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Autor: H. Paul Sester, Fms | Fuente: Cuadernos maristas 16, noviembre 2000, páginas 5-19 Marcelino Champagnat, educador
Al reflexionar acerca de la obra y la personalidad de Marcelino Champagnat, y compararlo con otros fundadores de congregaciones de religiosos educadores, surge un interrogante: ¿a qué se debe su acierto en esta empresa?
Marcelino Champagnat, educador
El Padre Maîtrepierre, uno de los primeros Padres maristas
que ha investigado acerca de los orígenes de la Sociedad
de María, decía: “El P. Champagnat efectivamente tenía todo lo
que humanamente se necesita para impedir el éxito de lo
que pretendía”1.
Igualmente, el P. Terraillon que conoció bien a
M. Champagnat; porque trabajó con él durante 14 meses en
el Hermitage, desde agosto de 1825 hasta noviembre de 1826,
hizo la siguiente reflexión: “El P. Champagnat reunió Hermanos para
formarlos y él mismo ignoraba lo que les enseñaba. Les
enseñaba a leer y él no sabía leer; a escribir
y él no sabía respetar las reglas gramaticales al hacerlo”2.
Esta era la reputación de que gozaba el Sr. Champagnat
entre el clero. El cura de Marlhes, Sr. Allirot, decía
en una ocasión al Hno. Luis: “Su superior es un
hombre sin experiencia, sin capacidad ni dotes intelectuales”3.
Por lo demás,
no le ocultaban lo que pensaban acerca de él. El
P. Mayer, otro marista de los comienzos, refiere que alguien
le habría dicho al P. Champagnat: “ ¿Cómo quieres que
aprueben a tus Hermanos ? Tú eres su maestro, por
consiguiente, considerado más instruido que ellos y tus cartas no
son francesas ”4.
Efectivamente, sabemos que durante su etapa escolar no
asistió a la escuela por aversión al maestro, y sólo
se puso a estudiar a los quince años, cuando decidió
hacerse sacerdote. El mismo confiesa en una carta al Rey,
Luis Felipe, que sólo llegó “a saber leer y escribir
con infinitas dificultades, por carencia de profesores capacitados”5.
Y es él
quien se empeña, precisamente, en fundar una congregación de educadores.
Lo asombroso es que haya tenido éxito, incluso más allá
de lo que se podía esperar, más allá de lo
que él mismo esperaba de lo que emprendía. “ Un
éxito temprano, en pocos años, ha justificado mis conjeturas y
ha sobrepasado mis esperanzas ”6, escribe en la misma carta.
El éxito es tanto más notable en cuanto que otros
sacerdotes, en la misma época, intentaron cometidos semejantes y no
lograron llegar muy lejos, aunque en el plano intelectual estuvieran
mejor dotados. Pienso en el Sr. Douillet de la Côte-Saint-André,
en el Sr. Rouchon, párroco de Valbenoite, en el Sr.
Mazelier de Saint-Paul-Trois-Châteaux. El mismo Sr. Querbes, en Vourles, no
conoció el rápido crecimiento que experimentó Nuestra Señora del Hermitage. 1.2
LOS DATOS DEL PROBLEMA A NIVEL DE PERSONAS :
Por otra
parte, si respecto al instrumento, es decir, su propia persona,
las posibilidades de éxito eran menguadas, no eran más abundantes
respecto al material disponible, es decir, los jóvenes que llegaban.
Los primeros llegados, tanto a Lavalla como a N. Sra.
del Hermitage, no poseían -salvo alguna excepción- el bagaje intelectual
necesario para la carrera de profesor. El primero de todos,
Juan María Granjon, le decía al P. Champagnat, en el
primer contacto, que no sabía leer. El cuarto Hermano, Antonio
Couturier, se nos presenta como un “ joven bueno y
piadoso, pero sin instrucción alguna ”7.
El Hno. Juan Bautista,
biógrafo del Sr. Champagnat, hace notar como excusa que “
los jóvenes que se hallaban por entonces (en 1826) en
la casa llegaban del campo y, en la mayoría de
los casos, no sabían leer ni escribir ”8. El registro
de entradas, iniciado en 1822, corrobora esta opinión al anotar
debajo de casi todos los nombres: “ no sabe leer
ni escribir ”, o “ algo sabe leer y escribir
”.
