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Autor: Alfonso López Quintás* catedrático emérito de filosofía en la Univ. Complutense de Madrid. | Fuente: educaweb Cómo lograr una Formación Integral
Las condiciones actuales de vida hacen indispensable una formación muy aquilatada de niños y jóvenes si queremos tener futuro. Los medios de comunicación acosan diariamente al ciudadano con un alud de informaciones de todo orden. Con frecuencia, los tema
Cómo lograr una Formación Integral
Con frecuencia, los temas decisivos de la vida
humana son tratados de forma frívola y tendenciosa.
Resulta extremadamente
difícil para niños y jóvenes reaccionar con la debida lucidez
ante esta avalancha de ideas contrastadas e incluso a veces
opuestas. La única vía de solución es dotar a niños
y jóvenes de un elevado poder de discernimiento y fortalecer
su voluntad mediante la propuesta de un ideal de vida
entusiasmante.
A ello tienden en el fondo, expresa o tácitamente,
los diversos planes de estudio que se están elaborando en
distintos lugares y países. La Ley General de Ordenación del
Sistema Educativo (LOGSE) propone como meta última de la enseñanza
lograr la "formación integral de los alumnos". Para ello señala
seis objetivos o metas parciales (aprender a pensar con rigor,
razonar de modo persuasivo y fundamentado, convivir de forma grata
y fecunda, tomar decisiones lúcidas, comportarse de modo adecuado a
las exigencias del propio ser personal) y siete temas transversales
(Educación moral y cívica, Educación para la paz, Educación para
la igualdad de oportunidades entre los sexos, Educación ambiental, Educación
sexual, Educación del consumidor y Educación vial). Estos temas —según
la Ley— han de ser tratados a través de todas
las áreas de forma tal que, al mismo tiempo que
se los expone, se vayan consiguiendo los objetivos antedichos: pensar
con rigor, razonar de forma coherente, etc. Al hacerlo, cada
profesor ejerce función de auténtico tutor.
Esta exigencia de la ley
es causa actualmente de perplejidad y preocupación por parte de
numerosos profesores, que se sienten seguros en el campo de
su área pero se ven perdidos a la hora de
realizar tareas que siempre han sido consideradas como competencia de
la Ética, la Teoría de los valores, la Pedagogía, la
Formación humana... A requerimiento de diversos grupos de profesores, apliqué
a esta cuestión los resultados de las investigaciones que hube
de realizar para configurar la Escuela de Pensamiento y Creatividad
y se me abrió una vía extraordinariamente fecunda para dar
cumplimiento a la Ley sin causar la menor distorsión a
los profesores. Éstos no necesitan preocuparse de "enseñar" directamente valores
y creatividad a los alumnos. Pueden permanecer tranquilos dentro del
perímetro de su área, pero han de poner sumo empeño
en subrayar ciertas cuestiones de la misma que tienen gran
incidencia en la formación integral de los jóvenes. Esta incidencia
se descubre cuando se analiza a fondo lo que es
e implica el proceso formativo. I. El proceso formativo y sus
cinco fases
El proceso formativo debe realizarse, a mi entender, en
cinco fases. A lo largo de ellas se van alumbrando
los valores y se descubre en qué consiste ser creativo.
La creatividad y los valores no son objeto de enseñanza,
como pueden serlo la mayor parte de los contenidos propios
de las diferentes áreas: matemáticas, ciencias, historia, geografía... Los valores
se alumbran, nos apelan, piden ser realizados. La creatividad es
un modo de actividad singularmente fecunda que tiene lugar cuando
respondemos a la apelación de los valores de forma activa
y damos lugar a algo nuevo lleno de sentido. Recorramos
en esquema las cinco fases y descubriremos una idea decisiva:
formarse significa entusiasmarse con la unidad, comprender que fundar modos
elevados de unidad con las realidades de nuestro entorno constituye
el ideal de nuestra vida. Bien comprendida y asimilada esta
idea primordial, disponemos de una clave decisiva para orientar fecundamente
la enseñanza y otorgar a la vida profesional todo su
relieve. Primera fase del proceso formativo
El punto de partida del proceso
formativo es mirar alrededor, contemplar hondamente todas las realidades y
percatarse de que no todas tienen el mismo rango. Unas
son meros objetos, realidades cerradas en sí, delimitables, pesables, asibles,
situables en un lugar determinado del espacio y en un
momento determinado del tiempo. Un bolígrafo, por ejemplo, presenta estas
condiciones; es un objeto. Otras realidades también son delimitables, asibles,
etc. por tener una vertiente material, pero son más que
objetos. Tienen iniciativa y desarrollan cierta actividad en distintos órdenes.
