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Autor: Antonella Brian | Fuente: www.dialogoreligioso.org El radicalismo religioso hebreo
Un problema que crece y que lacera Tierra Santa: el fundamentalismo judío
El radicalismo religioso hebreo
Después de su elección como Primer Ministro, Ariel Sharón, así
también como su predecesor Beniamín Netanyahu en el 1996, rindió
homenaje a un viejo de hábito oscuro y larga barba:
se trataba del jefe del Shas, partido que, si se
exceptúan las dos coaliciones mayoritarias (el partido Laborista y el
Likud), ha obtenido más votos ya sea en las penúltimas
como en las últimas elecciones para renovación del Parlamento en
Israel, desarrolladas respectivamente el 29 de Mayo de 1996 y
el 17 de Mayo de 1999. El neo-electo sabía bien
que no podría gobernar sin el apoyo de los partidos
menores, como lo han sabido los políticos israelitas que se
han sucedido en el gobierno en estas últimas décadas. Y
entre los partidos menores los más fuertes son aquellos
que se pueden comprender bajo la etiqueta de “religiosos”. Es
una etiqueta que define dos corrientes, que junto a los
puntos de contacto tienen también muchas y substanciales diferencias.
El primer
partido religioso que apareció en el escenario hebreo-palestino fue, ya
a comienzos del siglo pasado, el Mizrahi, que congregaba a
los sionistas religiosos, para quienes el retorno de los hebreos
a Palestina tenía también un significado mesiánico: un paso hacia
delante en la era de la redención. Este grupo, en
el nacimiento del Estado Israelí, será el primer partido israelita:
el Mafdal (Partido Nacional Religioso). Por eso, después de la
guerra de Kippur en octubre de 1973, nacerá el grupo
extremista del Gush Emunim (Bloque de fieles), que iniciará la
colonización de los territorios apenas ocupados, en particular la Cisjordania.
Judíos ultra ortodoxos que no aceptan el Estado de Israel
Una historia distinta tienen los partidos que pertenecen a otra
corriente, y que se pueden llamar “ultra-ortodoxos”, o también “de
los hombres de negro” o Haredim (“aquellos que tiemblan delante
a Dios”). El primer núcleo nace en el 1912 en
Polonia, donde algunos rabinos fundan el Agudat Israel (Comunidad de
Israel), del cual surge después el Poalei Agudat Israel (Trabajadores
de la Comunidad de Israel) que funda algunos kibbutz y
moshav (villas colectivas y cooperativas) en Palestina, existentes y activos
aún hoy. Esta organización en el inicio es decididamente antisionista:
el retorno de los hebreos a la Tierra de Israel,
etapa fundamental de la Redención, será posible solo por obra
divina, y , por consiguiente, está prohibido querer apresurar tal
evento. Las circunstancias, sin embargo, harán mitigar las posiciones de
los rabinos dirigentes del Agudat Israel. La necesidad de ayudar
la inmigración hebrea en aquella tierra y la obligación de
mostrar una voluntad de unión con los mediadores de la
ONU (los cuales antes del fin del Mandato Británico estudian
la oportunidad de dividir Palestina entre hebreos y árabes), los
convencen de tener que aceptar el diálogo y en parte
tener que colaborar con los sionistas. Tal posición causará el
surgir de un “frente de rechazo” en la organización, pero
le dará autoridad para intervenir inmediatamente en el nuevo gobierno
israelita. Más tarde, con el crecer del “problema negro” al
interno de Israel –esto es la discriminación que los hebreos
occidentales hacían a los orientales y la creciente toma de
conciencia de estos últimos- los partidos religiosos adquieren más importancia,
hasta llegar a participar en el poder después la victoria
de la derecha de Begín en las elecciones de 1977,
y hacerse factor discriminante para poder llegar a gobernar en
el Israel de hoy. Desde los orígenes de Agudat Israel
se han separados en el entretiempo, por motivos diversos, dos
nuevos partidos: el Shas – que en las últimas elecciones
ha obtenido un éxito notable, habiendo subido del 8.5% de
los sufragios al 13% – y el Degel Hatora, ambos
inspirados en el mismo “maestro”, el rabino Schach, y compuestos
el primeros por hebreos sefarditas y el segundo por religiosos,
la mayoría no hasídicos.
