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| Aproximación a la historia de la masonería |
Introducción
Cuando hablamos de la masonería, casi inconsciente, pero inevitablemente,
nos recorre un escalofrío. Y nos asaltan ideas imprecisas pero
tenebrosas, imágenes de reuniones secretas en lugares recónditos ocultos de
toda mirada indiscreta, disciplinas cuya desobediencia acarrea la muerte al
transgresor, conspiraciones nunca aclaradas, finalidades y objetivos jamás públicos…
Realidad
y leyenda se mezclan. Pero, ¿qué es la masonería?
Difícil pregunta
pues, ante todo, lo que la caracteriza es el secreto.
Aunque para algunos autores se trata de una sociedad cerrada
o, simplemente, discreta. Y es lógico que, dados sus ignotos
fines, otros consideren que sólo sale a la luz pública
aquello que interesa a los propios masones que así sea.
Por otra parte, existe una impresionante bibliografía en la que,
sin orden ni concierto, se mezcla todo tipo de literatura:
desde publicaciones "oficiales" de las diversas obediencias masónicas, a relatos
fantasiosos de supuestos crímenes rituales y sacrílegos generalmente desmentidos, pasando
por estudios históricos increiblemente detallistas de cualificados investigadores. Pero en
un asunto en el que el secreto todo lo vela,
¿dónde termina lo real y empieza la fantasía?
Otro factor
que dificulta la comprensión de esta particular sociedad es su
fragmentación, plasmada en múltiples obediencias, ritos y periódicas escisiones.
Es
conocida universalmente como "francmasonería". Este término procede del francés franc
(libre) y mason (albañil).
Como aproximación inicial, vamos a reproducir
la definición, propuesta por el profesor José Antonio Ferrer Benimeli,
procedente del Diccionario Enciclopédico de la Masonería, en la que,
a su juicio, todas las masonerías que luego veremos se
pueden reconocer:
"La masonería es una Asociación universal, filantrópica, filosófica
y progresiva; procura inculcar en sus adeptos el amor a
la verdad, el estudio de la moral universal, de las
ciencias y de las artes, desarrollar en el corazón humano
los sentimientos de abnegación y caridad, la tolerancia religiosa, los
deberes de la familia; tiende a extinguir los odios de
raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y
de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos
de la solidaridad, y confundiéndoles en un tierno afecto de
mutua correspondencia. Procura, en fin, mejorar la condición social del
hombre, por todos los medios lícitos, y especialmente la instrucción,
el trabajo y la beneficencia. Tiene por divisa Libertad, Igualdad,
Fraternidad".
Para un ilustre masón francés, sin embargo, "la masonería
del Gran Oriente de Francia, no es una religión, ni
una filosofía, solamente un método".
Origen histórico
Se ha pretendido
remontar el origen de la masonería en la construcción del
Templo de Salomón por Hiram de Tiro, supuesto primer masón.
Constituiría el período mítico de la masonería.
Aunque tal afirmación
figura en el rito de iniciación de los tres primeros
grados, existe general unanimidad en señalar el concreto origen histórico
de la masonería: las Hermandades profesionales de constructores de Catedrales
y otros templos de la Edad Media (desde el tallador
de piedra al maestro albañil), establecidas al servicio del bienestar
material y espiritual de sus miembros y que, a la
vez, poseían "secretos" de orden técnico y de orden ritual
o de iniciación. Ya en el siglo XIII, estas Hermandades
establecieron las primeras constituciones góticas al servicio de sus miembros.
Se trataría del período antiguo u operativo. Dos textos de
finales del siglo XIV y principios del XV se refieren
a los orígenes míticos: "Regius" (que relata un supuesto viaje
de Euclides a Egipto donde fundaría una escuela de geometría
y construcción) y "Cooke" (la historia del arte de la
construcción antes del Diluvio Universal).
Con el transcurso del tiempo
el reclutamiento dejará de hacerse sobre la base profesional inicial,
admitiéndose a personas de otras profesiones no vinculadas a la
construcción.
Es en Inglaterra donde se da el paso de
una masonería "operativa" (la de los constructores que trabajaban la
piedra con sus manos y herramientas) a otra "especulativa" (período
histórico) en la que la construcción es sólo simbólica, trabajándose
a la humanidad mediante el modelado del propio ser. Ahora,
por iniciación hay que entender "entrar", paso introductorio de un
hombre que desea cambiar su "modo" de conocer, de actuar,
de ser, que debe cultivar su alma. Ese paso se
desarrolla en una iniciación simbólica, mediante un rito que resume
ese trance y que capacita al neófito para ejecutarlo.
El
día 24 de junio de 1717 se funda la Gran
Logia de Londres a partir de 4 pequeñas logias que
la precedieron y, en 1726, se abre la primera logia
en París.
La primera constitución moderna reguladora de la masonería
especulativa es la redactada por el pastor presbiteriano inglés James
Anderson, quien elabora en 1723 "The Constitutions of the free-masons.".
Estos textos tienen cuatro partes: una historia legendaria de la
orden y del arte masónico, los llamados "deberes", un reglamento
para las logias y los cantos para los tres grados
iniciales. La parte más importante es la relativa a los
"deberes", en la que establece como pilar fundamental la creencia
en el "Gran Arquitecto del Universo", aunque en otros artículos
procura marcar distancias con el cristianismo a través de unas
referencias al esoterismo, el secreto y al relativismo, junto a
un deísmo iluminista.
Esos componentes filosóficos ocasionaron, casi enseguida, la
primera escisión: la Logia de York, de carácter más esotérico
que la de Londres, más racionalista.
