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Autor: por Mons. Casimiro López Llorente | Fuente: Ecclesia Educación para la Ciudadanía es inaceptable en la forma y en el fondo.
¿Qué hacer, en consecuencia? objeción de conciencia.
Educación para la Ciudadanía es inaceptable en la forma y en el fondo.
Escrito por Ecclesia Digital, sábado, 06 de septiembre
de 2008
Queridos diocesanos: A partir del este curso académico comenzará a
impartirse también en nuestra Comunidad Valenciana la asignatura ‘Educación para
la Ciudadanía’, implantada por la Ley Orgánica de Educación. He
esperado a los últimos desarrollos jurídicos últimos para nuestra Comunidad
para poder expresar algunas consideraciones sobre EpC.
La
Orden de la Consellería de Educación de 10 de junio
pasado, que paliaba alguna de las graves objeciones que plantea
dicha asignatura, fue recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia
de Valencia, que ha suspendido su aplicación en puntos importantes,
en concreto en la opción B de EpC. En consecuencia
EpC ha de ser cursada obligatoriamente por todos los alumnos
de segundo curso de ESO en todos los colegios públicos
y de iniciativa social sostenidos con fondos públicos.
En el
ejercicio de mi responsabilidad pastoral me dirijo a todos los
católicos de nuestra diócesis para ofreceros criterios ante la nueva
asignatura. Asumo la Nota de la Comisión Permanente de la
Conferencia Episcopal de 28 de febrero de 2007.
Antes
de nada debo decir que no hay nada que objetar
contra una educación cívica; como tampoco habría nada que objetar
contra una EpC, que, libre de componentes ideológicos, preparara para
la convivencia democrática y se centrara en el estudio de
los derechos humanos, del ordenamiento constitucional, de las instituciones sociales
intermedias, de los organismos comunitarios europeos etc. Así configurada, la
EpC sería aceptable por todos y una materia importante para
la formación de los alumnos. Así se viene haciendo en
otros países de la Comunidad Europea.
Pero sí hay que
decir que la EpC tal como está concebida en la
LOE y desarrollada en los Reales Decretos, vinculantes también en
nuestra Comunidad, “es inaceptable en la forma y en el
fondo: en la forma, porque impone legalmente a todos una
antropología que sólo algunos comparten y, en el fondo, porque
sus contenidos son perjudiciales para el desarrollo integral de la
persona”. Con esta materia, el Estado va a imponer con
carácter obligatorio para todos los alumnos y en todos los
centros una determinada formación de la conciencia moral, al margen
de la elección de los padres. De este modo se
conculca el derecho originario y prioritario de los padres a
que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que
esté de acuerdo con sus propias convicciones; un derecho que
el Estado ha de garantizar tal como está reconocido por
la Constitución española (Art. 27, 3).
No cabe duda
que la normativa estatal sobre la nueva asignatura “pretende formar,
con carácter obligatorio ‘la conciencia moral cívica’ de todos los
alumnos en todos los centros”. En concreto, esta asignatura intenta
educar a todos los alumnos en una concepción del mundo
y del hombre ajena a Dios, donde las nociones del
bien y del mal moral son relativas y donde se
transmite una ‘ideología del género’ opuesta a la antropología cristiana.
Recordemos que en nuestra diócesis en torno al 90% de
los padres con hijos en educación primaria y en torno
al 70% en secundaria piden, año tras año, libremente y
en virtud del derecho fundamental que les asiste, la formación
religiosa y moral católica, con la que entra en clara
contradicción la nueva materia.
Muchos de padres han elegido
centros de la Iglesia para la educación de sus hijos
con su carácter o proyecto educativo cristiano que también se
ve contradicho por esta nueva materia. El Gobierno no ha
ofrecido garantía jurídica de que los centros de la Iglesia
puedan adecuar el programa de la asignatura al ideario católico
de los centros. También los centros y las instituciones o
titulares de los centros católicos se van a ver obligados
a poner una materia que, en su conjunto o parcialmente,
está en contradicción con su carácter propio, con lo que
también se cercena la libertad de estas instituciones; no podrán
desarrollar con entera libertad su proyecto educativo y verán limitados
sus derechos a la libertad educativa. Al actuar así el
Estado traspasa sus competencias y lesiona derechos fundamentales de los
padres y de la escuela libremente elegida. Esta ingerencia del
Estado no debería darse, si queremos una sociedad libre.
Por todo ello decimos los Obispos que “las enseñanzas antropológicas
orientadas a la formación de la conciencia moral –tanto en
lo ‘personal’ como en lo ‘social’– no son competencia del
Estado. La autoridad pública no puede imponer ninguna moral a
todos: ni una supuestamente mayoritaria, ni la católica, ni ninguna
otra. Son los padres y es la escuela, como colaboradora
de aquéllos, quienes tienen el derecho y el deber de
la educación de las conciencias, sin más limitaciones que las
derivadas de la dignidad de la persona y del justo
orden público... Lo que denunciamos son unas enseñanzas concretas que,
bajo el nombre de ‘Educación para la ciudadanía’, constituyen una
lesión grave del derecho de los padres a determinar la
educación moral para sus hijos”.
¿Qué hacer, en consecuencia? “Los
padres harán muy bien en defender con todos los medios
legítimos a su alcance el derecho que les asiste de
ser ellos quienes determinen la educación moral que desean para
sus hijos”. Entre éstos medios legítimos está la objeción de
conciencia frente a EpC sea en centros públicos sea en
los de iniciativa social, también en colegios católicos. La objeción
de conciencia es reconocida explícitamente en la Constitución española en
relación con la prestación del servicio militar obligatorio. Pero el
Tribunal Constitucional ha interpretado que el derecho a la objeción
de conciencia existe y puede ser ejercido sin necesidad de
que haya una ley que lo regule, pues forma parte
del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y
religiosa, reconocido en el art. 16.1. de.
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