¿Qué cosa tienen en común estas dos
corrientes, la una sionista y otra más o menos fuertemente
antisionista; una altamente nacionalista y la otra totalmente desinteresada
de toda cuestión no relativa a la Ley? Se
podría responder: su ortodoxia (la observancia de las leyes religiosas
hebreas, el continuo respeto a la tradición y el cultivo
de la idea de que el Mesías no podrá llegar
sino a la Tierra de Israel pero indivisa).
Exceptuando el Mafdal,
ya sea el grupo extremista del Gush Emunim y los
otros sionistas ultranacionalistas, como así también los partidos ultraortodoxos todos
son manifestaciones del radicalismo hebreo. De un radicalismo que tienen
estas características:
el rechazo de muchos valores modernos, midiéndose con
el metro de un mundo ideal perteneciente al pasado –para
los haredim: la shtetl, la población hebrea de Europa Oriental
antes del exterminio nazista- o perteneciente al futuro -para el
grupo G.E (era de Redención);
el querer imponer también a
los otros el propio riguroso código de vida, sea privado
como social
el rechazar a quien vive de modo diferente
Hablar de radicalistas hebreos israelitas no tendría quizá mucho interés,
si no existiesen dos buenas razones.
La primera es la connotación
mesiánica que tiene ya desde el inicio toda corriente sionista:
el retorno de los hebreos a Palestina llevará a una
sociedad nueva y a hombres nuevos, que serán el modelo
para el resto de los pueblos. Este ideal es la
versión laica de la idea de la Redención Mesiánica.
La segunda
razón esta ligada a los acontecimientos israelitas de estos últimos
años: la necesidad de apoyar los partidos minoritarios por parte
de quien va al gobierno, la influencia de tales partidos
en las decisiones políticas (hasta el punto de hacer temer
a algunos israelitas de izquierda que el Estado se vuelva
teocrático) y el crecimiento del extremismo hebreo, desde el descubrimiento
en abril de 1984 de una organización terrorista que proyectaba
poner bombas en autobuses árabes, la violencia contra palestinos en
Territorios Ocupados, el atentado a Rabin, y finalmente ese destructor
del proceso de paz: la existencia de los asentamientos.
Desde
Luria a Gush Emunim
Desde el ideólogo del sionismo religioso, rabino
Isaac Kook, a los colonos de camisa a cuadros, mitra
y kippa, un tema constante se encuentra entre los radicalistas
no haredi: preparar la venida del Mesías. Las raíces de
sus convicciones hay que buscarlas en tiempo lejano, al interno
de la historia de la mística hebrea.
En el siglo XVI
en Safed, en la Alta Galilea, se halla activa una
comunidad cabalística, entre los nombres más conocidos encontramos los de
Moisés Cordovero e Isaac Luria (1534-1572): éste último elabora conceptos
desde todo punto de vista originales que tendrán una fecunda
existencia en el pensamiento hebreo sucesivo: el zimzum “rotura de
vasos” y, el más importante de todos por sus consecuencias:
el tikkun.
Para explicar la creación y la caída, Luria dice
que Dios en un cierto punto se retira en sí
mismo, de tal modo que deja libre un espacio en
el cual podrá crear: es este el zimzum, que significa
retiro o contracción. En el espacio primordial tiene origen el
Adam Cadmon, el hombre originario, del cual emanan las luces
de los diez Sefiroth, (son diez atributos o manifestaciones
divinas: la suprema corona, la sabiduría, la inteligencia, el amor,
la justicia, la misericordia, la duración estable, la majestad, el
fundamento y, la última, el reino).