Pronto salta de Inglaterra
a América.
Ya en 1813 se fusionan ambas logias, dando
lugar a la Gran Logia Unida de Inglaterra. A la
vez se redacta otro texto fundamental en la masonería: los
Antiguos límites o Ancient Landmarks. Se trata del conjunto de
reglas tradicionales e inmutables, transmitidas de forma oral desde sus
orígenes hasta ese momento en que se plasman por escrito.
Dicha Gran Logia Unida de Inglaterra se constituyó en la
depositaria de la "tradición" y de la "regularidad" masónica, de
carácter aristocrático y puritano en sus orígenes.
Esa regularidad se
determina, todavía hoy, a partir de varios criterios: regularidad de
origen (sólo una Logia regular puede fundar otra logia regular),
regularidad territorial (una Gran Logia por país), regularidad doctrinal (creencia
en Dios, uso de un libro sagrado, exclusión de las
mujeres, interdicción de las discusiones políticas).
Conforme se extiende por
toda Europa y América, la masonería acoge con entusiasmo las
corrientes del enciclopedismo del siglo XVII, del racionalismo y del
liberalismo.
De forma paralela, los rituales se "enriquecen" y amplían
con aportaciones procedentes de grupos que cultivan la Alquimia, la
Kabala, el llamado "neotemplarismo", la Teosofía, la moda por lo
egipcio, etc. Y la descristianización, con todo ello, se acentúa.
La masonería se establece pronto en Francia, hacia 1721. De
origen escocés y estuardista, se vio favorecida por el espíritu
racionalista francés, adquiriendo un carácter deísta inspirado en el racionalismo
naturalista.
En España, por iniciativa inglesa, ya aparece en 1728,
pero no será hasta la invasión napoleónica cuando se produzca
la eclosión de la orden.
Una vez irrumpe en la
historia, su presencia, más o menos oculta, se hace notar
con fuerza.
El mayor número de masones se encuentra, actualmente,
en Estados Unidos de América.
La fractura de la masonería
El ilustre masón Robert Amadou afirma que es hacia 1860
cuando el Gran Oriente de Francia, la mayor organización masónica
después de la inglesa, se desvía de la iniciación a
la política partidista, al servicio de una filosofía materialista y
atea. Ello se plasma, jurídicamente hablando, en 1877 cuando la
Asamblea General de esa obediencia francesa, siendo Gran Maestre Fréderic
Desmons, suprime de sus constituciones la fórmula del "Gran Arquitecto
del Universo", siendo por ello "excomulgado" por la Gran Logia
Unida de Inglaterra, al igual que el resto de obediencias
que le siguieron en ese paso. Esas obediencias constituyen la
llamada masonería "irregular" (liberal, se llaman a sí mismas), dando
lugar en muchos países a una duplicidad de obediencias.
Desde
entonces, casi toda la masonería francesa, española, italiana y belga
integra la mencionada masonería "irregular" o "liberal".
Buena parte de
esas obediencias irregulares se agrupan, a nivel internacional, en el
CLIPSAS (Centre de Liaison et d’Information des Puissances maçonniques signataries
de l’Appel de Strasbourg).
Existe, por otra parte, una federación
internacional de logias femenimas y mixtas: "Le droit humain".
Existen
otras múltiples organizaciones, de carácter sectario muchas de ellas y
de contenido ocultista, "en el límite" de la masonería (ya
regular o irregular). Hablar de organizaciones herméticas como la "Golden
Dawn", "Shrine", y otras como la "Sociedad Teosófica" o la
"Sociedad Antroposófica", y de sus relaciones con la masonería, es
extremadamente complejo y difícilmente puede llegarse a conclusiones de interés.
Otras organizaciones, como el "Club de los Leones" o los
Rotarios, de finalidad filantrópica y humanitaria, adoptan algunas características próximas
en ciertos aspectos a la masonería. Incluso algunos de sus
miembros mantienen la doble pertenencia; pero conceptual e históricamente se
trata de organizaciones netamente diferenciadas.
Después de la segunda guerra
mundial se produjo un cierto movimiento de regreso a la
regularidad masónica, iniciado en Francia, y que en España se
concretó en la Gran Logia de España. Pero, en general,
los intentos de unificar ambas ramas de la masonería, debe
afirmarse, que han fracasado.
Los propios masones achacan a tal
duplicidad la imagen desfigurada de la masonería que existe en
muchos ambientes. Para otros autores, por el contrario, esa duplicidad
sería un "lavado de imagen", pues, a su juicio, ambas
masonerías coinciden en lo fundamental.
En cualquier caso, esa duplicidad
ha facilitado un complejo debate dentro de la Iglesia católica
acerca de la naturaleza real de la masonería y las
relaciones de los católicos con la misma. Este aspecto lo
veremos, de forma más amplia, en la parte final de
este artículo.
Masonería y política
Otro aspecto muy polémico es
el de sus implicaciones políticas.
No existe política masona, sino
"masones metidos en política", a juicio de los propios masones.
Y, en ese sentido, no deja de contrastar las convicciones
monárquicas de los masones británicos, frente el republicanismo radical de
sus hermanos galos.
Lo cierto es que muchos escritores masones
se jactan en el sentido de que sus ideas y
sus hermanos han influido en una serie de acontecimientos históricos
y culturales de indudable trascendencia.
Así, el profesor Francisco Espinar
Lafuente en su claro y revelador libro "Esquema filosófico de
la masonería" (página 268), señala como acontecimientos en los que
masones o sus ideas han influido con una impronta fundamental,
los siguientes:
-La Ilustración en el período de los Estados
absolutos (entre 1750 y 1800).
