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Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net 10 claves cuando leemos de religión en prensa generalista
La religión es un tema ineludible en la prensa...pero ¿quien escribe está bien informado?
10 claves cuando leemos de religión en prensa generalista
Cualquier sección de deportes tiene más especialistas que la de
religión; al leer la prensa hay que tener en cuenta
estos puntos.
La religión es un tema ineludible en la prensa
actual. Las notas sobre esa temática atraen a más público,
creyente o no, y esto aumenta las ventas. Sin embargo,
en la mayor parte de la prensa aconfesional, el trato
que merece la información religiosa, concretamente la católica, es muy
deficiente.
Algunos medios de comunicación distorsionan la información por varios motivos
(choque de principios ideológicos, afán de exclusivas, sensacionalismo, etc.), pero
esas razones no las conoce siempre el auditorio quien, las
más de las veces, se queda con lo visto, oído
o leído. De esta forma, un hecho eclesial, por ejemplo,
llega a las personas con la máscara que cada medio
quiso presentarlo y no como fue.
A continuación presentamos diez claves
de orientación que serán de ayuda al momento de revisar
la prensa. Los primeros cinco puntos son pautas orientativas aplicables
a temáticas generales; los otros cinco puntos (escollos) se aplican
a notas relacionadas con la información que del catolicismo dan
algunos medios en particular.
1. Distinguir entre noticia y comentario
y la ubicación de los artículos
Noticia y comentario no son
lo mismo. La noticia es el hecho sucedido. El comentario
es la valoración del acontecimiento. La noticia nos dirá, por
ejemplo, que el cardenal prefecto para la congregación para la
doctrina de la fe publicó un documento sobre el tema
“X”, en tal fecha, en tal lugar. El comentario valorará,
según la línea editorial del medio en cuestión, positiva o
negativamente el suceso y el tema, y dará salida a
comentarios de personajes afines a esa línea del medio en
cuestión.
Otro punto importante es la ubicación que tiene, en
la prensa impresa o digital, el artículo. Los occidentales leemos
de izquierda a derecha, de arriba abajo. Cuando un periódico
coloca un comentario en la parte superior izquierda de una
hoja o portal, sobre todo si es la principal, es
porque ese tema, para bien o para mal, es lo
que le interesa destacar.
2. Quién es el dueño y
cuál la línea editorial del periódico
¿Por qué sucede que
un medio de comunicación, indistintamente cuál sea la noticia, estará
siempre en contra de una institución, por ejemplo, como la
Iglesia católica?
Los medios de comunicación tienen un propietario y
el propietario posee intereses, comulga con una ideología y afinidades
políticas bien claras. Resulta comprensible, aunque no justificable, que si
el dueño se ve “atacado” en alguno de ellos, tratará
siempre de presentar noticias negativas sobre la institución que se
le presenta como contraria, para desacreditarla. Yendo al caso concreto de
la Iglesia católica, ¿cómo entender esto? La Iglesia católica ha
sido clara en la defensa de aquellos principios y valores
no negociables (defensa de la vida, de la familia, de
la auténtica sexualidad, del verdadero matrimonio, etc.).
Varios propietarios (que
coinciden en ser los directores de los medios de comunicación)
apoyan a gobiernos, partidos políticos o grupos de poder que
promueven el aborto, la eutanasia o la equiparación de parejas
del mismo sexo a “matrimonios”. La única forma de sofocar
la voz del enemigo es desprestigiarlo, de ahí que algunos
medios de comunicación, independientemente de cuál sea la nota informativa,
siempre presentarán lo referido a la Iglesia católica con saña
o incluso inventando o malinterpretando declaraciones o hechos.
En otros casos,
tal vez el director del medio no sea del todo
contrario a lo católico en concreto, pero en su afán
de conservar publicidad que le deje entradas económicas, preferirá ir
contra la Iglesia, que no le da dinero, a ir
contra anunciantes que sí se lo dan, como clínicas abortistas,
distribuidoras de preservativos u ONG´s que apoyan lobbies homosexuales.