En cierto momento es
necesario que sean emanados los vasos para contener tales luces,
pero sucede que muchos de ellos, aquellos que contienen las
últimas Sefiroth, se rompen porque son demasiado frágiles y algunas
centellas divinas caen en el abismo, donde quedan prisioneras.
Es
necesario por lo tanto, dice Luria, que las centellas dispersas
sean reunidas y que se llegue a restaurar la condición
originaria: tal obra, que -es esta la novedad de la
concepción de Luria- acontece también con la contribución humana, se
llama tikkun
¿Qué cosa debe hacer el hombre? Gershom Scholem,
estudioso de la mística hebrea explica: “El proceso histórico, y
su alma más secreta que es la acción religiosa del
hebreo, prepara la restitución final de todas las luces y
centellas separadas y dispersas en el exilio de la materia.
Por lo tanto depende de la libre decisión del hebreo
– que gracias a la observancia de la Torah, o
sea de la Ley Mosaica, y a la oración e
íntima relación con la vida divina – acelerar este proceso
o prolongarlo. La venida del Mesías no es otra cosa
que, según Luria, el sello definitivo de este proceso de
restauración, del tikkun. El hombre de acción espiritual por medio
del tikkun rompe el exilio, el exilio histórico del
pueblo hebreo y el exilio interno de cada criatura”.
Es,
por lo tanto, con su acción religiosa que el hebreo
puede acelerar la era mesiánica, más exactamente con el cumplimiento
de los 613 mandamientos de la Torah, los cuales corresponden
a los 613 miembros del cuerpo espiritual del hombre.
Del decir
esto al obrar concretamente para acelerar la venida del Mesías,
el paso no es muy largo, y es cumplido un
siglo después por Sabbatai Zevi y por el movimiento que
se desarrolla entorno a él. Este sería unos de los
tantos Mesías aparecidos a lo largo de la historia
hebrea, si la aparición no hubiese sucedido en un momento
en que se esperaba al Mesías con un interés notable,
y si no hubiese encontrado su profeta, Nathan de Gaza:
éste último es quien elabora la doctrina del alma del
Mesías. Después de la rotura de los vasos, explica Nathan
de Gaza, también el alma del Mesías fue precipitada al
abismo, donde fue atormentada por las serpientes; a medida que
se realiza el tikkun, ella es liberada; al final se
revelará al mundo en una encarnación terrena.
El Mesías Sabbatai
Zevi hace, sin embargo, un movimiento imprevisto: mientras se dirige
al Sultán otomano para destronarlo - primer acto para instaurar
el reino mesiánico- es arrestado y tomado prisionero en Gallipoli;
y allí en el 1666, después de solo un año
del inicio de su aventura... se hace musulmán. ¿Cómo explicar
su apostasía? Sus seguidores, basándose en la doctrina del alma
del Mesías, dicen que es un acción necesaria para la
redención: el Mesías debe descender al abismo para liberar las
centellas prisioneras. Así explican las muchas acciones antinómicas hechas por
Sabbatai Zevi (incluida la última y más inconcebible: la apostasía)
las cuales infringían la Ley: por los pecados de Israel
todos debían sufrir la misma suerte, pero ella ha sido
impuesta por Dios solo al Mesías. Éste además da inicio
a una era nueva en la cual la Ley Antigua
no vale más: el árbol del bien y del mal
se sustituye por el árbol de la vida.
Los sabbatianos
(seguidores de Sabbatai Zevi) se dividen enseguida en dos grupos:
los moderados, para los cuales la infracción de la Ley
respecta solo al Mesías, y los extremistas, que en cambio
dicen que “es necesario que todos desciendan al abismo del
mal para aniquilarlo desde el interior”. Pocos quedan tranquilos en
medio de tales ideas, y de hecho los rabinos se
ponen inmediatamente contra los sabbatianos.
Las ideas del sabbatianismo duermen bajo
las cenizas por dos siglos, hasta que aparece el sionismo
y el proyecto del retorno a la Tierra Prometida. Junto
a los numerosos rabinos que se oponen al sionismo, porque
solo el Mesías podrá realizar la Redención, hay quienes lo
apoyan con entusiasmo. Uno de ellos es Abraham Isaac Kook
(1868-1935), primer gran rabino de Palestina durante el Mandato Británico.