Estos son los jóvenes a quienes el Fundador, después de
una formación de un año o menos, durante la cual
dedicaban muchas horas al trabajo manual, enviaba a dar clases
en los pueblos de los alrededores. El Sr. Courveille, que
se dedicó por más de un año a la formación
de estos jóvenes ayudando a Champagnat, le reprochaba “ recibir
con demasiada facilidad a todo tipo de sujetos, la mayor
parte de los cuales se retiraba después de haber ocasionado
grandes gastos a la casa, no formar suficientemente a estos
Hermanos en la piedad y las virtudes de su estado,
ocuparlos demasiado tiempo en trabajos manuales y descuidar su enseñanza
; y por último, ser demasiado bueno e indulgente y,
por esta razón, dejar que se debilitaran la disciplina y
la regularidad”9.
Aunque algunos de estos reproches sean injustificados, sin
embargo los que se refieren a la formación de los
futuros maestros denuncian una realidad que se buscará corregir, contratando
un maestro experimentado en la enseñanza y realizando cursos durante
las vacaciones.
Con todo, a pesar de esta deficiencia intelectual, hay
que convenir que desde el comienzo los Hermanos conocieron el
éxito. El Hno. Juan Bautista, después de relatar cómo formaba
el Sr. Champagnat a los Hermanos en catequesis, concluye: “
En poco tiempo consiguió que varios Hermanos fueran excelentes catequistas
y destacaran en este ministerio más de lo que se
podía esperar ”10.
El mismo autor constata que respecto del
Hno. Juan María, al cabo de un año “ se
encontraba bien formado y mostraba gran celo y abnegación ”,
era capaz de reemplazar al maestro que se había contratado
para dirigir la escuela de Lavalla y formar a los
Hermanos, sin que la marcha de la escuela y la
enseñanza de los niños se resintieran por este cambio. Lo
mismo en la escuela de Marlhes, “ a su llegada
los Hermanos hallaron a los muchachos sumidos en profunda ignorancia.
Apenas había transcurrido un año y ya casi todos los
niños sabían leer, escribir, calcular y, lo mejor de todo,
sabían de memoria las cuatro partes del catecismo ”11.
Más
aún, los alumnos de la escuela estaban tan bien educados
que impresionaron al alcalde de Saint-Sauveur, el Sr. Colomb de
Gaste, quien solicitó a estos maestros para su escuela comunal. 2
- LA SOLUCIÓN
Hay motivos para preguntarse mediante qué prodigio pudo
el humilde vicario de Lavalla formar en tan poco tiempo
a jóvenes campesinos, intelectualmente apenas rehabilitados, para hacer de ellos
maestros que se “destacaron todos por su celo en la
educación cristiana de los niños y por un talento especial
en formarlos en la virtud”12. Intentaré responder a esta pregunta. 2.1
- EDUCAR Y NO SÓLO INSTRUIR
Ante todo, hay que
considerar que el Sr. Champagnat jamás pretendió formar profesores sabios.
Pretendía formar educadores. Según su biógrafo, se expresó muy claramente
acerca de este particular. “ Si nos limitáramos a enseñar
las ciencias profanas, no tendrían razón de ser los Hermanos;
eso ya lo hacen los maestros. Si sólo nos propusiéramos
la instrucción religiosa, nos limitaríamos a ser simples catequistas y
reunir a los niños una hora diria para hacerles recitar
el catecismo. No, nuestro propósito es más ambicioso: queremos educar
al niño, esto es, darle a conocer su deber y
enseñarle a cumplirlo ; inculcarle espíritu, sentimientos y costumbres religiosas,
las virtudes del cristiano y del honrado ciudadano. Para conseguirlo,
hemos de ser auténticos educadores, conviviendo con los niños el
mayor tiempo posible ”13.
