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Autor: Mujer Nueva | Fuente: Mujer Nueva La sexualidad: dimensión fundamental de la personalidad humana (II)
La sexualidad es una dimensión fundamental de la persona humana, el hombre o la mujer no son sexo, son personas sexuadas. Presentamos argumentos que avalan esta verdad.
La sexualidad: dimensión fundamental de la personalidad humana (II)
II. Argumentos para explicar por qué es así
A. Argumento de
la presencia del componente sexual en todos los niveles del
ser humano
Esta afirmación se comprueba al observar cómo la
sexualidad se halla presente en todos los niveles que configuran
la totalidad del ser humano: 1. Sexo genético.
Todo ser humano pertenece
al sexo masculino o femenino desde el primer momento de
su vida, cuando está todavía constituido por una célula derivada
de la fusión del espermatozoide con la célula huevo u
ovocito secundario. Si un individuo (vamos a decir "ser humano")
tiene 44 cromosomas más dos cromosomas sexuales X, es de
sexo femenino; si posee 44 cromosomas más un cromosoma X
y otro Y, es de sexo masculino. Los 46 cromosomas
están emparejados de dos en dos formando 23 parejas. 2. Sexo
gonádico.
En torno a la sexta semana de vida intrauterina (hacia
el fin del segundo mes de embarazo), el embrión posee
una gónada todavía indiferenciada que es capaz de transformarse en
testículo u ovario. Si en su patrimonio genético se halla
el cromosoma Y, es decir, el individuo es genéticamente varón,
la zona central de la gónada se desarrollará diferenciándose en
testículo, que empezará muy pronto a producir hormonas masculinas, llamadas
“andrógenos”. Cuando falta el cromosoma Y / o el gen
“TDF” que se encuentra al final de este cromosoma, el
individuo es genéticamente mujer y desarrollará la parte externa de
la gónada, que se diferenciará en ovario y se poblará
de un número enorme de folículos llamados «primordiales» (6 ó
7 millones), cada uno de los cuales contiene una célula
huevo. La mayor parte de estos folículos sufrirá una involución,
con lo que su número se reducirá a 1 ó
2 millones en el nacimiento y a 300.000 ó 400.000
en la pubertad. 3. Sexo morfológico.
Los órganos genitales internos masculinos son
los conductos seminales, las vesículas seminales, la próstata y la
uretra, mientras que se consideran órganos genitales externos el pene
y el escroto. En la mujer son órganos genitales internos
las trompas, el útero y la vagina, y órganos genitales
externos los labios mayores y menores.
En torno a la octava
semana de vida intrauterina los órganos genitales internos y externos
del embrión están todavía indiferenciados: si está presente el testículo
(sexo gonádico masculino), gracias a los andrógenos producidos por él,
los genitales se desarrollarán en sentido masculino; si no está
presente el testículo, el desarrollo de los genitales se operará,
en cambio, en sentido femenino. Es, pues, la presencia o
ausencia de los andrógenos testiculares la que determina la morfología
de los genitales externos e internos del que va a
nacer. El sexo del embrión ya es reconocible desde la
decimocuarta semana de vida intrauterina. 4. Sexo de educación o social
El
niño, al nacer, es denominado varón o hembra según el
aspecto de los genitales externos: desde ese preciso momento será
educado por los padres según el sexo que se le
ha atribuido (baste pensar en los colores escogidos para su
primer vestido en función de su sexo). El concordar armonioso
del sexo genético, gonádico, morfológico y de educación o social
hará que el niño desarrolle precozmente, dentro del primer año
de vida, la identidad sexual, esto es, se identifique a
sí mismo como varón o hembra. 5. Sexo fenotípico
Constituye el conjunto
de características que hacen que un individuo pueda ser definido
por el aspecto exterior, como varón o hembra. Aparte de
la estructura de los genitales externos, que ya en el
nacimiento nos permiten distinguir a un niño de una niña,
el resto de los caracteres sexuales (llamados también «secundarios» para
distinguirlos de los caracteres «primarios»), determinados por la diferenciación de
las gónadas (sexo gonádico) y de los genitales internos y
externos (sexo morfológico), se observan claramente en el momento de
la pubertad. 6. Sexo psíquico
Además de ser varón o hembra desde
un punto de vista cromosómico, gonádico, morfológico y fenotípico, el
hombre y la mujer lo son también desde un punto
de vista psíquico. La mujer se reconoce y se siente
como mujer y tiene preferencias sexuales por los varones y
viceversa: el hombre tiene identidad sexual masculina y preferencia sexual
por las mujeres.
Mientras que la identidad sexual se establece precozmente,
desde la primera infancia, las preferencias sexuales se manifiestan más
tarde, de manera clara en la pubertad. El sexo psíquico
masculino o femenino está determinado por factores biológicos (el sexo
genético, el sexo gonádico, etc.), pero también por factores que
vienen de su ambiente familiar y social. Por este motivo,
los trastornos de identidad sexual tienen una génesis múltiple: además
de supuestas alteraciones biológicas, revisten gran importancia otros factores que
tienen que ver con el mundo afectivo.
