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Autor: Ana Arenas, Amalia Casado | Fuente: http://www.elsentidobuscaalhombre.com La Universidad ¿algo más que escuela de oficios?
representantes de diferentes universidades europeas se reunieron para debatir sobre los nuevos retos de las universidades y la necesidad de un trabajo conjunto, el papel fundamental del profesor como testimonio de vida, y la necesidad de repensar las asig
La Universidad ¿algo más que escuela de oficios?
La Universidad Francisco de Vitoria ha sido testigo de lo
que es de verdad hacer Universidad, un lugar encuentro donde
poder dialogar y debatir sobre las cuestiones fundamentales con expertos
en el tema y profesores. En estas primeras conversaciones que
organizó el Instituto John Henry Newman, se trató el tema
sobre la identidad de las universidades católicas, bajo el título
´Universidad Católica: mimetismo, nostalgia o nuevo humanismo´, donde importantes intelectuales
y responsables de diferentes universidades europeas debatieron sobre los nuevos
retos a los que se enfrenta esta institución en el
siglo XXI.
Pozuelo de Alarcón, 30 de enero de 2009
- Ante el nuevo panorama educativo que se abre con
el llamado Proceso de Bolonia, la universidad católica está llamada
a realizar conjuntamente una nueva síntesis entre fe y razón
que supere la falsa frontera entre lo natural y sobrenatural,
que parta de la realidad de la cultura actual y
dialogue con ella, y que pueda ser hecha vida por
quienes participen en ese diálogo como testimonio de su valor.
En este sentido, numerosos intelectuales y representantes de diferentes universidades
europeas se reunieron ayer, jueves 29 de enero de 2009,
para debatir sobre los nuevos retos de las universidades y
donde se destacó la necesidad de un trabajo conjunto de
las universidades católicas, el papel fundamental del profesor como testimonio
de vida, y la necesidad de repensar las asignaturas desde
la clave de una razón ampliada que borre la falsa
frontera entre lo natural y sobrenatural.
El encargado de inaugurar
estas conversaciones fue el Excelentísimo y Reverendísimo Cardenal Paul Poupard,
Presidente Emérito del Consejo Pontificio para la Cultura. Bajo el
título ´La Universidad como comunidad de buscadores entre profesores y
alumnos, reflejo de la caridad cristiana´, Poupard explicó que "la
universidad no puede plegarse a las exigencias del mercado y
convertirse en una mera fábrica de titulados", teniendo en cuenta
que "la misión propia de la universidad es el servicio
apasionado de la verdad". Por eso, se debe fomentar la
tarea de estudiar los graves problemas contemporáneos y buscarles una
solución, de forma que la Universidad Católica sea "pionera en
la investigación en todas las disciplinas que se imparten en
ella".
El Cardenal Poupard también comentó que en la universidad
católica debe primar "la formación integral de la persona, que
integre los distintos saberes" y que busque el crecimiento de
la persona, no sólo en el ámbito intelectual sino en
el puramente humano. Sólo así, continuaba, evitaremos "un mundo dominado
por expertos sin alma".
Poupard señalaba que "la misión de
la Universidad Católica no está completa si no aspira a
la evangelización" y subrayaba que esta institución "será lo que
sean sus profesores", que deben aspirar a "ser maestros de
sus alumnos y no sólo docentes". El Cardenal aseguró estar
convencido de que "el porvenir de la humanidad está en
manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones
para vivir y razones para esperar".
El siguiente en intervenir
fue don Pedro Morandé. El Decano de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, bajo
el título "De cómo la fe se hace cultura", enclavó
la misión de la Universidad hoy en la oportunidad de
superar las consecuencias de una visión de lo humano y
lo social funcionalista que convierte al hombre en una realidad
sustituible, elimina las especificidades, identidades y originalidades propias de cada
cultura, pueblo o realidad en aras de un control que
busca eficiencia a corto plazo.