Sin duda que esto supone comenzar por
aprender la lectura y la escritura, así como los elementos
de la ciencia, y para formar ciudadanos, aprender a comportarse
en sociedad. Pero estas bases deben permitir construir el edificio,
no reemplazarlo, puesto que no son más que medios. El
objetivo es asegurar su salvación, lo que exige poseer convicciones
y hábitos de vida, lo que supone una cultura que
se adquiere y se sostiene mediante la enseñanza. Esta enseñanza
fue transmitida por el Sr. Champagnat a sus discípulos, no
mediante sabias exposiciones teóricas, sino a través de la práctica
y el ejemplo, viviendo con ellos. No es exagerado decir
que el ejemplo era un punto fuerte del método educativo
del Sr. Champagnat. Los testimonios de los primeros Hermanos lo
subrayan con admiración. Si ordena o propone algo, es el
primero en ejecutarlo. Aún no tiene dos años de vida
la comunidad de los Hermanos, cuando él deja las comodidades
de la casa parroquial para unirse a ellos en su
austeridad. Si se trata de mejorar, agrandar o construir nuevas
habitaciones con sus propias manos porque faltan recursos, lo hallamos
el primero entre los obreros.Es evidente que para poder realizar
todo esto, para ser capaz de dar siempre el ejemplo
y disponer a los demás a seguirlo, se requieren cualidades
personales que no todos poseen.
En consecuencia, la solución del
problema reside sobre todo en la personalidad del Sr. Champagnat,
podríamos decir en su solidez, en su “ carácter feliz
” del que habla el Hno. Juan Bautista, en el
don de sí mismo a los demás y finalmente, en
su amor a Dios. Estos cuatro aspectos merecen ser destacados
con los datos que nos proporciona la historia de su
vida. 2.2 - SU SÓLIDA PERSONALIDAD.
Con el término “ solidez ”
queremos designar tanto su juicio seguro como su valor para
arriesgarse, sin dudas ni temores. Marcelino pertenece a esas personalidades
firmes, junto a las cuales se experimenta seguridad, con quienes
no se teme acompasar la marcha, viéndolas caminar sobre piso
firme, en una dirección, sin sombras ni rodeos. Desde los
inicios da pruebas de no temer tomar decisiones, que luego
tiene el valor de llevar a cabo sin vacilaciones. Siendo
niño, juzga que su maestro, poco respetuoso de la persona
del alumno, es incapaz de educar, según él entiende esta
labor, y decide perentoriamente no asistir más a clases.
¿Hasta
qué nivel llegó antes de desertar de la escuela? Hasta
dónde la familia y su curiosidad personal pudieron remediar la
carencia de conocimientos básicos, no nos lo dice su biografía.
Con todo, su padre, no desprovisto de cultura y antiguo
comerciante de tejidos, instruyó a sus hijos en multitud de
cosas, especialmente en lo referente a hacer fructificar el dinero
mediante la crianza de animales domésticos.
Marcelino, que no retrocedía
ante nada, se lanzó de inmediato a negociar con ovejas.
Pero al comprender que Dios lo quería sacerdote, decidió seguir
el llamado abandonando su empresa y preparándose sin demora a
responder, a pesar de los obstáculos que le hicieron entrever.
Y cuando se presentó la ocasión, mediante el proyecto de
fundación de la Sociedad de María, de unir a ella
la rama de los Hermanos catequistas, arrancó la aprobación de
sus compañeros un tanto perplejos, y luego, apenas se presentó
la posibilidad, se lanzó con resolución y valor a la
aventura que prosiguió contra viento y marea, remontando las horas
negras en que todo parecía cebarse contra él. Cuando su
obra es puesta a prueba y sus Hermanos se inquietan
por el porvenir, les reconforta y les invita a no
temer porque él comparte sus infortunios y hasta el último
trozo de pan14. La misma resolución le lleva a enfrentar
las amenazas suscitadas por la revolución de 1830: “ No
se espanten, tenemos por defensa a María ” escribía al
Hno. Antonio15.
En síntesis, la tenacidad le lleva a triunfar
ante numerosas situaciones de esta naturaleza, gracias a su habilidad
y su confianza en la Providencia.El hecho relativo al cambio
en la manera de pronunciar las consonantes y la adopción
de las medias de tela, pone en evidencia su sentido
pedagógico. Contra el parecer de los Hermanos, el Fundador impone
el método que juzga más eficaz y consigue su aceptación
recurriendo a una representación que revela su método de convencimiento
mediante una aplicación concreta16.
