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Autor: Prof. Silvio Cajiao | Fuente: Clerus.org El desafío del Islam y su renacimiento
El «despertar del Islam» y su posible relación de diálogo con el catolicismo
El desafío del Islam y su renacimiento
Para muchos de nosotros la comprensión del judaísmo se nos
hace más fácil debido a la posesión en común de
la fe monoteísta de Abraham, de la aceptación como revelación
y por tanto como Palabra de Dios del texto veterotestamentario,
que recoge la acción histórico salvífica de Dios y que
señalaría a un futuro porvenir de una promesa, que para
ellos no se ha cumplido, pero para nosotros ha hallado
su plenitud en Cristo Jesús. No podemos decir lo mismo
de la religión musulmana, pues si bien está muy extendida
en el Asia y en el África y su penetración
en el siglo XX, tanto en Europa como en Norte
América ha ido en crecimiento, no lo es así en
Sur América, donde su existencia comparativa es mínima, probablemente 7
millones.
Algunos abordan al Islamismo como equivalente al mundo árabe, si
bien es cierto que el auténtico Corán se ha de
recitar en esa lengua, u otros consideran a la propuesta
mahometana como fatalista por la actitud fundamental del creyente de
«sumisión», confundiendo esta actitud con la actitud de la obediencia
y adhesión a la voluntad divina. Otro prejuicio es el
que los seguidores de Mahoma son fanáticos que viven propiciando
la «guerra santa», cuando la «yihad» ha de ser ante
todo un combate interior en resistencia a las fuerzas malignas
que invaden al hombre.
Como gran religión por su fe monoteísta
y por la fuerza de su expansión ha de relacionarse
necesariamente su aparición con su fundador en el año 570
d. C. y con la peregrinación o fuga que aquel
realizó desde la Meca a Medina (la Hégira 16-VII-622) y
de la inspiración que recibiera del arcángel San Miguel (609
d.C.) para consignar por escrito el querer de Dios. En
efecto el Corán rige y regula la totalidad de la
vida humana sin escapársele ninguno de sus aspectos de aquí
que la organización social, y por consiguiente la del Estado,
se encuentren vinculados en muchas partes de manera teocrática, si
bien en otros lugares donde la democracia ya estaba establecida
se hayan buscado la combinación de estos elementos religiosos y
organizacionales de manera independiente pero presentando conflicto al romper tradiciones
seculares.
Si para el año 1983 se calculaba el número de
musulmanes en el mundo en 745 millones de los cuales
70 millones eran chiítas y 650 millones sunnitas, para el
año 1999 (según la Enciclopedia Británica), el número de musulmanes
sería de 1.164 millones, es decir un incremento de 419
millones, es decir del 56 % en 16 años. Estos
números hablan por sí mismos para justificar el título de
nuestro apartado, es un hecho innegable, la religión musulmana ha
crecido como ninguna otra en el mundo. Quizá se le
puede comparar con el fenómeno del traslado a otras iglesias,
confesiones, o «sectas» en Latinoamérica donde se calculaba que el
traspaso era de unos 8.000 católicos que diariamente se trasferían
a estos movimientos en la década de los noventa.
Como todo
gran movimiento religioso que cuenta a su haber más de
cuatro siglos de existencia, el islamismo ha sufrido divisiones, no
solo las que provienen del origen entre sunnitas y chiítas
según provengan del profeta mismo Mahoma ciñéndose no sólo al
Corán, sino al ejemplo y práctica misma del Profeta y
representarían por decirlo así la ortodoxia del islamismo al reconocer
la legitimidad de los cuatro primeros califas (Abú Bark, Omar,
Otmán y Alí); mientras que los chiítas rechazan el califato
electivo y consideran que se ha de conservar la línea
hereditaria del profeta, pero como Alí (hijo de Fátima que
se casó con la hija del último rey sasánida) fue
depuesto y su hijo Hussein asesinado en le 680 en
Kerbela (Irak), los chiítas esperan desde entonces su regreso, al
final de los tiempos para inaugurar el reino de justicia.