-La Revolución norteamericana cuyo símbolo
es el masón George Washington.
-La Revolución francesa y su
expansión a través de Napoleón.
-La independencia de Iberoamérica (1810
– 1825).
-La lucha contra los Imperios, Monarquías y Estados
absolutos (siglos XIX y XX).
-La abolición de la esclavitud.
-La unificación de Italia con la supresión de los Estados
Pontificios.
-La secularización de las Universidades y de las ciencias.
-El laicismo en la enseñanza (1890 – 1918).
-La Sociedad
de Naciones (1919 – 1939).
-La Organización de las Naciones
Unidas (desde 1945).
-La descolonización en Asia y en Africa
desde los 50 (independencia reciente de la India).
-Una influencia
benévola en la evolución del socialismo.
El autor, sin duda,
atribuye todos estos acontecimientos al influjo, en mayor o menor
medida, de la masonería, partiendo de que se trata de
un libro de carácter filosófico, sin entrar en un estudio
de los aspectos históricos aludidos que pudiera avalar la tesis.
Por ello, el listado hay que acogerlo con algunas reservas,
más cuando los historiadores tienden a limitar el alcance real
de la participación directa de la masonería en buena parte
de tales acontecimientos. Pero hay que señalar que, en efecto,
todos ellos, de enorme trascendencia en la configuración de nuestro
mundo, parecen acordes, en principio, con los principios subyacentes en
el "espíritu masónico".
Su relación con los Rosacruces
Algunos autores,
caso de Massimo Introvigne, relacionan el nacimiento de la masonería
con el fenómeno de los rosacruces.
La "rosacruz" se trataría
de una sociedad secreta, fundada por un legendario Christian Rosenkreutz,
cuyo tesoro iniciático consistiría en la sabiduría eterna.
El fenómeno
se desata con la aparición de tres textos hacia 1614:
"Fama fraternitatis", "Confessio" y "Las bodas químicas de Christian Rosenkreutz".
Tales textos habrían sido escritos por el pastor protestante Johan
Valentín Andreae, que pretendía con ello, según ciertos autores, obtener
cierta unidad de los protestantes frente al Papado y los
Habsburgo.
A juicio de Jean-Pierre Bayard, "Andreae, presumiblemente el autor
de estos escritos, fiel reflejo de su época, no es
más que el portavoz de una sociedad secreta, oculta, cuya
autoridad central, de pronto, hubiera querido revelarse. Este grupo no
se refiere a antiguos misterios, a antiguos rituales, pero se
sitúa en el naciente siglo XVII, apoyándose sobre unos símbolos
que son eternos. El fenómeno de la Rosacruz está unido
a aquella otra corriente de pensamiento ilustrado por Paracelso, Flud
o Maïer".
No existe ningún indicio histórico de la existencia
real de tal sociedad secreta, pero generó un movimiento que
en la actualidad, todavía, se traduce en múltiples sociedades semisecretas,
con millones de adeptos por todo el mundo. Algunas de
ellas están presentes en España, caso de AMORC y Lectorium
Rosicrucianum, muy conocidas por la intensa y permanente campaña publicitaria
desarrollada por ambas en numerosas ciudades y medios de comunicación.
Los propios masones no aceptan que en tales circunstancias se
sitúe el origen de su orden, pero es indudable que
las influencias de ambas movimientos han sido mutuas y recíprocas.
No en vano, masonería y movimiento rosacruz surgen en el
mismo ámbito cultural y filosófico de la modernidad, con el
"humus" del pluralismo como fenómeno distintivo, la reforma protestante, el
iluminismo y el florecimiento posterior de sectas de todo tipo,
muchas de ellas generadas en los aledaños o en el
mismo núcleo de ambas organizaciones.
Masonería en España
La primera
logia fundada en España es "La Matritense", establecida por Lord
Wharton, aunque ya funcionaba desde un año antes una logia
en Gibraltar. Las primeras logias son de obediencia inglesa, manteniendo
el carácter inicial, ingresando en ellas buena parte de la
minoría ilustrada española de la época, aristocrática e intelectual.
Con
la invasión francesa se inicia la influencia de la masonería
gala, que favoreció la implantación de numerosas logias en las
que ingresaron muchos afrancesados, en contraste con las de obediencia
inglesa, cuyos integrantes eran patriotas liberales contrarios a la ocupación
francesa.
Con los años, la masonería adquirió en España peculiaridades
propias: carácter conspirador, extrema politización e implicación en muchos sucesos
revolucionarios del siglo XIX, reducto de los militares liberales, anticlericalismo
extremo. Algunos de sus hombres llegan al poder en el
llamado "Trienio constitucional" (1820 – 1823). Se mezcla con otros
fenómenos, como los de las sociedades secretas de los Comuneros
y los carbonarios.
En 1824 es prohibida. De 1854 a
1868 participa en medios políticos, militares e intelectuales. En 1868
adquiere nuevo protagonismo, con ocasión de la revolución producida ese
mismo año. Con la Restauración es prohibida, de nuevo, en
1874.
A raíz de la proclamación de la Segunda República
española alcanza su mayor esplendor, al menos en su expresión
política, pese a sus múltiples escisiones y obediencias. La relación
de masones ilustres en este periodo de la historia de
España es abultadísima. Como dato significativo recordaremos que de los
470 diputados de la Cortes Constituyentes de la República, 183
eran masones. Sin embargo el número total de masones en
España no parece superara los 5.000 por entonces. Otro sector
en el que existía un importante número de masones era
el del ejército.