Una persona no queda circunscrita por sus dimensiones corpóreas, abarca
cierto campo en diversos aspectos: estético, ético, profesional, religioso... Es
más bien un "campo de realidad" que un objeto. Suelo
denominarla "ámbito de realidad" o, sencillamente, "ámbito".
Pero no sólo las
personas ostentan este carácter ambital. Toda realidad que ofrece al
hombre ciertas posibilidades y es capaz de recibir las que
el hombre le ofrece ha de ser considerada también como
"ámbito". Un piano, en cuanto mueble, es un objeto. Visto
como instrumento, es un "ámbito", porque ofrece al pianista la
posibilidad de sonar y es capaz de recibir las posibilidades
que aquél le otorga en orden a configurar diversas formas
musicales. Lo mismo cabe decir de un barco o un
avión. Cuando el principito, en el relato homónimo de Saint-Exupéry,
vio un avión abatido sobre el desierto, preguntó: "¿Qué es
esta cosa? El piloto lo corrigió inmediatamente: "Esto no es
una cosa. Esto vuela. Esto es un avión, es mi
avión""(1). Llamarle "cosa" significaba rebajarlo de rango, no verlo como
un ámbito de realidad, capaz de entreverarse con el piloto
y dar lugar a esa maravilla de la técnica que
es un avión en acto de volar.
El arte de vivir
con autenticidad consiste en aprender a ver las realidades del
entorno no sólo como objetos sino también como ámbitos posibles.
Muchas realidades de nuestro entorno se nos aparecen en principio
como meros objetos. Pero, si las asumimos en un proyecto
creativo, las elevamos a condición de ámbitos. El bolígrafo con
que estoy escribiendo es un objeto: algo mensurable, delimitable, pesable...
Si lo utilizo para escribir una obra, lo hago partícipe
de una actividad personal entrañable, lo "ambitalizo" con ello en
cierta medida y lo doto de un valor proporcional a
la calidad de mi escrito. Por eso admiramos la pluma
con que Goethe escribió el Fausto y que se conserva
en su casa-museo de Frankfurt.
Todo ámbito es una realidad abierta,
relacional, colaboradora. Está de por sí predispuesta a colaborar en
experiencias reversibles, experiencias de doble dirección. Con ello pasamos a
la segunda fase del proceso formativo. Segunda fase
En la vida realizamos
a menudo acciones que van de nosotros a las realidades
del entorno y allí terminan. Doy un empujón a un
libro y éste se desplaza. No hay reacción por su
parte a mi iniciativa. Yo he tenido todo el protagonismo.
He realizado una acción coactiva. He mandado, y el libro
ha obedecido mi mandato ciegamente. Mejor dicho: no ha habido
ni mandato ni obediencia, sino un impulso físico y una
reacción mecánica. Me he movido en el plano de los
objetos y en el de la fuerza muscular. Pero hay
otras acciones que van dirigidas a una inteligencia y una
voluntad libre. Te invito a dar un paseo por el
parque. Tú respondes que sí, pero matizas que te parece
mejor por la calle. Tu respuesta es activa, asumes mi
propuesta porque entrevés en ella un valor y lo haces
tomando iniciativa. Mi acción de invitarte ejerció un influjo sobre
ti, pero no fue una acción coactiva sino suscitadora de
actividad por tu parte, inspiradora de una actitud de colaboración.