3. El
periodista no lo sabe todo; hay cosas opinables
Algo que debe
quedar bien claro en la mente de toda persona que
se sienta frente a un televisor o monitor, que enciende
la radio o abre un periódico, es que un periodista
no lo sabe todo. Y quizá debamos tenerlo aún más
presente cuando habla o escribe sobre religión, en particular sobre
la católica. Periodismo no es igual a teología. Son áreas
distintas que precisan de conocimientos diferentes.
Sucede con mucha frecuencia
que algunos periodistas o escritores, se dedican a despotricar contra
la Iglesia desconociendo mucho de lo que atacan; basándose en
suposiciones o prejuicios adquiridos.
Para fiarnos o no de lo que
transmiten sobre el tema religioso, hay que conocer la especialización
y trayectoria del periodista en cuestión (sucede también que muchos
de los que escriben ni siquiera tienen la titulación en
este campo); si está capacitado para escribir o hablar sobre
lo católico y qué tipo de temas trabaja comúnmente. Dígase
lo mismo para los columnistas o comentaristas invitados u ordinarios.
Es lógico que un economista tenga poco qué decir sobre
religión, a no ser que aborde el tema en relación
con su especialización. Y aun así debemos ser críticos y
verificar que sus juicios o apreciaciones estén dentro del marco
y consonancia de sus conocimientos.
Todos tenemos derechos a opinar, pero
también tenemos la obligación de hacerlo con responsabilidad, conocimiento de
causa y verdad.
4. El prejuicio afectivo y la universalización de
los errores puntuales
Muchos medios de comunicación parten a priori de
un prejuicio negativo sobre cualquier acontecimiento o pronunciación de la
Iglesia católica, sea institucional o no. ¿Por qué? Como ya
dijimos líneas arriba, la Iglesia católica es clara al manifestar
cuáles valores y principios no son negociables.
Cuando algunos grupos
mediáticos están apoyando posturas contrarias a esos principios que pregona,
promueve y defiende la Iglesia católica, resulta sencillo identificar por
qué vetan espacios a lo auténticamente católico y por qué
se valen de ejemplos disonantes de otros “católicos” para universalizar
errores puntuales.
5. El derecho a réplica
Algo que el auditorio
debe tener bien presente, es si el medio de comunicación
que continuamente reporta informaciones negativas sobre la Iglesia, da oportunidad
para que representantes auténticos de ella expresen el sentir u
opinión verdadera sobre alguna información errada o en tela de
juicio.
También sucede que cuando algún obispo, conferencia episcopal o la
Santa Sede ofrece una rueda de prensa sobre el tema
“X”, lo que algunos hacen es, en lugar de informar
sobre el contenido del evento, dar salida a voces discordantes
dentro de la misma Iglesia ocasionando así que el lector
se quede con una visión negativa del acontecimiento. Lo peor
viene cuando, habiendo distorsionado un hecho, no se da cabida
a la expresión de un representante auténtico de la Iglesia
y, menos aún, se pide una disculpa pública cuando la
noticia presentada estuvo equivocada.
6. El vocabulario impreciso
Este punto va
muy de la mano con los números 3 y 7.
Las equivocaciones en este campo son abundantes. A veces se
aplican las categorías políticas a la realidad eclesial (es una
monja “conservadora”, es un cura de “derechas”, es un obispo
de “izquierdas”, es un cardenal “progresista”, etc.); otras se emplean
erróneamente términos en temas que no tienen que ver (por
ejemplo cuando se habla o escribe de diálogo ecuménico para
referirse al diálogo de los católicos con los musulmanes o
los judíos; lo correcto es decir diálogo interreligioso, el ecuménico
es sólo entre los cristianos).
7. Las falsas identificaciones
Uno de
los traspiés más comunes de la prensa en general es
la desacertada identificación de la opinión de cardenales, obispos, sacerdotes
o laicos destacados, con el juicio oficial de la Santa
Sede. “El Vaticano dijo…”, se suele señalar muy frecuentemente. Pero
la realidad es otra.
Es verdad que la voz de
personajes de tal envergadura tiene una resonancia importante, pero nunca
será lo mismo una declaración a título personal, independientemente del
tema, que la del Vaticano como Estado soberano o de
la Santa Sede como órgano rector de la vida de
la Iglesia en general. Sería como decir que porque un
ciudadano importante de tal país declaró tal o cual cosa,
ese es el parecer y sentir oficial del país del
que es originario.