Señalemos algunos nombres ilustres de la política
española de aquellos años, masones todos ellos: Diego Martínez Barrio,
Alejandro Lerroux, Fernando de los Ríos, Casares Quiroga, Largo Caballero,
Manuel Azaña, Marcelino Domingo, Nicolau d’Olwer, Abad Conde, Luis Jiménez
de Asúa, Emiliano Iglesias, Ricardo Samper, Álvarez del Vayo, Pedro
Rico, Belarmino Tomás, Luis Araquistáin, Llopis, Domingo Barnés, Portela Valladares.
Presentes, todo ellos, especialmente en el PSOE, Partido Radical, Partido
Radical – Socialista, Acción Republicana, Esquerra Republicana de Cataluña y
Federación Republicana Gallega.
Es prohibida, por última vez, con la
consolidación del régimen surgido de la guerra civil, hasta su
legalización a finales de los años 70.
La masonería española
actual retoma algunas de sus constantes históricas: la fragmentación y
su escaso número en comparación al de otros países.
Veamos
cuales son las principales obediencias en la actualidad:
Gran Logia
de España. Mayoritaria. Su número oscila entre 1.500 y 3.000
miembros. Forma parte de la masonería regular. Está reconocida por
la Gran Logia Unida de Inglaterra. No acepta mujeres.
Gran
Logia Simbólica de España. Unos 500 miembros. Es una obediencia
irregular. Sus logias son sólo masculinas, sólo femeninas o mixtas.
Está afiliada al CLIPSAS. Masonería liberal. Ha alcanzado cierta notoriedad
en los medios de información al tratarse de la primera
obediencia española que eligió a una mujer como "Gran Maestra",
hecho acaecido en Zaragoza a mediados del 2000.
Gran Logia
Federal de España. Escisión de la Gran Logia de España.
Tiene en torno a los 400 miembros. De orientación regular.
Gran Logia de Canarias. Unos 200 miembros. Orientación irregular y
de ámbito territorial. Gran Logia de Cataluña. De similares características
de la anterior. Unos 200 miembros.
Gran Oriente de Cataluña.
Unos 100 miembros. Similar a las dos anteriores. Logia del
Derecho Humano. Masonería irregular, mixta. Unos 100 miembros.
Gran Logia
Femenina Francesa. Sólo mujeres. Irregular. Unas 40 integrantes.
Gran Oriente
de Francia. Varias logias levantinas pertenecen a esta obediencia irregular
y liberal.
Ritos y grados de la masonería
Hasta aquí
hemos visto algunas claves que permiten emitir algunos juicios acerca
de la naturaleza real de la masonería; aspecto que vamos
a desarrollar a continuación. Para ello, nos asomaremos un poco
al interior organizativo y simbólico de la masonería, recurriendo a
sus propias fuentes.
Ya hemos visto que existen dos grandes
tendencias: la masonería regular, vinculada a la Gran Logia Unida
de Inglaterra, y la irregular o liberal, más vinculada al
Gran Oriente de Francia. Y ello sin mencionar a todas
aquellas organizaciones situadas en los límites de la masonería (ocultistas,
herméticas, rosacruces, filantrópicas, etc.) tal como vimos.
Existen, también, varios
ritos perfectamente regulados. Los más importantes son los siguientes:
Rito
Escocés Antiguo y Aceptado. Con 33 grados, es el más
practicado, tanto en la masonería regular como en la irregular.
Rito Escocés Rectificado. Con 18 grados.
Rito Moderno Francés, con
solamente 7 grados.
Rito de York. También con 7 grados.
Rito de Emulación. Con los tres grados básicos presentes en
todo rito masónico: aprendiz, compañero y maestro.
Rito de Menfis
Misraim, que tiene, nada menos, que 99 grados. Cada rito
responde, de una forma simbólica muy concreta, al estudio de
la llamada "Gran Tradición".
La Gran Logia de Londres tenía
en sus inicios sólo tres grados: aprendiz, compañero y maestro.
Esos tres grados son comunes a todos los ritos, ya
los hemos visto, y son los más importantes.
Según los
grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la masonería se
divide de la siguiente forma:
- Grados 1 a 3.
Masonería simbólica.
- Grados 4 a 30. Masonería filosófica.
-
Grados 31 a 33. Masonería sublime.
Tradicionalmente, el paso de
un grado a otro se producía en una ceremonia de
iniciación. Las más importantes correspondían a los siguientes grados: 1,
2, 3, 4, 18, 22, 27, 30, 31, 32 y
33 (en el Escocés Antiguo y Aceptado). Pero en la
actualidad los propios masones consideran que se han desnaturalizado estas
ceremonias y que la mayoría de los grados se conceden
por comunicación, casi por "años de servicio".
Organización
Una logia
es una asamblea de masones. Este término designa, además, el
lugar donde se reúnen. Taller es un término análogo.
Una
obediencia es una federación de logias.
Oriente significa obediencia y
lugar masónico.
El presidente de una obediencia es el Gran
Maestre, elegido generalmente por 3 años.
Cada obediencia tiene un
Gran Consejo.
Cada logia es presidida por un venerable Maestro.
Triángulo, es el término aplicado a un grupo de masones
que, al no llegar a un número mínimo, no pueden
constituirse en logia.
Las logias se agrupan en logias capitulares
y Grandes logias provinciales. Estas últimas se agrupan en Grandes
orientes, de ámbito nacional.
Cada Oriente tiene su propia constitución
y cada logia su propio reglamento interno. Nombra sus propios
inspectores y representantes.