En el fondo puede verse un enfrentamiento entre los reinos
de Persia y Arabia.
Así las tendencias han desgarrado al Islam.
Mientras que la primera, modernista, intenta ajustar la religión antigua
a las nuevas mentalidades y descubrimientos y costumbres de la
época, la segunda rechaza todo lo nuevo para refugiarse en
el pasado. O acomodarse a los tiempos o permanecer en
el origen, he aquí la disyuntiva.
Este querer volver a los
orígenes es lo que se ha llamado «reformismo» o en
ocasiones «fundamentalismo» y es un volver a las fuentes («salafiya»
de «salaf»: fe). Efectivamente, fue Mohammed ibn Abd al-Wahhab (1703-1791)
quien en la línea del rito hanbalita emprendió una lucha
contra las innovaciones introducidas tanto por los marabuts como por
los chiítas o sufíes (línea mística del Islam) referente a
los santos y otras supersticiones, búsqueda de éxtasis, cofradías. Predicaba
una vuelta a la estricta observancia de la «sari’a» (=
el camino) o la legislación recopilación del Corán y la
sunna (= conducta, o dichos y hechos del Profeta Mohammet).
El
haber encontrado al emir Ibn Sa’ud permitió la aplicación de
su propuesta a la Arabia saudita que llegó a ser
una especie de teocracia fundada en la observancia de la
ley coránica. Hasta nuestros días la doctrina del wahabismo sigue
siendo la doctrina oficial practicada en la Arabia. Con menor
fuerza se impuso en Pakistán con Mohammed Iqbal (1873-1938) en
la India con Ahmad Khan Bahadur (1817-1898) por Indonesia y
llegó al África.
Los «hermanos musulmanes», asociación político religiosa que nació
en 1929 por iniciativa del profesor egipcio al-Banna con fundamento
en el Corán y por tanto rechazando todas las herejías
que se habían introducido y que llevadas al terreno de
la moral incluían la abolición de la prostitución, de la
usura, de escuelas mixtas y la organización de la «zakat»
o limosna, 4to pilar del Islam junto con el 1ro
la profesión de fe: «Un solo Dios: Alá y su
único profeta», el 2do la oración ( «salat» 5 veces
diarias y en dirección a la Meca) 3ra el ayuno
coincidente especialmente con el «Ramadán» (swam) y el 5to la
peregrinación a la Meca (el «hayy» con el cual se
refuerza el retorna a las fuentes auténticas de la fe
y la unidad islámica).
En 1948 el rey Faruk decretó la
disolución de los «hermanos musulmanes» quienes a su vez tomaron
su revancha al en 1952 derrocando a su régimen.
Nos
han sido familiares los nombres del ayatolá Jomeini y el
régimen impuesto en Irán con una estricta observancia de la
ley del Corán luego del derrocamiento del Sha, así como
del coronel Gadhafi y su intento de aplicación ortodoxa, si
bien no es bien visto por algunas facciones del mundo
islámico por su apertura al occidente.
La búsqueda de la unidad
del mundo islámico propuesta ya por el Corán en la
«umma» (= madre, unidad con dos sentidos uno místico: comunión
y otro político: nación musulmana) que proclama que «Los creyentes
son todos hermanos» se verá plasmada en la «Organización de
la Conferencia Islámica» creada en mayo de 1971 como consecuencia
de la cumbre islámica celebrada en Rabat en septiembre de
1969 para examinar las consecuencias del incendio de la mezquita
de El Aqsa en Jerusalén. Luego de esta cumbre se
han celebrado diversa conferencias hasta llegar a ser invitada por
las Naciones Unidas para cooperar mancomunadamente en la búsqueda de
la paz mundial y del desarrollo, cuando la asamblea general
le pidió al Secretario General se considerase este tema de
cooperación el 29 octubre de 1998.