Por lo que
concierne a la influencia de los factores biológicos sobre la
diferenciación psíquica, se cree que las hormonas sexuales (los andrógenos
en el varón y los estrógenos en la mujer) influyen
directamente en el desarrollo del cerebro. Esta influencia comenzaría ya
en el estadio embrional: se ha constatado que las chicas
expuestas en el útero a la acción de hormonas masculinas
manifestaban actitudes "varoniles”, preferían juegos y atuendo masculinos, pero sin
alteraciones en la expresión de su sexualidad en relación con
el sexo complementario, es decir en sus preferencias sexuales(3). El
desarrollo del sexo psíquico o desarrollo psicosexual comienza ya durante
la infancia, pero asume características propias de la edad adulta
sólo en el período de la adolescencia.
Para que se dé
la identidad de cada ser humano, como hombre y como
mujer, se necesita una integración armoniosa entre todos sus niveles.
La constatación de esta realidad nos permite afirmar que la
sexualidad humana no es una característica accidental (es decir accesoria,
que se puede dar o no), sino que es fundamental
para la definición de lo que es un ser humano,
como lo es por ejemplo, su racionalidad. Ser hombre o
ser mujer no es sólo un dato biológico, un añadido
secundario que colorea la propia existencia, sino un hecho originario
y original:
1. Originario, ya que la existencia personal no puede
dejar de pasar desde su origen, esto es, desde la
concepción a través de la experiencia de la masculinidad o
de la feminidad.
2. Original, en cuanto que el ser hombre
o mujer es una experiencia muy diferente a ser macho
o hembra para un animal.
El hombre y la mujer no
tienen un sexo, son su sexualidad, porque la sexualidad es
estructural en lo corpóreo, psíquico y espiritual. No es únicamente
una función del cuerpo. B. Argumento de la ética: todos
los actos sexuales tienen una connotación ética buena o mala.
La
sexualidad humana es una dimensión fundamental del ser humano, íntimamente
ligada a la experiencia ética, que es la forma propia
de ser del ser humano que le diferencia de cualquier
otro ser del universo, su característica definitoria. Todos los actos
sexuales son actos humanos en los que interviene la libertad
de decisión y por ello se experimentan espontáneamente como buenos
o malos, es decir con una connotación ética.
El comportamiento
sexual ha sido siempre calificado desde una normativa ética, cualquiera
que sea la cultura que lo estudie. A pesar de
los muy variados intentos de liberación sexual la sujeción de
la sexualidad humana a una norma ética (en contra de
lo afirmado por la permivisidad social) ha sido un hecho
incontrovertible en todas las culturas de todos los tiempos donde
se ha estudiado el comportamiento humano.
Esta valoración ética de
la sexualidad manifiesta su profundo arraigo en la persona misma.
Actos indiferentes a quienes somos, como la respiración o el
dormir, no tienen en sí una valoración ética. Los actos
sexuales la tienen siempre, lo que demuestra que provienen de
una dimensión que toca a nuestra identidad no sólo corporal,
sino también espiritual y, por eso, su vivencia afecta a
lo que somos. C. Argumento por la experiencia universal de la
intimidad humana que custodia la interioridad
La libertad inteligente es la
facultad que diferencia al ser humano del mundo animal. El
ser humano advierte la existencia de esta capacidad en su
interioridad(4) de la cual sólo él es dueño, y a
la que nadie puede acceder si él no se lo
permite. Su interioridad es como un tesoro, que le posibilita
amar y ser amado, es decir darse y recibir la
donación de la persona del otro. La interioridad se experimenta
como algo íntimo, que se protege.
Al estar íntimamente relacionada
la dimensión sexual con el “yo personal” y la capacidad
de donarse en cuerpo y espíritu, el ser humano protege,
de forma particular, las zonas corpóreas que expresan externamente la
misma sexualidad. A este sentimiento de respeto y cuidado, que
es algo natural, se le llama pudor. La intimidad corporal
sólo se muestra a quien uno abre también su interioridad.
Este
sentimiento natural de pudor demuestra que instintivamente el cuerpo humano
revela una intimidad. La tendencia espontánea a proteger la intimidad
de miradas extrañas también afecta al cuerpo. La sexualidad se
experimenta como algo ligado a la interioridad, como algo, por
lo tanto, muy valioso. El ser humano se viste para
proteger su indigencia corporal del medio exterior pero también lo
hace porque su cuerpo forma parte de su intimidad, y
no está disponible para cualquiera. El vestido sirve, además, para
mantener el cuerpo dentro de la intimidad.
En todas las
culturas existen diferentes formas de cuidar el pudor, aun en
las tribus más lejanas a la civilización occidental, en las
que se muestran hombre y mujer, casi desnudos. El pudor
se manifiesta por el cuidado de miradas, posturas y lugares
particulares designados para expresiones de la intimidad de la persona.
Por
ejemplo, los indios yanomami del Amazonas, apenas se cubren con
un poco de tela los órganos genitales, pero muestran su
pudor a través de otras costumbres, como la de que
el hombre nunca puede dirigirse a una mujer mirándola a
los ojos, excepto a su esposa.
