La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Florencio Sánchez L.C | Fuente: www.elsentidobuscaalhombre.com ¿Nostalgia, mimetismo o nuevo humanismo?
"La base para que una universidad sea católica radica en que tiene "una forma específica de usar la razón y el corazón en todo, desde la fe, para buscar la verdad y el amor".
¿Nostalgia, mimetismo o nuevo humanismo?
Sacerdote Florencio Sánchez, LC, director de Pastoral de la Universidad
Francisco de Vitoria y director del Instituto John Henry Newman.
I) IDENTIDAD O MIMETISMO
LA PREGUNTA POR LA IDENTIDAD
Es de
gran actualidad en las empresas, pero también en las universidades,
la reflexión sobre la propia misión. Se preguntan cuál es
su misión corporativa, su visión de sí mismos en el
futuro y sus valores.
Sin embargo la pregunta por la
propia identidad hecha por una universidad católica es algo diversa:
¿de dónde venimos y para qué existimos? Es una pregunta
hecha desde el corazón, ante Dios y ante la Iglesia.
No es para posicionarse ante la competencia, sino para encontrarse
a sí misma en un mundo universitario del siglo XXI
complejo, lleno de grandes luces y sombras, con sus episodios
de laicismo como el que actualmente vivimos.
Venimos de la
misión de la Iglesia -Ex Corde Ecclesiae-: salvar al hombre,
rehumanizarlo por medio del encuentro con Cristo y así suscitar
ambientes nuevos, sociedades nuevas. Nuestro ser es éste y hay
que saber expresarlo de manera madura al mundo universitario del
siglo XXI.
LA PROPUESTA DE IDENTIDAD
Una pregunta seria
por la propia identidad lleva a una respuesta seria, profunda,
atrayente. La Ex Corde Ecclesiae (n 4) define la universidad
como una comunidad de maestros y alumnos que busca la
verdad, movida por el gaudium de veritate. Y Benedicto XVI
quiso decir en La Sapienza (ene 08) que el verdadero
e íntimo origen de la universidad está en el afán
de conocimiento, que es propio del hombre. Quiere saber qué
es todo lo que le rodea. Quiere la verdad.
Puede
ser que esta definición nos suene a conocida o sabida,
pero sería iluso no reconocer que esta centralidad de la
búsqueda de la verdad en la definición de una universidad
no es algo común hoy en día. Podríamos decir que
es casi contracultural.
Benedicto XVI (ene 08) en el mismo
discurso se preguntaba ¿Qué tiene que hacer o qué tiene
que decir el Papa en la universidad? Y respondía tiene
la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad;
invitar una y otra vez a la razón a buscar
la verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios;
y, en este camino, estimularla a descubrir las útiles luces
que han surgido a lo largo de la historia de
la fe cristiana.
Lo que el Papa tiene que hacer
y decir en La Sapienza es lo que la universidad
católica y los católicos en la universidad tienen que hacer
y decir al gran mundo universitario. Una universidad será católica,
no porque tenga una capilla, programas de pastoral, o crucifijos
en las clases. Ni siquiera porque además tenga alguna materia
de teología perdida en el mar del resto de las
asignaturas. Lo católico en la universidad es, sobre todo, una
forma específica de usar la razón y el corazón, en
todo: en clases, en lecciones magistrales, en discursos, en las
homilías... Una forma de usar la razón desde la fe,
para buscar la verdad y el amor.
Cuando hablamos de
búsqueda de la verdad no nos estamos refiriendo a una
verdad abstracta, meramente teórica, intelectualista. Se trata de dejar que
salgan de dentro unas preguntas que atraviesan la historia de
los hombres, preguntas que todos -profesores, alumnos y personal no
docente- llevamos en la mente y el corazón: ¿quién soy,
de dónde vengo, a dónde voy?; ¿qué tipo de persona
quiero ser en la vida?; ¿tiene sentido amar, ser honrado
en la profesión?; ¿existe un Creador o todo viene del
azar?; ¿a dónde va la historia?...; Una comunidad que se
genera en torno a esta búsqueda es una auténtica universidad.
Veremos lo que esto tiene que ver con el curriculum
ordinario.
Podemos afirmar esta identidad, con su planteamiento contracultural, siempre
y cuando nos apoyemos en una sólida y madura antropología.
En la Universidad Francisco de Vitoria trabajamos una antropología elaborada
en torno a un concepto nuclear: el hombre como buscador.
El deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del
hombre, está inscrito en su corazón; de ahí el amor
a la sabiduría, que hace que todo hombre sea, por
naturaleza, alguien que busca sentido. Eso le define como un
buscador, un proyecto incompleto llamado a realizarse a través de
esa búsqueda.
El hombre es cabeza y corazón, inteligencia y
voluntad, afectos, decisiones, y una historia personal. El hombre, buscador,
tiene un motor: su libertad. Y la libertad de cada
uno pone en juego toda su persona para encontrar una
razón de ser. En la universidad el principal campo de
juego de esa búsqueda es la razón, ciertamente, pero para
el bien de toda la persona. Aunque parezca una imagen
exagerada, podríamos decir que el hombre que busca está vivo,
el que no, está en coma intelectual.
Resumir nuestra antropología
en torno a la idea del hombre como buscador de
sentido, es una forma muy adecuada al carácter de una
comunidad universitaria.
Una cuestión fundamental también es ¿existe la neutralidad
antropológica? Hay que darse cuenta de que todo grupo humano
organizado para una tarea -y muy especialmente si el fin
es la enseñanza- tiene una idea del hombre de fondo,
unos valores, unos fines, unos códigos de conducta... una antropología.
