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Autor: Arzobispo Celestino Migliore | Fuente: Comunicado de las Naciones Unidas Sobre la intolerancia religiosa
Intervención del Vaticano en la ONU sobre la intolerancia religiosa.El arzobispo Migliore presenta la religión como un valor, no como una amenaza
Sobre la intolerancia religiosa
La libertad religiosa en todas sus formas ha salido repetidamente
en titulares en los últimos meses y en las últimas
semanas. Y con razón, pues la libertad religiosa es una
condición necesaria para buscar el bien común y la auténtica
felicidad. En particular, la libertad religiosa, permite la búsqueda de
las «realidades últimas», las que responden a las exigencias más
profundas, más interiores y más auténticas del espíritu humano. En
este sentido, por tanto, la fe y la libertad religiosa
tienen que ser vividas y consideradas como un valor positivo
que no debe ser manipulado y visto como una amenaza
a la convivencia pacífica y a la tolerancia recíproca; es
un valor coherente con las demás libertades y contribuye a
sostenerlas.
Los líderes religiosos tienen la particular responsabilidad de rechazar cualquier
uso erróneo o comprensión inadecuada de las creencias y de
la libertad religiosa. Tienen en sus manos un medio poderoso
y duradero para luchar contra el terrorismo y están llamados
a crear y difundir una sensibilidad que es religiosa, cultural
y social y que nunca se transformará en actos de
terror sino que rechazará y condenará esos actos como profanaciones.
Del
mismo modo, las autoridades públicas, legisladores, jueces y administradores tienen
la grave y evidente responsabilidad de favorecer la convivencia pacífica
entre los grupos religiosos y de servirse de su colaboración
en la construcción de la sociedad, en vez de ponerles
restricciones o de sofocar su identidad, especialmente si se trata
de iniciativas de estos grupos a favor de los más
pobres de la sociedad.
Podría parecer algo paradójico el decir que
en esta era de globalización han surgido también nuevas formas
de intolerancia religiosa. Un mayor ejercicio de las libertades individuales
puede producir una mayor intolerancia y mayores restricciones jurídicas a
la expresión pública de la fe. La actitud de quienes
quisiera confinar la expresión religiosa a la mera esfera privada
ignora y niega la naturaleza de las auténticas convicciones religiosas.
En la mayoría de los casos, pone en tela de
juicio el derecho de las comunidades religiosas a participar en
el debate público democrático en la manera en que es
permitido a las demás fuerzas sociales.
Además, últimamente parece que, cada
vez con más frecuencia, la actitud jurídica y legislativa ante
la libertad religiosa tiende a vaciarla de su sustancia.
En el
espíritu de la Declaración sobre la Eliminación de todas las
Formas de Intolerancia y Discriminación basada en la Libertad Religiosa
y de Creencias, los marcos jurídicos sobre la libertad religiosa
y las regulaciones de las acciones gubernamentales, deberían promover la
contribución de los creyentes al bien común de la sociedad
y permitirles mantener las apropiadas instituciones caritativas o humanitarias. Apropiadas
quiere decir también que se permite a las asociaciones o
grupos religiosos trabajar en el campo social, educacional y humanitario,
y conservar al mismo tiempo su carácter religioso, actuar en
armonía con su misión respectiva sin tener que abandonar cualquier
compromiso religioso o valor moral a la hora de construir
el bien común. Los intentos de secularizar o interferir en
los asuntos internos de las instituciones religiosas socavarían su razón
de ser así como el tejido mismo de la sociedad.
Por el contrario, acoger la diversidad religiosa, en el ámbito
de sus servicios a la vida pública --a excepción obviamente
de aquellas circunstancias en las que se dé una amenaza
directa para la salud y la seguridad pública-- significa respetar
una específica faceta del derecho a la libertad religiosa, enriquecer
una auténtica cultura pluralista, y ofrecer un importante y en
ocasiones indispensable servicio a los pobres, a los indefensos y
a los necesitados.
El reconocimiento de la primacía de la conciencia
individual, abierta a la verdad, es fundamental para la dignidad
de la persona humana. La Santa Sede sigue sacando fuerzas
de esta convicción para defender enérgicamente la libertad de conciencia
y de religión, tanto a nivel individual como social. Esta
defensa sigue siendo necesaria hoy, dados los episodios de violencia
que causan trágicos sufrimientos, la destrucción de lugares religiosos, los
maltratos y asesinatos de religiosos, y las persecuciones contra las
comunidades de fe.
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