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Autor: Santa Sede Declaración conjunta de Benedicto XVI y del arzobispo primado de la Comunión Anglicana Rowan William
El verdadero ecumenismo va más allá del diálogo teológico; toca nuestras vidas espirituales y nuestro testimonio común
Declaración conjunta de Benedicto XVI y del arzobispo primado de la Comunión Anglicana Rowan William
Hace 40 años, nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y
el arzobispo Michael Ramsey, se encontraron en esta ciudad santificada
por el ministerio y la sangre d e los apóstoles
Pedro y Pablo. Comenzaron un nuevo itinerario de reconciliación basado
en los Evangelios y en las antiguas tradiciones comunes. Siglos
de alejamiento entre anglicanos y católicos dieron paso a un
nuevo deseo de unión y cooperación, mientras se redescubría y
afirmaba la comunión real, aunque incompleta, que compartimos. El papa
Pablo VI y el arzobispo Ramsey acordaron en esa ocasión
establecer un diálogo en el que los temas que habían
sido motivo de división en el pasado se afrontasen desde
una nueva perspectiva con verdad y amor.
A partir de aquel
encuentro, la Iglesia católica y la Comunión Anglicana emprendieron un
proceso de diálogo fecundo, que se ha caracterizado por el
descubrimiento de significativos elementos de fe compartida y por el
deseo de expresar, a través de la oración conjunta, un
testimonio y un servicio a aquello que tenemos en común.
Durante
más de 35 años, la Comisión Anglicano-Católica Internacional (ARCIC, por
sus siglas en inglés) ha producido un importante número de
documentos que buscan articular la fe que compartimos. En los
últimos diez años, desde que el Papa y el arzobispo
de Canterbury firmaran la más reciente declaración conjunta, la segunda
fase de la ARCIC ha completado su mandato con la
publicación de los documentos «El don de la autoridad» (1999)
y «María, gracia y esperanza en Cristo» (2005). Damos las
gracias a los teólogos que han rezado y trabajado juntos
en la preparación de estos textos, que esperan un ulterior
estudio y reflexión.
El verdadero ecumenismo va más allá del diálogo
teológico; toca nuestras vidas espirituales y nuestro testimonio común. Con
el desarrollo de nuestro diálogo, muchos católicos y anglicanos han
hallado en el otro un amor por Cristo que nos
invita a una cooperación y a un servicio concretos. Esta
colaboración en el servicio a Cristo, experimentada por muchas de
nuestras comunidades a través del mundo, imprime un ulterior empuje
a nuestras relaciones. La Comisión Internacional Anglicano-Católica para la Unidad
y la Misión (IARCCUM, por sus siglas en inglés) se
ha comprometido a examinar los modos adecuados en los que
nuestra misión compartida de proclamar al mundo la vida nueva
en Cristo puede progresar y alimentarse. Su informe, que presenta
un resumen de las conclusiones centrales de la ARCIC y
propuestas para crecer juntos en la misión y el testimonio,
acaba de concluirse y someterse para su revisión a la
Oficina de la Comunión Anglicana y al Consejo Pontificio para
la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Manifestamos nuestra
gratitud por su trabajo.
En esta visita fraterna, celebramos el bien
surgido de esas cuatro décadas de diálogo. Damos gracias a
Dios por las gracias que las han acompañado. Al mismo
tiempo, nuestro largo camino juntos exige que reconozcamos públicamente el
desafío de las nuevas cuestiones, que además de dividir a
los anglicanos, presenta serios obstáculos a nuestro progreso ecuménico. Es
urgente, por tanto, que al renovar nuestro compromiso de perseguir
el camino hacia la comunión plena y visible en la
verdad y en el amor a Cristo, también nos comprometamos
a continuar en el diálogo para afrontar los temas importantes
que conciernen a los factores eclesiológicos y éticos actuales que
hacen más difícil y arduo ese camino.
Como cristianos y líderes
que afrontan los desafíos del nuevo milenio, reafirmamos nuestro compromiso
público con la revelación de la vida divina manifestada únicamente
por Dios en la divinidad y humanidad de nuestro Señor
Jesucristo. Creemos que por medio de Cristo y de los
medios de salvación que se encuentran en Él, se nos
ofrecen a nosotros y al mundo la curación y la
reconciliación.
Hay muchos ámbitos de testimonio y de servicio en los
que podemos comprometernos y que nos invitan a una colaboración
más cercana: la búsqueda de la paz en Tierra Santa
y en otras partes del mundo marcadas por el conflicto
y la amenaza del terrorismo; la promoción del respeto de
la vida desde su concepción hasta la muerte natural; la
protección de la santidad del matrimonio y el bienestar de
los hijos en el contexto de una vida familiar sana;
la ayuda a los pobres, oprimidos y más vulnerables, especialmente
a los perseguidos por su fe; la respuesta a los
efectos negativos del materialismo; y el cuidado por la creación
y el ambiente. También nos comprometemos al diálogo interreligioso, mediante
el cual podemos entrar en relación juntos con nuestros hermanos
y hermanas no cristianos.
Recordando nuestros cuarenta años de diálogo, y
el testimonio de hombres y mujeres santos comunes a nuestras
tradiciones, entre los que se encuentran María la «Theotókos», los
santos Pedro y Pablo, Benito, Gregorio Magno, y Agustín de
Canterbury, nos comprometemos nosotros mismos a vivir una oración más
ferviente y una mayor entrega para acoger y vivir esa
verdad hacia la que el Espíritu del Señor desea conducir
a sus discípulos (Cf. Juan 1, 13). Confiando en la
esperanza apostólica «de que, quien inició en vosotros la buena
obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús»
(Cf. Filipenses 1, 6), creemos que si nos convertimos juntos
en instrumentos de Dios para invitar a todos los cristianos
a una más profunda obediencia de nuestro Señor, también nos
acercaremos aún más mutuamente, encontrado en su voluntad la plenitud
de la unidad y de la vida común a la
que nos llama.
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