El nudismo completo no
es algo natural, porque supone la renuncia a la intimidad
que es custodia de su interioridad. Ningún animal se cubre,
sólo el ser humano porque posee intimidad, porque es un
ser espiritual. El negar la intimidad humana, conduce a convertir
el cuerpo en un algo y no reconoce al alguien.
Naturalmente se conoce la relación íntima entre la expresión externa
de la sexualidad y la interioridad donde se custodia la
libertad personal. No reconocer esta relación íntima nos presenta un
sexo divorciado de quienes somos, vivido de forma reductivista, a
nivel corpóreo. D. Argumento basado en la identificación personal(5)
La identidad
sexual no se adquiere en el vacío, no es algo
que se lleve bajo el brazo, ni tampoco algo caído
del cielo con lo que la persona se encuentra. No
existe identidad personal sin identidad sexual. Y la interacción entre
ambas es continua a lo largo de toda la vida.
La sexualidad humana es dato imprescindible para que un ser
humano sepa quién es él mismo, se identifique como hombre
o como mujer. La identificación personal es básica para tener
un mínimo de seguridad personal. La incertidumbre acerca de quién
soy, es de las que más daña a la persona
y le resta fuerza vital para proyectarse y establecer otras
relaciones. Este conocimiento personal se apoya en el dato primario
de la propia sexualidad, por lo tanto, la sexualidad humana
es una dimensión fundamental para la definición humana.
El desarrollo de
la sexualidad no sólo alcanza todos los niveles del ser
humano, sino que crece con el desarrollo de la misma
identidad del sujeto.(6) En todas las sociedades, tradicionalmente se reconoce
la diferencia sexual como un elemento importante para el desarrollo
de la misma sociedad, tanto en términos numéricos (cuántos sujetos
adultos forman esa sociedad) como en términos de productividad. Los
ritos tradicionales que marcan el paso de un niño o
niña a la etapa adulta, como hombre o mujer, presuponen
el haber alcanzado la madurez que le permite formar (procreación)
y mantener una familia. Estos ritos van acompañados de ciertos
signos, celebraciones o pruebas de madurez. Cambia la forma de
vestir, el lugar de vivir, las ocupaciones y el trato
que se le da a partir de ese momento. Esas
tradiciones reconocen externamente lo importante que es el desarrollo sexual
de un ser humano, para la misma sociedad y para
ayudarles a crecer en su identificación y en las responsabilidades
que asumirán de acuerdo con su sexualidad.(7) E. Argumento de
la relacionalidad
El ser humano necesita relacionarse con otros seres humanos.
En todas sus relaciones tiene que tener en cuenta el
dato fundamental de su propia sexualidad y de la sexualidad
del otro. Sólo así pueden establecerse relaciones entre hombres y
mujeres en muy diferentes grados y matices: esposos, amigos, padre-hija,
madre-hija, jefe-empleada, etc. No se podrían establecer relaciones con “seres
neutros”. Si la diferencia sexual no fuese esencial en la
definición del ser humano, la relación con el otro se
instauraría independientemente de ella.
......... (3)Los efectos de estar expuesta a altos
niveles de testosterona en el desarrollo intrauterino se demuestran en
diferentes grados según el estudio: In a group of 58
children born in 1996 and 1997, COHEN, Simon Baron, Cambridge
University and colleagues.
(4) Ningún cautiverio, prisión o castigo es capaz
de suprimir este nivel. El ser humano no tiene libertad,
sino que es libre. Esta libertad interior, es la que
nos permite hablar de la dignidad del ser humano y,
desde ella, cada uno es la fuente de su actuar.
Es la base de los derechos naturales del ser humano.
De ella brotan los derechos a la libertad de expresión,
al derecho a la libre discusión en la búsqueda de
la verdad; el derecho a la libertad religiosa, el derecho
a vivir según las propias convicciones éticas, o al proyecto
vital que uno elija.
(5) Hombres y mujeres son diferentes: lo
primero que destaca cuando veamos a otro es esa diferencia.
Si estando en un café, a mi lado se sienta
alguien de quien no puedo adivinar que sexo es por
la ambigüedad en su forma de vestir, hablar... lo natural
es que me ponga nervioso. Saber el sexo de la
otra persona es saber algo importante de ella y además
me permite saber cómo relacionarme.
(6) POLAINO-LLORENTE, Aquilino, Sexo y
Cultura, 3ª Ed., RIALP, Madrid, 1999, p. 98–99: “(...) entre
la identidad sexual y la identidad personal, hay siempre, cuando
menos, un poderoso e invisible haz de hilos conductores que
las aúna, hasta el punto de no poder distinguirse del
todo una de otra. En realidad, no puede establecerse una
prioridad entre ellas, pues aunque la primera se prolonga en
la segunda, ésta última contribuye de forma poderosa a configurar
aquélla.”
(7) Ejemplos: en las islas Fiji los niños tienen
el pelo largo siempre y sólo se les corta en
el rito de iniciación a los catorce años; en la
cultura judía, el Bar-Mitzvah es el rito de paso a
la participación de adoración total, ya como un adulto.
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