Esta mínima ambientación nos prepara
para llegar propiamente al tema de nuestra exposición y considerar
ese «despertar del Islam» y su posible relación de diálogo
con el catolicismo. Propuesta que ha sostenido su Santidad Benedicto
XVI en su reciente visita a Alemania con ocasión del
encuentro mundial de la juventud en Colonia. No sin antes
advertir cómo existen fuerzas opuestas a este intento de cooperación
para lograr la cooperación en el trabajo común por una
paz duradera, en efecto el Papa dijo en esa ocasión:
«Los
que idean y programan estos atentados demuestran querer envenenar nuestras
relaciones, recurriendo a todos los medios, incluso a la religión,
para oponerse a los esfuerzos de convivencia pacífica, leal y
serena. El terrorismo, de cualquier origen que sea, es una
opción perversa y cruel, que desdeña el derecho sacrosanto a
la vida y corroe los fundamentos mismos de toda convivencia
civil. Si conseguimos juntos extirpar de los corazones el sentimiento
de rencor, contrastar toda forma de intolerancia y oponernos a
cada manifestación de violencia, frenaremos la oleada de fanatismo cruel,
que pone en peligro la vida de tantas personas, obstaculizando
el progreso de la paz en el mundo. La tarea
es ardua, pero no imposible. En efecto, el creyente sabe
que puede contar, no obstante su propia fragilidad, con la
fuerza espiritual de la oración.»
Es necesario entonces afrontar la pregunta:
¿Qué tan factible es el diálogo islamismo-cristianismo?
Sin duda que el
intento de diálogo y aproximación es posible, un ejemplo reciente
lo encontramos en el Congreso que con motivo de los
40 años de la declaración «Nostra Aetate» del Vaticano II
se tuvo en el Instituto para las Culturas y las
Religiones de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma los días
25 a 27 de septiembre de 2005 con ponencias tanto
de católicos, protestantes como musulmanes y judíos. De igual manera
el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso se ha venido
pronunciando al respecto y propiciando encuentros interreligiosos al igual que
expresando su solidaridad por los diversos momentos de conmemoración de
la vida religiosa, por ejemplo en el Ramadán.
En el pasado
reciente especialistas franceses como Massignon, Louis Gardet, Vincent Monteil y
Michel Lelong han propiciado el diálogo que aparentemente encontraría lugares
comunes para el encuentro, pero que por otro lado es
necesario superar una serie de prevenciones históricas como lo advertía
Benedicto XVI en Colonia ya que sin un mutuo perdón
por los errores cometidos va a ser difícil dialogar. De
otra parte aún con buena voluntad existen diferencias sustanciales que
es necesario reconocer precisamente para que el diálogo sea auténtico.
«En
el encuentro que he tenido en abril con los Delegados
de las Iglesias y Comunidades eclesiales y con representantes de
diversas Tradiciones religiosas, dije: "Os aseguro que la Iglesia quiere
seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas
las religiones, para buscar el verdadero bien de cada persona
y de la sociedad entera" (L´Osservatore Romano, 25 abril 2005,
p. 4). La experiencia del pasado nos enseña que el
respeto mutuo y la comprensión no siempre han caracterizado las
relaciones entre cristianos y musulmanes. Cuántas páginas de historia dedicadas
a las batallas y las guerras emprendidas invocando, de una
parte y de otra, el nombre de Dios, como si
combatir al enemigo y matar al adversario pudiera agradarle. El
recuerdo de estos tristes acontecimientos debería llenarnos de vergüenza, sabiendo
bien cuántas atrocidades se han cometido en nombre de la
religión. La lección del pasado ha de servirnos para evitar
caer en los mismos errores. Nosotros queremos buscar las vías
de la reconciliación y aprender a vivir respetando cada uno
la identidad del otro. La defensa de la libertad religiosa,
en este sentido, es un imperativo constante, y el respeto
de las minorías una señal indiscutible de verdadera civilización» (Colonia,
20-VIII-2005).
De otra parte aún con buena voluntad existen diferencias sustanciales
que es necesario reconocer precisamente para que el diálogo sea
auténtico.
Estos son algunos de los puntos comunes que nos unen:
la fe en un único Dios, creador de todas las
cosas, trascendente y misericordioso. El se ha revelado a los
seres humanos a través de sus profetas y ha enviado
a sus ángeles para cuidarles y advertirles en su peregrinaje
pro el mundo. Vendrá un día a juzgar según las
acciones del hombre y los unos obtendrá el paraíso y
los otros las penas del infierno.
Los valores morales del Islam
coinciden con los del Evangelio, pudiéndolos resumir en el término
«justicia», el musulmán como el cristiano, o todo hombre religioso
debe pretender ser veraz, fiel a sus compromisos, acogedor y
atento de manera especial con los pobres, dando a cada
uno lo que se le debe y moderando sus deseos.
Todo
esto crea un estado de fraternidad que propiciaría un encuentro
sobre todo en acciones comunes, por ejemplo luchar contra la
degradación de las costumbres, erradicar el sufrimiento humano, luchar contra
la injusticia, el racismo, y todo lo que amenaza la
dignidad de los seres humanos y de sus derechos fundamentales.
De hecho así ha sucedido ya en la lucha contra
el aborto y la crecida precisión que se viene ejerciendo
sobre organizaciones internacionales para que se liberalice su práctica.
Por otra
parte es difícil ya que existen diferencias notorias. El primero
y fundamental es que cada horizonte de comprensión religiosa tiene
la certeza de estar en la absoluta verdad puesto que
su referente es una verdad revelada por Dios mismo. Los
cristianos creemos que Jesucristo ha venido a revelar la verdad
definitiva de parte de Dios su Padre. Para los musulmanes
los cristianos hemos desfigurado la enseñanza evangélica al elevar a
la categoría de divinidad al que era únicamente un profeta
enviado por el único Dios. No habrá acuerdo si los
cristianos no aceptamos que Mahoma es el Profeta definitivo de
parte de Dios que trae el sí el mensaje auténtico.
Para nosotros en Cristo Jesús se cumplieron las promesas hechas
por Dios a Israel, para los musulmanes el cristianismo no
es más que un camino hacia el Islam.
¿Adoraríamos entonces al
mismo Dios? En cuanto que confesamos su unidad sí, pero
en cuanto reconocemos la trinidad de personas, no! Estamos ante
el misterio de los misterios del Cristianismo, la Trinidad, la
Encarnación, la relación de amor pleno de esta Santa Trinidad
que para el musulmán constituyen más bien una blasfemia contra
la unidad y unicidad de Dios. Dios no puede ni
encarnarse, ni sufrir, ni morir en una cruz. Sería rebajar
la dignidad de tal Dios, por tanto la Pascua centro
de la fe cristiana y del seguimiento de Jesucristo están
en contradicción con su fe.
De otra parte existen también diferencias
en la forma como relacionamos religión y sociedad.
Para un cristiano,
aunque tenga preferencias por algún tipo de organización político social,
sabe bien que el Evangelio no le dicta normativas por
un prototipo de sociedad, ya que el Evangelio mismo va
a interpelar todo tipo de sociedad en cuanto incompleta e
inacabada puesto que la plenitud del Reino siempre está por
llegar, esto no ha de interpretarse en el sentido de
que al cristiano no le interesan las concreciones históricas del
mismo Reino de Dios y su justicia, sino que sabe
que el Señor de la historia lo encamina para que
considere la transitoriedad de la historia y se encamine con
sus hermanos a través de la misma historia hasta la
única plenitud que es Dios.
Para la concepción musulmana en donde
el Corán rige todos los aspectos de la vida incluyendo
lo político social, la civilización, la cultura, la religión ya
que dictamina sobre lo legislativo, lo doctrinal, la convivencia social
indicando qué es salvífico y que no es hace muy
difícil que se acepte un cambio y una evolución, la
única que se daría sería en línea de un integrismo
mayor. Nuestra confianza está puesta en Dios que une los corazones
de los que con sinceridad le buscan, para que se
produzca cercanía con este amplio mundo de esta profesión de
fe en el único y verdadero Dios que es el
Dios de nuestro padre en la fe: Abraham.
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