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Autor: José Morales | Fuente: www.conoze.com Confucianismo
El acento del Confucianismo se coloca en los ritos, en el comportamiento personal, y en el cumplimiento de los deberes sociales
El término Confucianismo fue usado por primera vez por misioneros
jesuitas en el siglo XVI, y sirve desde entonces para
designar el pensamiento de Confucio (551-479 a.C.). Las enseñanzas de
éste contienen mucho más una ética y un humanismo que
una religión propiamente dicha. Confucio no era un profeta ni
pretendía comunicar ninguna revelación de lo alto. Era un hombre
profundamente tradicional, que se enorgullecía de ser un transmisor y
un amante de la antigüedad. Sus doctrinas contribuyen a mantener
vivos los cultos de veneración de los antepasados, y el
llamado culto del cielo, referido a los emperadores.
La cultura
confuciana se apoya en la naturaleza moral del hombre, que
trata de desarrollar con una especial atención a las relaciones
humanas. El espíritu de estas enseñanzas contempla un orden sagrado
que gobierna tanto la vida de la sociedad como la
vida de la naturaleza. Este orden cósmico deriva de los
fundadores de la civilización china y se refleja en los
ritos sagrados de los que Confucio era un reverente y
asiduo cultivador.
Pero la obra de Confucio no se limita
a idealizar el pasado. Su enseñanza apunta a transformar las
viejas concepciones rituales en un orden ético que ha llegado
a ser el corazón de la cultura china. No basta
con mantener el orden externo del ritual y de la
ley si el hombre no se conforma también a ese
orden con una plena adhesión de su mente y de
su voluntad. Confucio advierte que sin las virtudes personales de
bondad desinteresada, sinceridad y lealtad, la veneración y práctica de
los ritos tradicionales carece de eficacia espiritual. La educación confuciana
apunta así a crear no simples intelectuales sino hombres moralmente
distinguidos.
El acento del Confucianismo no se coloca en lo
esotérico ni tampoco en lo sobrenatural, sino en los ritos,
en el comportamiento personal, y en el cumplimiento de los
deberes sociales. Cada hombre ha de cumplir honestamente su obligación
en el estado y situación de vida al que ha
sido llamado por el cielo. La exaltación de la piedad
filial, como la gran virtud enseñada por Confucio, ha suministrado
una base firme para la autoridad paterna en el orden
social confuciano.
A Confucio se atribuyen los Analecta, una guía
de instrucción moral que insiste en el gobierno de la
sociedad a través de un sistema cuidadosamente definido de relaciones
sociales y familiares. Los Analecta fueron traducidos al latín por
misioneros de la Compañía de Jesús en el siglo XVII.
El Confucianismo se extendió al Vietnam y al Japón, donde
muchos shintoistas y budistas se declaran también confucianos.
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