Que en una institución no se plantee de forma explícita
cuál es la antropología que la inspira no significa que
carezca de ella. Si no tuviera una antropología elaborada, sería
una institución que inconscientemente estaría al servicio del pensamiento dominante
de la sociedad en la que esté inmersa. También si
es una universidad.
IDENTIDAD = YO Y MI HISTORIA
Identidad
es saber cómo se ha llegado al momento presente, por
qué se vive como se vive y se piensa como
se piensa.
DE LA UNIVERSITAS A BOLONIA
Una palabra sola
que subraye la importancia de conocer la historia de la
universidad para poder afrontar con rigor y sabiduría el momento
presente. Hay que saber cómo y porqué la universitas medieval
cedió paso a la universidad moderna encandilada por la nueva
ciencia del XIX y del XX, y cómo mutó en
la universidad actual, entendida como empresa proveedora de los profesionales
que necesita la sociedad, y en la que es difícil
reconocer la vocación original de esta institución. Situarnos con pie
firme en el presente. Vencer el mal de una universidad
sin historia, sin pasado, con el bien de una universidad
situada en su tiempo, con pasado, presente y, por tanto,
futuro.
Es importante conocer bien esta historia para poder explicar
a una sociedad que sólo espera de la universidad buenos
profesionales, que, es más acuciante aún la necesidad de que
esa alta capacitación profesional, esté sostenida en una humanidad diferente,
más madura, y más integralmente formada. Necesitamos no sólo buenos
profesionales, sino más aún, buenos hombres y mujeres.
DE LA
ESCOLÁSTICA AL PENSAMIENTO DÉBIL
Si la vida intelectual es la
sangre que corre por las venas de la universidad, importa
conocer a fondo la evolución del pensamiento y de la
cultura desde la cristiandad medieval en que nacieron las universidades
hasta nuestra posmodernidad cultural. Saber por qué hoy se piensa
como se piensa es capital para hablar de modo inteligible
al hombre de hoy.
EL RIESGO DEL MIMETISMO
La reflexión
y el discurso serio sobre la propia identidad no es
un lujo.
Puede creerse en esos ideales y descuidarlos. Las
presiones de un ambiente cultural que sofoca tales planteamientos, cumplir
con la legalidad vigente, con las condiciones de acreditación, y
competir con resultados no es nada fácil. En la práctica
pueden convertirse en el fin de nuestro quehacer universitario. Así
de frágil es nuestra libertad. Pero el amor maduro sabe
mirar siempre el fin último, de lo contrario se va
a la deriva. In omnibus respice finem.
Descuidar la propia
identidad significará, quiérase o no, terminar sirviendo a los valores
dominantes. Valores que necesitan convertir el cristianismo en un simple
código moral, que aporte ´buenos ciudadanos´. Una universidad que educa
así es una universidad mimetizada dentro de la corriente cultural
en que está inmersa. O clara identidad o mimetismo.
Y
para educar en los valores dominantes no hace falta una
universidad de identidad católica. El descuido de la identidad, o
una reflexión poco profunda sobre la misma causan ese estéril
mimetismo. Y ESO NADIE LO QUIERE.
II) CON LA MANO
EN EL ARADO Y LA MIRADA HACIA DELANTE
LA TAREA
Agere sequitur esse. ¿Cuál es el específico quehacer universitario que
Dios y la Iglesia esperan de nosotros?
Benedicto XVI nos
ha mostrado un itinerario claro y apasionante en sus discursos
universitarios (Ratisbona, La Sapienza, Washington, París...) que resume la frase:
AMPLIAR LOS HORIZONTES DE LA RAZÓN. No es una cuestión
marginal, sino la clave del modo de ser universitario en
el nuevo siglo.
La propuesta de «ensanchar los horizontes de
la racionalidad» no debe incluirse simplemente entre las nuevas líneas
de pensamiento teológico y filosófico, sino que debe entenderse como
la petición de una nueva apertura a la realidad a
la que está llamada la persona humana, superando antiguos prejuicios
y reduccionismos, para abrirse también así el camino a una
verdadera comprensión de la modernidad.
De manera que la tarea
histórica de la universidad católica es ésa: poner la mano
en el arado de la identidad que Dios quiere de
nosotros, hundir ese arado en el surco del pensamiento actual,
y fijar la mirada en la forma de ensanchar los
horizontes de la razón.
¿CÓMO SE HACE?
Si la vida
intelectual es la sangre que corre por las venas de
la universidad, Benedicto XVI ha ido dibujando un camino bastante
claro para conseguir esa forma de usar la razón que
resulta del encuentro con la fe .
a) PARTIR DE LA
SITUACIÓN ACTUAL DEL PENSAMIENTO
La primera indicación la daba Benedicto
XVI a los profesores universitarios europeos (jun 08):
El nuevo
diálogo entre fe y razón, que se hace necesario hoy,
no puede llevarse a cabo en los términos y modos
como se realizó en el pasado. Si no quiere reducirse
a un estéril ejercicio intelectual, debe partir de la actual
situación concreta del hombre, y desarrollar sobre ella una reflexión
que recoja su verdad ontológico-metafísica
Como se ve, cero nostalgia.