De esta forma yo influí sobre ti y tú sobre
mí. Este intercambio de influjos da lugar a un diálogo,
un encuentro, por fugaz que sea.Ya estamos preparados para comprender
el encuentro en su génesis y hacemos cargo por propia
cuenta de la razón profunda por la cual las disciplinas
que estudian el enigma del ser humano subrayan actualmente que
"el hombre es un ser de encuentro". Vivimos como personas,
nos desarrollamos y perfeccionamos como tales en medida directamente proporcional
a la calidad y cantidad de los encuentros que fundamos
con las diversas realidades de nuestro entorno. El encuentro presenta
esta fecundidad porque significa una forma de unión muy elevada.
Éste es el punto decisivo del proceso de nuestra formación
personal. Hemos de descubrir la grandeza de la unidad. El
ser humano se caracteriza por su capacidad de distanciarse de
las realidades del entorno para crear modos distintos de unirse
con ellas. Si me agarro fuertemente a la mesa, mi
modo de unión es intenso, pero pobre. Levanto la mano
y no queda nada. Mi unión no era creativa. Toco
la superficie de un piano y sucede lo mismo. Pero
levanto la consola, introduzco mis dedos en el teclado y
toco una pieza. El modo de unión que adquiero con
el piano, con la partitura, con la obra y su
autor es altísimo. Puedo estar más intimamente unido con un
compositor lejano a mí en tiempo y espacio que con
el ayudante que roza mi hombro al pasar las hojas
de la partitura. ¡Es fantástico! Las experiencias reversibles nos permiten
fundar modos de unidad de una sorprendente riqueza. Cuando entre
tú y yo fundamos un campo de juego en el
cual entreveramos nuestros ámbitos de vida, con sus correspondientes posibilidades,
sucede algo decisivo: se superan las escisiones expresadas en los
esquemas aquí-allí, dentro-fuera... En el plano objetivo, ambos estamos, por
ser corpóreos, el uno fuera del otro. En el plano
"lúdico", el del intercambio creador o encuentro, tú no estás
fuera de mí ni yo fuera de ti; contribuimos los
dos a fundar un campo de juego en el cual
se borran los límites que nos alejan y entramos a
participar de una misma actividad creativa. Esta forma de superar
los límites mediante la unión en una tarea conjunta nos
abre la posibilidad de vincular los modos auténticos de solidaridad
con las formas mas exigentes de independencia. Tercera fase
El lenguaje es
el vehículo expresivo del encuentro. Al descubrir la importancia de
los ámbitos y el encuentro, resalta el papel decisivo que
juega el lenguaje en la vida humana. La función primera
y primaria del lenguaje no es servirnos de medio para
comunicarnos. Es el medio en el cual podemos crear relaciones
de encuentro y convivencia, o bien destruirlas. El lenguaje es
bifronte, como todo lo humano, nos permite crear formas excelsas
de unidad pero también nos depara recursos para destruir toda
posibilidad de unión. ¿cuál de las dos funciones, la constructiva
o la destructiva, es la auténtica? Si aceptamos que el
hombre es un ser de encuentro, debemos concluir que lenguaje
auténtico es el que está inspirado por el amor y
constituye el lugar en el cual se crean relaciones de
encuentro.
El que se expresa con afán de crear unidad se
cuida de expresar cada realidad con los términos adecuados a
su rango. Nunca utilizará, por ejemplo, el verbo tener para
expresar una realidad personal. No procede decir que "tenemos cuerpo",
sino que "somos corpóreos". Hay una distancia abismal entre ambas
expresiones. Tampoco es adecuado afirmar que un poema es un
objeto. Si lo fuera, no podríamos establecer con él una
relación de encuentro. Hagamos la experiencia siguientey veremos la importancia
de utilizar bien el lenguaje y considerar los poemas no
como objetos sino como ámbitos. Este cambio de términos implica
que tomamos el poema como un campo de juego y
de encuentro, no como algo que podamos poseer y dominar
desde fuera. Aprendo el poema de memoria, para prescindir de
todo intermediario y entrar en relación de presencia inmediata y
directa con él. Lo repito una y otra vez, alterando
el ritmo, el fraseo, la modulación, hasta que mi sensibilidad
me advierte que se halla bien declamado y toda su
potencia expresiva queda al descubierto. Entonces siento que el poema
deja de serme externo y extraño para hacérseme íntimo, sin
dejar de ser distinto. Se convierte en una voz interior.