No se encuentra en Champagnat lo
que se podría llamar una teoría de la educación, sino
principios prácticos, inspirados en el sentido común, perspectivas acerca de
las situaciones que se van presentando que revelan un juicio
perspicaz y seguro. En efecto, posee una segura apreciación que
le hace entrever rápidamente la solución adecuada al problema del
momento, que se apresura en realizar.M. Champagnat salió del seminario
con tres certezas: la educación cristiana de la juventud está
descuidada ; los religiosos educadores pueden remediar eficazmente esta carencia
; sus compañeros lo encargan de suscitar estos educadores. “
Desde el día de su llegada a Lavalla, nos dice
el Hno. Juan Bautista, empezó a pensar en la fundación
de los Hermanos ”17.
Admitamos, con el Padre Bourdin18, que
la expresión “ día de su llegada ” no hay
que tomarla a la letra, sino en un sentido más
amplio, que abarca varios días. El P. Champagnat llegó a
Lavalla el 15 de agosto ; el 6 de octubre
conoció a Juan María Granjon ; el 28 de octubre
administró los sacramentos al joven Montagne ; luego se reencontró
con Granjon para comprometerlo a ser el primer miembro de
la congregación. A comienzos de noviembre invita a Juan Bautista
Audras a comprometerse también. A partir de ese momento, se
trata de proporcionarles una casa, comprarla, amueblarla con lo estrictamente
necesario, y alrededor de seis semanas más tarde ya puede
instalarlos en esa vivienda. Durante ese tiempo sus compañeros de
seminario, que se comprometieron a fundar la Sociedad de María,
no han concluído de reflexionar acerca de su proyecto en
espera de algún acontecimiento favorable. El P. Champagnat, que considera
más urgente realizar su parte, anticipa la ocasión, pues su
temperamento lo lleva a ejecutar sin dilaciones una decisión ya
tomada. Por lo demás, si algo ocurriere, él tendría menos
excusas puesto que se siente en posesión del medio adecuado:
su temperamento que congrega a las personas. 2.3 - SU “
CARÁCTER FELIZ ”
El Hno. Juan Bautista bosqueja su retrato moral
con estas breves palabras: “ Bajo esta capa un tanto
adusta y en apariencia severa, se ocultaba la persona más
jovial. Tenía conciencia recta, juicio certero y profundo, corazón bondadoso
y sensible, sentimientos nobles y elevados. Era de carácter alegre,
abierto, sincero, firme, entusiasta, ardiente, tenaz y siempre ecuánime ”19.
Y algunas líneas más allá, el mismo autor precisa:
“Buena parte del éxito que consiguió el Padre Champagnat en
el desempeño de su ministerio y en la fundación del
Instituto hay que atribuirlo a su carácter alegre, abierto, sencillo,
atento y conciliador. Sus modales sencillos y afables, la franqueza
y el aspecto bondadoso que se dibujaban en su rostro,
le cautivaban los corazones...”20.
La repetición de los calificativos: alegre,
abierto, es tanto más significativa cuanto que se encuentra ya
en el capítulo 4 de la primera parte: “ Su
carácter alegre, franco y abierto, su aspecto sencillo, modesto, franco,
bondadoso y noble a la vez... ”21.
Unidos a la
nobleza, a la seriedad de comportamiento, estos rasgos denotan una
personalidad que se impone rápidamente a quienes se le acercan.
Si la reserva mantenía a distancia en una primera aproximación,
pronto cedía el lugar al afecto respetuoso y crecientemente profundo.
En el seminario menor, tímido al comienzo y objeto de
burlas por su aspecto campesino, pronto formará parte de la
“ banda alegre ”, en la que podemos suponer no
era el último, vista su tendencia a introducirse socialmente. En
sus resoluciones de retiro, que marcan un cambio de rumbo,
se pueden apreciar huellas de esta tendencia. En 1812 se
impone “ huir de las malas compañías ” y pide
al Señor la virtud de la humildad que, según el
contexto, parece entender como una actitud de pasar inadvertido delante
de los camaradas. En efecto, en los años siguientes, además
del orgullo, lo que busca someter es su tendencia a
hablar demasiado. “ No hablaré... sin necesidad ; en los
recresos trataré de extenderme menos hablando... ; combatir la maledicencia...
; no hablar de mí mismo... ; ser más recogido
y menos disipado ”22.