b) RECONOCER SIN RESERVAS LO POSITIVO DEL DESARROLLO MODERNO DEL
ESPÍRITU
c) SUPERAR LA LIMITACIÓN QUE LA RAZÓN SE AUTOIMPONE
DE REDUCIRSE A LO VERIFICABLE
d) AMPLIAR EL HORIZONTE HACIENDO
QUE LA RAZÓN Y LA FE SE ENCUENTREN DE UN
MODO NUEVO
En el discurso preparado para la Universidad de
La Sapienza (ene 08):
(...) aclarar la naturaleza permanente de
la universidad y de su tarea (...) Hoy, el peligro
del mundo occidental es que el hombre, precisamente teniendo en
cuenta la grandeza de su saber y de su poder,
se rinda ante la cuestión de la verdad. (...) Se
debe reconocer sin reservas lo que tiene de positivo el
desarrollo moderno del espíritu: todos nos sentimos agradecidos por las
maravillosas posibilidades que ha abierto al hombre y por los
progresos que se han logrado en la humanidad. La intención
no es retroceder o hacer una crítica negativa, sino ampliar
nuestro concepto de razón y de su uso. (...) si
la razón y la fe se reencuentran de un modo
nuevo, si superamos la limitación que la razón se impone
a sí misma de reducirse a lo que se puede
verificar con la experimentación, y le volvemos a abrir sus
horizonte en toda su amplitud.
LAS CUESTIONES QUE ENSANCHAN LA
RAZÓN
En todas las asignaturas que se imparten en cualquier
universidad subyacen unas cuestiones de fondo, en mayor o menor
grado. Esas cuestiones, que están ahí, son nuestro punto de
contacto con la ciencia actual, con la razón puramente instrumental
. Son el punto de partida de la nueva manera
de buscar el diálogo fe-razón. Y desde ahí, pasar del
fenómeno al fundamento (FR n 83). Veamos:
CUESTIÓN ANTROPOLÓGICA
En
el fondo de toda asignatura que se imparte en la
universidad hay, en mayor o menor grado, una antropología, implícita
o explícita. Esa visión del hombre marca profundamente todos los
contenidos que se imparten.
La pregunta de fondo de la
cuestión antropológica puede expresarse así: ¿qué idea del hombre subyace
en lo que enseño: individualista o solidario; materialista o abierto
a la trascendencia; genéticamente predeterminado o capaz de libertad? ¿Qué
tipo de hombre se construye con estos saberes que estoy
transmitiendo?
Procuremos que toda asignatura impartida haya sido repensada en
diálogo con la antropología filosófica y teológica. Que se enseñe
desde una nueva síntesis que sabe partir de la ciencia
actual, reconocer en su fondo la pregunta antropológica, entrar en
diálogo con la filosofía y la teología y formular respuestas
potentes, convincentes que producen una ciencia renovada por su mayor
apertura al hombre. Todo un reto.
CUESTIÓN EPISTEMOLÓGICA
Junto con
esa antropología, en el fondo de toda asignatura late, en
mayor o menor grado, una epistemología específica. Esa epistemología condiciona
los contenidos, porque se posiciona ante la cuestión de la
verdad y de la posibilidad de conocerla.
La cuestión epistemológica
se expresa en una pregunta radical: ¿es plenamente verdad esto
que enseño? ¿cuál es mi método de verificación o de
falsificación? ¿cuál es el límite de mi ciencia o de
mi método?
Procuremos que las asignaturas -la definición de su
objeto material, su objeto formal y su método-hayan sido repensadas
en diálogo con una epistemología realista madura. Enséñense desde una
nueva síntesis que parte de la ciencia actual, reconoce la
cuestión epistemológica, entra en diálogo con la filosofía y la
teología y formula respuestas convincentes que llevan a una ciencia
renovada por su mayor apertura a la totalidad de la
realidad . Todo un reto.
CUESTIÓN ÉTICA
En el fondo
de toda asignatura existen, en mayor o menor grado, unos
planteamientos éticos. Esa ética es la que apunta a los
fines últimos de la ciencia que se imparte y sus
consecuencias tecnológicas, sin olvidar la ética de la búsqueda de
la verdad.
La cuestión ética puede expresarse así: ¿cuál es
el fin último de esto que enseño? ¿cuál es el
bien del hombre? ¿qué conduce o desvía de él?; ¿los
comportamientos estudiados dignifican o envilecen al hombre?
Que nuestras asignaturas
hayan sido repensadas en diálogo con la ética filosófica y
teológica. Impártanse desde una nueva síntesis que comienza con la
ciencia actual, reconoce la cuestión ética, dialoga con la filosofía
y la teología y formula respuestas potentes, que consiguen una
ciencia renovada por su mayor orientación ética y su mayor
vocación de servicio al hombre y a la sociedad. Todo
un reto.
CUESTIÓN DEL SENTIDO ÚLTIMO
En el corazón de
todo profesor y de todo alumno que forman la comunidad
universitaria late una necesidad de sentido de su quehacer universitario,
mayor o menormente explicitada. El sentido de lo que uno
hace o vive es lo que hace que merezca la
pena hacerlo o vivirlo.
La cuestión del sentido puede expresarse
así: ¿merece la pena esto que enseño o que aprendo?;
¿por qué?; ¿qué relación tiene con mi vida y qué
sentido le aporta?
Que toda asignatura impartida en una universidad
católica se afronte buscando encontrar el por qué de todo
lo que se enseña, se investiga y del quehacer universitario
mismo. Lleve esto a una nueva forma de estar en
el aula, de enseñar, de investigar, de hacer universidad. Todo
un reto.
Estas cuestiones que ensanchan la razón están ahí
pero piden una razón abierta que pueda reconocerlas y afrontarlas.
Estas preguntas últimas no son yuxtapuestas a las preguntas naturales
de la ciencia, sino concomitantes, preguntas que no son sino
apertura a la totalidad de la realidad. Preguntas que hacen
a una universidad que las cultiva más viva intelectualmente. Ahora
bien, esas grandes cuestiones en el fondo de cada asignatura
hay que plantearlas y responderlas con nueva creatividad.
NUEVA CREATIVIDAD
Hoy, muchas de las asignaturas son un cúmulo de conocimientos
e ideas, que se ponen delante del estudiante, con poca
preocupación por hacer ver la relación que tienen con otros
conocimientos adquiridos, con su vida y con la totalidad de
lo que existe. La síntesis que buscamos integra todos los
saberes e ilumina toda la realidad. Dicha síntesis consiste en
la apertura a un principio integrador: algo profundo hacia lo
que apunta toda parcela de conocimiento. No existe en muchos
campos, esta síntesis requiere de mucha creatividad, en el sentido
de captar de forma nueva la vinculación del saber parcial
con ese principio integrador.
Esta síntesis de saberes no se
alcanzará sin un gran diálogo y debate interdisciplinar, de ciencias
afines entre sí, y de éstas con la filosofía y
la teología . Buen caldo de cultivo de la creatividad
intelectual. Aunque, con más propiedad habría que hablar de diálogo
de científicos y no de ciencias. El principio integrador de
los saberes habita en casa de la filosofía y de
la teología. Ese debate intelectual serio, riguroso, apasionante puede superar
el encerramiento de cada ciencia, y también el de la
filosofía y de la teología. En estas nuevas síntesis se
verificará la capacidad de integrar los diversos saberes que tienen
la filosofía verdadera y la teología que sabe dar razón
de sí misma. Nada menos.
Cuando esto se produce, el
profesor que logra esa síntesis ha conseguido ensanchar los horizontes
de la razón, ha descubierto la fundamentación antropológica, epistemológica o
ética que late en el fondo de su materia. Ha
sabido relacionarla con los contenidos inmediatos que enseña, pero, además
y sobre todo, vive el sentido que tiene estar en
el aula con los alumnos . En palabras de Benedicto
XVI "educadores, no dudéis en promover una auténtica «pastoral de
la inteligencia» y, más ampliamente, de la persona, que tome
en serio los interrogantes de los jóvenes para ayudarles a
encontrar las respuestas cristianas válidas y pertinentes" (Roma 5 jun
06)
Esto es identidad en profundidad. Una identidad que el
alumno encuentra todas las horas que está en la universidad.
Y la encuentra a todas horas, porque también las demás
actividades no docentes están enfocadas de esa manera.
REPENSAR LA
UNIVERSIDAD: CONTENIDOS Y MÉTODOS.
Si hemos hablado de nuevas síntesis
en todos los campos del saber universitario, realmente estamos hablando
de una nueva universidad y de la necesidad de repensar
la universidad actual.
La universidad tiene una cierta confusión porque
tanto saber fragmentado ha llevado a los universitarios, profesores y
alumnos, a perderse en esa selva de conocimientos. Y el
que está perdido sin saber a dónde ir, puede perder
las ganas de ir a alguna parte. Urge conseguir esa
síntesis de saberes que amplíe la razón y le devuelva
la vitalidad que le es propia, a la razón misma,
a los universitarios y a la universidad.
El reto que
tenemos ante nosotros es, sobre todo, un reto metodológico. Busquemos
un nuevo método que reflexione sobre los límites de cada
ciencia y el alcance de sus conclusiones. Un método que
reconozca esos límites y sepa proponer sólo aquellos juicios sobre
la realidad que se sustentan en sus propias premisas. Un
método intelectual que sepa dar a la ciencia empírica lo
que es suyo, lo mismo que a la filosofía y
a la teología. Y que sepa armonizar las verdades parciales
con una verdad total.
Un método nuevo que supone también
una NUEVA INVESTIGACIÓN (investigación que ensancha la razón): para conseguir
las nuevas síntesis de saberes hace falta pensar mucho, pensar
con rigor, debatir con honestidad intelectual, y esto también es
investigación universitaria. Investigar no consiste sólo en aportar nuevos conocimientos,
sino también en hacer posible esa síntesis del saber, esa
superación legítima de los límites del propio método científico para
llegar a campos superiores del pensamiento.
Todo lo cual es,
realmente, buscar una nueva universidad. Católica o no, dicho sea
de paso.
IDENTIDAD EN PROFUNDIDAD O AUTOENGAÑO
La universidad empieza
realmente cuando se cierra la puerta del aula y comienza
una clase. La forma mentis del profesor, las categorías de
fondo en que está pensada su materia es lo que
más influye en el alumno a lo largo de su
paso por la universidad.
El núcleo de la vida universitaria
es la relación profesor-alumno, ahí se juega la verdadera formación
integral, ahí se construye la universidad como comunidad. Las demás
actividades universitarias (pastoral, acción social, deportes, etc.), por importantes que
puedan ser, son periféricas en relación con la docencia en
el aula. Por ello, la identidad de las universidades católicas
se juega prioritariamente en las aulas, en cómo afrontan el
quehacer universitario los profesores y los alumnos, en el contenido,
la profundidad y la significación de los conocimientos que comparten
y en la relación que entre ellos establecen.