De hecho, otro escollo usual es la equiparación
del Vaticano a Santa Sede siendo dos realidades cercanas pero
distintas. La Ciudad del Vaticano es un Estado libre y
soberano mientras que la Santa Sede es la jurisdicción y
potestad del Papa en la vida de la Iglesia católica
de todo el mundo.
8. Las citas fuera de contexto, confrontar
con las declaraciones oficiales de la Santa Sede y la
necesidad de las fuentes
Otro de los deslices muy socorridos es
citar un párrafo o palabras fuera del contexto y el
todo de un discurso, homilía, declaración de prensa u otros,
presentándolos según el objetivo de quien lo hace. Las consecuencias
las conocemos: todavía están frescos los tristes sucesos que ocurrieron
en muchas partes del mundo a raíz de una cita
que la BBC de Londres sacó y difundió de la
lectio magistralis de Benedicto XVI en la universidad de Ratisbona.
Y
es que en este tipo de omisiones malintencionadas está en
juego ya no sólo el que el núcleo de lo
dicho llegue diáfano al receptor, como todo auditorio merece, sino
la renuncia a informar con transparencia. Si un medio de comunicación
no brinda el texto íntegro, nos corresponde buscar la fuente
original, confrontar y, en caso de corroborar la falta de
transparencia, cambiar de medio de comunicación por respeto a nosotros
mismos. Y es que tenemos el derecho a conocer la
verdad, no sucedáneos amañados de opiniones sectarias.
Según dónde se colocan
los micrófonos se obtienen resultados más o menos dirigidos...
También ocurre
que algunos periódicos (por ejemplo el grupo Reforma de México),
suelen colocar como fuentes de algunos reportes declaraciones “anónimas” que
dan algunas personas a sus corresponsales en otros países. Medios
como ese engañan pues ni tienen corresponsales en otros lugares
como Roma, y el recurso a la omisión del nombre
de los declarantes pone en duda la veracidad de la
misma.
9. Banalización y ridiculización de los actos-manifestaciones de fe
Un recurso
muy usado para minusvalorar la fe es la banalización o
ridiculización que de algunos actos de piedad religiosa católica se
hace. Es verdad que hay algunos casos en que la
piedad popular se ha alejado de la razón última y
sentido de sí misma, pero una desorientación puntual no significa
que todas lo estén. En la mayoría de los casos, quienes
se mofan de peregrinaciones, critican advocaciones marianas o acusan de
simplismo religioso y exageración irracional de la fe a algunas
devociones, no tienen los conocimientos religiosos y desconocen también los
lazos que la fe y razón llevan en última instancia.
El
fervor religioso católico manifestado con actos de piedad popular es
la sencilla expresión externa de una razón más profunda que
de otra manera no hallaría salida. Quien no los comprende,
sea porque los desconoce y no los ha profundizado, sea
porque no quiere acercarse a ellos y desprenderse de su
ignorancia, no tiene el derecho a burlarse de la fe
de otros.
10. Relativismo: la equiparación y simplificación de todas
las religiones
La equiparación de todas las religiones es otro tropiezo
que en el mundo de los medios ocurre. Muchas personas,
sobre todo jóvenes, sienten esa apatía general a la religión
al constatar que “son iguales” y, si lo son, ¿entonces
por qué hay división?
Ya no resulta tan evidente, al menos
para quienes no tienen una formación cultural, histórica y religiosa
sólida, que las religiones son bien diversas y, por tanto,
no son iguales. El caso que nos ocupa, el de
la católica, ha mostrado a lo largo de la historia,
a diferencia de otras, que es la única capaz de
dialogar con la razón pues, como depositaria de la Verdad,
no podía ser de otra manera.
Sin embargo, los medios hacen
aparecer a todas las religiones como iguales al colocarlas al
mismo nivel. No importa cuál es la verdadera sino en
cuál te sientes bien. Y esto, para el catolicismo que
pone a la base la razón y no el sentimiento,
la exigencia y no la comodidad, pues claro que es
perjudicial.
Es ya una forma de desacreditación, de ahí que
se conceda amplios espacios, sin distinguir y orientar convenientemente, a
tratar toda información religiosa como un tianguis de opiniones que,
a efectos prácticos, dan lo mismo bajo matices diversos.
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