belleza de la naturaleza, el
estruendo del mar, la brisa entre los árboles... se puede
ver a Dios si uno tiene fe.
También se le
puede ver en el sacerdote que se sienta en el
confesionario para escuchar nuestra miseria moral y darnos con seguridad
el perdón de Dios. Con la fe se ve a
Cristo presente en el Pan sagrado, en las manos del
ministro en la Misa. La fe permite ver a Cristo
en su Vicario en la tierra, el Santo Padre....
La fe
abre horizontes y nos hace ver más lejos de lo
que podríamos con la sola luz de la razón. Nuestra
pobre razón es como el ojo desnudo que sólo ve
un poco del universo al contemplar las estrellas que desfilan
delante de él en la noche clara. Pero con un
telescopio potente se puede penetrar en los espacios siderales y
descubrir mundos nuevos. Así es la fe para un creyente:
es un nuevo ojo para ver. En lo que parece
sólo un trozo de pan le permite ver el Cuerpo
de Cristo; en el vagabundo que toca a la puerta
pidiendo una ayuda le revela la presencia del Cristo Místico;
en el jefe enojón que da un mandato, la manifestación
de la Voluntad de Dios...
El mejor don de los Magos
fue su fe
Impresiona el regalo costoso del oro, incienso y
mirra. Pero más impresionante todavía fue la fe, tamaño gigante,
de estos hombres. Aquel día cuando los Magos se acercaron
a la cueva de Belén y pidieron permiso para traspasar
el dintel más pobre que habían visto en su vida,
los papás del Niño accedieron a la petición de personas
tan ilustres. Se maravillaron al verlos caer al suelo, manchar
su ropa, e inclinar la cabeza delante del Bebé.
Cuando nosotros
lleguemos al Cielo, ciertamente no vamos a entrar con unos
lingotes de oro, una caja de incienso y un bote
de mirra. Lo que vamos a llevar va a ser,
como dijo San Pablo, nuestra fe, esperanza y caridad.
No juzguemos
el valor de nuestra vida por las cosas que tenemos
o las obras que hacemos. Lo que es la fe
y el amor con que obramos eso es lo que
vale delante de Dios. Mejor ir pobre al Cielo que
rico al Infierno; mejor ir analfabeta al Cielo que con
un doctorado al Infierno. Desde un punto de vista espiritual,
el valor de los Magos no era el tamaño de
sus dones materiales, sino la medida de su fe.
Unas preguntas
1.
¿Cómo es nuestra fe? ¿lánguida? ¿depende de como nos sentimos?
¿una fe fuerte?
2. ¿Si la fe exige dejar algo para
seguir más de cerca a Cristo, ¿qué nos está pidiendo
Cristo que dejemos?
3. ¿Está nuestra fe basada en la Palabra
de Dios o en una serie de sentimientos movedizos?
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR