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Finales del siglo XVI, principios del XVII
Las hogueras europeas
se multiplican para «ajusticiar» a brujas, taumaturgos y hechiceros.
Finales
del siglo XX, principios del XXI
Los sucesores de aquellos brujos
hacen su agosto económico entre Europa y América. Y es
que las practicas de santería, ouija, brujería y espiritismo, lejos
de estar perseguidas cotizan hoy al alza en los países
de occidente. De hecho, cada vez son más los expertos
que alertan del auge este tipo de prácticas en países
como Holanda, Inglaterra o España.
Tanto es así
que incluso dos tribunales holandeses han dictaminado recientemente que los
costes de un «curso de brujería» pueden ofrecer desgravaciones fiscales
a quienes lo reciben, e incluso recibir subvenciones. Y no
son baratas estas lecciones para aprendices de brujo. Según recoge
la agencia Zenit, uno de estos talleres de fin de
semana cuesta casi 170 euros. En la «Granja de Brujas»
de Margarita Rongen, situada en la frontera con Alemania, un
«master» en nigromancia cuesta casi 2.200 euros. Algo que no
ha espantado al centenar de alumnos que se han matriculado
en los últimos años, ansiosos por realizar rituales prohibidos.
Feministas y curanderos
También en Inglaterra está de moda el
paganismo. En la prisión de Kingston se ha consentido la
presencia de un sacerdote pagano para dar consejos a tres
presos. Y en el resto de centros penitenciarios británicos, se
permite a todos los reclusos miembros de estos grupos, que
posean una vestimenta sin capucha, incienso y joyas de simbología
religiosa.
En todo caso, la brujería y el
ocultismo están, sobre todo, fuera de las cárceles. Si en
1999 se estimaba la presencia de unos 200.000 paganos en
EE UU, ahora se baraja la cifra de 800.000. Aunque
por su tendencia al anonimato es casi imposible saber el
número exacto, los últimos estudios confirman un gran aumento de
las ciencias ocultas. ¿Y quién acude a ellas? Como señala
la escritora y periodista Catherine Sanders en «El encanto de
la ouija», el perfil de estos neopaganos es el de
una mujer joven, feminista, ecologista radical y con aprecio por
el boato de las ceremonias rituales. La mujer como «cuna
de la vida», defender la naturaleza por estar llena de
pequeños «diosecillos» y el morbo por lo prohibido son, según
Sanders, estandartes de los aficionados a la brujería. Eso sí,
no hay un canon único para estos imitadores de Harry
Potter.
Magia negra
Junto a paganos y espiritistas, son
los santeros africanos quienes se benefician del ocultismo europeo. Llegados
con la inmigración, los «chamanes» florecen en París, Ámsterdam o
Madrid. Ingieren sustancias alucinógenas, sacrifican animales y, por un módico
precio, curan dolencias, males de ojo o arremeten contra los
enemigos del cliente. Abultadas sumas que suelen ir a las
arcas de mafias organizadas. En Madrid es fácil encontrar pasquines
con publicidad de «chamanes» como el «Maestro Karan» o el
«Profesor Darame». Utilizan idénticos textos, formatos, colores y promesas, pero
remiten a personas, direcciones y teléfonos distintos. Alquilan pisos por
unos días y emplazan a los clientes a pagar por
adelantado. Luego abandonan el país. Prácticas ocultistas que ocultan realidades
oscuras. |