Para él el retorno a la tierra prometida es el
signo del comienzo de la Redención; además este regreso permite
al hebreo, gracias al contacto con la Tierra Santa, la
realización de la santidad.
El hecho que la Redención sea
cumplida no por hombres espiritualmente elevados, sino por gente frecuentemente
no religiosa (los sionistas) es, para el rabino Kook, una
prueba en más de “los dolores del Mesías”: antes de
su venida hay un tiempo de oscuridad. “El viento de
la arrogancia en el tiempo precedente a la venida del
Mesías es una disminución de la luz que debe servir
a la redención del mundo”, explica; pero después “los hijos
de aquellos que vivan en la arrogancia y que vencerán
toda barrera vivirán en el alto esplendor del primer hombre,
serán profetas en el grado más elevado, y el árbol
de la vida se revelará completamente”.
Después de la guerra de
los Seis Días Cisjordania y la entera Jerusalén quedaron bajo
el dominio de Israel: ¿No es éste un claro signo
de que la Redención camina a grandes pasos? Nace así
el movimiento Gush Emunim, que tiene como principal intención la
colonización de los territorios conquistados, de modo tal de apresurar
la venida del Mesías. A este movimiento, apoyado políticamente por
jóvenes del Partido Nacional Religioso, se le alía más tarde
un grupo todavía más extremista, el Kach, fundados por el
rabino americano Meir Kahane: su slogan es la deportación de
todos los palestinos de la Cisjordania, y no se descartan
acciones armadas para conseguir tal fin. Kahane es asesinado en
el 1990 y, con la acusación de racismo, su partido
es expulsado del Parlamento Israelita, al cual había entrado en
el 1984; sin embargo todavía está activo y hay que
decir que además ha dado vida a otros grupúsculos extremistas.
Los haredim: un campo dividido
Parecería que están del otro lado
de la barricada los exponentes de los partidos religiosos no
sionistas, los así llamados haredim. Vestidos de negro, con larga
barba y rizos laterales en su faz, los ultraortodoxos viven
en algunos barrios cerrados, como Mea Shearim en Jerusalén, el
más famoso, o la ciudad de Bné Brak cerca de
Tel Aviv. Fieles al modo de vida de la Europa
del Este del tiempo pasado, no tienen ningún otro interés
más que la Ley, y si participan en el gobierno
es sólo para obtener fondos para sus escuelas religiosas y
sus instituciones, muchas de las cuales son socio-asistenciales, además de
buscar imponer a todo Israel las leyes religiosas. Los rabinos
que dirigen los partidos haredi (Shas, Degel Hatora y Agudat
Israel), como aquellos que ellos representan son en parte
hassídicos y en parte simplemente ortodoxos. Algunos de ellos son
los descendientes del antiguo Yishuv, comunidad que existía en Palestina
antes la llegada de los sionistas y que estaba compuesta
por estudiosos y rabinos.
También los Hassidim vierten sus raíces en
una corriente de la mística hebrea. Fue en el siglo
XVIII, en Europa del Este, que aparece Israel Ben Eliézer
(1700-1760), el Baal Shem Tov (Señor del Nombre Bueno), un
rabino que tuvo experiencias místicas y enseñó a sus seguidores
la unión con Dios fundado sobre la devoción afectuosa. Las
dos características principales del movimiento hassídico son el haberse extendido
a nivel comunitario (y, por lo tanto no haber estado
solamente reservado para algunos pocos iniciados) y la enseñanza de
una conducta de vida recta bajo la guía e inspiración
de un maestro, para llegar a alcanzar el amor a
Dios. Los zaddikim, los justos, maestros y jefes de las
comunidades hassídicas, han dado origen a dinastías que duran todavía
hoy; alrededor de ellos se desarrollan sus comunidades cuyos miembros
tienen absoluta confianza en la enseñanza de su zaddik. Algunos
de ellos están también a la cabeza de partidos haredi:
los rabinos de Gur y de Vishnitz en el Aguda,
el rabino de Belz en el Degel Hatora.
