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Autor: P. Máximo Alvarez | Fuente: Catholic.net Un loco llamado Jesús
¿Ser cristiano hoy, con todas las consecuencias, no es exponerse a ser tomado por “loco”?
Un loco llamado Jesús
Recuerdo que, siendo niño, vino un sacerdote al pueblo
para dar las charlas cuaresmales. Los más pequeños difícilmente podíamos
contener la risa al verle dramatizar y oírle decir expresiones
como ésta: “Cristo está loco.... (pausa), loco.... (pausa), loco... (pausa)
de amor por los hombres”. No es a esta locura
a la que nos referimos. Ni tampoco a esos casos
en que la locura conlleva tintes gravemente patológicos.
Hay una manera
muy cómoda de desentendernos de una persona cuando no piensa
como nosotros o somos incapaces de comprenderla: decir que está
loco. Y en muchos casos habría qué preguntarse a ver
quién es más normal, si aquellos que llamamos locos o
los que nos tenemos por cuerdos.
Lo cierto es
que en el Evangelio aparece claramente reflejado que algunas personas
tenían a Jesús por un loco. Nos dice el Evangelio
(Mc 3) que fue a casa y se juntó de
nuevo con tanta gente que no le dejaban ni comer.
Al enterarse sus parientes, fueron a echarle mano, porque decían
que no estaba en sus cabales.... También los fariseos decían
que tenía dentro al demonio. Andaba por Galilea porque
los judíos trataban de matarlo. Pero también sus parientes le
dijeron que se marchase de allí. De hecho ni siquiera
su familia creía en él: “estás loco” (Jn 7,20).
A
veces llamamos loco al que no piensa ni actúa como
la masa, al que es libre en el hablar y
obrar, al que habla sin doblez ni prejuicios, al que
dice abiertamente lo que piensa. En este sentido casi es
normal que mucha gente fuera incapaz de comprender a Jesús,
que les resultara desconcertante.
Un día un señor llamó a casa
de un cura diciendo que era Dios. Le anunció que
también iba a venir también a visitar la parroquia de
Fabero, pero no llegó o si llegó no me encontró
en casa. ¿Qué se podría pensar de él? Que estaba
loco. Y con razón. Tal vez a muchos, y más
a los judíos, el hecho de que un hombre intentara
pasar por Dios debería resultarles tan inaceptable como absurdo. De
ahí que hasta cierto punto ese rechazo parece normal. Con
razón decía San Pablo que la cruz de Cristo era
escándalo para los judíos y necedad para los griegos.
En
todo caso un estudio objetivo de la personalidad de Jesús
en la medida en que aparece reflejada en los Evangelios,
nos muestra que, lejos de ser un enfermo mental, era
persona muy equilibrada, un verdadero modelo de vida. Por otra
parte, de no ser así difícilmente se explicaría el éxito,
más allá de la muerte, de su doctrina y de
su persona.
No sé si en nuestro tiempo, después de tantos
años, puede haber quien considere a Jesús como un loco.
Más bien pienso que no, puesto que la figura humana
de Jesús goza de muchas simpatías. Pero ¿no es verdad
que sí que puede ocurrir que aquella persona que intente
seguir verdaderamente a Jesús y su estilo de vida sea,
en cierta manera, incomprendida y mirada o con desprecio o
con compasión? ¿Ser cristiano hoy, con todas las consecuencias, no
es exponerse a ser tildado de “loco”
Mirando al Maestro y
recordando las dificultades que tuvo que pasar hasta el punto
de ser reprendido por su propia familia, que le buscaba
como para que dejara de hacer el ridículo, ¿no es
verdad que también nosotros nos sentimos un poco aliviados ante
un mundo que no siempre nos entiende y pretende marginarnos?
Sin
duda que hoy comprendo mejor aquella frase del predicador que
tanta gracia nos hacía y que hasta podía parecer irreverente:
“Cristo está loco”. No importa que también nosotros lo estemos...
por Él.
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