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Que Cristo se meta en tu respirar y en toda tu vida; entonces sabrás lo que es el fruto del verdadero descanso.
¡No tengas miedo!
A los que nos toca vivir esta hora grandiosa de
la Historia, nos resultará siempre actual aquel grito que nos
lanzó el Papa Juan Pablo II al inaugurar su pontificado:
- ¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Jesucristo! Y
se dirigía a todos: -No le tengáis miedo y abridle
las puertas.
Vosotros, que tenéis ya la dicha inestimable de
creer. Vosotros, que vais buscando todavía a Dios. Y también
vosotros, que camináis atormentados por la duda. ¡No tengáis miedo!...
¡Qué le vamos a tener miedo, por favor! Si en
Jesucristo está nuestra salvación... Precisamente es lo que más queremos.
Hacer una realidad lo que nos pedía un antiguo escritor
de la Iglesia:
Que Cristo se meta en tu respirar
y en toda tu vida; entonces sabrás lo que es
el fruto del verdadero descanso.
Si hoy el mundo quiere
respirar otros aires, nosotros no queremos respirar más que a
Jesucristo, en quien tenemos nuestra paz y el descanso de
nuestras almas.
¿Quién es Jesucristo?... Muchas veces nos hacemos y
nos vamos a repetir esta pregunta. Pero nadie nos lo
ha respondido como el apóstol San Pablo, cuando escribe: -
En Cristo tenemos la redención, el perdón de los pecados.
¡Jesucristo es nuestro Salvador! - Él es imagen del Dios invisible,
primogénito de Dios, existente antes que cualquier criatura. ¡Jesucristo es
Dios! ¡Dios verdadero! ¿Más grande que Jesucristo, que es Dios?
Nada ni nadie... - Todas las cosas han sido creadas
por él y en vistas a él. ¡Jesucristo es el
Creador, y el centro de todo lo que existe, porque
todo converge en Él, y en Él se resume todo! -
Él es el Cabeza de la Iglesia, el primero en
haber resucitado de entre los muertos.
¡Jesucristo es y será
siempre el primero en todo! - Por medio de Él, y
por su sangre derramada en la cruz, Dios ha reconciliado
consigo todas las cosas del cielo y de la tierra.
¡Jesucristo es nuestra paz, ya no somos enemigos de
Dios, sino sus hijos y los herederos de su gloria!
Hoy
el mundo se debate en medio de muchas tragedias, que
nos hacen sangrar el corazón a todos, porque todos tenemos
corazón al ver las angustias que aplastan a tantos hermanos
nuestros. Y no se arreglará nada con las armas, sino
con el amor a Jesucristo.
Una Religiosa valiente y un
guerrillero nos dieron una lección que vale por miles de
discursos en las Naciones Unidas. La Hermana Religiosa se mete
a hablar con los bandoleros de Colombia, allá por los
años sesenta. A uno le habló de Cristo, de la
Virgen, del pecado... Y al final, el bandolero: - Hermana,
yo le doy la pistola y usted me da su
Crucifijo. Hacen el intercambio. La monjita valiente no utilizó nunca
la pistola para matar, y el bandolero dejó de matar
y daba miles de besos al Crucifijo... ¡Qué gesto tan
significativo! ¡Qué realidad!...
Si el mundo empieza a escuchar la voz
de Jesucristo que llama; si el mundo empieza a amar
a Jesucristo y ama como Jesucristo, que reparte amor; si
el mundo empieza a hacer caso a Jesucristo, que nos
enseña..., entonces el mundo se salvará, el mundo tendrá paz,
el mundo será más feliz...
Hoy constatamos a cada momento
que allí donde entra Jesucristo entra con Él la felicidad.
Hogares a lo mejor antes deshechos, apenas han permitido a
Jesucristo meterse en ellos, se han convertido en mansiones de
paz. Personas que vivían sin ideal, apenas conocido Jesucristo y
decididas a hacer algo por El, se tornan verdaderos apóstoles,
que recuerdan tanto a aquel convertido frente a las puertas
de Damasco.
Y es que Jesucristo es un verdadero revolucionario
de almas. Es imposible aceptarlo y no sentir una transformación
total. Desaparece la vejez del pecado y aparece la novedad
de la vida de Dios. Realiza Jesucristo lo que promete
en el Apocalipsis: -Mirad que hago nuevas todas las cosas.
Jesucristo nos sigue enseñando y guiando por los Pastores de
la Iglesia, especialmente por su Vicario el Papa, y estaremos
siempre atentos a la Doctrina de los Apóstoles, como aquella
comunidad de Jerusalén, la de nuestros primeros hermanos en la
fe.
¡Jesucristo, Señor! Nosotros creemos en ti. Y te escuchamos.
Y te amamos. Y queremos seguir adelante con paso alegre,
mientras nos dirigimos gozosos a tu encuentro....
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