La facultad de hacer leyes radica en
la Asamblea General.
El poder ejecutivo reside en el Gran
Consejo.
El poder judicial se ejerce por los talleres, por
los Jurados Masónicos y la Gran Comisión de Justicia.
Existe
una Gran Cámara Consultiva del grado 33.
Existe, al menos,
una oficina internacional de relaciones masónicas, radicada en Suiza.
Símbolos
Además del sentido que encierra cada símbolo y que se
explica en las sucesivas ceremonias de iniciación que se celebran
para el acceso a los diversos grados, los símbolos permiten
identificarse a los masones entre sí (también existen toques de
mano y señas). Pero varían según los países y las
logias.
Mencionaremos, entre otros, los siguientes símbolos, comunes a todas
las obediencias y ritos: el triángulo, la estrella de cinco
puntas, el martillo, la escuadra, el compás, la rama de
acacia, las columnas, la piedra cúbica, la piedra bruta, el
libro, la cadena de unión, el sol, la luna, el
delta luminoso, el nivel, la plomada, el cincel, la letra
G, la B y la J.
En el desarrollo de
las diversas ceremonias los participantes emplean mandiles, bandas, sombreros, un
puñal, espadas, etc. En cada logia hay banderas y un
escudo propio.
Algunas logias emplean una variedad del idioma esperanto.
Existe una escritura secreta, consistente en una especie de jeroglífico
y un alfabeto en cifras.
Existe una modalidad de sepelio
masónico.
Se emplean una serie de términos específicamente masónicos: tenida
(reunión), planchas (escrito), Valle (ciudad), etc.
Cada masón adopta un
nombre simbólico.
El local donde tienen lugar las tenidas y
ceremonias, que siguen una estructura determinada, tiene una concreta configuración
material, con esculturas, estatuas, columnas, puertas, salas de reflexión anexas,
pinturas en paredes y techos, etc.
Naturaleza
Así, del todo despegada
de sus orígenes profesionales medievales, y con todas las vicisitudes
y características que hemos señalado, seguimos sin tener una idea
clara de lo qué es realmente la masonería, si bien
las pinceladas de los apartados anteriores ya nos han proporcionado
unas cuantas pistas importantes.
Intentemos buscar los fines últimos de
la masonería.
El estudioso navarro del tema Víctor Manuel Arbeloa
la define como "una asociación ritualista y benéfica, que respetaba
y armonizaba todas las religiones monoteístas, buscando un modelo de
sociedad tolerante, pluralista y filantrópica".
Veamos otra aproximación. Así el
artículo 1º de los estatutos del Gran Oriente de Bélgica
establece:
"Es una institución cosmopolita y en proceso incesante, que
tiene por objeto la investigación de la verdad y el
perfeccionamiento de la humanidad. Se funda sobre la libertad y
la tolerancia, no formula dogma alguno ni descansa en él".
A decir de Francisco Espinar Lafuente, en la línea marcada
por las dos anteriores definiciones, en todas las confesiones religiosas
existe un núcleo de verdad, en todo caso relativamente valioso,
al que se remite la sociedad. Y ese núcleo sería
la razón de ser de la masonería.
Tales concepciones contrastan
con la proporcionada por otros autores que nos la dibujan
como una asociación secreta, cuyos fines últimos no son revelados
al exterior, de gran influencia en la sociedad, instrumentalizada para
socavar la autoridad moral y social de la Iglesia católica.
Incluso hay autores que van más lejos. La asocian a
diversas sociedades secretas, como los "iluminados", "carbonarios", "rosacruces", a la
llamada "sinarquía" (supuesto intento de dominio universal que implicaría la
destrucción de la Iglesia), etc. Y es lugar común la
hipótesis de un pequeño grupo de iniciados superiores que "mueven",
desde detrás de los bastidores, los hilos que llegan a
todas las "logias" del mundo, al servicio de intereses inconfesables
e inéditos, incluso, para la inmensa mayoría de masones. En
esto, también mito y realidad se mezclan. El mismo René
Guénon afirmó, ya lo veíamos en el artículo anterior, que
existe una especie de "maestría" superior, de la que él
mismo formaría parte, a la que acceden escasísimos masones y
que constituiría una elite iniciática poseedora de los conocimientos esotéricos
más profundos, alejados de cualquier práctica política.
Veamos el sentido
del "secreto" masónico.
Para el autor masón, ya fallecido, Roger
Leveder, la orden no sería "secreta" sino "discreta". De hecho,
los contenidos de sus ritos, ceremonias, etc., están publicados y
pueden consultarse. Pero por lógico funcionamiento interno, se requiere discreción
para no convertir sus reuniones en espectáculos.
El experto en
sociedades secretas Serge Hutin, asegura que el secreto es, para
el masón, el "sentido". Así, no se llega a ser
masón por el conocimiento, sino practicando los ritos, es decir,
por la vía del símbolo.
El filósofo Francisco Espinar Lafuente
considera que no habría doctrinas secretas, sino una serie de
"secretos" (ritos, señas de reconocimiento, palabras clave para los distintos
grados, etc.).
Intentemos concretar.
Conforme a sus iniciales orígenes, y
considerando todo lo anterior, parece que la masonería tiene un
carácter deísta, agrupando a hombres que creen en Dios (al
menos la masonería regular) sin que importe a qué confesión
concreta pertenezcan, respetan la moral natural y practican la filantropía.
Pero conforme se extendió por el tiempo y el espacio,
esas finalidades fueron desbordadas por otras inquietudes, políticas fundamentalmente, y
por la atracción ejercida por las numerosos sectas herméticas, cabalísticas,
martinistas, rosacruces, templaristas, etc.