Morandé explicó, en clara alusión
a Bolonia, que la gran repercusión que esta visión ha
tenido en la Universidad es la tendencia internacional a convertir
esta institución en una industria, "en un sólo gran sistema
industrial universitario con acreditaciones estandarizadas de planes de estudios y
competencias equivalentes, de tal modo que en el futuro sea
indiferente estudiar en un sitio o en otro, con un
profesor u otro". La Universidad Católica estaría llamada a favorecer
el diálogo con esta cultura actual desde una nueva síntesis
de fe y razón que ha de realizar, y que
sólo se hará cultura cuando "pueda ser acogida personalmente" por
quienes participen en el diálogo, esto es, "proporcionar a las
personas una cultura viva, en la cual los valores derivados
de la dignidad humana sean el patrimonio más valioso que
ella transmite y que puedan ser verificados cotidianamente por la
experiencia de cada una de las personas que se integran
a una comunidad de pertenencia que las acoge y las
invita a trascender sus necesidades y deseos en el servicio
al bien común de todos quienes las integran (...). La
medida de toda cultura es el cultivo de sí mismo
como sujeto personal", afirmó en este sentido.
En definitiva, ante
el desafío de una universidad convertida en industria que convierte
a las personas en realidades sustituibles, el reto de la
Universidad católica es volver a ocupar el espacio público que
le corresponde generando una cultura nueva. En este sentido, esta
cultura nueva habría de surgir de una síntesis entre fe
y razón, que favorezca el diálogo con la cultura actual,
que pueda ser acogida vitalmente por quienes participen de ese
diálogo y "cuyos valores derivados de la dignidad humana puedan
ser verificados cotidianamente por la experiencia de cada una de
las personas que se integran a una comunidad". A continuación,
y como cierre, de las conversaciones de la mañana, fue
el turno del sacerdote Florencio Sánchez, LC, director de Pastoral
de la Universidad Francisco de Vitoria y director del Instituto
John Henry Newman, que habló sobre ´Nostalgia, mimetismo o nuevo
humanismo´. En su disertación, Florencio Sánchez comentó que la base
para que una universidad sea católica radica en que tiene
"una forma específica de usar la razón y el corazón
en todo, desde la fe, para buscar la verdad y
el amor". Por eso, en la Universidad Francisco de Vitoria,
continuaba explicando, se trabaja una antropología elaborada en torno al
concepto del hombre como buscador de la verdad movido por
su libertad y fomentando ese diálogo entre la fe y
la razón.
El Padre Florencio comentó la necesidad de repensar
la universidad actual, en cuanto a sus contenidos como sus
métodos de enseñanza. En la universidad "debe haber una nueva
síntesis en todos los campos del saber universitario, así como
un método que reflexione sobre los límites de cada ciencia
y el alcance de sus conclusiones", añadía. De igual forma,
este nuevo método supone, explicaba el sacerdote, "una nueva investigación".
Y como núcleo de la vida universitaria, destaca la relación
profesor-alumno, que es donde se juega la verdadera formación integral,
donde se construye la universidad como comunidad y es lo
que más influye en el alumno a lo largo de
su paso por la universidad. De hecho, comentaba el Padre,
"la universidad empieza realmente cuando se cierra la puerta del
aula y comienza una clase" porque "una universidad es lo
que sean sus profesores". Y más en una universidad católica,
cuya identidad es precisamente esa, la atención personalizada del profesor
al alumno, "en cómo afrontan el quehacer universitario los profesores
y los alumnos, en el contenido, la profundidad y la
significación de los conocimientos que comparten y en la relación
que entre ellos establecen". Por eso en la UFV, "la
asignatura para el profesor es el alumno, cuyo objetivo es
despertar su humanidad a la verdad de su vida y
acompañarlo en su realización durante los años de la universidad,
mientras se le imparten unos conocimientos y habilidades".
En este
nuevo panorama académico que se abre con el Acuerdo de
Bolonia, Florencio Sánchez comentaba el peligro que tiene "la Europa
de la información", donde el flujo de información de todo
tipo y a todo nivel circula por Internet sin fronteras,
sin límites de cantidad ni de calidad, en que parece
no haber ningún orden". Aunque en esta marea de información
podemos encontrar algo bueno, si la Universidad Católica se convierte
en "una comunidad viva que busca la verdad y el
amor, un ´nuevo monasterio´ que cambie la cultura sin proponérselo,
laboratorios de cultura que generen un nuevo humanismo".