Pero si
el profesor no ha repensado su materia muy a fondo,
si no ha llegado a esa síntesis de la que
estamos hablando, podemos encontrarnos con un dualismo nada positivo: su
fe para cuando reza, pero que no tiene nada que
ver con su asignatura que está pensada en categorías ilustradas,
porque así la aprendió, o porque así se enseña hoy.
Resulta imposible que una universidad sea católica en profundidad si
mantiene una docencia y una investigación puramente instrumentales, o que
simplemente reproducen la cultura dominante. Aunque por otro lado, cuente
con capilla y programas pastorales que, sustancialmente, sean marginales al
corazón de la universidad que es el quehacer intelectual. Contentarse
con una situación así sería una especie de pío autoengaño.
Además, estéril, porque no genera ni fe, ni vida nueva.
Lo que se espera de nosotros es que pongamos la
mano y el corazón en el arado de una clara
identidad y aremos hondos surcos de razón fecundada por la
fe. Esto dará como resultado que la Iglesia pueda estar
más en juego en la cultura actual gracias a sus
universidades y a sus católicos en la universidad. DUC IN
ALTUM en estos surcos.
III) VENDRÁN LOS PÁJAROS A POSARSE
EN SUS RAMAS
Algunas metas a conseguir:
1. UN NUEVO
HUMANISMO
En la cultura respira el alma de cada miembro
de una sociedad. Si en ella prevalecen los valores que
elevan al hombre y lo humanizan, esa cultura vale la
pena, si prevalecen los que lo cierran en sí mismo
y sólo ponen en juego sus fuerzas sensitivas e instintivas,
esa cultura deshumaniza. El reto para cualquier universidad católica es
aportar en la evangelización de la cultura hasta plasmar un
nuevo humanismo.
En Europa, como en todas partes, la sociedad
necesita con urgencia el servicio a la sabiduría que la
comunidad universitaria proporciona. Este servicio se extiende también a los
aspectos prácticos de orientar la investigación y la actividad a
la promoción de la dignidad humana y a la ardua
tarea de construir la civilización del amor. (...) espero que
las universidades se conviertan cada vez más en comunidades comprometidas
en la búsqueda incansable de la verdad, en «laboratorios de
cultura»
2.- UNA ACTITUD DE REALISMO, NO INGENUIDAD
No ignoramos
que hoy resulta poco frecuente poner en el corazón del
quehacer universitario la búsqueda de la verdad y del bien.
Es contracultural, hemos dicho, y esto proyecta un camino arduo
y maratónico. Pero nos engañaríamos si dejáramos de tener presente
que hoy el ser universitario se desarrolla en medio de
la llamada «crisis del sentido» (FR n 81). Tal es
la condición de nuestra sociedad y de quienes formamos parte
de la universidad católica. Nos obliga el amor a la
verdad y al bien real del hombre de hoy.
Recordemos:
«si es necesario, la Universidad Católica deberá tener la valentía
de expresar verdades incómodas, verdades que no halagan a la
opinión pública, pero que son también necesarias para salvaguardar el
bien auténtico de la sociedad» (ECE n 32)
El cristianismo
sabe que las catedrales son auténticas obras de arte, obra
de varias generaciones. Repensar la universidad, sus contenidos y sus
métodos y ofrecer una nueva síntesis de saberes para una
nueva presencia en la cultura, es una tarea similar a
la construcción de una catedral: llevará generaciones, requerirá un gran
corazón, lleno de fe. Tarea que es todo un arte,
como la construcción lenta y perseverante de una catedral.
Benedicto
XVI (1 ene 09): la historia terrena de Jesús, que
culminó en el misterio pascual, es el inicio de un
mundo nuevo, porque inauguró realmente una nueva humanidad, capaz de
llevar a cabo una "revolución" pacífica, siempre y sólo con
la gracia de Cristo. Esta revolución no es ideológica, sino
espiritual; no es utópica, sino real; y por eso requiere
paciencia infinita, tiempos quizás muy largos, evitando todo atajo y
recorriendo el camino más difícil: el de la maduración de
la responsabilidad en las conciencias
3.- UNOS "NUEVOS MONASTERIOS"
En
el año 2000, el entonces cardenal Ratzinger concluía una conferencia
pronunciada en Berlín con una consideración que nos sirve para
proponer esta meta :
hay que dar la razón a
Toynbee en que el destino de una sociedad depende una
y otra vez de minorías creadoras. Los cristianos deberían verse
a sí mismos como una minoría creadora, y contribuir a
que Europa recupere lo mejor de su herencia y así
sirva a toda la Humanidad.
El Acuerdo de Bolonia ha
subrayado un rasgo dominante de la sociedad actual, el flujo
de información de todo tipo y a todo nivel. Europa
de la información, la llama. Pues bien, en ese mundo
de la información, sin fronteras, sin límites de cantidad ni
de calidad, en que parece no haber ningún orden ,
podemos reconocer un ´mundo bárbaro´ como el que rodeaba los
monasterios (permítase este símil, sin que sea juicio de valor).
La información totalmente a la intemperie en Internet, y en
medio de esa marea de información están unas comunidades que
tienen dentro una vida propia, que busca la verdad para
la que todos hemos sido hechos.
BXVI. París, al mundo
de la cultura (Sep 08) (...) hay que decir con
gran realismo que no estaba en su intención crear una
cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su
motivación era mucho más elemental. Su objetivo era: quaerere Deum,
buscar a Dios. En la confusión de un tiempo en
que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse
a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo
que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban
a Dios. Querían pasar de lo secundario a lo esencial,
a lo que es sólo y verdaderamente importante y fiable:
(...) detrás de lo provisional buscaban lo definitivo.