El "método masónico"
Ya hemos visto
que para algunos masones la característica definitoria fundamental de su
organización es el "método". Éste propone la libre discusión de
problemas (salvo los de carácter político y religioso), aportando soluciones
conforme al criterio mayoritario de los participantes, según su personal
percepción de lo que es justo y verdadero. En este
sistema el único límite sería el propio método.
En la
base de este método encontramos, sin lugar a dudas, al
relativismo, como herramienta imprescindible para afrontar el pluralismo ideológico y
cultural.
Desde esta perspectiva, cuyo centro es el hombre, es
imposible llegar a afirmaciones definitivas de ningún tipo, dogmáticas, aunque
sí "razonables". Y todo ello con una cierta base espiritualista,
que no admite que el hombre y el mundo sólo
sean materia.
Es importante ir a los fundamentos últimos de
la masonería para intentar comprender su verdadera naturaleza.
Desde un
punto de vista religioso, la masonería defiende la independencia de
la razón humana ante cualquier autoridad. Por ello el racionalismo
y el naturalismo constituyen su base filosófica. Y aquí aparecen
las primeras discrepancias serias con las enseñanzas de la Iglesia
católica.
La masonería difunde una moral universal, que existe en
la base de todas las religiones positivas a su entender
y, por ello, sería superior a éstas. De ahí es
fácil deducir la negación de toda norma moral objetiva, tal
como las afirma la Iglesia católica, cayendo en un relativismo
moral.
Desde una perspectiva filosófica, hay que señalar que la
masonería acepta la teoría de que no se puede poseer
la verdad en exclusiva, constituyendo una visión ecléctica en la
que es admisible el panteísmo, el espiritismo, el politeísmo, incluso
el maniqueísmo. Y en la masonería irregular, el ateísmo.
Por
todo ello, los autores masones hacen propios, especialmente, al deísmo
y a la filosofía del siglo XVIII.
El método masónico
conduce, concluiremos, al igual que buena parte del pensamiento dominante
en la actualidad, a presuponer que la verdad no puede
conocerse y que en el desarrollo de la propia humanidad
hay que estar abierto a todo lo que suponga "progreso"
sin restricciones.
La Iglesia católica y la masonería en la
actualidad
En los apartados anteriores hemos realizado una breve aproximación
a la historia y naturaleza de la masonería. En ellos
hemos podido entrever que sus relaciones con la Iglesia católica
han sido, cuanto menos, problemáticas. En este apartado veremos, con
cierto detenimiento, los criterios fundamentales y definitorios de esa relación.
Víctor Manuel Arbeloa, en un amplio artículo relativo a las
relaciones entre la Iglesia católica y la masonería, concluye de
la siguiente manera la relación entre masonería e Iglesia católica:
"No cabe la menor duda de que tanto en la
masonería francesa, belga, italiana y española, en general, la aversión
al Vaticano fue grande, como grande fue la enemiga al
Estado confesional, a la enseñanza religiosa, a las órdenes religiosas
–a los jesuitas, especialmente-, al matrimonio canónico impuesto, etc."
Y
pensamos, nosotros, que no parece ninguna casualidad que esa especial
virulencia contra la Iglesia católica se produjera en Estados mayoritariamente
católicos, implantándose la masonería irregular, en los que el arraigo
de la Iglesia era real.
De hecho, casi desde su
aparición, la masonería generó preocupación en la Iglesia. Ya Clemente
XII, con la constitución "In eminenti", del 24 de abril
de 1738, condenó a la masonería.
A partir de entonces,
las condenas se repiten de forma periódica y en gran
número.
Nos referiremos, a continuación, a algunos textos y momentos
de especial importancia al respecto.
León XIII, muy preocupado por
este tema, en su Encíclica "Humanun genus" (20 de abril
de 1884) la caracterizaba con una serie de notas: organización
secreta, naturalismo doctrinal, enemigo astuto y calculador del Vaticano, negadora
de los principios fundamentales de la doctrina de la Iglesia.
El Código de Derecho Canónico de 1917
El Canon 2.355
del Código de Derecho Canónico (C.I.C.) promulgado por el Papa
Benedicto XV en 1917 señalaba:
"Los que dan su nombre
a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo
género que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades
civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a
la Santa Sede".
Pío XII, el 24 de junio de
1958, señaló como "raíces de la apostasía moderna, el ateísmo
científico, el materialismo dialéctico, el racionalismo, el laicismo, y la
masonería, madre común de todas ellas".
Esta postura de la
Iglesia, tradicional y precisa, fue contestada por algunos católicos, especialmente
desde el término de la Segunda Guerra Mundial al considerar
que las condiciones objetivas, que dieron lugar a esa concreta
posición de la Iglesia, habían cambiado y que, por tanto,
debía ser revisada. Fundamentaban esa postura en la diferencia existente
entre masonería "regular" (tradicional, creyente en el Gran Arquitecto del
Universo) e "irregular" (atea y orientada a la política radical).
Dicho acercamiento también era impulsado, a su vez, por algunas
personalidades procedentes de la masonería regular.
Estas personas pensaban que
católicos y masones coincidían en una visión espiritual del hombre,
frente a un materialismo cuyos efectos se dejaban sentir con
horror y que ha llevado a la humanidad a un
trance dramático y de absoluta degradación, tal como las atrocidades
de las dos guerras mundiales acreditaban.
