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Autor: José Morales | Fuente: www.conoze.com Zoroastrismo
Esta doctrina mantiene una distinción absoluta entre el origen del bien y el de su antítesis, el mal
La religión enseñada por Zoroastro (o Zaratustra), llamada también Mazdeísmo,
Parsismo, y religión del Irán, es la más antigua de
las religiones basadas en una determinada creencia o en un
credo, lo cual la diferencia de las religiones de origen
y arraigo étnicos. El tiempo de Zoroastro puede ser conjeturado
aproximadamente por los datos derivados del Avesta, o colección de
los textos sagrados Zoroastrianos. Los más antiguos son los Gathas,
que son 17 himnos o cantos, compuestos al parecer por
Zoroastro para realizar el sacrificio ante el fuego (como los
himnos védicos en la India). Las indicaciones de estos textos
sitúan a su autor entre 1400 y 1200 a.C. Tanto
la tradición como la investigación crítica consideran actualmente que los
Gathas contienen las enseñanzas centrales de Zoroastro.
La historia del
Zoroastrismo comprende tres períodos. El primero incluye los años del
mismo Zoroastro y termina en el siglo IV a.C., con
la conquista del antiguo imperio Persa por Alejandro de Macedonia.
La segunda época corresponde al imperio Sasánida, en el que
el Zoroastrismo llegó a ser religión de estado, y finaliza
con la conquista musulmana del siglo VII de nuestra era.
La fase tercera se inicia con la migración de los
zoroastríanos a la India (especialmente al área de Bombay), donde
se les conoce con el nombre de Parsis (gente de
Persia).
Zoroastro presenta sus enseñanzas como las propias de un
profeta que innova y desarrolla la antigua religión iránica de
la que era sacerdote. Su doctrina se centra en las
cuestiones relativas a la naturaleza espiritual y moral del hombre,
y trata de explicar la condición humana, así como el
encuentro entre el bien y el mal. Aunque ha sido
descrito en ocasiones como dualismo ontológico y di-teismo, el Zoroastrismo
enseña en realidad un monoteísmo que trata de resolver el
problema del mal, y afirma en el hombre libertad de
elección moral. Es una religión que no sólo no se
sitúa más allá del bien y el mal, sino que
se encara directamente con lo que la Revelación bíblica denomina
"misterio de iniquidad".
Numerosos estudiosos de los Gathas consideran que
mucha de la fuerza de esta religión le viene de
la lógica y amplitud de sus doctrinas, que van unidas,
sin embargo, a planteamientos extraños y oscuros, muy difíciles de
seguir y aceptar por la mentalidad moderna. Sin ayuda de
la investigación posterior y de aclaraciones suministradas por la tradición,
los Gathas resultan con frecuencia paradójicos y desconcertantes. Pero puede
decirse que muchos de sus versos son actualmente bien comprendidos
e interpretados por los estudiosos.
Los textos permiten afirmar que
Zoroastro fue educado en la veneración de los tres ahuras,
es decir, de «Mazda, y de los otros dos ahuras»,
y que fue él mismo quien desarrolló la adoración de
Mazda no solo como el más grande y mayor de
todos los ahuras, sino también de todos los dioses. Mazda
es para Zoroastro simplemente Dios, en el sentido del único
inmortal y eterno Ser divino. Este Ser trascendente es visto
por el profeta como fuerza activa que puede ser también
inmanente según voluntad, a través de una fuerza que denomina
Espíritu o Santo (Spenta Mainyu). Se trata en suma de
un Creador trascendente que se inmanentiza en el universo mediante
poderes que se conciben al modo de hipóstasis divinas.
El
mensaje de Zoroastro incluye la dramática advertencia a sus seguidores
de que no deben venerar a un grupo de divinidades
que son designadas con el nombre de daevas. Estos seres
«han elegido el peor propósito», y «se han apresurado a
ir hacia la Ira con la que afligen al mundo
y a la humanidad». Convencido de que los daevas no
podrían ser de la misma esencia divina que Mazda, Zoroastro
parece concluir que deben tener un origen del todo diferente
al de las fuerzas o spenta divinos.