En los comienzos
el hassidismo fue combatido por los rabinos ortodoxos ya que
contenía elementos de la herejía sabbatiana: esto sucede particularmente en
Lituania, en Vilna, por parte de aquellos que fueron llamados
mitnagdim (“aquellos que se oponen”); y “lituano” es el rabino
Eliézer Menahem Schach, inspirador de los partidos Shas y Degel
Hatora.
Unidos al comienzo en el desinterés por el Estado y
en la convicción que la venida del Mesías no puede
ser apresurada por medios humanos, con el tiempo, los haredim,
además de la originaria división entre hassídicos y no
hassídicos, se dividieron todavía más en lo interno: junto a
los feroces opositores del Estado sionista que rechazan todo contacto
con él, incluso el voto (los pertenecientes a la Edah
Haredit) hay otros que son altamente nacionalistas. El fin que
los mancomuna es hacer a Israel un Estado en el
cual la ley religiosa es impuesta a cualquier hebreo. A
pesar de que excluyen el uso de la violencia física,
no falta, para llegar a sus fines, el uso de
la violencia verbal o de otro tipo (como por ejemplo
el lanzamiento de piedras contra automóviles que infringen la ley
del sábado). En cuanto respecta a las relaciones con otras
religiones quisieran ver prohibida toda actividad misionera en tierra de
Israel.
Los ortodoxos sionistas y no sionistas están de acuerdo en
un punto: sea o no sea este el tiempo de
la Redención, la tierra conquistada no debe ser cedida. Para
los Gush Emunim, ceder parte de Cisjordania a palestinos retardaría
la Redención, que una vez alcanzada no solo será provechosa
para los hebreos sino también para todo el mundo, incluso
los mismos árabes; por lo tanto es un bien para
ellos mismos que la tierra les sea quitada. Para los
haredim, desde el otro lado, aquella es Tierra de Israel
y deberían ser expulsados lo no hebreos que en
ella viven o por lo menos deberían destruírseles sus lugares
de culto.
¿Un callejón sin salida?
La acogida de los desterrados,
la conquista de la Tierra de Israel, el nacimiento del
Estado hebreo, según su doctrina, son signos de la Redención.
Y sin embargo es el Estado sionista quien crea los
problemas. Explica un sociólogo, Gideon Aran: “La realización mesiánica significa
aceptar una realidad que, según el hebraísmo rabínico, es totalmente
negativa (es un Estado creado por hebreos no religiosos y
sionistas) o, lamentablemente, significa aceptar el hecho de que la
Torah y sus mandamientos ya no son más válidos en
la realidad redimida”. Es una situación no muy fácil de
desenredar para los rabinos, como se ve.
Pero para un observador
externo hay otras objeciones. Por sobre todo, Haredim y Gush
Emunim: ¿son astillas locas o constituyen en cambio la punta
del iceberg? Los partidos haredi han visto el acrecentamiento de
su electorado en los últimos años, en particular entre
los orientales, y algunos estudios demuestran que crece el número
de jóvenes que comparten estas posiciones en el interno de
Israel.
La segunda pregunta es en cambio inherente al hebraísmo mismo:
¿ellos representan la desviación de una tradición fundamentalmente sana o
son la lógica y coherente consecuencia? Los estudiosos afirman que,
a excepción de los Neturei Karta, estos grupos están en
lo interno de la ortodoxia hebrea. Esta sin embargo, en
tal caso, nutriría en sí misma presupuestos que no pueden
lógicamente desarrollarse en su interior, bajo pena de su propia
destrucción. Las contradicciones que los partidos manifiestan son quizá la
expresión evidente de aporías inherentes al mismo hebraísmo.
Este artículo es
gentileza de la Revista "La Terra Santa".
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