En ese contexto, el
19 de julio de 1974, el Cardenal Seper, Prefecto de
la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigió una
carta al Presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos,
en la que señalaba que el canon 2.355, como toda
norma penal, debía interpretarse restrictivamente y que debe aplicarse a
los católicos que formen parte de asociaciones que efectivamente conspiren
contra la Iglesia.
Ello fue interpretado, por aquellos católicos partidarios
de una "apertura" hacia la masonería, como un indicio de
evolución en las posturas tradicionales.
Así, según aquéllos, existirían dos
clases de masonería. Una, que conspira efectivamente contra la Iglesia,
incompatible, por tanto, para los católicos. Se trataría de la
masonería "irregular". Otra, que adopta una postura neutra, no beligerante,
incluso convergente en algunos aspectos, y a la que un
católico podría pertenecer (masonería "regular").
Para deshacer tales equívocos, el
17 de febrero de 1981, la Congregación para la Doctrina
de la Fe publicó una declaración en la que se
precisaba la interpretación de la mencionada carta del Cardenal Seper.
Dicha declaración establecía que el Canon 2.355 sigue plenamente vigente,
que las Conferencias Episcopales no pueden modificar el criterio allí
sentado (si bien los supuestos concretos sí pueden ser por
ellas determinados), de modo que no podrían dar validez a
las consecuencias derivadas de la supuesta distinción antes citada.
El
C.I.C. de 1983
Tras la revisión de su texto, el C.I.C.
promulgado por Juan Pablo II el 25 de enero de
1.983, en su Canon 1.374, que corresponde al mencionado 2.355,
señala:
"Quien se inscribe en una asociación que maquina contra
la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien
promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con
entredicho".
La nueva redacción tiene dos diferencias con la de
1917: la pena no es automática y no se menciona
expresamente a la masonería como asociación que conspire contra la
Iglesia.
Para evitar confusiones, el 26 de noviembre de 1983,
un día antes de la entrada en vigor de esa
nueva ley eclesiástica, fue publicada una declaración de la Congregación
para la Doctrina de la Fe firmada por el Cardenal
Ratzinger. Allí se señala que el criterio de la Iglesia
no ha variado. Se omite la nominación expresa de la
masonería por incluirla, junto a otras asociaciones, en el supuesto
general que aparece más amplio, dando cabida a cualquier otra
que efectivamente pretenda conspirar contra la Iglesia. Se indica que
los principios de la masonería siguen siendo incompatibles con la
doctrina de la Iglesia; que los fieles que pertenezcan a
asociaciones masónicas no pueden acceder a la Santa Comunión y,
también, que las autoridades eclesiásticas locales no tienen competencia para
pronunciarse respecto a la naturaleza de las asociaciones masónicas con
un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido
más arriba.
Tal declaración supuso un jarro de agua fría
a los partidarios de la posible doble pertenencia.
El diario
L´Osservatore Romano del día 22 de febrero de 1985, recogió
el siguiente texto:
"A propósito de la afirmación sobre la
inconciliabilidad de los principios, se objeta ahora en algunos sectores
que el aspecto esencial de la masonería es precisamente el
de no imponer ningún ‘principio’, sino más bien el de
reunir, por encima de los límites de las diversas religiones
y visiones del mundo, a hombres de buena voluntad fundándose
en valores humanos comprensibles y aceptables por todos. Pero el
cristiano que aprecia su fe, percibe instintivamente que la fuerza
relativizadora de semejante fraternidad reduce la firme adhesión a la
verdad de Dios, revelada en la Iglesia, a mera pertenencia
a una institución, considerada como una forma expresiva particular, junto
a otras formas expresivas más o menos posibles o válidas,
de la orientación del hombre hacia lo eterno".
En la
actualidad, siguen produciéndose algunas relaciones entre masones y católicos. Así,
en España es de destacar la paradoja de que algunos
de sus estudiosos más profundos sean miembros de sus, antaño,
mayores enemigos: los jesuitas. Es el caso de José Antonio
Ferrer Benimeli (Universidad de Zaragoza) indudable experto en masonería, Pedro
Alvarez Lázaro (de la Universidad de Comillas en Madrid), y
Enrique Menéndez Ureña (catedrático de Filosofía experto en Krause).
El
primero de ellos, autor de una extensísima obra, contempla con
gran simpatía a la masonería. En ocasiones ha realizado algunas
declaraciones que han generado cierta confusión; lo que ha hecho
necesaria la intervención de altas instancias eclesiales. Fue el caso
del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Peruana en 1988,
ratificándose en la postura tradicional de la Iglesia y afirmando
que "La unidad de la humanidad no se logra poniendo
la verdad entre paréntesis".
Finalizaremos este apartado con la reproducción
de un párrafo del editorial de la prestigiosa revista Civiltà
Cattolica del 19 de junio de 1999:
"El diálogo con
la masonería es posible, pero sigue siendo válida para los
católicos la prohibición de afiliarse a ella".
Doctrina
La conclusión
que extraemos de todo lo anterior es clara: no se
ha producido ninguna variación sustancial en la postura de la
Iglesia frente la masonería. No se puede hablar, por tanto,
ni de "endurecimiento", ni de "apertura". Y si hemos hecho
referencia a la regulación penal y a los diversos pronunciamientos
interpretativos de la misma, ha sido para despejar dudas e
interpretaciones erróneas o tendenciosas que pudieran empañar la evidente y
coherente continuidad del juicio de la Iglesia.
Visto el tratamiento
penal, hagamos una rápida incursión doctrinal.
El Teocentrismo cristiano nada
tiene que ver con el antropocentrismo propio del humanitarismo masónico.