Así como Zoroastro
afirma la existencia de Mazda como Espíritu original y autoexistente,
postula también en dos Gathas, por lógica y por analogía,
la realidad de otro Espíritu original y autoexistente que se
opone a lo divino (Spenta), como una fuerza negativa y
destructora. Uno de los textos sugiere que el profeta ha
visto estos dos Espíritus cuando se encuentran por primera vez
antes de que el mundo fuera hecho. Hablaré de los
dos Espíritus primigenios de la existencia, de los cuales el
más divino habló así al malo: ni nuestros pensamientos ni
enseñanzas ni voluntades, ni nuestras elecciones, palabras o actos, ni
nuestras propias almas están de acuerdo (45.2).
La Tradición propia
identifica estos dos Espíritus como Ahura Mazda y Angra Maingu,
es decir, Ohrmaz y Ahoriman. Pero dado que Zoroastro suele
modificar su terminología, y habla del Espíritu más Santo para
referirse a Mazda, y del Espíritu Malo para nombrar a
su adversario, hay autores que interpretan gemelos no como par
sino como engendrados en el mismo nacimiento, y concluyen que
Mazda es padre tanto del Buen Espíritu como del Malo.
El bien y el mal tendrían así una única fuente,
como ocurre en las tres grandes religiones monoteístas.
Aunque esta
interpretación no es fácil de cohonestar con el sentido más
obvio de los Gathas en su conjunto, ha conseguido imponerse
a su contraria, y es hoy la base de una
concepción del Zoroastrismo entendido como monoteísmo teológico y dualismo ético.
El marco geográfico y social de los Zoroastríanos ha sufrido
considerables cambios a partir del siglo X, cuando un pequeño
grupo se estableció en el noroeste de la India y
ha llegado con el tiempo a ser una comunidad floreciente.
El número aumentó cuando los ingleses desarrollaron el comercio en
esa zona del subcontinente. Durante los siglos XVIII y XIX,
los Parsis alcanzaron posiciones de considerable influencia política y económica
en el área, posiciones que mantienen en la actualidad. Han
emigrado también a otros continentes, y hoy existen asociaciones Zoroastrianas
formalmente constituidas en Hong Kong, Singapur, Australia, Kenya, Francia, Inglaterra,
Estados unidos y Canadá. El Zoroastrismo es practicado actualmente en
más países que en cualquier otro momento de su historia.
En la India ha experimentado una cierta impregnación de enseñanzas
y prácticas hindúes. Muchos Zoroastrianos practican yoga a título personal,
visitan regularmente los lugares sagrados de santones populares, y asisten
a conferencias de contenido hinduísta. Los nuevos movimientos religiosos de
la India parecen ejercer cierta influencia sobre los Parsis. Vincularse
a esos movimientos no supone para ellos abandonar su religión
para convertirse a una nueva, como ocurriría con el Cristianismo
o el Islam. Estos movimientos exhortan a buscar la verdad
religiosa dentro de la propia religión y manifiestan una patente
tendencia sincretista.
El Zoroastrismo ha producido a lo largo del
siglo XX una especulación de carácter religioso que se ocupa
principalmente del origen del mal y trata de dar respuesta
a las cuestiones que siempre se ha planteado la tradición
zoroastriana antigua y moderna. Parece imponerse en la actualidad una
posición ortodoxa, según la cual Ahoriman el principio del mal,
no es igual a Dios ni tan poderoso como él.
Esta doctrina mantiene una distinción absoluta entre el origen del
bien y el de su antítesis, el mal: «El mal
claramente no puede venir de Dios... Hay así un dualismo
fundamental que absuelve a Dios de toda mancha de mal...
El mal en el Zoroastrismo no es una realidad en
sí misma, sino una paradoja existencial experimentada por el hombre
mediante el desequilibrio que se refleja en el mundo físico.
Es solo en el mundo relativo donde los estados de
exceso y deficiencia son observables y discernibles, y confieren al
mal una existencia aparente que no viene ni puede venir
de ninguna otra fuente. El mal refleja únicamente la negación
de lo que existe y es intrínsecamente bueno. Al modo
de un parásito, no existe ni puede existir por sí
mismo. En otras palabras, el mal es ex nihilo, es
decir, surge de la nada, y por tanto no tiene
existencia real».
Este texto de K. Mistree, ha sido compuesto
en 1982 y refleja el esfuerzo del pensamiento humano para
elucidar cuestiones perennes que siempre han ocupado a la humanidad
(Zoroastrism: An Ethic Perspective, Bombay 1982, 29).
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