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Autor: Cardenal Renato R. Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz ¿Ha habido contradicciones en la enseñanza de la Iglesia sobre la libertad religiosa?
La «Dignitatis humanae» considera la libertad religiosa como «un derecho natural, fundado en la misma dignidad de la persona humana
CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 30 junio 2005.- ¿Se ha contradicho
en los últimos siglos la Iglesia católica al condenar y
después defender la libertad religiosa? A esta pregunta respondió negativamente
el cardenal Renato R. Martino al intervenir este jueves en
la presentación del «Informe 2005 sobre la libertad religiosa en
el mundo», redactado por la organización católica «Ayuda a la
Iglesia Necesitada».
Hablando en la Cámara de los Diputados de la
República de Italia, ante algunos diputados y periodistas, el presidente
del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz recordó
la afirmación del Compendio de la Doctrina Social de la
Iglesia donde se dice que «la distinción entre religión y
política y el principio de la libertad religiosa constituyen una
adquisición específica del cristianismo, de gran relieve a nivel histórico
y cultural».
La libertad religiosa, explicó «fue decididamente condenada en 1864
por Pío IX, en el "Sillabus" (Cf. proposiciones números l5-l8,
77-79); pero ya antes había sido condenada por Gregorio XVI
en la encíclica "Mirari vos" de l832, mientras que fue
reconocida, un siglo después, del Concilio Vaticano II en la
Declaración «Dignitatis humanae» (l965)».
Por tanto, se preguntó:
«¿el Magisterio pontificio de los Papas del siglo XIX en
materia de libertad religiosa están contracción con las deliberaciones del
Vaticano II?».
«No es así --respondió--. En la "Mirari vos"
en el "Sillabus", de hecho, no se condenaba la libertad
religiosa, sino una cierta concepción filosófica de la libertad religiosa
que entonces dominaba. Esta concepción comportaba el relativismo, el sincretismo
o incluso la indiferencia en materia religiosa, con una equiparación
en esencia entre la verdad y el error».
«Es totalmente evidente
que estas posiciones son incompatibles con la naturaleza de la
Iglesia, que tiene la certeza de la verdad», explicó.
El
Concilio, añadió, afirmó explícitamente en la declaración «Dignitatis
humanae»a que, a nivel moral, se da la obligación, para
cada hombre, de buscar la verdad y seguir la verdad.
«Verdad
y error no están al mismo nivel, ni desde el
punto de vista filosófico ni desde el teológico», indicó.
Esa declaración
conciliar considera la libertad religiosa como «un derecho natural, fundado
en la misma dignidad de la persona humana, que se
define como derecho a no estar sometidos a coerciones externas
en materia religiosa».
Todos los hombres «deben adherir a la
verdad conocida y a ordenar su vida según las exigencias
de la verdad», subrayó.
Y añadió: «Pero los hombres no son
capaces de responder a esta obligación según su naturaleza, si
no gozan de la libertad psicológica y al mismo tiempo
de la inmunidad de coerción externa».
El derecho a esta «inmunidad»,
concluyó, «perdura incluso entre quienes no cumplen con la obligación
de buscar la verdad y de adherir a la misma;
y su ejercicio no puede ser impedido, a condición de
que respete el justo orden público».
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