Si experimentaba dificultad para escribir, como
testimonia el número limitado de sus cartas y escritos, debía
sentirse a sus anchas hablando, sin la exigencia de utilizar
correctamente el idioma.Esta facilidad de palabra sólo podía reforzar la
influencia que ejercía sobre aquellos que lo trataban. Los informes
de los Hermanos dejan entrever que dicha influencia era grande.
“ Era firme, ciertamente, confía el Hno. Francisco, todos hubiéramos
temblado con el solo sonido de su voz, con una
sola de sus miradas..., sin embargo era sobre todo bueno,
compasivo, era un padre... Una palabra, la misma palabra repetida
varias veces, dicha por él, descendía hasta el fondo del
corazón ”23.
Sólo hay que recordar el episodio de la
elección en la que el Sr. Courveille pretendía tomar el
lugar de superior, suplantando al Padre Champagnat. Al segundo escrutinio,
a pesar de la intervención sin ambigüedad de este último,
“ volvió a reunir casi la totalidad de los votos
”24.
No menos significativa es la reacción de los Hermanos
cuando en su enfermedad de 1826 reaparece en la sala
de comunidad. “ ¡Es el Padre Champagant, nuestro buen Padre!
”, exclaman interrumpiendo la seriedad del capítulo de culpas que
se celebraba bajo la presidencia del Sr. Courveille25.
Se podría
recordar también otro hecho que corresponde a la última enfermedad
del Padre Champagnat y que muestra el profundo afecto que
se supo ganar de parte de sus Hermanos. “ Todos
se ingeniaban para buscar la forma de aliviarlo y complacerlo.
Los Hermanos y novicios ponían sumo cuidado en evitar el
menor ruido en torno a su habitación ; y, aunque
habían alfombrado tránsitos y pasillos, se descalzaban al pasar delante
de su habitación. El Señor Bélier, misionero de Valence, que
por entonces se encontraba en el Hermitage, estaba asombrado de
tantas atenciones, cuidados y cariño ”26.
La veneración que despertaba el
Fundador entre sus Hermanos muestra fehacientemente cuán profundamente impregnaba sus
corazones la formación que les daba. Replicando al párroco de
Marlhes, el Hno. Luis defiende la reputación de su superior
afirmando: “ Todos lo consideran sabio y bueno. Y nosotros,
los Hermanos, lo tenemos por santo ”27.
Ciertamente que este
elogio no era inmerecido por el Padre Champagnat, él que
se entregaba plenamente y sin miramientos por su propia persona. Hno.
Paul Sester, marzo de 1999.
Notas
1. OME. doc. 157 (537), p.
3632 2.
Id. doc. 162 (707), p. 396.3
3. Hno. J.B. Furet, Vida de
M.J.B. Champagnat, edición 1989, p. 90. (En adelante, Vida) 4. OME
doc. 157 (537) p. 3675 5. Carta al Rey ,
del 28 de enero de 1834, LMC, vol. 1, doc.34,
p.100. 6 Ibid7
7. Vida, p.65.
8. id. p.149.9
9. id. p.141(Nota : no se
encuentran estas expresiones en el lugar señalado). 10. id. p.
80. 11. Id. p. 87.12
12. id. p. 554.id. p. 8013
13. id. p. 547-548. 14 . cf. LMC, vol.
I, doc.30, p.84. Cf. Cartas doc.30 p.8215
15. id. doc. 16, p. 57.id.
doc. 16. p.5316 Vida, 1a
parte, cap. 16 17. Vida, p.
41-42. 18 Origines Maristes
Extraits, doc. 166 (754), y nota 4, pp. 437-438. Cf19
18. Vida, 2a parte,
pp. 273-274. 19. Vida, 1ª parte, p. 39 20
20. Vida, p. 274. Origines
Maristes Extraits = OME, doc. 16621
21. Vida, p. 40 Vida, 2ª parte, pp.
251 –22 cf. Resoluciones,
en “ Cahiers Maristes ”, N° 1. Cf. Resoluções, em
“Cadernos Maristas” nº 123
23. Hno. Francisco, Carnet 13, p.917. Ir. Francisco, Carnet 13
p.917 24. Vida, p. 140. Vida p.12925
25. Vida, p.145.26
26. Id. P. 246. id27
27. id. p. 91. Vida,
p. 226 }
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