Si nuestras
universidades se convierten en esas comunidades vivas que buscan la
verdad y el amor, el quaerere Deum estará activo de
nuevo en medio de la historia y no será difícil
que se conviertan en esos ´nuevos monasterios´ que cambien la
cultura sin proponérselo, laboratorios de cultura que generen un nuevo
humanismo.
Universidades católicas que sean, no sólo ´nuevos monasterios´, sino
también (y por eso mismo) nuevas vanguardias: i) para dar
más racionalidad a discursos numantinos; para que las batallas culturales
perdidas sean un día guerras ganadas (p.ej. aborto, justicia social);
ii) para hacerse presentes en un diálogo a fondo en
fronteras abiertas o batallas culturales por decidir (inicio de la
vida humana, evolución o creacionismo, dignidad del amor y la
sexualidad...)
Nos parece que esto tiene que ser una universidad
católica, para los miembros que la componen y para la
sociedad en que está inserta. Una comunidad en auténtica ebullición
intelectual y cordial, que se contagia. El Señor de la
historia hará que muchos pájaros vengan a buscar cobijo en
sus ramas.
4.- HACEN FALTA NUEVOS MAESTROS
De alguna manera
una universidad es lo que sean sus profesores. Los alumnos
pasan, los profesores se quedan. La humanidad viva del formador
despierta en cada estudiante el verdadero interés por la vida.
Nuestra misión requiere muchos verdaderos maestros.
Solemos expresarlo en la
Universidad Francisco de Vitoria diciendo que la asignatura para el
profesor es el alumno: despertar su humanidad a la verdad
de su vida y acompañarlo en su realización durante los
años de la universidad, esto mientras se le imparten unos
conocimientos y habilidades. Sepamos motivarlos y formarlos así.
Del mismo
modo, la asignatura para el alumno debería llegar a ser
el profesor, si puede recibir de él no sólo unos
conocimientos sino también la humanidad de quien se los ofrece.
«El hombre de hoy ya no quiere escuchar a los
maestros, más bien a los testigos, y si escucha a
los maestros es porque son testigos» famosa cita de Pablo
VI (Evangelii Nuntiandi n 74).
5.- UNA ESPERANZA CONSTRUIDA SOBRE
ROCA
Estos fines, próximos y remotos, de nuestras universidades no
nacen de nuestro ´optimismo´, sino de la Palabra de Dios
y de nuestra antropología cristiana. Es una meta importante tener
esto siempre muy claro.
a) el envío de Cristo resucitado
a evangelizar el mundo (Mt 28) también es para las
universidades católicas, y para los católicos en la universidad. Por
tanto sabemos que Él estará con nosotros hasta el final
del camino.
b) los hombres buscan, quizás sin saber, lo
que nosotros tenemos. Están hechos para esto. Saber esperar con
paciencia de monjes, Y CON SU FE (creyéndonos lo que
tenemos) . Vendrán los pájaros a posarse en las ramas
del evangelio porque Dios cumple lo que promete. Pero saber
esperar no es pasividad, sino elaborando una nueva cultura, esas
nuevas síntesis que salvan la razón y el corazón.
Benedicto
XVI al mundo de la cultura francés. Sep 09: Pablo
no anuncia dioses desconocidos. Anuncia a Aquel, que los hombres
ignoran y, sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido; Aquel que buscan,
al que, en lo profundo, conocen y que, sin embargo,
es el Ignoto y el Incognoscible. Lo más profundo del
pensamiento y del sentimiento humano sabe en cierto modo que
Él tiene que existir.
(...) Nuestra situación actual, es bastante
análoga. Nuestras ciudades ya no están llenas de altares e
imágenes de múltiples divinidades. Para muchos, Dios se ha convertido
realmente en el gran Desconocido. Pero como entonces tras las
numerosas imágenes de los dioses estaba escondida y presente la
pregunta acerca del Dios desconocido, también hoy la actual ausencia
de Dios está tácitamente inquieta por la pregunta sobre Él.
Quaerere Deum -buscar a Dios y dejarse encontrar por Él:
esto hoy no es menos necesario que en tiempos pasados.
6.- UNA ACTITUD DE FONDO NO REACTIVA SINO PROVOCADORA
Lamentarse
por una identidad católica difuminada y pedir reaccionar a quien
no comprende o valora esa identidad generará más bien defensividad
y, ciertamente, pocas adhesiones.
Ofrezcamos una acción universitaria que conecta
con el interés profundo de toda persona, su hambre de
una razón de ser. Es como una provocación pacífica que
despierte las conciencias anestesiadas por el pensamiento débil. Provocación que
alude a lo único que realmente interesa a todo hombre,
su sentido último. Provocar para construir sobre bases nuevas, no
reactividad que más parece nostalgia del pasado.
Esto requiere de
una mirada que sepa llegar al rescoldo que late en
el fondo del corazón del alumno, porque es persona. Una
mirada sabia que sabe partir de los planteamientos vitales del
alumno, expresados no como dicen los manuales clásicos sino con
el lenguaje y las expresiones de hoy, y desde ellos,
sabe hacer camino hacia una actitud madura ante la universidad
y la vida.
7.- OTRA FORMA DE REALISMO: NADIE PUEDE
SOLO
Es una meta también, tener otra cosa siempre muy
clara:
+ Necesitamos la gracia de Dios: sin mí no
podéis hacer nada (Jn 15); con él daremos fruto abundante.
