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Autor: José María Barrio Maestre | Fuente: Ctaholic.net El balcón de Sócrates
Nuevo Libro de nuestro grande amigo y consultor en Educadores Católicos José María Barrio Maestre
El balcón de Sócrates
Han pasado muchas cosas desde Sócrates hasta nuestros días. Pero
el mundo occidental es lo que es, en buena parte,
gracias al maestro griego. En el centro de su enseñanza
están: el poder del hombre sobre la realidad es limitado,
y las cosas son, ante todo, lo que son. Este
libro muestra "cómo está el patio" educativo desde una perspectiva
socrática
BARRIO MAESTRE, José Mª (2009) El balcón de Sócrates. Una
propuesta frente al nihilismo, Madrid, Rialp, 144 pp. ISBN: 978-84-321-3711-2.
Este
libro se detiene en la importancia y alcance que el
diálogo tiene en la paideia socrática. Sócrates nos ha enseñado
que el verdadero diálogo –que sólo puede darse entre amigos–
es una búsqueda mancomunada de la verdad. Sólo si ésta
existe, y se deja conocer, tiene sentido el diálogo. En
consecuencia, sólo puede ser pedagógico el logos (dia-logos) que también
es epagógico, que nos induce y conduce a la entraña
misma de lo real.
Naturalmente, la verdad únicamente puede ser acogida
en libertad. Y Sócrates testimonia con su actitud que la
búsqueda de la verdad –tal es la vocación esencial de
la Filosofía¬– ha de verificarse en el contexto de un
logos dialógico, flexible y discursivo, más retórico que apodíctico. Pocas
veces es el desencadenamiento necesario de una conclusión a partir
de unas premisas. Discurre por itinerarios diversos, algunos expeditos, otros
procelosos: cada interlocutor tiene el suyo. Pero todos tienen en
común la índole de una vía a la interioridad de
cada persona. Y allí habita la verdad, la misma. Ese
camino hacia dentro puede ser alumbrado, apoyado, suscitado, pero sólo
puede ser recorrido por el interesado.
La verdad se deja decir
de tantas maneras como inteligencias y biografías intelectuales, y Sócrates
nos enseña que a todas hay que acercarse con respeto,
sin prisas y dejando que cada quién recorra su propio
camino. Ese camino es el de la circunspección, el del
mirar cuidadoso, atento, el de reconocer que la verdad no
se agota desde una sola perspectiva, siendo así que todas
ellas captan algún aspecto de aquélla, a partir del cual
se puede “tirar” hasta llegar a sacarlo todo. Sócrates cumple
la doble misión de hablar y callar. La confiada espera
en lo que la luz interior puede alumbrar es el
arte del buen partero en el que, desde Sócrates, hemos
aprendido a ver al maestro. La doble condición de buscador
y de ayudador o acompañante de otros en su propia
búsqueda sitúa precisamente a Sócrates en el inicio de la
Filosofía y de la Pedagogía, de una acción que cada
vez más se presenta como respetuosa con la personalidad del
otro, a cuyo desarrollo se intenta ayudar.
Al final, el libro
aborda, desde una perspectiva más actual, el núcleo central de
estas reflexiones. El ethos dialógico, el de la conversación amistosa
y familiar, es el referente fundamental de la educación. Pero
entendernos entre nosotros tan sólo es posible desde un entendimiento
de la realidad. El decir implica que la realidad puede
ser dicha. Esto es lo que suministra la posibilidad de
un lenguaje significativo. Y éste es únicamente el que posee,
como a priori suyo, una realidad que no se reduce
ni a ficción ni a constructo.
La educación se plantea aquí
como una introducción a la realidad mediante un lenguaje significativo
que, ante todo, distingue. Aprender distinciones es también captar la
realidad como no indiferente, como relevante y, por ello, capaz
de enriquecer y avalorar a quien la conoce y reconoce.
En este punto se pone de relieve la mayor dificultad
con la que la tarea educativa ha de enfrentarse en
el actual contexto sociocultural, en algunos aspectos profundamente deseducativo.
La crux
que experimenta la educación contemporánea es que en vez de
ser la introducción a una realidad significativa, acaba iniciando a
las nuevas generaciones en una conversación intrascendente en la que
cada uno expresa sus gustos, pero en la que nadie
cree que puedan proporcionarse razones que los avalen. Esta actitud
parece poco compatible con la educación, y se encuentra en
la base del desencanto que caracteriza la cultura de masas.