Al declamarlo, vuelvo a crearlo conforme a mi propia sensibilidad.
Yano obedezco al texto impreso del que he tomado el
poema. Sigo los dictados de mi inspiración poética. En este
momento, mi unión con el poema es altísima y fecundísima.
Les invito a hacer esta experiencia por sí mismos una
y otra vez, porque les revelará qué tipos de unión
somos capaces. de crear con las realidades del entorno si
las tomamos en toda su riqueza. Cuarta fase
El ideal de la
vida humana consiste en crear las formas más valiosas de
unidad o encuentro que sea posible. Todo cuanto nos permita
realizar ese ideal encierra para nosotros valor. Al asumir los
diferentes valores de modo activo y comprometido, actuamos de manera
creativa. Vemos interconexos los conceptos de encuentro, lenguaje dicho con
amor, ideal, valor y creatividad. Son los conceptos nucleares del
proceso formativo.
Los seres humanos tenemos que ir configurando la vida
en cada instante mediante el impulso que recibimos del ideal,
que es una idea motriz porque encarna el valor más
alto, el que sirve de clave de bóveda a todo
el edificio de nuestra existencia. Todo pende en nuestra existencia
del ideal que asumamos como propio. Si tendemos por principio
hacia el ideal de la unidad y solidaridad, nuestra actitud
será fundamentalmente generosa, y nos orientamos por la vía del
encuentro y la creatividad. Si optamos por el ideal del
dominio, la posesión y el disfrute, nuestra actitud básica será
de egoísmo y nos encaminaremos por la vía de la
fascinación o vértigo, que nos produce primero euforia para sumirnos
pronto en la decepción, la tristeza, la angustia, la desesperación
y la destrucción. Quinta fase
Si nos encaminamos hacia el ideal de
la unidad, ganamos un modo relacional de contemplar las realidades
de nuestro entorno y adquirimos una visión nueva, fecundísima, de
lo que es la vida humana y sus posibilidades. Al
entregarme a las experiencias de encuentro, voy descubriendo cada día
con más nitidez la importancia de la relación para mi
vida y aprendo a ver todas las realidades como "nudos
de relaciones", no como objetos opacos y cerrados.
Con ello
mi visión de la realidad se torna inmensamente prometedora, porque
las realidades, vistas así, son posibles compañeros de encuentro. Para
educar en creatividad y valores se necesita aprender a ver,
pensar y sentir de modo relacional. Este trozo de pan
es un objeto, pero un objeto que ha sido elaborado
a base de frutos de la tierra, por ejemplo, el
trigo. El trigo ¿es acaso producto de un proceso fabril?
De ningún modo. Nadie produce trigo, en sentido de fabricarlo.
El trigo es fruto de una múltiple confluencia: El agricultor
recibe de sus mayores unas semillas y el arte de
trabajar la tierra; deposita las semillas en la madre tierra
y espera confiado; espera que a su tiempo venga la
lluvia, empape la tierra y ponga en relación las sustancias
nutritivas y las semillas; y que el sol dore la
mies... Al ver un grano de trigo en la palma
de la mano, no estoy ante un objeto cerrado en
sí; contemplo una realidad que me remite a muchas otras
desde su misma génesis. Es una realidad "relacional", es todo
un ámbito de realidad lleno de vibración. De ahí su
poderoso simbolismo, su capacidad de expresar el sentimiento de amistad
del padre de familla que invita a alguien a comer
en su casa, y toma el pan, lo parte, lo
reparte y lo comparte. Algo semejante puede decirse del vino.
Esta
forma relacional de ver las realidades significa un desarrollo notable
de la inteligencia, que se habitúa así a pensar de
forma comprehensiva, penetrante y elevada. Para unir estas tres condiciones
de la inteligencia y no pensar de forma descompensada, viendo,
por ejemplo, a lo lejos y dejando de lado los
pormenores, se requiere prestar atención a las diferentes realidades y
captar sus mutuas vinculaciones. De esta forma, se atiende a
lo concreto inmediato y no se queda uno preso en
él, sino que se llega a todas sus derivaciones: se
da al pensamiento amplitud, penetración y largo alcance.