+ Nos necesitamos unas universidades católicas a otras, y a
los profesores católicos en las demás universidades, y a cualquier
creyente abierto a nuestra propuesta y a cualquier profesor con
sed de verdad y honestidad intelectual. + Necesitamos una intensa
vida de oración en la comunidad universitaria.
8.- QUEHACER UNIVERSITARIO
CON TRES DIMENSIONES
Solemos hablar en la Universidad Francisco de
Vitoria de tres momentos o dimensiones de toda acción universitaria.
Estos tres momentos son: preevangelizar, evangelizar, comprometer.
Preevangelizar Humanizar personas
y ambientes, despertar la humanidad de cada uno, provocando el
hambre de sentido innata que impulsa todo caminar humano. La
universidad católica también tiene que ser Juan Bautista que prepare
los caminos del Señor a quienes estén dispuestos a probarlos.
Evangelizar Mostrar con claridad y serenidad lo que pasó en
nuestra vida cuando encontramos a Cristo. Mostrar el mayor bien
para compartirlo con el que quiera. Ni ocultarlo, pues sería
desleal; ni imponerlo, ya que sería contradictorio.
Comprometer Cuando el
hombre encuentra aquello que corresponde con su hambre de sentido
o de felicidad, no puede dejar de entregarse, sea como
un paso adelante o como una decisión definitiva. Una universidad
católica no sería una comunidad madura, si no fuera capaz
de suscitar palabras definitivas en el amor, decisiones de los
que encuentran su lugar en la vida o en la
Iglesia.
Estas tres dimensiones serán sucesivas o en paralelo, según
la respuesta de cada uno. Lo ideal es una acción
que contemple los tres a la vez. Han de integrarse
en una buena síntesis que empape toda docencia, acción social,
asesoría académica, etc.
9.- MADURAR DISCURSO PARA LLEGAR A PRAXIS
FECUNDA
Para finalizar apunto unos temas donde un discurso más
maduro debe conducir a una acción más productiva. Un desafío
intelectual para las universidades católicas.
+ sobre la propia identidad
de universidades católicas, sin nostalgia, sin mimetismo, para el nuevo
humanismo. Ya está dicho.
+ sobre la libertad de cátedra,
o libertad académica: también ella, si es auténtica, no es
´libertad de´ enseñar lo que sea y como sea, sino
´libertad para´ construir una comunidad universitaria así, a la que
uno libremente se vincula.
+ sobre la verdad, el pluralismo
y el debate distintivo de las universidades vivas: Diálogo y
debate como método permanente de vida intelectual. La verdad se
ofrece, no se impone; diálogo que no oculta diferencias, con
auténtica honestidad intelectual (la ética de la búsqueda de la
verdad) y con un sentido comunitario que evita las disputas
inútiles o academicistas.
+ sobre la teología que sabe dar
razón de la fe: esa teología fundamental que se sabe
significativa para los demás saberes y que sabe darles razón
de sí misma .
+ sobre la pastoral universitaria, en
su dimensión sacramental: que sepa hacerse dando siempre razón de
la fe, no dándola por supuesta. Y en sus tres
dimensiones: siempre preevangelizando, evangelizando y comprometiendo.
+ sobre la educación
para el amor, integrada a lo largo de todo el
curriculum universitario.
REFERENCIAS
1 Como excelente exposición sintética recomendamos el estudio
que se encuentra en la encíclica Fides et Ratio (nn
45-48).
2 A los profesores europeos (jun 08)
3 Fundamental
para este apartado su discurso en la Universidad de Ratisbona
(Sep 06): Sólo el tipo de certeza que deriva de
la sinergia entre matemática y método empírico puede considerarse científica.
Todo lo que pretenda ser ciencia ha de atenerse a
este criterio. (...) nos encontramos ante una reducción del ámbito
de la ciencia y de la razón que es preciso
poner en discusión. (...) si la ciencia en su conjunto
es sólo esto, los interrogantes propiamente humanos, es decir, de
dónde viene y a dónde va, los interrogantes de la
religión y de la ética, no pueden encontrar lugar en
el espacio de la razón común descrita por la «ciencia»
entendida de este modo y tienen que desplazarse al ámbito
de lo subjetivo. (...) Occidente, desde hace mucho, está amenazado
por esta aversión a los interrogantes fundamentales de su razón,
y así sólo puede sufrir una gran pérdida. La valentía
para abrirse a la amplitud de la razón, y no
la negación de su grandeza, es el programa con el
que una teología comprometida en la reflexión sobre la fe
bíblica entra en el debate de nuestro tiempo. (...) invitamos
a nuestros interlocutores a este gran logos, a esta amplitud
de la razón. Redescubrirla constantemente por nosotros mismos es la
gran tarea de la universidad.
4 Benedicto XVI (Sept 2006)
a la Universidad de Ratisbona: En el trasfondo de todo
esto subyace la autolimitación moderna de la razón, clásicamente expresada
en las «críticas» de Kant, aunque radicalizada ulteriormente entre tanto
por el pensamiento de las ciencias naturales. Este concepto moderno
de la razón se basa, por decirlo brevemente, en una
síntesis entre platonismo (cartesianismo) y empirismo, una síntesis corroborada por
el éxito de la técnica. Por una parte, se presupone
la estructura matemática de la materia, su racionalidad intrínseca, que
hace posible comprender cómo funciona y puede ser utilizada: este
presupuesto de fondo es en cierto modo el elemento platónico
en la comprensión moderna de la naturaleza. Por otra, se
trata de la posibilidad de explotar la naturaleza para nuestros
propósitos, en cuyo caso sólo la posibilidad de verificar la
verdad o falsedad mediante la experimentación ofrece la certeza decisiva.