El encargado
de inaugurar el turno de conferencias de la tarde fue
el Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Melchor Sánchez de Toca y
Alameda, subsecretario del Consejo Pontificio para la Cultura. Melchor Sánchez
de Toca centró su intervención en la constatación de que
somos una cultura de la palabra, lo que tiene unas
implicaciones intelectuales y existenciales que la universidad católica está llamada
a hacer presentes. Destacó así que la cultura de la
palabra propone una preocupación por la verdad, una actitud de
escucha -luego de respeto, y reconocimiento de que lo que
recibo no lo puedo manipular-, de comunicación y el diálogo
con el otro -"lo que quiere decir que en la
donación recíproca, la persona no se anula sino que se
enriquece"-, de sentido y razón frente a la irracionalidad o
el azar "que niegan la libertad", y de comunión: compartir
y difundir con otros aquello que se ha descubierto. El siguiente
en intervenir fue el Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Fernando Sebastián,
Arzobispo Emérito de Pamplona y Tudela. En su conferencia sobre
´La Universidad Católica en un mundo laicista´ comentó en alusión
al Proceso de Bolonia que "se busca un modelo de
Universidad con unos rasgos comunes que sean válidos para toda
Europa, cuando no sabemos muy bien qué es lo que
Europa quiere ser". Además, en el caso de las universidades
católicas, el problema crece porque "lo religioso (y católico) provoca
en estos momentos un rechazo inexplicable", como si universidad y
católico fueran dos conceptos incompatibles, a pesar de que, como
recordaba Juan Pablo II, "la Universidad nació del corazón de
la Iglesia".
El Arzobispo propuso unos objetivos específicos para la
Universidad Católica en España. Lo primero es que tienen que
ser capaces de demostrar con hechos que su condición de
católica "es un plus que estimula su labor investigadora, enriquece
las relaciones entre profesores y alumnos, despierta el amor a
la verdad y el deseo de aprender, facilita la comunicación
y consolida la disciplina y la honestidad en el trabajo
y la convivencia". Además, es urgente, en opinión de Sebastián,
"recuperar el prestigio cultural de la fe" porque es el
principio de la vida y de la creatividad cultural de
un pueblo, no una actividad parásita que deforma y empobrece
la vida cultural de un país.
Además, la Universidad Católica
debe fomentar el amor al saber en la juventud española,
el amor al estudio y al trabajo, así como la
reconciliación con ellos mismos, con sus mayores, con la historia
y la realidad de su pueblo. Por eso, la Universidad
tiene que "atender la formación filosófica y humanista de sus
alumnos" para que conozcan las realidades que componen la grandeza
de las personas, el significado de la libertad, de la
inteligencia, la responsabilidad y la sociabilidad, de la muerte y
la inmortalidad. Sin estos conocimientos, "no puede haber personalidades firmes,
ni una sociedad fuerte, ni una base para profesor y
vivir la fe católica con claridad y serenidad en un
mundo tan pluralista y confuso como el nuestro".
Por último,
propuso un diálogo permanente entre las Universidades Católicas y personas
e instituciones no católicas para tratar cuestiones como los fundamentos
históricos, filosóficos y políticos, de los riesgos del laicismo y
de los nacionalismos, de las exigencias de la justicia en
el marco nacional e internacional. Esta podría ser una solución
para impulsar la regeneración cultural y religiosa de España.
El
último en intervenir en estas ´Conversaciones Universitarias sobre la Identidad
de las Universidades Católicas´ fue el Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor
Juan Antonio Martínez Camino, Obispo Auxiliar de Madrid y Secretario
de la Conferencia Episcopal Española. En su conferencia sobre ´La
libertad de la Verdad´ resaltó que si hay un espacio
que puede dedicarse a la verdad por sí misma, ése
es la universidad- pronunció una de las frases reveladoras de
la jornada al verbalizar la misión de la universidad católica
como la superación de la falsa frontera entre lo natural
y lo sobrenatural, y dedicarse exclusivamente a "buscar la verdad"
a través del diálogo, evitando el hablar por hablar.
Conferencia de Pedro Morandé El Decano
de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad
Católica de Chile. De cómo la fe se
hace cultura
Conferencia del P. Florencio Sánchez L.C. Director de Pastoral de
la Universidad Francisco de Vitoria y director del Instituto John
Henry Newman. ¿Nostalgia, mimetismo o nuevo humanismo?
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