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Autor: Pedro Luis Llera | Fuente: Forumlibertas.com En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe?
La emergencia educativa que ha detectado el Papa
En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe?
Benedicto XVI nos está pidiendo insistentemente que reaccionamos ante lo
que él considera como una verdadera “emergencia educativa”.
El pasado
29 de mayo, ante la 58º Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal Italiana, el Papa recalcó en su discurso que
la causa de la "fuertemente advertida emergencia educativa" es "un
relativismo penetrante y no raramente agresivo" que marca la sociedad
y la cultura. Ya el 17 de abril, en su
encuentro con los educadores católicos norteamericanos, el Santo Padre, consciente
de los peligros que acarrea la creciente secularización, nos había
emplazado a combatir sin complejos el relativismo :“la ideología secularista
introduce una cuña entre verdad y fe. Esta división ha
llevado a la tendencia de equiparar verdad y conocimiento y
a adoptar una mentalidad positivista que, rechazando la metafísica, niega
los fundamentos de la fe y rechaza la necesidad de
una visión moral”.
El 21 de enero de 2008, Benedicto
XVI escribía una Carta a la Diócesis de Roma sobre
la tarea urgente de la educación en la que manifestaba
su preocupación ante esta calamitosa situación: “no podemos menos que
interesarnos por la formación de las nuevas generaciones, por su
capacidad de orientarse en la vida y de discernir el
bien del mal, y por su salud, no sólo física
sino también moral”. “Es especialmente inquietante – nos advierte Benedicto
XVI – la reducción de la preciosa y delicada área
de la educación sexual a la gestión del “riesgo”, sin
referencia alguna a la belleza del amor conyugal”.
Para el
Papa nuestras escuelas “han de ser lugares en los que
se reconoce la presencia activa de Dios en los asuntos
humanos”. Y para ello, en la citada Carta a la
Diócesis de Roma, Benedicto XVI resalta “algunas exigencias comunes de
una educación auténtica”:
1) Una escuela católica debe educar con
amor. La auténtica educación católica, “ante todo, necesita la cercanía
y la confianza que nacen del amor”. "Obviamente son sobre
todo importantes las relaciones personales y especialmente la confesión sacramental
y la dirección espiritual", subrayaba, en este sentido, el Papa
ante la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana el
pasado mes de mayo.
2) La escuela católica debe trabajar
para que los niños y jóvenes descubran la verdad:“sobre todo
la verdad que puede guiar la vida”.
3) La escuela
católica debe ser exigente y forjar la voluntad y el
espíritu de sacrificio de los alumnos. Debemos enseñar a los
jóvenes – señala Benedicto XVI – que “el sufrimiento forma
parte de la verdad de nuestra vida. Por eso, al
tratar de proteger a los más jóvenes de cualquier dificultad
y experiencia de dolor, corremos el riesgo de formar, a
pesar de nuestras buenas intenciones, personas frágiles y poco generosas,
pues la capacidad de amar corresponde a la capacidad de
sufrir, y de sufrir juntos”.
4) El Papa considera que
el punto quizá más delicado de la obra educativa es
“encontrar el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Sin reglas
de comportamiento y de vida, aplicadas día a día también
en las cosas pequeñas, no se forma el carácter y
no se prepara para afrontar las pruebas que no faltarán
en el futuro. Pero la relación educativa es ante todo
encuentro de dos libertades, y la educación bien lograda es
una formación para el uso correcto de la libertad”.
Para
lograr este delicado equilibrio, el Santo Padre considera imprescindible que
los profesoresejerzan la autoridad, “fruto de su experiencia y de
su competencia”; autoridad que ellos mismos deben ganarse
“sobre todo con la coherencia de la propia vida y
con su implicación personal, expresión del amor verdadero. Por consiguiente,
el educador es un testigo de la verdad y del
bien” .
5) El Santo Padre considera que una auténtica
educación debe enseñar el valor de la responsabilidad, tan íntimamente
unida al ejercicio de la libertad: “La responsabilidad es, en
primer lugar, personal; pero hay también una responsabilidad que compartimos
juntos, como ciudadanos de una misma ciudad y de una
misma nación, como miembros de la familia humana y, si
somos creyentes, como hijos de un único Dios y miembros
de la Iglesia”.
6) Por último, la escuela católica debe
saber transmitir a sus alumnos la esperanza cristiana: “Sólo una
esperanza fiable puede ser el alma de la educación, como
de toda la vida. Hoy nuestra esperanza se ve acechada
desde muchas partes, y también nosotros, como los antiguos paganos,
corremos el riesgo de convertirnos en hombres "sin esperanza y
sin Dios en este mundo", como escribió el apóstol san
Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef 2, 12).
Precisamente
de aquí nace la dificultad tal vez más profunda para
una verdadera obra educativa, pues en la raíz de la
crisis de la educación hay una crisis de confianza en
la vida”. En el discurso ante los educadores católicos norteamericanos,
Su Santidad recordaba lo que debe ser una verdadera escuela
católica: “ cada institución educativa católica es un lugar para
encontrar a Dios vivo” . Y en ese discurso el
Papa nos lanzaba una serie de cuestiones que deben resonar
en nosotros a la hora de dilucidar la autenticidad de
la identidad católica de nuestras escuelas:
“¿Creemos realmente que sólo
en el misterio del Verbo encarnado se esclarece verdaderamente el
misterio del hombre (cf. Gaudium et spes, 22)? ¿Estamos realmente
dispuestos a confiar todo nuestro yo, inteligencia y voluntad, mente
y corazón, a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela?
En nuestras universidades y escuelas ¿es “tangible” la fe? ¿Se
expresa fervientemente en la liturgia, en los sacramentos, por medio
de la oración, los actos de caridad, la solicitud por
la justicia y el respeto por la creación de Dios?
Solamente de este modo damos realmente testimonio sobre el sentido
de quiénes somos y de lo que sostenemos”.
Leyendo al
Santo Padre, cada vez estoy más convencido de la urgente
necesidad de renovar la escuela católica en España. El propio
Papa nos impulsa y nos guía con su autoridad y
magisterio para abordar esta inaplazable labor.
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