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Autor: Borja Martínez de Bedoya | Fuente: Son tus hijos Calidad de la Educación: Calidad del profesor
¿Cómo alcanzar la excelencia en la Educación?
Calidad de la Educación: Calidad del profesor
Hoy día es muy frecuente oír hablar de la implantación
de los procesos de calidad en las empresas, y muchos
centros educativos también estamos involucrados en ello, como una forma
más de mejorar la educación que impartimos. Todos los que
de una manera u otra trabajamos en este mundo nos
preguntamos continuamente: “¿Cómo alcanzar la Excelencia en la Educación?”.
Podríamos
dar varias respuestas: con un proyecto pedagógico innovador; implantando un
sistema de calidad para mejorar la gestión y que ésta
sea avalada por un reconocimiento externo; con la mejora de
las infraestructuras, instalaciones y, en general, de los medios materiales
necesarios para desarrollar con eficacia nuestra labor; etc. Todas estas
respuestas podrían ser más o menos válidas, pero, en mi
opinión, si queremos alcanzar una educación de calidad lo más
importante es conseguir la calidad del profesor, no del profesorado
en general, sino de cada profesor en particular.
Cuando tratamos de
la calidad del profesorado, pensamos siempre en su formación
continua, tanto en su aspecto pedagógico como curricular; en la
conveniencia de que domine dos o tres idiomas para llevar
a cabo una educación bilingüe o trilingüe; en adecuar su
enseñanza a las nuevas disposiciones educativas –la ley orgánica de
educación (LOE) y el Currículo Vasco–; en la adaptación de
la metodología de las clases a la enseñanza por competencias,
según las propuestas de la Unión Europea; etc. En todos
estos aspectos se está trabajando con profesionalidad y competencia, pero
hoy me gustaría poner el acento en uno muy especial
que nos hace mirar más lejos: el importante papel que
tiene el profesor como educador. A menudo, el pragmatismo de
la sociedad actual lleva a ver la labor de los
profesores y de los centros, casi sólo como simples transmisores
de conocimientos y de unos ciertos valores genéricos, cuando realmente,
tanto unos como otros, son un importante apoyo para los
padres en la educación de sus hijos como personas.
Para hacer
bien su labor, el punto de partida es que el
profesor tenga verdadera vocación docente, que le guste lo que
hace, que se dé cuenta de la importancia de su
trabajo y que disfrute haciéndolo, ya que de no ser
así podríamos contar con un profesorado que sabe pedagogía, que
sabe enseñar, pero que no está capacitado para educar. Si
queremos una Educación de Calidad no se puede reducir la
labor de los profesores a impartir unas clases, su tarea
es mucho más amplia y atractiva.
El educador debe aspirar
a ofrecer, junto a la buena labor docente, un estilo
de vida coherente, que pueda ser un modelo válido para
sus alumnos. Para educar es importante también que los profesores
sean capaces de transmitir con su actitud el ideario del
centro educativo en el que trabajan, ya que los padres
que han optado por ese colegio –no podemos olvidar que
la familia debe recuperar su protagonismo como escuela de virtudes
y transmisión de valores– lo primero que esperan, es que
se eduque a sus hijos conforme a los valores que
conforman ese ideario.
Uno de los aspectos que todos los miembros
de la comunidad educativa debemos esforzarnos por vivir es la
alteridad, esa actitud que lleva a ver en los demás
–en el alumno, en otro profesor, en los padres– una
persona a quien se puede y se debe ayudar, y
por tanto el profesor no sólo debe impartir las clases
con altura profesional, sino que debe darse él mismo. Si
esto se consigue, los padres verán realmente en el profesor
un apoyo eficaz en la importante tarea de educar a
sus hijos.
Otro aspecto que debe destacar en la labor del
profesor y, por supuesto, en la de los padres, es
la ejemplaridad. Es verdad que todos queremos dejar un buen
legado a las futuras generaciones, pero lo mejor que podemos
darles es nuestro ejemplo, no podemos olvidar que “una imagen
vale más que mil palabras”. Nuestros jóvenes necesitan el ejemplo
de personas con voluntad, es decir, con la fortaleza necesaria
para lograr aquello que consideran bueno y valioso, y conseguir
así una mayor libertad, porque son capaces de alcanzar las
metas que se proponen mediante un trabajo esforzado y prolongado
en el tiempo. Sólo si despertamos en los alumnos el
interés por conocer la verdad, y procuramos fortalecer su voluntad,
conseguiremos, además de unos buenos resultados académicos, que sean personas
responsables en el futuro.
Los profesores que entienden así su tarea
docente sienten profundamente la grandeza de su profesión, son capaces
de estar ilusionados con la tarea diaria y harán que
su autoridad y su prestigio social sean cada vez más
reconocidos. Esto nos lleva a esforzarnos por hacer cada día
un poco mejor nuestra labor de educadores, tratando de ser
una referencia válida para nuestros niños y nuestros jóvenes, y
una ayuda eficaz para los padres en la educación de
los hijos.
Este es el principal reto que tiene cualquier
proyecto educativo que tenga como misión preparar unos buenos ciudadanos
para el siglo XXI, y en ello nos debemos involucrar
todos y cada uno de los profesores. Ya sabemos que
esto no es fácil, pero, ¿hay algo fácil que
merezca la pena?
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