La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Juan Cabrera | Fuente: Chthus El Cristo mío de cada día
En cada página del Evangelio sentirás su presencia, el calor de su mano, el latido de su corazón.
El Cristo mío de cada día
“Ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive
en mí". (Gál. 2, 20).
Él no es un
héroe ni un super-hombre. Conoció el disgusto, la frustración y
hasta la derrota, aunque momentánea.
No es un galán de
novela ni un astro de cine. Anda siempre cubierto de
polvo y no posee guardarropa ni túnica de repuesto.
No
tiene armas ni soldados, excepto un pequeño grupo de doce
hombres de condición humilde, que a la hora del
peligro logran disponer de una única espada.
No tiene poderío
económico, ni una choza donde esconderse ni una piedra donde
reclinar la cabeza.
Es uno de nosotros, uno como yo.
ES EL CRISTO MIO DE CADA DIA.
Hablo, pero no
soy yo el que habla. Escribo, pero no soy yo
el que escribe; amo, pero no soy yo el que
ama; respiro, pero no soy yo el que respira; vivo,
pero no soy yo quien vive...
Hace tiempo que no
mando más en mi casa. Hace tiempo que no soy
dueño de nada. Hace tiempo que mi historia personal se
acabó.
Pese a mí mismo me tuve que retirar, tuve
que salir del frente, desde que Él se instaló en
mi pequeño mundo, con su cruz inseparable, con las pajas
de su antiguo pesebre, con su túnica siempre idéntica.
Así
fue como Él vino, se hizo cargo de todo de
tal forma que ahora, sin Él, yo ya no sería
más yo mismo.
¿Dónde fue que nos encontramos?
En cada
página del Evangelio. Fue allí que sentí su presencia, el
calor de su mano, el latido de su corazón.
Pero
fue también en la persona de tantos hermanos y hermanas
que alternan continuamente a mi lado, que me escriben, que
me telefonean...
Es a causa de ellos que el Cristo
mío de cada día se torna visible.
Es a ellos
a quienes agradezco por ser Cristo para mí y les
pido mil disculpas porque no siempre logro ser Cristo para
ellos.
Y tú también, amigo, si prestas gran atención, oirás
el ruido de un paso que se aproxima a tu
casa. Es el paso de Dios que busca una nueva
morada, una nueva tierra prometida: el corazón de la gente,
tierra de Dios.
Es el paso de Aquél que viene
a ti para ser el Cristo tuyo de cada día.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR