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Autor: Juan Pablo II | Fuente: Mensaje del Encuentro de oración de Asís 2002 Decálogo de Asís por la paz
Nos comprometemos a proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo son incompatibles con el auténtico espíritu de la religión
Decálogo de Asís por la paz
CARTA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A TODOS LOS
JEFES DE ESTADO O DE GOBIERNO Y DECÁLOGO DE ASÍS PARA
LA PAZ
A sus excelencias los jefes de Estado o
de Gobierno
Hace exactamente un mes se celebró en Asís la
Jornada de oración por la paz en el mundo. Hoy
mi pensamiento se dirige espontáneamente a los responsables de la
vida social y política de los países que estuvieron representados
allí por los líderes religiosos de numerosas naciones.
Las intervenciones inspiradas
de estos hombres y mujeres, representantes de las diversas confesiones
religiosas, así como su deseo sincero de trabajar en favor
de la concordia, de la búsqueda común del verdadero progreso
y de la paz en el seno de toda la
familia humana, encontraron su expresión elevada y, a la vez,
concreta en un "decálogo" proclamado al término de esa excepcional
jornada.
Tengo el honor de enviar el texto de este compromiso
común a su excelencia, convencido de que estas diez proposiciones
podrán inspirar la acción política y social de su Gobierno.
Pude
constatar que los participantes en el encuentro de Asís estuvieron
animados más que nunca por una convicción común: la
humanidad debe elegir entre el amor y el odio. Y
todos, sintiéndose miembros de una misma familia humana, supieron traducir
esa aspiración a través de este decálogo, persuadidos de que,
si el odio destruye, el amor, por el contrario, construye.
Deseo
que el espíritu y el compromiso de Asís guíen a
todos los hombres de buena voluntad en la búsqueda de
la verdad, la justicia, la libertad y el amor, para
que toda persona humana goce de sus derechos inalienables, y
cada pueblo, de la paz. Por su parte, la Iglesia
católica, que pone su confianza y su esperanza en "el
Dios de la caridad y de la paz" (2 Co
13, 11), seguirá comprometiéndose para que el diálogo leal, el
perdón recíproco y la concordia mutua marquen los caminos de
los hombres en este tercer milenio.
Agradeciendo a su excelencia el
interés que quiera prestar a mi mensaje, aprovecho esta ocasión
para asegurarle mi más alta consideración.
Vaticano, 24 de febrero de
2002
Decálogo de Asís
1. Nos comprometemos a proclamar nuestra firme convicción
de que la violencia y el terrorismo son incompatibles con
el auténtico espíritu de la religión y, condenando todo recurso
a la violencia y a la guerra en nombre de
Dios o de la religión, nos comprometemos a hacer todo
lo que nos sea posible para desarraigar las causas del
terrorismo.
2. Nos comprometemos a educar a la gente en
el respeto y la estima mutuos para favorecer una convivencia
fraterna y pacífica entre personas de diferentes grupos étnicos, culturas
y religiones.
3. Nos comprometemos a promover la cultura del diálogo
para que crezcan la comprensión y la confianza recíproca entre
individuos y pueblos, siendo éstas las premisas de la paz
auténtica.
4. Nos comprometemos a defender el derecho de toda persona
humana a vivir una existencia digna, según la propia identidad
cultural y a formar libremente una familia.
5. Nos comprometemos a
dialogar con sinceridad y paciencia, sin considerar lo que nos
diferencia como un muro imposible de superar, sino por el
contrario reconociendo que el encuentro con la diversidad de los
demás puede convertirse en una oportunidad para mejorar la comprensión
recíproca.
6. Nos comprometemos a perdonarnos mutuamente los errores y prejuicios
del pasado y del presente, y a apoyarnos en el
común esfuerzo por derrotar el egoísmo y la prepotencia, el
odio y la violencia, así como a aprender del pasado
que la paz sin la justicia no es una auténtica
paz.
7. Nos comprometemos a estar de la parte de los
que sufren a causa de la miseria y el abandono,
haciéndonos portavoces de quien no tiene voz y trabajando concretamente
para superar tales situaciones, con la convicción de que nadie
puede ser feliz solo.
8. Nos comprometemos a hacer nuestro el
grito de quien no se resigna a la violencia y
al mal y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas para
dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real
de justicia y de paz.
9. Nos comprometemos a alentar toda
iniciativa que promueva la amistad entre los pueblos, convencidos de
que el progreso tecnológico, cuando falta un entendimiento solidario entre
los pueblos, expone al mundo a crecientes riesgos de destrucción
y muerte.
10. Nos comprometemos a pedir a los líderes de
las naciones que hagan todos los esfuerzos posibles para crear
y consolidar, a nivel nacional e internacional, un mundo de
solidaridad y paz, basado en la justicia.
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