No tener miedo a la muerte de los demas, y si alguien muere saber enfrentarlo.
Querida hija:
No sé por dónde empezar éste, mi último
adiós terrenal. Pero sé que tú lo comprendes.
Tengo en estos
momentos, al igual que tu madre, distintos pensamientos contrapuestos: amargura,
soledad, alegría, orgullo,... Pero ante todo tengo algo muy importante
que ya nadie me puede quitar: tu ejemplo.
Tu ejemplo, por
muchas razones. Y eso me lo has dado tú a
mí en estos últimos días.
Hija mía, me has enseñado a
rezar con corazón. Me has sostenido en la flaqueza. Me
has dado orgullo, paz, resignación y, sobre todo y ante
todo, una meta. Esta meta que no es terrenal y
que es la de poder estar donde tú vas: el
Cielo.
El sueño corporal lo vas a tener junto al nicho
de tu abuelo. Ambos os queríais con locura. Fíjate, el
jardincito que tú regaste con mamá y conmigo hace unos
días, ahora es tuyo.
Me dejas muchas cosas. Tu cara, tus
pecas, tu risa, tu llanto, tu espontaneidad y, sobre todo,
tu dulzura y tu paz.
Sólo a modo de ejemplo te
quiero recordar las últimas horas junto a mí, antes del
accidente que ha desencadenado esta situación.
¿Recuerdas los regalos que me
hiciste a mi vuelta del viaje? Recuerdas, hija, cómo nos
comíamos a besos la mañana del accidente en mi cama?
Recuerdas lo último que me dijiste antes de marchar yo
al trabajo?
Estos recuerdos y tantos otros son imborrables. Quiero que
sepas que durante tu estancia en el hospital, mi novia
-que eras tú-, ha sido mi todo. Nunca experimentaré con
más ansia esa espera de todos los días por verte,
besarte, olerte,...
Tu Navidad, nuestra Navidad ha quedado inmaculada. Y ello
se debe a tu ejemplo.
Ahora, cuando demos tierra a tu
cuerpecito, nada acaba. Todo empieza. Tú vas a vivir otra
vida que yo no puedo vivir ahora. Pero no temas.
Solamente quiero recordarte el pacto que hemos realizado estos días.
Necesito tu sustento, porque papá debe ser fuerte, como tu
siempre lo creías. Y papá te pide ahora a ti
ayuda, para él y para la familia.
Perdóname, hija mía, si
algo he realizado mal. Ahora me doy cuenta de que
no he sido digno de ti.
Vamos a despedirnos hasta la
eternidad, como todas las noches hacíamos: con una señal de
la cruz en la frente y el Padre Nuestro que
tú también te sabías.
Querida gordita mía, un beso con el
corazón de ti padre que te adora.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
GRACIAS AL PERDON, el SEÑOR perdono mis pecados, escucho mis suplicas, y derramo su GRACIAS SOBRE MI HIJA HELEN CAYOJA, UN DIA ANTES DE QUE LA OPEREN DESAPARECIO UN TUMOR DEL CEREBRO DE MI HIJA, GRACIAS A LA INTERCECION DE NMI MADRE MARIA ROSA MYSTICA Y DE TODOS Y CUANTO ORARON POR LA SALUD DE MI HIJA, GRACIAS AL GRUPO DE ORACION ROSA MYSTICA, UN SALUDO DESDE SANTA CRUZ-BOLIVIA, EL CORAZON DE AMERICA
Consultores
de la comunidad Preguntas acerca del perfil y la formación de educadores católicos, de los criterios de enseñanza que deben regir en una escuela católica y de los modelos pedagógicos a seguir para una mejor asimilación de la doctrina cristiana
Ver todos los consultores