El peso entre los dos polos puede ser mayor o
menor entre ellos, según las circunstancias. Esto implica dos orientaciones
fundamentales decisivas para nuestra cuestión. Sólo el tipo de certeza
que deriva de la sinergia entre matemática y método empírico
puede considerarse científica. Todo lo que pretenda ser ciencia ha
de atenerse a este criterio. También las ciencias humanas, como
la historia, la psicología, la sociología y la filosofía, han
tratado de aproximarse a este canon de valor científico. Además,
importa constatar que este método en cuanto tal excluye el
problema de Dios, presentándolo como un problema acientífico o precientífico.
Pero de este modo nos encontramos ante una reducción del
ámbito de la ciencia y de la razón que es
preciso poner en discusión.
(...) Pero hemos de añadir más:
si la ciencia en su conjunto es sólo esto, los
interrogantes propiamente humanos, es decir, de dónde viene y a
dónde va, los interrogantes de la religión y de la
ética, no pueden encontrar lugar en el espacio de la
razón común descrita por la «ciencia» entendida de este modo
y tienen que desplazarse al ámbito de lo subjetivo.
5
Benedicto XVI (13 mayo 07) en Aparecida: ¿Qué es esta
"realidad"? ¿Qué es lo real? ¿Son "realidad" sólo los bienes
materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente
el gran error de las tendencias dominantes en el último
siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los
sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto
de realidad con la amputación de la realidad fundante y
por esto decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios
de su horizonte falsifica el concepto de "realidad" y, en
consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas
destructivas.
La primera afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Sólo
quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder
a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad
de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos
los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis.
6 Benedicto
XVI (21 mar 07) a facultad teológica de la universidad
de Tubinga: (...) la Universidad moderna corre peligro de transformarse
en un complejo de institutos superiores, unidos más bien externa
e institucionalmente, y menos capaces de formar una unidad interior
de universitas.
(...) el debate intrauniversitario hace de la Universidad
verdaderamente lo que ella es, implicándola en una dinámica colectiva
de preguntas y respuestas. La Universidad y la sociedad, la
humanidad, necesitan preguntas, pero necesitan también respuestas. Y considero que
a este respecto es evidente para la teología -y no
sólo para la teología- una cierta dialéctica entre el cientificismo
rígido y la pregunta más grande que la trasciende, y
repetidamente emerge en ella, la pregunta sobre la verdad 7
Benedicto XVI (23 jun 07) a profesores universitarios europeos: La
universidad, por su parte, jamás debe perder de vista su
vocación particular a ser una "universitas", en la que las
diversas disciplinas, cada una a su modo, se vean como
parte de un unum más grande. ¡Cuán urgente es la
necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a
la tendencia a la fragmentación y a la falta de
comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros
educativos! El esfuerzo por reconciliar el impulso a la especialización
con la necesidad de preservar la unidad del saber puede
estimular el crecimiento de la unidad europea y ayudar al
continente a redescubrir su "vocación" cultural específica en el mundo
de hoy.
8 Benedicto XVI (abril 08) a educadores católicos.
Washington: La revelación de Dios ofrece a cada generación la
posibilidad de descubrir la verdad última sobre la propia vida
y sobre el fin de la historia. Este deber jamás
es fácil: implica a toda la comunidad cristiana y motiva
a cada generación de educadores cristianos a asegurarse de que
el poder de la verdad de Dios impregne todas las
dimensiones de las instituciones a las que sirven.
9 Benedicto
XVI (jun 07) a los profesores universitarios europeos
10 Ratzinger,
J. (2001) Europa, política y religión. Nueva Revista 63 (enero-febrero),
67-88.
11 Benedicto XVI (abr 08) a los educadores católicos
en Washington: La misma dinámica de identidad comunitaria -¿a quién
pertenezco?- vivifica el ethos de nuestras instituciones católicas. La identidad
de una Universidad o de una Escuela católica no es
simplemente una cuestión del número de los estudiantes católicos. Es
una cuestión de convicción: ¿creemos realmente que sólo en el
misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el misterio del
hombre (GS n 22)? ¿Estamos realmente dispuestos a confiar todo
nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente y corazón, a Dios?
¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? En nuestras universidades y
escuelas ¿es «tangible» la fe? ¿Se expresa férvidamente en la
liturgia, en los sacramentos, por medio de la oración, los
actos de caridad, la solicitud por la justicia y el
respeto por la creación de Dios? Solamente de este modo
damos realmente testimonio sobre el sentido de quiénes somos y
de lo que sostenemos.
12 Benedicto XVI (ene 08) discurso
preparado para La Sapienza: Sólo lo lograremos si la razón
y la fe se reencuentran de un modo nuevo, si
superamos la limitación que la razón se impone a sí
misma de reducirse a lo que se puede verificar con
la experimentación, y le volvemos a abrir sus horizonte en
toda su amplitud. En este sentido, la teología, ... sino
como teología auténtica, como ciencia que se interroga sobre la
razón de la fe, debe encontrar espacio en la universidad
y en el amplio diálogo de las ciencias.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la comunidad Preguntas acerca del perfil y la formación de educadores católicos, de los criterios de enseñanza que deben regir en una escuela católica y de los modelos pedagógicos a seguir para una mejor asimilación de la doctrina cristiana
Ver todos los consultores