Para la masonería, la Revelación no tiene sentido. Sólo sería
posible un esfuerzo intelectual y práctico del hombre para vivir
y conocer la Tradición.
Por otra parte, dado el carácter
"esotérico" (oculto) de la masonería, ésta pretende nivelar todas las
religiones, de lo que se deriva un deísmo vago y
etéreo, reductor del mensaje cristológico, de modo que Jesús ya
no sería –según esa visión- el "centro de la historia
y del cosmos". Jesús sería, eso sí, un gran maestro,
un gran iniciado, pero al nivel de Buda, Mahoma, Zoroastro,
etc.
El Gran Arquitecto del Universo es un concepto abstracto;
no sería un ser personal.
La razón es autónoma de
cualquier instancia, para la masonería. Lo que contrasta con la
adecuada relación entre razón y fe de la Iglesia católica.
La tolerancia masónica, al considerar iguales a todas las religiones,
incurre en un indiferentismo religioso imposible de conciliar con la
afirmación de que Jesucristo es El Camino, La Verdad y
La Vida. Con ello se incurre en un cierto sincretismo
religioso.
La moral, a juicio de los masones, no está
ligada a ninguna creencia religiosa en particular: moral subjetiva.
Según
su concepto de la verdad, no es posible su conocimiento
objetivo.
La libertad es un valor absoluto para la masonería,
pero ello contrasta con los juramentos (el secreto) y normas
que se impone a sus miembros en los ritos de
sus ceremonias.
Podríamos concluir este apartado indicando que el "método
masónico", que veíamos en un artículo anterior, es incompatible con
el acto de fe, tal como nos lo enseña la
Iglesia.
Conclusiones
En resumen. La masonería se caracteriza por su
relativismo religioso, filosófico y moral (público y privado). Y estas
características no impiden el diálogo, pero sí la confluencia y
la doble pertenencia.
La Iglesia tiene una doctrina precisa; la
Masonería, otra.
En definitiva, la aceptación de un conjunto de
principios excluye la posibilidad de asumir otros incompatibles con los
anteriores. Y esto es lo que sucede en el debate
Iglesia/masonería.
Y esos principios siguen vigentes. Por ello la Iglesia
no tiene motivo alguno para variar en su actitud: la
masonería no lo ha hecho.
La Iglesia católica es una
realidad concreta; la compañía humana en la que tiene lugar
el encuentro personal con Jesucristo. Es en ella donde se
puede vivir su amistad, lo que puede enjuiciar y abrazar
toda la realidad. Sin embargo, esa universalidad de la Iglesia,
esa vocación por las personas de toda clase, inteligencia, raza
o condición, es negada por una masonería que por definición
es elitista y esotérica.
De alguna manera, vemos que esas
negaciones de la Revelación, de la presencia de Jesús como
hecho en la Iglesia, de su negación de la Iglesia
como tal, la masonería enlaza con el gnosticismo de los
primeros siglos de la historia del cristianismo. Lo que en
definitiva viene a demostrar que toda herejía moderna ya ha
sido inventada en los inicios del cristianismo.
En ese sentido,
Philip Hugues caracteriza al gnosticismo, de la siguiente forma:
"El
gnosticismo, como el nombre indica, pretendía ser un camino para
llegar al conocimiento, o mejor dicho, a la visión de
Dios. Proclamaba que su doctrina, sus ritos y sus prácticas
tenían carácter revelado y habían sido transmitidos y preservados a
través de alguna misteriosa tradición. Se presentaba como un infalible
medio de salvación, actuando generalmente mediante fórmulas y ritos mágicos,
mas no se ofrecía a todos los hombres, sino –y
éste era el secreto de su atracción que el movimiento
ejercía- a la minoría de los iniciados".
Sin duda, los
paralelismos asombran, lo que ha llevado, por ejemplo al historiador
Ricardo de La Cierva, a profundizar en esta línea de
investigación.
La masonería encarna los valores comunes en que se
pretende reducir al cristianismo, nivelándolo con las demás religiones. Y,
por ello, la ética y práctica civil de los llamados
"valores comunes", mínimo común denominador de las sociedades actuales, constituyen
el triunfo aparente de la masonería.
Fernando José Vaquero Oroquieta
Conoze.com
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Bibliografía
En la presente
bibliografía hemos incluido textos procedentes de fuentes diversas: de autores
simpatizantes de la masonería, de otros detractores de la misma,
incluso publicaciones internas de dos obediencias presentes en España a
las que ha tenido acceso el autor.
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1976.
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Masonería española contemporánea. Vol.2, 1868 hasta nuestros
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García Bazán, Francisco. René
Guénon y el ocaso de la metafísica. Ed. Obelisco. Barcelona,
1990.
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y los orígenes del problema de la masonería. Revista "Christus",
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Évolution de la législation catholique vis-avis de la franc-maçonnerie. Revista
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a 79.
Continuación del artículo anterior. Misma publicación, 3 de
mayo de 1.984. Págs. 265 y 266.
Siete maestros masones.
Símbolo, rito, iniciación. Ed. Obelisco. Barcelona, 1987.
Vaca de Osma,
José Antonio. La Masonería y el poder. Ed. Planeta. Barcelona,
1992.
Varios autores. Cuadernos masónicos de la Gran Logia Simbólica
Española. Nº 1 a 5. Valladolid, años 1988 y 1989.
Varios autores. La Acacia, eco imparcial de la masonería aragonesa.
Edita: Logia Miguel Servet. Nº 1 a 10. Zaragoza, años
1998, 1999, 2000 y 2001. |
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