El
malestar docente tiene algo que ver con la angustiosa sensación
de desarme intelectual y moral que muchos colegas experimentan frente
a la situación que R. Spaemann ha caracterizado como nihilismo
banal. Aún son muchos los que ven que la cultura
de masas es la muerte de la verdadera cultura, y
que intuyen que la suplantación de ésta por aquélla sólo
puede conducir a lo que C.S. Lewis llamó la abolición
del hombre. Quizá no por el procedimiento de aplastar –propio
de los sistemas totalitarios– sino más bien con el estilo
propiamente liberal, es decir, narcotizando, el proceso puede terminar por
neutralizar lo más humano del hombre. Pero quienes detectan el
problema no pueden denunciarlo claramente, pues la denuncia profética no
está en el programa de la cultura de masas, esencialmente
autosatisfecha y pagada de sí misma. Y, además, porque como
ha dicho algún posmoderno de moda, es precisamente la ironía
cínica el más granado de los logros culturales. Todavía ven
con claridad que la auténtica cultura no suele coincidir con
lo que a menudo despachan los servicios de “cultura” de
agrupaciones regionales o locales, que no es posible “consumirla” arrellanándose
en el sofá delante de la televisión, y que sólo
es accesible a quien está dispuesto a hacer un esfuerzo
por elevarse por encima de la banalidad que nos rodea.
Pero como el sistema educativo y ciertas teorías pedagógicas les
obligan a la autosugestión de que ellos no pueden enseñar
realmente nada de lo que saben, algunos llegan a asumir
su nuevo papel de comparsas de lo que hay con
un fatalismo verdaderamente lamentable.
No pocos docentes padecen diariamente en sus
propias carnes la inevitable consecuencia de esta degradación cultural, a
saber, la crisis de toda autoridad. Este problema reviste unos
relieves algo más complejos –ante todo de tipo cultural–, a
la vista de los cuales las soluciones en la línea
de reforzar la autoridad multiplicando las medidas de policía democrática
–incluso introduciéndola en el curriculo obligatorio– se antojan insuficientes parcheos,
y a la larga ineficaces si no van acompañadas de
un planteamiento de espectro y envergadura mayores.
No es posible mirar
hacia otro lado, o perderse en discursos instrumentales o periféricos,
obviando el problema como si no existiera. Es preciso encararlo
en toda su dimensión, que parece superar nuestra capacidad. Pero
los problemas, por definición, son solubles, y están para buscarles
solución y ponerla en marcha, aunque sea a medio o
largo plazo. En ningún caso puede ser solución obviarlos.
Es Doctor en
Filosofía por la Universidad Complutense, con Premio Extraordinario. Amplió estudios
en la Universidad de Münster (Alemania) y de Viena. Pertenece
por oposición al extinto Cuerpo de Profesores Agregados de Bachillerato.
Profesor
Titular en el Departamento de Teoría e Historia de la
Educación de la Universidad Complutense. En la Facultad de Educación
ha ejercido la docencia en las materias de Filosofía, Ética
y Política, Antropología de la Educación y Educación Cívica desde
1988 con dedicación completa. Miembro del cuerpo académico de la
Université d´été des Droits de l´homme et du droit à
l´éducation (OIDEL, Ginebra). Profesor Visitante en las Universidades de Piura
(Perú) y La Sabana (Colombia). Ha sido profesor de Ética
del Servicio Público en el Instituto Nacional de Administraciones Públicas
(INAP, Ministerio de Administraciones Públicas, Madrid).
Ha participado como ponente
en numerosos congresos y reuniones científicas sobre cuestiones filosóficas y
pedagógicas. Autor, entre otros libros, de Positivismo y violencia (Pamplona,
1997), Moral y democracia (Pamplona, 1977), Elementos de Antropología Pedagógica
(Madrid, 2000, 2ª ed.), Los límites de la libertad. Su
compromiso con la realidad (Madrid, 1999), Cerco a la ciudad.
Una filosofía de la educación cívica (Madrid, 2003), Educación diferenciada:
una opción razonable (Pamplona, 2005), Antropología del hecho religioso (Madrid,
2006) y más de veinte libros en colaboración. Ha publicado
más de un centenar de trabajos en revistas científicas españolas
y extranjeras. Ha traducido varios trabajos de profesores alemanes, entre
ellos el de Robert Spaemann, Ética, Política y Cristianismo (Madrid,
2007), del que es también editor. Sus investigaciones y publicaciones
se centran principalmente en los ámbitos de la Filosofía, Ética,
Antropología de la educación y Bioética.
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