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Autor: P. Antonio Izquierdo | Fuente: Catholic.net En Jesucristo hemos vencido ya la tentación
Nos sentiremos también fortalecidos viendo cuál fue su reacción, su postura frente a la tentación.
En Jesucristo hemos vencido ya la tentación
Un gran pensador francés y un gran católico dice que
cada vez que se relee el Evangelio aparece un nuevo
aspecto de sus exigencias y de su libertad, terribles y
dulces como el mismo Dios. Dichoso el que se extravíe
para siempre en este bosque de luz, el que quede
preso en los lazos de lo absoluto que resplandece en
lo humano. Cuanto más basta es nuestra experiencia tanto más
nos sentimos lejos de practicar las costumbres evangélicas, pero al
mismo tiempo más se graban en nosotros la idea y
el deseo de su misteriosa verdad.
Si ha de nacer una
nueva cristiandad, una nueva civilización del amor, será una edad
en que los hombres leerán y meditarán el Evangelio más
de cuanto lo han hecho nunca. Estos días son precisamente
días para ejercitarnos permanentemente en meditar, contemplar a Cristo en
el Evangelio.
Jesucristo ha lanzado una pregunta al mundo: ¿Quién puede
acusarme a mí de pecado? Es una pregunta que queda
pendiente, que cada uno ha de responder. ¿Quién puede al
inocente y al santo, al Hijo de Dios acusarle de
pecado? No es posible, el es la santidad misma. Sin
embargo, Jesucristo fue tentado. Tentado como cualquier ser humano. El
Evangelio no nos dice: "Jesucristo fue igual a todos menos
en el pecado y en la tentación". Lo único que
se nos dice es que es en todo igual a
nosotros menos en el pecado. Luego también es igual a
nosotros en la tentación.
Según los Evangelios, Jesucristo, antes de comenzar
su vida pública, fue tentado por el demonio. Esta contemplación
de las tentaciones de Jesús tiene por finalidad el sentirnos
confortados espiritualmente por Cristo tentado igual que nosotros. Como que
un Cristo tentado se nos hace más cercano, más próximo;
sabe lo que también nosotros sentimos en el momento de
la tentación.
Nos sentiremos también fortalecidos viendo cuál fue su
reacción, su postura frente a la tentación.
Ciertamente la tentación
es una experiencia universal. ¿Qué ser humano puede decir que
no ha sido tentado? Pueden ser tentaciones muy diversas, pero
la experiencia es universal. Podemos sentir, por ejemplo, la tentación
de no aceptarnos a nosotros mismos, de rebelarnos contra lo
que somos o contra lo que experimentamos en determinada fase
de nuestra vida. Otra tentación es la vergüenza, que anonada
y aplasta, que encierra en uno mismo, que va socavando
espiritualmente el alma, que entristece y crea un estado de
ansiedad...Tentación de desaliento, de aburrimiento,; tentación de pereza, de lujuria;
tentación de envidia y de rencor; tentación de insolidaridad y
orgullo; tentaciones contra la fe, la esperanza y la caridad...Todas
estas tentaciones y otras muchas más las podemos sentir, o
las hemos sentido.
Composición de lugar
En este contexto, vamos a contemplar
las tentaciones de Jesús. San Lucas (4,1-13) nos dice que
el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto para ser
tentado. El lugar tradicional de las tentaciones se encuentra entre
la ciudad de Jericó y el inicio de las montañas
de Judea. Jesucristo fue al monte a orar. Pero el
demonio que es siempre muy hábil, aprovechó la ocasión de
soledad, de hambre, de debilitamiento para tentar a Jesús.
Traten ustedes
de recrear la escena: Jesucristo..., el monte...,la postura de Jesús:
De rodillas o de pie, con los ojos hacia el
cielo, hablando con Dios. O pueden elegir el momento de
Jesús tentado por el diablo, sometido a la prueba de
la ambición de poder, de la vanagloria, de la idolatría.
Contemplación de sentidos
¿Qué es lo que vemos con los ojos?
Vemos en primer lugar a Jesucristo sereno y fortalecido espiritualmente
por la oración. Las tentaciones de Jesús no son tentaciones
raras, dicen referencia a experiencias humanas. Tener hambre, es una
experiencia muy humana; sentir deseo de ser honrados, apreciados, es
también un sentimiento muy humano; el querer influir, el tener
poder sobre los demás, es algo que va muy con
la psicología humana.
El diablo es muy sutil, conoce muy bien
a los hombres y los tienta con una grande habilidad.
Trató de entrar con grande habilidad en el alma humana
de Jesucristo para tentarlo.
A) Entra con una condicional: "Si
eres Hijo de Dios"...Uno no sabe si está dudando o
no; si quiere provocar a Jesús, crearle perplejidad. No se
atreve a negarlo, pero tampoco a decir abiertamente: "Tú que
eres el Hijo de Dios...". El diablo se esperaba de
Jesús una reacción tajante. Algo así como: "¡Para que veas
que soy el Hijo de Dios!...". La respuesta de Jesucristo
es fruto de su oración: "No sólo de pan vive
el hombre...". Es una frase del Antiguo Testamento. Jesucristo se
ha metido en el mundo de Dios y le resulta
de lo más natural vencer la tentación con la oración,
con la Palabra de Dios.
B) Otro recurso es la
mentira y el engaño: "Te doy todos los reinos de
este mundo, si postrándote me adoras". Es la misma tentación
que usó con Adán y con Eva. Adán y Eva
cayeron, Cristo el nuevo Adán venció. Es la misma mentira,
la misma habilidad, la misma técnica. ¡Cuántas veces nos engaña
satanás! Jesús que había estado grande tiempo en adoración sabe
vencer también esa tentación. "Adorarás al Señor tu Dios y
a él sólo servirás".
Contemplación teologal
Entrando en el espacio de las
virtudes teologales, ¿qué misterio podemos vislumbrar en las tentaciones de
Jesús?
En primer lugar, que el Hijo de Dios sea tentado.
Jesús es hombre, y como hombre se comporta a la
altura de la humanidad entera. Pero no sólo es hombre,
el tentado es Dios, es el Hijo de Dios. ¡Qué
atrevimiento de satanás: Tentar al Santo, al Señor, al omnipotente,
personificado en Jesús! ¿Cómo no se va a atrever a
tentarnos a nosotros, si se atrevió a tentar al mismo
Hijo de Dios? El salto de la fe nos hace
ver que la tentación no es pecado, es don, es
ocasión para madurar en el amor, para fortalecer el espíritu.
Por lo tanto, no hay que tener miedo a la
tentación. Si el diablo se atreve a tentarnos, nosotros hemos
de tener más osadía en nuestra fe, en nuestro amor
frente a la tentación.
También, en el plano del misterio, Cristo
vence la tentación. San Agustín dice: "Cristo ha vencido la
tentación en ti y por ti". Jesucristo tentado no sólo
es el hombre Jesús, sino el prototipo de la humanidad.
Así como en la cruz él es el hombre que
abraza a toda la humanidad y la salva, así en
la tentación vence todas las tentaciones de la humanidad entera.
Finalmente, una contemplación del amor del Padre. Dios no ama
menos a Jesús en el momento de la tentación; tampoco
le abandona o se olvida de él. Dios le ama
en la tentación. El Espíritu Santo le acompaña en la
tentación. El amor teologal, que es una participación en el
amor de Dios, nos debe llevar también a participar del
amor del Padre y del amor del Espíritu a Cristo
tentado. Amemos y dejémonos amar también por Cristo tentado, sometido
a la prueba. En su tentación, nos ama y nos
ama intensamente.
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