Este es el
camino real para aprender a pensar con rigor, razonar de
modo lógico y coherente, tomar decisiones lúcidas: tres de los
objetivos marcados por la Nueva Ley de Educación. Para desarrollar
la inteligencia no basta realizar ejercicios de lógica, mediante una
u otra técnica. Se requiere tener una idea adecuada de
la realidad y sus distintos modos, ya que pensar con
rigor significa hacer justicia a lo real, ajustarse a las
condiciones de la realidad.Pero quedan otros objetivos de la Ley:
convivir de forma grata y fecunda, y comportarse de modo
adecuado a las exigencias del propio ser personal. Estos objetivos
exigen la puesta en forma de la capacidad creadora. Aquí
tiene una aplicación decisiva el descubrimiento que se realiza a
lo largo del proceso formativo, a saber: que pensar con
rigor y vivir creativamente se exigen ycomplementan. Si pienso con
rigor, pongo las bases del encuentro, y éste es el
lugar nato de la creatividad. Al ser creativo y fundar
toda serie de encuentros, que son campos de iluminación, nos
preparamos para pensar con mayor rigor todavía. Puedo estar hablando
de forma tenaz y elocuente da la necesidad de convivir,
ser tolerantes, comportarse de forma digna, y no conseguir despertar
en los alumnos el menor entusiasmo por esta forma de
vida.
La verdadera persuasión se consigue al mostrar la razón
profunda de aquello que se proclama. Si un joven advierte
que su desarrollo personal y el sentido de su vida
penden de la creación de relaciones de encuentro, tiene una
clave de orientación decisiva y la traducirá muy posiblemente en
una pauta certera de conducta. De ahí que no debamos
los educadores ocuparnos demasiado en dar consejos, que fácilmente son
interpretados como signo de paternalismo y afán dominador de las
conductas. Hemos de aplicar todas nuestras energías al descubrimiento de
claves de orientación que penetren en la realidad y sean,
por tanto, lúcidas y fecundas. La clave por excelencia viene
dada por la idea relacional de la realidad. Es, en
verdad, impresionante pensar que todas las realidades del universo están
constituidas por relaciones y son un testimonio vivo de la
importancia de la unidad, pero ninguna lo sabe excepto el
hombre.
Nosotros sí sabemos que al fundar unidad alcanzamos la
cima de nuestro desarrollo personal, nos ponemos en verdad y
nos convertimos en portavoces de los demás seres. En cada
acto creador de unidad el universo llega a la cima
de un movimiento que engendró todos los seres y los
ha llevado por vías lentísimas hasta el estado actual. Esta
conciencia de la propia dignidad y responsabilidad es la mejor
preparación, la única verdaderamente eficaz, para abordar los grandes temas
de la convivencia humana: tolerancia, paz, justicia, salud, igualdad de
derechos... No basta insistir en estas cuestiones y llegar a
un consenso de mínimos sobre ellas a fin de garantizar
la convivencia. Una fundamentación sólida de la vida social requiere
una ética de máximos, entendiendo por tal el ahondamiento en
lo más profundo y nuclear de la realidad: la importancia
de la categoría de relacíón y la fecundidadde los modos
más altos de unidad.Al asumir estas ideas, se hace posible
realizar la gran tarea del momento actual: fundar un Humanismo
de la unidad y la solidaridad.
Al recibir, en 1962,
el premio al mejor humanista europeo, Romano Guardini pronunció en
Bruselas una conferencia sobre la tarea actual de Europa. Su
conclusión vino a ser la siguiente: "Europa supo crear a
lo largo de varios siglos una impresionante cultura del dominio.
Su tarea actual consiste en configurar una cultura del servicio(2).Para
llevar a cabo esta configuración, debemos cambiar el ideal, como
se viene postulando desde la primera Gran Guerra. El ideal
del dominio ha de ser cambiado por el ideal de
la ayuda solidaria. Toda la labor de la enseñanza ha
de ir dirigida a poner las bases que hagan posible
esta colosal tarea.
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